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    February 27

    PHILIP JOSÉ FARMER (1): LOS INICIOS


    (c) 1982 by J.C. Planells
     
    Con motivo del reciente fallecimiento de Philip José Farmer (1918-2009), recupero este estudio aparecido originalmente en Fan de Fantasía, nº 6, junio de 1982. Por motivos de extensión, lo he dividido en tres entregas: "Los inicios", "Principales novelas" y "Un río de series", que irán apareciendo en este blog pero no de manera consecutiva, pues mi intención es actualizar las dos siguientes entregas incluyendo algunos comentarios sobre novelas no recogidas en ese artículo de 1982, con lo cual se indicará al pie del texto de cada novela comentada la fecha de escritura del comentario. Por lo demás, el texto de 1982, en su conjunto, ha sido severamente revisado y corregido en su redactado (no en sus opiniones). Un artículo más reciente sobre Farmer --"¿Qué fue de Philip Farmer?"-- apareció en este blog el 31 de enero de 2006.
     
     

    LOS INICIOS
     
    Pocos son los autores que puedan jactarse de que con su primer relato publicado de ciencia ficción renovaban el género, impactaban entre los lectores y los críticos y abrían nuevos caminos por los que forzosamente discurrirían los demás escritores. Pocos pueden enorgullecerse de ello, y entre estos pocos se encuentra Philip José Farmer, que en 1952 publicaba en el número de agosto de Starling Stories una novela corta titulada "The Lovers" (Los amantes) que asombró a cuantos la leyeron. "The Lovers" había sido rechazada por diversos editores, entre ellos, John Campbell, quien no ocultó su desagrado ante las "escenas sexuales" de la obrita. Estos rechazos hablan muy en contra de quienes repudiaron el relato. Pues, ¿qué sexo hay en "The Lovers"? El lector en castellano conoce --y si no la conoce, ya está yendo a procurarse un ejemplar-- la versión ampliada a novela que Farmer escribió en 1961, convirtiendo ese excelente relato en una de las mejores novelas de ciencia ficción. El lector en castellano ya sabe, por tanto, que Los amantes no puede escandalizar a nadie que esté mentalmente sano.
    Pero no iban a acabar aquí los escándalos en torno a aquel recién llegado a la ciencia ficción. En los años siguientes, continuaría asombrando con relatos como "Madre" ("Mother"), publicado en 1953, "Actitudes" ("Attitudes"), en el que presentaba por primera vez a su personaje más conocido: el padre Carmody, ex asesino, ex ladrón, ex todo lo más denigrante que se les ocurra, y convertido en sacerdote después de la "noche de luz" que Farmer nos describiría en 1957, en otra extraordinaria novela corta publicada en The Magazine of F&SF  titulada --por supuesto-- "Noche de luz" ("Night of Light"), y que unos años después convertiría también en novela. un simple repaso a estos primeros pasos de Farmer en el género nos demuestran que llegaba a él cargado de nuevas ideas, enfoques novedosos, rompiendo tabúes (aunque Farmer haya luego negado todo esto, quizá para rehuir el calificativo de "escritor sexual" que le endosaron, con poco acierto, sea dicho de paso, y explicando que simplemente buscaba temas que nadie hubiera tocado anteriormente y con una base rigurosamente científica). Aparecen en su obra de los primeros tiempos relatos hoy tan celebrados como "Más allá del horizonte" ("Sail on, sail on"), en el que en un mundo paralelo Colón no descubrió América porque sus barcos se hundieron en el precipicio del fin del mundo: allí la tierra era plana. Como "Padre" ("Father"), otra aventura del padre Carmody, que encuentra en un extraño planeta a un ser que afirma ser Dios. Como "Hija" ("Daughter"), una especie de continuación de "Madre". O, ya en 1960, como "Ábrete a mí, hermana mía" ("Open to me, my sister"), conocido también como "Hermano de mi hermana" ("My sister´s brother"), una maravilla de relato que casi hizo vomitar a Campbell por las mismas razones (equivocadas e irracionales) que "Los amantes" o "Madre". ¿Y por qué esas actitudes pusilánimes, puritanas y cerriles, diríamos hoy? Si al fin y al cabo, estos tres relatos tenían una base científica, una explicación detallada (tan discutible, si se quiere, como cualquier otra explicación científica de cualquier relato de ciencia ficción dura, no vamos a negarlo), en la que en vez de la física, la astronomía o la química, entraban en juego la fisiología, la anatomía o los órganos sexuales, todo ello tratado con absoluta pulcritud y limpieza. No sería hasta años más tarde que Farmer, quizá acosado por esa etiqueta de "escritor sexual", derivaría hacia la pornografía, por encargo, como se verá más adelante. Pero por aquel entonces, relatos como los mencionados eran impensables, casi inescribibles, y, desde la perspectiva de ciertos editores como Campbell, inadmisibles. Afortunadamente todo esto quedó atrás. La ciencia ficción iba a progresar, gracias en buena parte a Farmer y a quienes siguieron sus caminos.
    Naturalmente, Farmer escribía otras cosas, otro tipo de relatos y novelas. En realidad, su primera aportación a la literatura no fue de ciencia ficción, sino un relato bélico aparecido en 1946, un género que abandonó de inmediato, pese a que "O´Brien and Obrenov" --título del relato en cuestión-- mantiene buena reputación. En esos primeros años produjo algunas poesías de ciencia ficción, que ha seguido publicando en los años siguientes, y relatos de tipo más tradicional como "Brillaban como joyas" ("They twinkled like jewels"), "Proyecto celestial" ("The Celestial Blueprint"), entre otros. En 1954 escribió la novela corta "La piel del diablo" ("Rastignac the Devil"), en la que nos presentaba al padre de jeanette, la inolvidable protagonista de Los amantes, de la cual también habría una continuación en Moth and Rust, una novela que había aprecido el año anterior, 1953, como también una especie de secuela sería A woman a Day, publicada en 1953 y tomando como base precisamente Moth and Rust. Sin embargo, estas secuelas y juegos de secuelas no tendrían excesiva fortuna. Así, ya en sus primeros años, Farmer incurriría en lo que con el tiempo sería su más grave y principal defecto: desaprovechar una buena idea por exceso de manoseamiento (léase, trilogías, tetralogías, pentalogías...).
     
    (continuará en "Philip José Farmer (2): Principales novelas" y "Philip José Farmer (3): Un río de series")
     

    February 26

    MITCH ALLISON, de Jim Thompson


    (c) 2009 by J.C. Planells
     

    (una edición electrónica de parte de este libro)


    En la edición española de la novela Noche salvaje de Jim Thompson (Plaza Janés, 1992), Javier Coma relacionaba en un apartado final todos los trabajos del autor en el campo de la narrativa breve: relatos, reportajes, inicios de novela, etc., etc. Entre ellos figuraba una novela iniciada hacia 1956, pero abandonada tras unas cincuenta páginas de escritura, titulada Mitch Allison. De ella se conocen dos fragmentos en forma de relatos largos, "El cáliz de Cellini" ("The Cellini Chalice") y "Un lío espantoso" ("The Frightening Frame"), que fueron publicados en el Alfred Hitchcock´s Mystery Magazine, en diciembre de 1956 y febrero de 1957, respectivamente (de ambos existe traducción casstellana en ediciones de dicha revista y antologías de la misma).
    La lectura de ambos relatos hace pensar que probablemente hubo algún texto previo, luego desechado, o que Thompson lo tenía en mente, puesto que en "El cáliz de Cellini" se mencionan algunos hechos como si hubieran de ser conocidos por el lector (lo que no es el caso), respecto a los conflictos de Allison con diversos personajes que aparecen en esa historia. En el siguiente, "Un lío espantoso", apenas se alude a lo ocurrido en el anterior, aunque recupera al personaje de Bette, la mujer de Allison, y se menciona de pasada lo que ocurrió con ella en "El cáliz de Cellini". En suma, ambos parecen más bien la sección segunda y tercera --carente de final, además-- de esa novela no completada titulada Mitch Allison, nombre de su protagonista. Mitch Allison es un sinvergüenza, un estafador, un personaje claramente de Thompson, y con innegable atractivo o fascinación para el lector (algo habitual: Thompson nos fascinaba con sus sheriffs psicópatas, sus criminales sin escrúpulos, sus desclasados y desnortados Don Nadie, sus caraduras profesionales...). Puede guardar un vago parecido con personajes como los de la posterior Los timadores o la anterior Sólo un asesinato.
    Ambas historias están ambientadas en California (Los Ángeles, San Diego...). En "El cáliz de Cellini", Allison se dispone a cometer una estafa a propósito de un cáliz aparentemente valioso que ha encontrado en poder de otra persona. Para ello enreda --y se enreda-- con todos cuantos se le ponen por delante, pero a su vez es víctima de diversos engaños: su mujer, la dueña de un burdel, el propietario del cáliz, un anticuario sinvergüenza, una chica "de buen ver", como diría el propio Thompson, y algunos más se mezclan en esa intriga con un cierto fondo de diversión picaresca. Es, pues, el típico juego de quién estafa a quién o quién es más listo que quién al final. Contiene los habituales detalles inesperados o brutales de Thompson, entre los cuales el más divertido es que acabe depositando a la "chica de buen ver" atada y amordazada ante la puerta de la dueña del burdel para que la convierta en pupila suya como castigo por intentar estafarle. Al final de la historia, y tras numerosos enredos y correrías, Allison parte en tren con el dinero obtenido, una gran cantidad, y se dispone a estafar con algún truco nuevo a una inocente parejita que ve en el andén... sólo que como se nos indica al final del relato, la "inocente parejita" son dos desplumadores profesionales que ya le han calado a él como víctima...
    Y, en efecto, al inicio de la siguiente historia, "Un lío espantoso", encontramos a Mitch Allison apeado del tren, desplumado de todo su dinero y sin poder denunciar a la parejita de sinvergüenzas, pues no puede justificar el origen del dinero que llevaba. Sin lugar a donde ir, echa a andar por la carretera y al poco un coche con un hombre y una mujer dentro se detiene para solicitarle una pequeña ayuda. A partir de esto se inicia un conflicto cuando el hombre huye tras una discusión con la mujer y --aparentemente-- se suicide echándose a un precipicio. La mujer enreda a Allison para que suplante al hombre y la ayude a cambiar en los bancos una enorme cantidad en cheques de viaje que hay en un maletín propiedad del "suicidado". Todo parece ir bien, hasta que un matón se presenta en el hotel donde Mitch y la chica se han instalado y amenaza a Allison con partirle la cara o algo más si no le devuelve el dinero, que pertenece a un gángster a quien se lo había robado la pareja del coche. Allison trata en vano de explicar que él no es el tipo de los cheques, que ha suplantado su identidad e imitado su firma. Finalmente, todo se arreglará aunque con dificultad (la llegada de la esposa de Mitch Allison, Bette, al principio empeora las cosas cuando se niega a reconocerle como Mitch Allison ante el matón), y Allison tratará de recuperar el montón de dinero que ha ido sacando de los bancos mediante los cheques que ha firmado con el nombre del acompañante de la mujer. El dinero se lo ha llevado ésta, ocultándolo en alguna parte y ocultándose ella misma en algún lugar del hotel. Mitch descubrirá la superchería: el supuesto suicidado esperaba el retorno de la mujer tras usarle a él como pardillo, pero ella se ha fugado con todo el dinero... En realidad, se ha ocultado en el hotel con la complicidad de algún empleado al que ha sobornado con dinero. El final es digno de Thompson: Allison telefonea al encargado del hotel y le dice que hará estallar una bomba si no hace salir a la mujer. Como prueba de que va en serio, ha rociado con gasolina el buzón situado a la entrada del hotel, esperando que estalle aparatosamente. No estalla pero se incendia por completo, y el recepcionista expulsa enseguida a la mujer, asustado. Y cuando Mitch le inquiere que dónde ha escondido el dinero... la respuesta es que en el buzón de la entrada del hotel. Mitch, pues, ha quemado el dinero sin saberlo. La historia termina con Mitch y Bette, su esposa, dirigiéndose en coche "bastante inapropiadamente, hacia la ciudad de Los Ángeles", en palabras finales del Thompson.
    Los dos relatos son gratos de leer, Lo difícil es juzgar lo que hubiera resultado ser la interrumpida novela titulada Mitch Allison, pues su continuación es impredecible. En todo caso, Thompson planeó una "crocked story" --historia de timadores y sinvergüenzas-- con su habitual humor soterrado y sus salidas inesperadas.

    February 25

    VIVIR AISLADO


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     


    Hace unos días leí en La Vanguardia un artículo sobre tribus y poblados indígenas que viven aislados de la civilización: en total, se calcula que hay un centenar de tales poblados en todo el mundo, siendo quizá los más conocidos los que moran en zonas amazónicas (no sólo de Brasil), aunque también en India existen varios. En algunos casos, estas sociedades --las llamaremos así pues lo son-- no sobrepasan la media docena de personas. Son gentes que no han tenido jamás contacto alguno con lo que nosotros llamamos "civilización". Viven en zonas selváticas, de difícil acceso en muchas ocasiones, si bien algunas se hallan a una hora escasa de un enclave urbano importante;. Sobreviven por sus propios medios y recursos: cazan o pescan, cultivan algunas pocas verduras, conocen medicinas naturales para curar sus enfermedades o dolencias (y, por cierto, no están preparados para superar las enfermedades que les contagiarían los "blancos", como el sarampión, por ejemplo, con lo cual el contacto con la "civilización" puede resultar doblemente mortal para ellos) y son "razonablemente felices" (Bigune dixit: lo siento, se me ha pegado esta frase de una de mis historias, y la uso sin darme cuenta, perdonen).
    Me imagino que todo esto resulta extraño para el mundo "civilizado" --y no me pregunten por qué entrecomillo civilizado: me sale así en este artículo-- , donde vivimos rodeados de tecnología, pantallas de televisión, teléfonos moviles, vehículos de dos o cuatro ruedas, internet, prensa rosa, publicidad por todas partes, y muchas cosas más que no tengo ganas de poner. Sin duda, la mayoría de la gente pensará que esos cien poblados o sociedades selváticas están compuestas por gente atrasada y que son unos cerriles por querer vivir así en vez de disfrutar de los logros de la "civilización" (a la cual rechazan a veces a lanzazos si sobrevuelan su poblado en helicóptero, o se muestran hostiles si se les acercan). De hecho, algunos de los logros de esa "civilización" (y dale con las comillas) consisten en destruir los enclaves y zonas donde moran, arrasar y quemar los bosques que los protegen para así a) aprovechar la madera, b)  conseguir esos terrenos y poder usarlos para cultivos destinados a la "civilización" u otros fines especulativos, c) montar industrias generalmente antiecológicas en los terrenos que ocupan, tanto da si en zona selvática o no. Todo esto es --supongo-- conocido y explicado en otras ocasiones, y no habría que insistir en ello, pero no está de más recordarlo, pues algunos de los que criticarían esa forma de vida se beneficiarían con su desaparición y con la aniquilación de sus miembros (de hecho, ¿sabemos cuántas tribus o poblados indígenas han sido aniquilados durante la segunda mitad del siglo XX en las selvas amazónicas u otros enclaves para beneficio de la "civilización"? Mejor ignorarlo, que igual el susto nos deja planchados...
    Por lo demás, si hay quienes viven aislados en medio de una gran ciudad "civilizada" --yo mismo, por ejemplo--, no veo qué tiene de raro que una tribu o poblado de medio centenar de personas vivan en total aislamiento del mundo, sobreviviendo por sus propios medios y seguramente la mar de felices. No deben causarnos ni lástima ni extrañeza. Merecen todo nuestro respeto. Sin duda son mucho más felices que bastantes personas que padecen diariamente la "civilización". Esa es la buena noticia. La mala será el día que nos enteremos que no queda ninguna sociedad aislada en nuestro planeta. Si es que nos enteramos: puede que se vayan (o les hagan "irse") en silencio...

    February 22

    LA ANTENA, de Esteban Sapir: Imágenes, imágenes

     
     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Esta primera película del argentino Esteban Sapir --con un bagaje previo como director de fotografía-- ofrece la siguiente propuesta: un film de ciencia ficción con el espíritu del cine europeo con mensaje de los años sesenta, rodado en blanco y negro y mudo. O parcialmente mudo: hay sonidos, pero no hay palabras. Una propuesta transgresora, desafiante, que nos devuelve a los orígenes del cine: cuando se basaba en la imagen y no en la palabra. Para ahondar más en ello, La antena bebe de la iconografía del Metrópolis y del primer Mabuse de Fritz Lang --es decir, de clásicos del cine mudo--, a algunas de cuyas imágenes remite directamente: la cantante atada a la máquina del Sr. TV remeda al robot/María de Metrópolis. El Sr. TV por su parte puede recordar en cierta forma a Mabuse. Incluso hay una simbología claramente nazi en el aparato que hay en el laboratorio del científico a las órdenes del Sr. TV: tiene la forma de una cruz gamada erecta. Todo en el film se supedita a las imágenes, pues la palabra es inexistente, sólo aparece en rótulos que salen de la boca de los personajes.
    La historia del film es una fábula alegórica: en la ciudad --no se dice cuál-- han desaparecido las palabras, y sólo una mujer, una cantante, posee el don de la voz por alguna razón desconocida. El Sr. TV domina la ciudad y mantiene esclavizada a la cantante: su plan es usar su voz para hipnotizar a los ciudadanos mediante mensajes difundidos por un aparato que un científico está perfeccionando, y esclavizar comercialmente a los ciudadanos, que, en realidad, ya viven medio embobados viendo combates de boxeo por televisión --combates claramente trucados: los dos púgiles parecen hermanos gemelos y pelean con una falta de convencimiento sonrojante-- y consumiendo los productos "alimenticios" del Sr. TV: unos paquetes del tamaño de un detergente normal que se enchufan directamente al televisor y envían imágenes idiotizadoras a los espectadores. El temor del Sr. TV y su gente es que el hijo de la cantante --un niño sin ojos-- haya heredado la voz. Finalmente, tras una serie de avatares, las palabras volverán a la ciudad y el plan del Sr. TV y sus siniestros ayudantes (unos lagartos con forma humana cuyo origen de desconoce) fracasa.
    Excelentemente fotografiado --lógico, teniendo en cuenta los orígenes de Sapir--, este film es realmente atractivo, fascinante en muchos momentos, aunque acuse algunas debilidades que, en realidad, carecen de importancia. Por ejemplo: en su edición en DVD aparecen escenas eliminadas y un final alternativo (un total de casi 30 minutos) que mejoran y enriquecen muchos aspectos del film, además de aclarar diversos puntos. La visión del mismo en su duración de 93 minutos, aunque interesante, acusa huecos que se llenan luego con ese final alternativo y las escenas suprimidas o aligeradas. Sinceramente, creo que el motivo de la "poda" sufrida en el metraje es el temor de la respuesta del público a un film con propuesta tan arriesga y que hubiera sobrepasado las dos horas de proyección. En todo caso, gracias al DVD, es posible disfrutarlo en su plenitud.
    La antena me parece, en suma, un film más que estimulante. Una sorpresa de esas que hoy día no se prodigan ya. Muy recomendable.
     

    February 21

    FAMOSOS DE AYER (4). ZBIGNIEW CYBULSKI: Ícono de modernidad

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Gracias a la manía de encasillar a las personas que tienen ciertos críticos y estudiosos del cine, a Zbigniew Cybulski sigue cargando a día de hoy con el sambenito de ser el "James Dean polaco". Como falleció en 1967, no puede defenderse de esa memez. Cybulski se reveló como actor cinematográfico el mismo año en que moría James Dean, 1955, y falleció como él en un trágico accidente en 1967, a los 39 años. De carácter contestatario básicamente por ciertos films que interpretó, y aportando un toque indudablemente renovador y moderno a la actuación cinematográfica, nada hay empero más alejado que Cybulski de los métodos del Actor´s Studio, uno de cuyos más destacados representantes fue precisamente Dean, a quien considero un actor sencillamente detestable, insoportable (y que como persona era exactamente eso mismo también).
    Olvidemos por tanto a Dean, y centrémonos en este extraordonario actor que fue Cybulski, el único actor polaco que logró fama internacional. Nacido en 1927 se formó en el teatro estudiantil representando sátiras, y debutó en cine en 1955, formando parte de la hornada de nuevos telantos del cine de Europa del Este, cuya cabeza más visible internacionalmente iba a ser Andrzej Wajda, a cuyas órdenes rodaría en 1958 Cenizas y diamantes, película clave del nuevo cine polaco, que lanzaría al estrellato a Cybulski convirtiendo su caracterización de Maciek, el terrorista de la resistencia antinazi, en todo un icono intelectual cuya actualidad persiste --su imagen llega a percibirse a día de hoy en algunos films japoneses--, y en un símbolo de la lucha política. La actuación nerviosa de Cybulski y la complejidad de su personaje --unido a la trama del film y su carga simbólica-- siguen marcando con fuerza hoy la película de Wajda, todo un clásico. La suya es una de esas interpretaciones cinematográficas que van más allá de lo habitual: en cine, aunque hay grandes interpretaciones por parte de muchos actores, se puede decir que sólo existen media docena de trabajos interpretativos que hayan marcado época o ido más allá de lo estricamente cinematográfico. A este respecto, sólo se me ocurren dos casos comparables al de Cybulski en Cenizas y diamantes: el de Louise Brooks en La caja de Pandora y el de Marlon Brando en Un tranvía llamado Deseo. El Maciek de Cybulski influiría a toda una generación, sería homenajeado in mediatamente por el Belmondo de A bout de suffle y su impacto llegaría incluso a los films japoneses sobre yakuzas.
    En su corta carrera, existe otro notable film: El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Hass (1965), magistral adaptación del clásico de Potocki. Gracias, pues, a estos dos films, Cybulski puede seguir siendo recordado y apreciado por las nuevas generaciones, pues entre el resto de su filmografía pocas películas fueron exhibidas internacionalmente, si bien sus servicios fueron reclamados incluso en Francia y Suecia.
    Trabajador incansable, Cybulski alternaba teatro y cine. En enero de 1967, al regreso de una representación teatral, se apeó en marcha del tren que normalmente tomaba y murió arrollado por él. Terminaba así bruscamente una brillante carrera y nacía una leyenda. Wajda se inspiró en su vida y su persona para el film Todo está en venta (1968) y Laskowski hizo lo mismo en Zbysek (1969). Lo que demuestra, pues, la importancia que tuvo este malogrado actor en la cinematografía polaca. 
     
      
    February 19

    LA BANDA DE "ZORRO PLATEADO" (y 4)


    CUARTA PARTE 


     
        Una vez se hubo ido Sandra, Harold y yo nos dedicamos a aburrirnos durante el resto de la mañana, porque no entró nadie, lo cual me convenció de que eso de "Banco Rural de Jamaica" estaba mal elegido. Me entretuve escuchando "Los 40 principales de la BBC" en la radio portátil que me había traído mientras Harold leía una novela policiaca. A las dos cerramos el banco y nos fuimos a comer a un pequeño restaurante que había en la calle de enfrente, y tras un rato de mirar la tele, regresamos a las tres y media.
        Pasaban unos minutos de las cuatro cuando una furgoneta se detuvo frente al banco y de ella bajaron tres policías que entraron portando unas bolsas.
        --Buenas tardes, señor Smith --saludó uno de ellos--. Soy el sargento Wilder de Scotland Yard. Nos han ordenado que retiremos el dinero que se le ha prestado. Hay una emergencia y lo necesitamos. Ya se lo contarán más tarde por teléfono, si les llama. Ustedes deben permanecer aquí, de todas maneras.
        --Ah, pues estupendo --dijo Harold, tan contento--. Los billetes están ahí, en el segundo cajón del archivador. ¿Les echo una mano?
        --No hace falta, gracias --dijo el sargento.
        En un momento, los tres policías abrieron el cajón, sacaron el dinero y lo fueron metiendo dentro de las bolsas que transportaron luego a la furgoneta.
        --Adiós, señores --dijo el sargento Wilder--. Esto es para ustedes, de parte de Scotland Yard --añadió, entregándonos un par de lirios a Harold y a mí.
        --¡Hombre, qué detalle! --dijo Harold, tomando el suyo y contemplándolo con admiración--. Anda, Diógenes, saluda a estos señores tan amables y diles adiós. Conduzcan con cuidado y no atropellen a ningún gato ni a ninguna anciana.
        La furgoneta partió, y nosotros la despedimos agitando un pañuelo mientras sosteníamos el lirio en la otra mano. Luego nos dedicamos a pasar el resto de la tarde, yo escuchando "Los 40 principales de la BBC" y Harold fumando en pipa y leyendo la novela.
        --¿No deberíamos llamar al prefecto Mulligan para que nos traigan más dinero falso? --le pregunté al cabo de un rato.
        --El teléfono no está conectado --dijo Harold--. Para el poco tiempo que íbamos a estar aquí, no valía la pena darlo de alta. Cuando volvamos a casa, ya llamaré a Jameson.
        Nos fuimos a las siete. No entró nadie a robarnos, con gran desilusión por mi parte, pero antes de cerrar entró el borracho y me devolvió el chelín con un penique de intereses (pues había ganado en la partida de dardos del bar), con lo cual al menos no todo salió mal. Harold puso los dos lirios en un vaso con agua y cerró el "banco".
        Cuando llegamos a casa, y mientras Harold subía al despacho para telefonear a Jameson, yo me entretuve en la portería, porque Sandra quería saber si se había presentado "Zorro Plateado" con su banda y armado con metralletas, como en las películas. Le dije que no, pero que había recuperado mi chelín con intereses.
        --Yo veo este caso muy negro --le dije a Sandra--. Creo que Harold está metiendo la pata, pero no me atrevo a decírselo...
        --No digas eso, Diógenes. Ten fe en el señor Smith; seguro que sabe lo que se hace. Por cierto, recuérdale que no hay ningún teatro cerca del banco.
        --¿Y eso a qué viene?
        --Es lo que decía la noticia del periódico.
        --Puede que eso sea lo que haya ocurrido --dije, sombríamente--. "Zorro Plateado" y su banda han estado dando vueltas por Londres, buscando un banco junto a un teatro y no lo han encontrado. O han atracado a un teatro en vez de a nosotros, con lo que habrán salido ganando.
        Cuando entré en el piso, Harold colgaba el teléfono tras despedirse de Jameson.
        --¿Y mañana qué hacemos? --le pregunté--. ¿Volvemos al banco a esperar a que nos atraquen?
        --Iremos a Scotland Yard después de desayunar tranquilamente y leer el periódico, y todo habrá terminado.
        Me quedé estupefacto.
        --¿Cómo que terminado? No entiendo nada...
        --Ya lo entenderás, hombre. Ya lo entenderás. Venga, vamos a cenar y descansemos de la dura jornada.
        Al día siguiente, tras desayunar y comprobar que los periódicos no traían noticia alguna sobre "Zorro Plateado" ni sobre nuestro banco, nos dirigimos a Scotland Yard. Subimos al despacho del superintendente Jameson y lo encontramos en compañía de Johnson, revisando unos expedientes.
        --Ah, hola Harold --dijo Jameson al vernos entrar--. ¿Tú por aquí? No tengo aún los datos que me pediste sobre ese vehículo, pero los espero para esta misma mañana...
        --Muy bien. ¿Está el prefecto Mulligan? --preguntó Harold.
        --No. Ha llamado diciendo vendrá más tarde, porque...
        --... tenía que ir al médico, ¿verdad? --dijo Harold, terminando la frase por él. Jameson le miró sorprendido.
        --Pues sí, ¿cómo lo sabes?
        --Me lo figuraba. Siéntese, señor Johnson. Sentémonos todos, Jameson. El caso ya está resuelto.
        --¡Cómo que resuelto! --exclamaron a dúo Jameson y Johnson, como si fuera los miembros de un grupo musical de pop, dando un bote en sus sillas respectivas.
        --Lo que oyes.
        --No entiendo nada --dije yo, que me esperaba cualquier cosa menos eso--. Si nadie atracó el banco ayer...
        --Querrás decir que tú no te diste cuenta --señaló Harold.
        --¿Os atracaron? --Jameson estaba medio turulato.
        --No en el sentido tradicional de la palabra, policiacamente hablando. Ayer por la tarde llegó una furgoneta, esa de la que te pedí por teléfono localizaras la matrícula, con tres hombres vestidos de agentes de Scotland Yard que recogieron el dinero según instrucciones vuestras. Dijeron que hablase más tarde con vosotros, cosa que evidentemente no hice ni hacía falta hacerlo...
        --Naturalmente, porque tanto yo como el prefecto o Johnson te hubiésemos dicho que no se había mandado a nadie para recoger el dinero que te habían llevado por la mañana --dijo Jameson, sorprendido--. ¿Para qué hacerlo?
        --Exactamente. No se había dado esa orden a nadie en Scotland Yard.
        --No entiendo nada --dije por segunda vez--. ¿Quiere decir que en realidad era la banda de "Zorro Plateado" fingiendo ser policías?
        --Desde luego.
        --Pero, ¿por qué les dejó llevarse el dinero falso?
        --Porque ese era exactamente mi plan: que se lo llevaran. Así yo podría atrapar a la banda y a "Zorro Plateado".
        --No entiendo nada --dije por tercera vez.
        --Pues yo tampoco, la verdad --confesó Jameson.
        --Querido Laurence, señor Johnson, prepárense para una revelación que les parecerá inaudita. --Harold hizo una pausa, y dijo--: "Zorro Plateado" es el prefecto Edwin Mulligan.
        --¿¡Qué!? --exclamó Johnson.
        --Harold, ¿te has vuelto loco? --dijo Jameson, patidifuso.
        --La prueba la lleva el propio prefecto encima, por así decir. Ha tenido que ir urgentemente al médico esta mañana porque ha contraído una infección cutánea en las manos al haber tocado anoche el dinero falso que se nos entregó para nuestro banco de pega. Antes de ir al banco compré en una droguería cierto espray insecticida y dos pares de guantes de plástico; con el espray, y bien protegido con los guantes, rocié todos los billetes, tarea en la que me ayudó la pequeña Sandra, a la que ya conoces, querido Laurence. --El señor Jameson gimió y puso los ojos en blanco--. Quien tocara los billetes sin guantes para protegerse, contraería al cabo de unas horas una infección cutánea que le obligaría a rascarse sin parar hasta llagarse las manos. Lo que significa que cualquier persona que  haya ido esta mañana o a última hora de ayer a un médico, clínica u hospital para que le traten de esta infección, forma parte de la banda y uno de ellos es su jefe. Y el jefe, Jameson, es el prefecto Mulligan.
        --Pero, jefe --dije yo--, los ladrones..., el que dijo ser sargento nosequé, dijo que venía de Scotland Yard. ¿Cómo iba a anunciarse de esta manera?
        --No es lo que piensas, Diógenes: nadie de la banda conoce la verdadera identidad de "Zorro Plateado", porque siempre debe de aparecer ante ellos enmascarado o con una capucha. Walter Dermett, el empleado del Liverpool Bank, ha colaborado con la banda al menos en el atraco al Liverpool Bank, y no demostró conocer a Mulligan cuando le llevaron a su despacho para que le interrogáramos.
        --Pero, Harold, ¿cómo se te ocurrió que el prefecto podía ser "Zorro Plateado"? --preguntó Jameson.
        --Cuando le vi por primera vez la otra mañana, me llamó la atención esa melena blanca que luce y su rostro como asturo y taimado. Me dije que parecía un zorro, y con ese pelo, un zorro plateado. Resultó ser un individuo vanidoso y engreído, y se mostró áspero conmigo. En principio, eso no tenía nada de particular: es lógico que un mando de Scotland Yard ponga mala cara a un detective privado: recuerda las trifulcas que tuvimos con aquel superior tuyo cuando el asesinato en el cohete espacial. Pero luego hizo algo que me desconcertó: cuando tú le dijiste que me habías pedido colaborar en la captura de la banda de "Zorro Plateado", me miró con desconfianza, y yo lo malinterpreté en un primer momento.
        --Es verdad --dije--. Yo también lo noté y no lo entendí.
        --Exacto. El prefecto sabía de mí por otros casos anteriores. Él mismo mencionó la captura del ladrón invisible. Así pues, ¿a qué obedecía esa repentina desconfianza? No tenía sentido. A no ser que, al decirle tú que me habías pedido ayuda extraoficialmente, pensara que quien pudo preparar un plan para atrapar al ladrón invisible, podía preparar otro para capturar a "Zorro Plateado", y eso sí explicaría esa repentina expresión de desconfianza: no hacia mí, sino de mí como enemigo potencial. Entonces vino el interrogatorio a Dermett. El prefecto, como "Zorro Plateado", sabía que era de la banda, pero Dermett desconocía la identidad de "Zorro Plateado".
        --Así que Dermett es realmente de la banda --dijo Johnson.
        --Desde luego. Él narcotizó a los dos vigilantes nocturnos, y facilitó la entrada en el bando a la banda de una u otra manera. No tenía nada que temer, porque no había pruebas en su contra, aunque supongo que lo habréis investigado más a fondo...
        --Hemos descubierto que tiene deudas por algún motivo que no está claro aún... --dijo Jameson--. Podría ser chantaje. Parece que... ah... suele ir a ver películas de gladiadores.
        --Son un rollo esas películas --dije--. Debe de encontrarse en esos cines con mujeres que fuman y tutean a los hombres --añadí, a ver si me lo explicaban de una vez. Pero todos me ignoraron, como siempre.
        --Tú, Jameson, me dijiste que el mal humor del prefecto obedecía a que le había costado mucho llegar a su puesto. Siendo tan vanidoso como era, eso no me cuadraba. Creo que habría que investigar un poco su vida privada. Sus gastos, su tren de vida...
        --Bueno, el prefecto vive muy bien --dijo Johnson--. Tiene una casa en una zona privilegiada de Londres, va a las carreras de Ascot, y se rumorea que es un conquistador nato... Vaya, que tiene todas las mujeres que quiere, aunque eso son sólo rumores...
        --Pues vaya tren de vida --dijo Harold--. No creo que con su sueldo se lo pueda permitir. En todo caso, eso es algo que se deberá averiguar posteriormente. Sigamos. Al día siguiente me llega ese mensaje de "Zorro Plateado", arrojado contra mi ventana con una piedra, advirtiéndome de que no me entrometa en el caso. El mensaje era realmente curioso por su lenguaje, y entonces me pregunté cómo sabía "Zorro Plateado" que yo estaba investigando el caso. ¿Quién se lo había dicho? Desde luego, Jerry Adams, el periodista del Times que nos vio cuando salíamos de Scotland Yard, no lo comunicó en su periódico. No había que pensar que hubiera sido Dermett, porque no temía que le inculpasen de nada y disfrutaba haciendo el chulo delante nuestro. Sin contar con que por prudencia no se pondría en contacto con nadie de la banda al menos durante varios días o semanas. ¿Quién quedaba? Pues quienes estuviemos en la reunión del despacho del prefecto, lo cual quiere decir que Mulligan tenía cada vez más puntos para ser considerado como "Zorro Plateado". El lenguaje del mensaje tenía un cierto tono autoritario y engreído, como el prefecto, además de un estilo cultivado poco propio de un jefe de banda de atracadores, por muy brillantes que fueran sus golpes. Y, detalle a señalar, ningún ladrón o atracador usaría en un mensaje la palabra "pesquisas", propia del habla policial, como "Zorro Plateado" sí hacía. ¿Recuerdas, Diógenes, cómo le dijiste al prefecto lo bien que hablaba por una expresión que usó aquel día? Y luego, esa frase al final del mensaje:  "soy más poderoso que usted", engreída a todas luces. Así pues la nota denotaba engreimiento y temor al mismo tiempo, y estaba motivada por la desconfianza de que yo le pudiera atrapar, lo cual me llevaba de nuevo a Mulligan. Así que concebí un plan deliberadamente idiota para provocarle: una trampa con un cebo falso.
        --Tú dijiste que "Zorro Plateado" sospecharía que se trataba de una trampa... --dijo Jameson.
        --Eso es. Y el prefecto debió de quedarse atónito ante un plan tan absurdo como el que propuse, con lo cual su opinión sobre mí varió radicalmente, y no se opuso al plan, esperando aprovecharlo para dejarme en ridículo ante todos y desprestigiarme. Así que avisó a tres de sus hombres, alquilaron una furgoneta, esa de la que te di anoche la matrícula para que la localizaras, y se presentaron en el banco disfrazados de policías, diciendo que venían llevarse el dinero debido a una urgencia. Por supuesto, ellos no sabían que el prefecto era su jefe, y muy probablemente tampoco se les dijo que el dinero era falso, porque se habrían negado a obedecer las órdenes del jefe; pero "Zorro Plateado" les dijo que me dieran esa explicación para que yo les tomase por policías de verdad y les dejase llevarse el dinero. Luego, sin duda, tuvo que convencer a sus hombres personalmente de que el dinero era falso, y para eso tenía que ir a verles, mostrarles billetes auténticos y compararlos con los falsos. Él esperaba que yo telefonease más tarde, o viniera hoy, pidiendo más dinero falso, puesto que habían retirado el que había, y entonces Mulligan diría que no había cursado semejante orden y me ridiculizaría ante todo el mundo, con lo cual se me quitaría de encima.
        --Pero, un momento, Harold: ¿Y si "Zorro Plateado", o el prefecto Mulligan...? Diantre aún me cuesta creerlo... ¿Y si él no hubiera dado la orden a su banda para que se presentaran en el banco para llevarse ese dinero? Siendo tan evidente que era una trampa...
        --Es que me aseguré de que lo hiciera --dijo Harold.
        --No entiendo nada --dije por cuarta vez.
        --¿Cómo que te aseguraste? ¿De qué manera?
        Harold se volvió para mirarme.
        --¿Recuerdas aquella noticia que leíste en el periódico sobre el atraco al Liverpool Bank, Diógenes? ¿Lo que te estorbaba en su lectura?
        --Ah, sí... Aquello de la publicidad liminal... --dije.
        --Subliminal, tonto. Exactamente. Pues una variante de esto, pero mejorada, es lo que usé con el prefecto. ¿Tienes aquí el Times de ayer, Jameson? Estupendo. Déjame un bolígrafo y lo verás. --Harold buscó la noticia publicada por Adams, según el texto que el propio Harold le había enviado, y marcó algo en ella. Luego me  tendió el periódico--. Lee lo subrayado, la última frase --dijo.
        La última frase de la noticia decía: "La sede del banco se halla en céntrico lugar (véase foto) y a la vista de todo el mundo, próximo al cercano Theatre Vera´s". Harold había subrayado algo en la parte final del texto, de esta manera: "cercano Theatre Vera´s".
        --"No te atreverás" --recalcó Harold--. Si lo lees rápido en voz alta, eso es lo que pone: "no te atreverás". No existe ningún teatro en Londres llamado Vera, o Vera´s, con el genitivo sajón que indica "propiedad de Vera", y que aquí puede convertirse en un acento desplazado sobre la "a". Mulligan lo leyó y en su subconsciente penetró el desafío que le planteaba la frase, así que aumentó su deseo de dejarme en ridículo con el robo, que ya en realidad estaba planeado como un engaño a "Zorro Plateado" que él quiso volver contra mí como si fuera un bumerán. Para cazar a un zorro hay que pensar como él.
        --Pero, ¿y si llegan a robarte unos ladrones de verdad, otra banda...?
        --Imposible, querido Jameson. Aquello olía a trampa a veinte kilometros. Y el local que elegimos como sede para el Banco Rural de Jamaica, ese local situado en una esquina y con grandes escaparates que tanto te escandalizó cuando lo viste..., detalle que recalqué en el texto para el periódico, ese local era que ni a propósito para la trampa, pues cualquier ladrón con dos dedos de frente hubiera desistido de inmediato de atracar un banco donde todo estaba a la vista del que pasaba por la calle, y con tanta circulación. Sólo "Zorro Plateado" lo hubiera hecho, y para ello debía estar al corriente del plan en todos sus detalles, lo cual de nuevo nos lleva al prefecto Mulligan. Por lo demás, como recuerdo las caras de los tres que se presentaron fingiendo ser policías, un repaso a los archivos de delincuentes fichados me permitirá identificarlos..., eso en el supuesto de que Mulligan no haya hecho desaparecer sus fichas, puesto que como supervisor de las investigaciones sobre la banda, podía mangonear en los archivos como le viniera en gana para proteger a sus reclutados. ¿No te extrañaba que nadie supiera nada, tras tanto interrogar a delincuentes habituales? ¿Que no hubiera pistas ni soplos como en otros casos?
        Más tarde se descubrió que Harold estaba en lo cierto sobre esto último, pues no encontró las caras de los tres que se presentaron en el banco entre los fichados por Scotland Yard. Sin embargo, tres individuos fueron detenidos ese mismo día cuando Jameson dio aviso a hospitales y clínicas médicas respecto a personas que se presentaran para ser tratados de una repentina infección en las manos. Y los tres fueron luego identificados por Harold y reconocidos más tarde por otros policías o agentes de Scotland Yard por detenciones anteriores, aunque sus fichas nunca aparecieron.
        Cuando esa misma mañana se presentó un malhumorado prefecto Mulligan dispuesto a entrar en su despacho, y con las manos vendadas a fin de evitar rascárselas, fue detenido y acusado de ser "Zorro Plateado" y dirigir la banda que había saqueado tres bancos y una joyería (lo de nuestro Banco Rural de Jamaica no se le tuvo en cuenta...). El prefecto --o mejor dicho, ex prefecto de facto-- juró, blasfemó y trató de abalanzarse rabioso sobre Harold cuando mi jefe le dijo el nombre del producto con el que se había infectado y cómo había ocurrido. Johnson y un agente lo contuvieron.
        --Yo creía que eso de que un policía fuera un criminal sólo ocurría en las novelas americanas --se lamentaba Johnson esa misma tarde--. ¡Qué vergüenza para Scotland Yard!
        --Era tan engreído que el alquiler de la furgoneta que se presentó en tu banco falso, Harold, lo habría condenado de todas formas --dijo Jameson--. Porque resulta que cargó el pago a la cuenta corriente de su mujer... Tampoco era tan mala idea, si no se hubiese sospechado nunca de él.
        --Le perdió por una parte el ser tan engreído y por otra, querer dejarme en ridículo --dijo Harold--. Reconozco que cazar un zorro con un cebo falso no es deportivo... pero si el zorro sabe que es falso, la cosa queda compensada: es un juego de engaños. En fin, al principio yo malinterpreté también al prefecto, y eso demuestra que malinterpretar a las personas puede conducirnos a errores fatales. En realidad, Jameson, ¿llegamos a conocer alguna vez a los demás tal como son realmente?
     
    FIN.-
     

    February 17

    LA BANDA DE "ZORRO PLATEADO" (3)

     
    TERCERA PARTE 


     
        Poco después Harold y yo estábamos en el despacho del prefecto Mulligan, acompañados además de Jameson y Johnson. Harold les mostró el mensaje recibido de "Zorro Plateado", que fue entregado inmediatamente a los expertos para que buscaran huellas digitales y todas esas cosas tan aburridas que hacen en los laboratorios de la policía. Al cabo de media hora, Samuel Albers, jefe del departamento de la policía científica, vino para comunicarnos sus conclusiones.
        --Ha sido escrito con un vulgar bolígrafo Bic de tinta azul. No hay huellas dactilares y el papel es una cuartilla común y corriente. Aunque la letra parece la de una persona de escasa cultura, es indudable que ha sido hecho aposta, a fin de deformar la letra habitual del autor del mensaje. Hay algo que llama la atención: da la impresión de que aparenta mostrar seguridad, pero yo diría más bien que su autor parece como desconfiado o asustado. O ambas cosas.
        --Muy notable su estudio, señor Albers --sonrió Harold--. Coincido plenamente en sus conclusiones.
        El señor Albers, al sentirse elogiado por Harold, hizo alardes de falsa modestia, que a su vez fue homenajeada por Harold, y la cosa acabó con Albers pidiéndole a Harold un autógrafo "para mi hija", que, cosa rara, resultó llamarse Samuel también. Todo esto fue contemplado por el prefecto con cara de poquísimos amigos.
        --Bien --dijo Harold, una vez se hubo ido Albers para investigar más papelotes--, es el momento de pasar a la acción. Tengo un plan que, cuidadosamente llevado, dará sus frutos.
        --¿Como un árbol, jefe?
        --Calla, memo. El plan requiere cierta planificación. Debo advertir que "Zorro Plateado" se dará cuenta de que es una trampa. Voy a hacer lo siguiente: fundar un banco.
        --¿Que va a hacer qué? --preguntó el prefecto, abriendo unos ojos como platos.
        --A fundar un banco. Sí, de los que guardan dinero y ofrecen créditos, no de los que hay en el parque para sentarse, Diógenes, no seas majadero. Bien. Para ello es necesario un local, no importa sea pequeño o grande ni la zona de Londres donde esté ubicado. Tampoco importa que tenga o no caja fuerte: todo va a ser una fachada. Lo principal es colgar un letrero bien grande sobre la entrada donde ponga "Banco Tal o Cual"...
        --Qué nombre más feo, jefe.
        --Es un símil, borrego. Habrá dinero en el banco, por supuesto. Dinero que será falso. En Scotland Yard guardáis dinero falso que requisáis a los falsificadores, ¿no es así? --Jameson asintió--. Perfecto. Ese será el dinero que habrá en el banco. El Times anunciará a bombo y platillo la noticia de la inauguración del banco, y dirá que hay una cantidad elevada de dinero en metálico en la caja fuerte. Esto llamará la atención de "Zorro Plateado", que vendrá a atracarlo, y lo atraparé. Ése es el plan.
        Hubo un largo silencio mientras todos digeríamos el plan de Harold. Jameson y Johnson parecían perplejos. Yo, como no entiendo de dinero ni de bancos, me quedé tan tranquilo. El prefecto Mulligan, por su parte, estaba pensativo y se acariciaba la barbilla.
        --Hay muchas cosas en su plan que no me convencen en lo más mínimo --dijo--. Usted mismo admite que "Zorro Plateado" recelará de que se trata de una trampa...
        --Sí, es un riesgo que hay que correr. Pero si sale bien, el resultado será su captura y la de toda la banda. Si a alguien se le ocurre un plan mejor...
        --Harold, confieso que su plan me desconcierta --dijo Jameson--. Y si encima la trampa es tan evidente... ¿Estás seguro de lo que te propones?
        --Sí. Lo he pensado muy bien. Recuerda que hay cazadores que en la caza del zorro usan un cebo falso, no uno auténtico. Ya sé que no es deportivo, pero...
        --¿Y usted espera que Scotland Yard respalde ese... plan? --preguntó el prefecto.
        --El plan lo llevaré adelante por mi cuenta. No preciso más que ese dinero falso para ponerlo en la caja fuerte del banco y que alguien prepare un letrero para colgarlo en la fachada del local.
        El prefecto se encogió de hombros.
        --Muy bien --dijo--. Adelante, pues. Pero no confío en que obtenga resultado alguno. Todo esto me parece una solemne idiotez.
        Por las caras que ponían Jameson y Johnson, era evidente que ellos tampoco confiaban en el plan de Harold.
        Harold puso de inmediato su plan en marcha, y con toda energía. Salimos de Scotland Yard y nos dedicamos a buscar un local para reconvertirlo en un banco cuanto antes. Tuvimos suerte esa misma mañana, pues encontramos uno muy claro e iluminado, con grandes escaparates a la calle, que había sido hasta hacía un mes un comercio de lámparas. El dueño se había fugado con una cabaretera y le dejó a su esposa las lámparas como recuerdo. Bueno, al menos yo sí sabía lo que era una cabaretera, pues Harold y yo hablamos con algunas durante la investigación del asesino de guante blanco; aunque al recordar cómo acabaron liándose a mamporros y sillazos entre ellas después de interrogarlas, no le vi mucho sentido a que un señor abandonara un comercio de lámparas por una cabaretera. El local en cuestión estaba limpio y bien conservado (las lámparas se las había quedado un chatarrero), y a mí me parecía muy majo, pero en cuanto Jameson vino esa tarde para verlo puso el grito en el cielo.
        --¡Pero, Harold! --exclamó, llevándose las manos a la cabeza--. ¿Cómo se te ha ocurrido elegir un lugar como éste? Todo el que pase por la calle verá el interior del local gracias a estos escaparates tan enormes... ¡Y encima está en un lugar céntrico, a dos pasos de Trafalgar Square!
        --Cálmate, querido Laurence --dijo Harold, contemplando sonriente la calle desde uno de los escaparates--. Este local es el más apropiado para mi plan.
        --¿Sí, eh? --bufó el señor Jameson--. ¡Pues estamos frescos!
        El local, además, estaba situado en una esquina y daba por tanto a dos calles muy concurridas. Frente a él, desembocaban otras dos calles que conducían a Trafalgar Square. Si lo que Harold quería era espectadores que nos vieran "trabajar" en el supuesto banco, no nos iban a faltar, desde luego.
        --¿Y todo esto quién lo paga? --gimió Jameson.
        --No te preocupes, hombre. Los bancos han establecido una recompensa por la captura de la banda de "Zorro Plateado". Eso sufragará todos los gastos de alquiler del local y demás. Y por el escaso tiempo que lo vamos a usar, subirá muy poco todo lo invertido.
        --Sí, suponiendo que lo atrapemos... --dijo Jameson, que parecía vacilar en su fe en Harold.
        Durante el resto del día y parte del siguiente, nos dedicamos a amueblar el local. No se precisaba mucho, según Harold: algunas sillas, un par de mesas, un archivador... Pudimos aprovechar parte de lo que el antiguo dueño del comercio de lámparas había dejado en la trastienda, como un archivador metálico que Harold decidió sería la caja fuerte del banco y en el que guardaría el dinero falso que nos prestaría Scotland Yard. El resto nos lo trajeron desde un negocio de alquiler de muebles que solía proveer al teatro que había cerca de nuestra agencia, con el que teníamos cierta amistad y en el que me habían maquillado de mamarracho para alguno de nuestros casos. En un cajón de una de las dos mesas que nos trajeron encontré un bocadillo de mortadela fosilizado.
        --¿Qué estáis preparando el señor Smith y tú? --me preguntó Sandra cuando volvimos a última hora de la tarde a casa.
        --Harold ha fundado un banco. Mañana lo leerás en el Times.
        --¿Un banco? --se quedó sorprendida--. ¿Ya no es detective privado?
        --Claro que sí. Es una trampa para cazar a una banda de atracadores. Ha fundado un banco falso y Harold hará de director y yo de subdirector. Dice que con nosotros dos, hay suficiente.
        --¿Y no necesita una empleada? En todos los bancos hay siempre una señorita en la caja.
        --Pero el nuestro es un banco de pega, y el dinero también es de pega.
        Inasequible al desaliento, Sandra subió poco después para pedirle a Harold un puesto de trabajo en nuestro banco.
        --Así todo parecerá más real --le dijo ilusionada.
        --¿Es que no hay colegios ya en Londres? --dije, frunciendo el ceño--. Deberías ir a la escuela mañana.
        --Las clases no empiezan hasta dentro de dos semanas --contestó Sandra--. Mientras, puedo hacer de cajera o de señora de la limpieza...
        No me imaginaba a Sandra haciendo de señora de la limpieza, básicamente porque la escoba hubiera sido más grande que ella.
        --Puedes hacer de señora que fuma y tutea a los hombres --sugerí.
        --¿Qué tontería es esa? --exclamó Harold.
        --El señor Jameson dijo el otro día que... --La verdad es que ya no recordaba lo que había dicho Jameson sobre esto--... Ah, que los bancos están llenos de mujeres que fuman y tratan de tú a los hombres.
        --Jameson no ha dicho semejante majadería. Bien, lo cierto es que tu ayuda me vendría bien mañana a primera hora, sí. Podrías echarme una mano en una cosa, mientras Diógenes permanece a la vista de todo el mundo en el banco. Siempre que tu madre lo autorice, claro.
        Ya, como si la señora Lane fuera a negarle algo a la mema de Sandra. Milagro sería que no tuviéramos que cargar también con el gato para que hiciera de gato guardián a la puerta del banco. Total, que Sandra se fue alegre y feliz a la portería y yo pensé que la nuestra era una agencia de detectives algo estrambótica, si cada dos por tres teníamos que arrastrar a la hija de la portera (o ser arrastrados por ella) en nuestras investigaciones. ¿Hacían lo mismo los detectives de las novelas que leía Harold? Tendría que preguntárselo.
        Al día siguiente, el Times daba la noticia de la "inauguración" de nuestro banco en página destacada. El texto, escrito por Harold la noche anterior y enviado de inmediato a Jerry Adams, el periodista del Times, decía:
     
                   ABRE EN LONDRES EL BANCO RURAL DE JAMAICA
     
        A partir de hoy, se instala en Londres una agencia del Banco Rural de Jamaica. Con un capital inicial de cinco millones de libras, que estarán en efectivo en su caja fuerte, se dedicará a préstamos y ayudas a las áreas rurales británicas. La sede del banco se halla en céntrico lugar (véase foto) y a la vista de todo el mundo, próximo al cercano Theatre Vera´s.
     
        En la foto aparecía el local y al pie de ella se daba la dirección exacta. Me quedé bastante intrigado.
        --Jefe, no creo que esto vaya a salir bien. Se huele a trampa desde lejos. Y la noticia...
        --¿Sí? ¿Qué pasa con la noticia? --preguntó Harold, aparentando indiferencia.
        --No sabría decirle --dije, tras leerla por segunda vez--, pero le veo algo raro. Quizá hubiera debido redactarla yo, y de paso habría publicado mi primer texto de ficción. Y en el Times, nada menos. Seguro que sería mejor que ésa.
        --Ya. Tiemblo sólo de pensarlo. Bueno, vayamos a nuestro banco y hagamos de banqueros.
        --Igual ocurre que en vez de "Zorro Plateado", nos atracan el resto de ladrones y bandas del país. O cualquier persona que aspire a ganarse honestamente la vida asaltando bancos.
        --No te preocupes, Diógenes. Esto no va a pasar.
        No sé por qué, pero empecé a pensar que el plan de Harold era poco prometedor.
        Recogimos a Sandra y nos fuimos los tres hacia el banco (afortunadamente, sin el gato), pasando antes por la droguería del barrio, donde Harold compró dos pares de guantes de plástico y un frasco de una cosa rara que no entendí qué era; supuse que para que Sandra hiciera de mujer de la limpieza. Una vez llegamos ante el flamante "Banco Rural de Jamaica", como rezaba ya el letrero que colgaron deprisa y corriendo la noche anterior unos agentes de Scotland Yard vestidos de obreros, vimos al superintendente Jameson que nos esperaba al volante de su coche. Llevaba un par de maletines con el dinero falso que nos prestaba el prefecto. Jameson echó una mirada más bien lóbrega al acristalado local y, una vez dentro, a la gente y los coches que se veían desde la calle gracias a los amplios escaparates, y finalmente a Sandra, que permanecía pacientemente esperando ayudar en lo que Harold dijese. Suspiró, meneó la cabeza y le entregó a Harold los dos maletines. Refunfuñando por lo bajo que no veía nada claro todo aquello, se marchó bastante encogido.
        --Muy bien. Diógenes, quédate al mando del banco --dijo Harold con una risita--, mientras Sandra y yo nos vamos a la trastienda para preparar los últimos detalles.
        Harold se marchó con los dos maletines y la bolsa de la droguería a la trastienda del local, seguido por Sandra, y yo me dispuse a hacer de vicedirector del banco, puesto que se suponía que Harold era el director. Me pregunté si de entrar en ese momento "Zorro Plateado" para atracarnos, se dejaría detener por mí.
        Un par de minutos después, entró un borracho a pedir un préstamo para tomarse una copa en el bar de la esquina. Como supuse que debíamos fingir que éramos un banco de verdad, le presté un chelín de mi bolsillo y el hombre se fue la mar de contento. Anoté el préstamo en una libreta que había sobre mi mesa. Un minuto después entró una señora mayor y enjoyada que me miró de arriba abajo.
        --Botones, haga el favor de llamar al director.
        --Está ocupado --dije, frunciendo el ceño--. Yo soy el subdirector. ¿Qué quiere?
        --¿Tú eres el subdirector? ¿Pero qué clase de banco es éste?
        --Somos un banco joven. ¿Quiere algo o no? Sólo me queda otro chelín.
        --Qué grosería. Quiero una hipoteca, muchachito.
        --No tenemos de eso --respondí, pues no tenía ni idea de qué era lo que me pedía, y en los cajones de la mesa lo único que había era el bocadillo fosilizado de mortadela, que no me había atrevido a tirar.
        --¿Cómo que no teneís "de eso"? ¿Qué quieres decir?
        --Estamos empezando el negocio, y aún no nos han servido las hipotecas.
        --Eres un imbécil. Exijo hablar con el director --dijo ella indignada.
        El "director" seguía en la trastienda, pero en ese momento salió Sandra con los guantes de plástico puestos.
        --Mire, si quiere puede hablar con la señora de la limpieza --le dije a la mujer, señalando a Sandra.
        --¿Una niña es la señora de la limpieza? --dijo ella, mirando a Sandra estupefacta.
        --Sí, ¿qué pasa? --dije de mal humor, convencido de que quizá hubiera sido mejor que Sandra hiciera de mujer que fumaba y tuteaba a los hombres.
        --¡Esto es una vergüenza! --exclamó la mujer, levantándose indignada y yendo hacia la puerta del banco--. ¡Me quejaré al diputado de mi distrito! --y se marchó.
        --Tengo la impresión de que no damos el pego como banco --le dije a Sandra, preocupado--. Y Harold me debe un chelín que le he prestado a un borracho.
        --¿Cómo se te ha ocurrido hacerlo? ¿Y qué quería esa señora?
        --Una hipo... er... hipo algo.
        --¿Una hipotenusa?
        --Creo que sí. Le he dicho que no las han traído aún.
        --Oye, Diógenes, he leído la noticia de la inauguración del banco en el Times, y hay un error en ella...
        --Seguro que lo hay --le dije, amargado--. Nadie se va a creer que en Jamaica existe un Banco Rural.
        --No, no es eso. En el texto dice...
        Harold apareció la mar de contento en ese momento, portando los dos maletines con el dinero falso.
        --Bien, ya está todo a punto --dijo, abriendo el segundo cajón del archivador que hacía de caja fuerte y volcando dentro el contenido de los maletines--. ¿Todo bien por aquí?
        --Me debe un chelín que le he prestado a un borracho y ha entrado una señora con hipo, pero al ver a Sandra se ha asustado y se ha ido.
        --Caramba, qué cosas más raras --dijo, desconcertado--. Bien, Sandra, será mejor que vuelvas a casa. A partir de ahora, esto puede resultar un poco peligroso.
        --¿No quiere que le ayude un poco más? --preguntó Sandra, algo compungida.
        --No, querida niña. Me has ayudado en lo principal, y ahora es sólo cuestión de aguardar acontecimientos.
     
    (continuará)
     

    February 15

    LA BANDA DE "ZORRO PLATEADO" (2)


    SEGUNDA PARTE 


     


        Nos dirigimos a Scotland Yard en el coche de Jameson. Cuando llegamos, y tras saludar a algunos agentes que Harold conocía de otras ocasiones, subimos al primer piso y nos encontramos en un pasillo con puertas a uno y otro lado. Jameson nos guió hasta una donde se veía un letrero que ponía "Edwin Mulligan: Prefecto".
        --Cuanto antes pasemos el mal rato, mejor --le murmuró a Harold mientras llamaba a la puerta con los nudillos.
        --¡Adelante! --dijo una voz enérgica al otro lado.
        Abrimos y entramos en un despacho pulcramente dispuesto y bien iluminado por la luz de una ventana que daba a la calle. Había un gran fichero contra una de las paredes, una pequeña librería con libros encuadernados y sin duda muy aburridos, y una lujosa mesa de madera, tras la que se sentaba el que debía de ser el prefecto Mulligan. Era un hombre de unos cincuenta años, rostro alargado y con una llamativa y abundante cabellera blanca. Su expresión y su mirada eran entre adustas y malhumoradas cuando nos vio entrar, y me figuré que no iba a ser nada fácil tratar con él. Sobre su mesa había dispersos varios papeles, además de carpetas, un volumen de criminología, un dictáfono, útiles de escribir, un reloj para hacer bonito y trastos así.
        --Buenos días, prefecto --le saludó Jameson--. Creo que no conoce al señor Smith. Harold Smith, detective privado, es muy conocido en su profesión y ha obtenido señalados éxitos. Éste es su ayudante, Diógenes...
        --¿Harold Smith? --El prefecto frunció el ceño y miró fijamente a Harold--. ¿Fue usted quien atrapó al ladrón invisible? ¿Ese chalado de Edmund Pander?
        --En efecto --reconoció Harold--. Aunque no todo el mérito fue mío, porque...
        --Ya, eso es lo que ustedes, los detectives privados, dicen siempre para quedar bien --le interrumpió sin contemplaciones el prefecto, echándole lo que parecía una mirada de desprecio--. ¿Y qué es lo que se le ha perdido aquí, en Scotland Yard?
        --Le he solicitado a mi amigo Harold su colaboración desinteresada para solucionar el caso de "Zorro Plateado" --dijo Jameson.
        El prefecto Mulligan le echó una mirada a Jameson que denotaba irritación.
        --No veo por qué ha de entrometerse en las investigaciones un detective privado --le dijo, sin mirarnos a Harold ni a mí--, por muy amigo suyo que sea. Tenemos en Scotland Yard buenos inspectores y policías para llevar adelante el caso. Ningún aficionado ha de enseñarnos nada.
        --Sí, desde luego --dijo Jameson, algo apurado--. Pero es evidente que se trata de un asunto realmente difícil. Estoy seguro de que la prensa no tardará en sacar otro de sus artículos exigiendo resultados, y si se enterasen de que hemos rechazado la colaboración de Harold Smith...
        La verdad es que fue bastante osado por parte del superintendente Jameson decirle esto al prefecto Mulligan. La recompensa que obtuvo fue una mirada cargada casi de odio.
        --Colaboración totalmente desinteresada --intervino Harold, calmadamente.
        El prefecto le miró de arriba abajo con una desconfianza que yo interpreté de manera equivocada.
        --Está bien --concedió de muy mala gana el prefecto--. Supongo que Jerry Adams, ese cotilla del Times, les ha visto subir a mi despacho, porque parece montar guardia abajo todas las mañanas, y si les ve al salir querrá saber a qué han venido. Eso se llama chantaje, Jameson. Lo tendré en cuenta. --Jameson tragó saliva visiblemente--. Esperemos que al menos su amiguete Smith no estorbe demasiado a los policías de verdad.
        Esto me sentó muy mal, pero Harold no pareció preocuparse por ello.
        --Supongo que se morirá de ganas por empezar --dijo el prefecto con cierta ironía--. Le diré a Johnson que venga. --Y pulsando el dictáfono, gritó por él--: ¡Johnson, preséntese de inmediato en mi despacho!
        El cargo que desempeñaba Johnson en Scotland Yard no he podido averiguarlo con exactitud, pero venía a ser una mezcla de sargento, inspector y ayudante directo del prefecto, todo en una pieza. Era un hombre gordo, pulcramente afeitado, casi calvo, de mirada honesta y que evidentemente estaba aterrorizado por su superior, pues apenas el prefecto soltó el botón del dictáfono ya estaba Johnson abriendo al puerta del despacho y entrando precipitadamente.
        --¿Qué ocurre, señor? ¿Pasa algo? --preguntó, agitado.
        --Cálmese, Johnson, o le dará un infarto un día de estos --refunfuñó el prefecto--. Le presento al detective privado Harold Smith y lo que pasa por ser su ayudante.
        --Celebro conocerle personalmente, señor Smith --saludó muy contento Johnson a mi jefe.
        --El señor Smith colaborará desinteresadamente con nosotros en la investigación del caso de "Zorro Plateado" y su banda. Nuestro superintendente Jameson considera que sus facultades le capacitan para ello...
        --Me gustaría hacerle un par de preguntas a ese empleado del Liverpool Bank --dijo Harold, que si estaba molesto por las ironías y desprecios de Mulligan, lo disimulaba muy bien--. Tengo entendido que de momento lo tienen retenido.
        --Precisamente ahora me disponía a firmar su puesta en libertad --dijo el prefecto, con mala gana e inquina mezcladas.
        --¡Ah! --exclamó Harold--. ¿Ya lo sueltan?
        --Su abogado ha puesto el grito en el cielo, y por otra parte no hay nada que indique pertenezca a la banda o sea sospechoso de pertenencia a ella.
        --"Sospechoso de pertenencia" --repetí, admirado--. Qué bien habla usted, prefecto.
        El prefecto me asesinó con la mirada.
        --Ordenaré que le traigan a nuestra presencia --dijo secamente.
        Mientras el prefecto daba las órdenes oportunas por su dictáfono, me dije que no sería mala idea que Harold instalara un trasto de esos en su despacho, así no tendría que llamarme a gritos cuando yo estaba en la cocina fregando los cacharros o friendo un huevo, o en mi cuarto escribiendo mis grandes obras maestras.
        Al poco rato, un agente introdujo en el despacho a Walter Dermett. Se trataba de un joven alto, moreno de agradable aspecto, correctamente vestido. Parecía muy malhumorado.
        --Siéntese, señor Dermett --dijo Mulligan.
        --Supongo que me ha traído a su despacho para notificarme que puedo irme de una vez --declaró Dermett hoscamente mientras tomaba asiento en la silla ante la mesa de Mulligan--. Porque esto ya pasa de castaño oscuro.
        --Cálmese, señor Dermett. Está entre amigos.
        --Pues preferiría estar entre enemigos. Y en la calle.
        --Enseguida lo estará --dijo el prefecto.
        --¿Será verdad lo que mis ojos oyen? --se burló Dermett--. ¿O se trata de una añagaza para empezar a practicar el tercer grado conmigo?
        --No es ninguna añagaza. Aquí delante tengo su orden de libertad, y me dispongo a firmarla ante usted. --Y así lo hizo, mientras Dermett le miraba con desconfianza.
        --Ya veremos lo que dura esto --dijo.
        --Antes de marcharse, me gustaría que contestase a un par de preguntas que el señor Harold Smith, detective privado, desea formularle...
        Walter Dermett concentró su ceñuda atención en mi jefe.
        --¿Un poli privado, eh? Vaya cosa. Bueno, vengan esas dos preguntas y déjenme en paz.
        Harold carraspeó y empezó a hablar.
        --Veamos, señor Dermett. Usted se quedó haciendo horas extras en el banco el día del robo...
        --¿Otra vez con lo mismo? --le interrumpió de mala manera Dermett--. Ya me dan hasta dolor de vientre con tanto insistir en eso.
        --Haga el favor de comportarse correctamente, señor Dermett --le dijo el prefecto, secamente.
        --No me da la gana.
        --Bueno, a ver si terminamos de una vez --se interpuso Harold, molesto e impaciente--. Cuanto antes acabemos, antes saldrá a la calle, señor Dermett. Mis preguntas son muy simples, e incluso le van a decepcionar. Usted ese día se quedó un par de horas tras terminar la jornada laboral...
        --Veo que es usted un gran detective si ha averiguado esto solito... --se burló Dermett con una sonrisita.
        Harold contuvo su enfado heroicamente.
        --Muy bien --dijo--. ¿Podría decirme cuánto gana al mes, señor Dermett?
        --¿Eh? --Dermett pareció tan desconcertado por la pregunta como los demás que estábamos en el despacho--. ¿Por qué quiere saber eso?
        --Por si me animo a cambiar de oficio --replicó Harold, con sarcasmo.
        --Pues unas cuarenta y cinco libras al mes, impuestos deducidos --dijo Dermett, intrigado.
        --¿Horas extras aparte?
        --Sí, claro.
        --Y con un sueldo tan respetable de cuarenta y cinco libras netas mensuales, ¿para qué necesita hacer horas extras?
        Dermett le dirigió una mirada maligna.
        --Dijo un par de preguntas, y ya van tres.
        --La segunda era derivada de la primera --replicó Harold, triunfal.
        --Está bien --bufó Dermett--. Si hago horas extras es porque lo considero preciso y no tengo que darle explicaciones a nadie.
        --Cierto, siempre y cuando esas horas extras no hayan servido para facilitar a la banda de "Zorro Plateado" entrar en el banco...
        Walter casi saltó de su silla para abalanzarse contra Harold, pero Johnson se lo impidió empujándole con la mano sobre el pecho y obligándole a permanecer sentado.
        --¡No le consiento esto! --bramó Dermett--. ¡Estoy harto de sus sospechas! ¡Eso no es cierto y no pueden probar nada contra mí!
        --Es usted un gran actor --le dijo Harold, lánguidamente.
        --No se burle de mí o lo pagará.
        --¿Está amenazando al señor Smith? --Jameson se interpuso y miró severamente a Dermett.
        --Bueno, basta ya --se interpuso el prefecto, malhumorado--. Acabemos con todo esto. Usted quiere irse y nosotros perderle de vista, así que conteste a las preguntas del señor Smith sin más tonterías.
        --Sólo quería preguntarle, por último --dijo Harold, pacientemente--, si ésa era la primera vez que se ofrecía a hacer horas extras...
        --No contestaré a esa impertinencia --replicó Dermett, ásperamente.
        --Ni hace falta que lo haga, en realidad: con esto ya lo ha dicho todo. Y, de todas maneras, el banco nos facilitará la información.
        Dermett abrió la boca para decir algo, pero el prefecto se adelantó.
        --Bien, lárguese ya, señor Dermett.
        Todos nos quedamos muy descansados en cuanto Walter Dermett se marchó (dando un portazo). El prefecto, con un suspiro, le preguntó a mi jefe qué opinión sacaba de todo aquello.
        --Me reservo mis opiniones hasta el final del caso --dijo Harold.
        --Mal empezamos, señor Smith --dijo el prefecto, frunciendo el ceño--. Si va con secretillos y "opiniones reservadas", no necesitamos esa colaboración tan flamante que nos ofrece usted.
        --Le aseguro que con mis métodos de trabajo se adelanta mucho, prefecto. Si no le importa, mi ayudante y yo nos retiraremos ahora para pensar profundamente en el caso --dijo Harold, con toda pachorra.
        Mulligan bufó y se puso a revolver los papeles de su mesa. Harold, Jameson y yo nos largamos de su despacho, dejando al pobre Johnson a solas con el prefecto para ser víctima de sus iras.
        --Ten paciencia con el prefecto Mulligan --le dijo Jameson a Harold mientras bajábamos las escaleras hasta la planta baja--. Tiene un muy rígido sentido del deber. Le ha costado mucho llegar a ese puesto y eso le ha amargado el carácter, por eso quiere controlar toda la investigación de este caso.
        --Ya. En fin, no sería mala idea que vigilarais discretamente a Walter Dermett una temporadita, para ver por qué ambientes se mueve...
        --¿Crees que es "Zorro Plateado"?
        --No, pero sin duda es de la banda...
        Llegamos a la planta baja y nos dirigimos a la salida de Scotland Yard. Un tipo con pinta de periodista que remoloneaba por allí pareció reconocer a mi jefe, porque se nos acercó corriendo.
        --¡Señor Smith! ¿Scotland Yard le ha pedido que les saque las castañas del fuego? --preguntó sin más ni más.
        --Diantre, Jerry --dijo Jameson, algo enojado--. Vaya manera de decirlo... Harold, éste es Jerry Adams, del Times...
        --Sí, le he visto alguna vez --dijo Harold--. Lo siento, señor Adams, no hay declaraciones... de momento. Le ruego discreción. --Entonces Harold se detuvo pensativo, como si se le hubiera ocurrido una idea--. Pero deme su número de teléfono por si he de contactar con usted.
        Jerry Adams se lo dio la mar de contento y se fue dando saltitos de alegría. El superintendente Jameson estaba desconcertado.
        --¿A qué viene eso? --preguntó.
        Pero Harold no contestó. De hecho no dijo nada durante el resto del día, en que se dedicó a cavilar profundamente y a fumar en pipa, a la vez que tomaba notas en diversas hojas en su mesa de despacho. Como yo me aburría y no era cuestión de estorbar su poderoso cerebro con mis preguntas, bajé a la portería para que Sandra me explicara aquello de las mujeres que fuman y tutean a los hombres que había mencionado el señor Jameson.
        --La verdad, querido Diógenes, es que a veces pareces completamente tonto --dijo, mirándome asombrada.
        --Pues no lo sería si la gente tuviera la bondad de contestar a mis preguntas en vez de hacer como si yo no existiera --dije, irritado--. No puedo hacerme listo si no se me enseñan las cosas, ¿no te parece? Es una cuestión de lógica digo yo. Está bien, no me digas nada. Viviré en la ignorancia de todo y en vez de escribir grandes obras maestras el día de mañana, escribiré majaderías porque no sabré casi nada. Bah, nadie me hace justicia.
        Y me largué, observado pensativamente por Bonnie, el gato de Sandra.
        A la mañana siguiente, entraba yo en la habitación donde solíamos desayunar cuando una piedra lanzada desde la calle rompió el cristal de la ventana y cayó a un metro de distancia de donde yo estaba, dándome un susto de muerte. Harold, que estaba en el despacho, vino a todo correr, alarmado. Yo estaba ya recogiendo la piedra y observé asombrado que venía envuelta en una hoja de papel en la que había un mensaje escrito.
        --Mire, jefe. Debe de ser eso de la publicidad subliminal que dijo usted el otro día...
        --No, hombre --dijo Harold, leyendo lo escrito en la hoja--. Se trata de un mensaje que nos dirige "Zorro Plateado".
        --¿Qué? ¿En serio? --me quedé estupefacto.
        --Léelo tú mismo --dijo Harold, pasándome la hoja.
        Esto es lo que leí, escrito en pésima caligrafía:

        Señor Smith: éste es el primer aviso y por su bien espero que sea el último. Abandone de inmediato toda clase de pesquisas destinadas a apresarme. En todo caso, le resultará inútil, porque no lo conseguiría. Soy más poderoso que usted.
                  Zorro Plateado
     
        --Lástima que no firme con un bonito dibujo, como en las aventuras de Sherlock Holmes --dije--. Sería más emocionante.
        --Déjate de tonterías. En fin, habrá que reponer el cristal que se ha cargado, qué remedio. Le pediré a la señora Lane que avise a un cristalero... Hum... La nota resulta muy significativa, ¿no crees?
        --¿En qué sentido?
        --Pues... aclara algo. Me asombra y complace a la vez el que cierta idea que se me ocurrió ayer se vea confirmada...
        --Caray, sí que va rápido usted. Y, por cierto, ¿cómo ha sabido "Zorro Plateado" que investigamos el caso?
        --¡Ah! --exclamó jubiloso Harold--. ¡Ah!
        --Seguro que el cotilla ese del Times con el que habló usted ayer al salir de Scotland Yard lo ha puesto en el periódico y...
        --Sin embargo, querido Diógenes --dijo Harold, que parecía saltar de alegría pese a tener que pagar un cristal nuevo--, en el Times no dicen nada de nosotros: Jerry Adams no lo ha divulgado. Bien, muchacho, bien. Creo que debemos ir ahora mismo a Scotland Yard. Vamos a practicar nuestro tan británico deporte de la caza del zorro...
     
    (continuará)
     

    February 14

    LA BANDA DE "ZORRO PLATEADO" (1)

    (c) 2009 by J.C. Planells
     
    (Aventuras de Harold Smith: episodios inéditos) [Novela corta en 4 entregas]


     


    PRIMERA PARTE
     
     
          La banda de atracadores liderada por "Zorro Plateado" empezó a operar mientras Harold y yo estábamos de vacaciones; fue durante el verano que yo pasé en el chalet junto a la costa propiedad de Donald French, un abogado amigo de Harold al que conocí cuando investigamos el caso del falsificador de toallas. Harold se había ido a pasar el mes de agosto en el castillo de su familia, que eran un coñazo, según dijo, y además su hermana no estaba porque estaba de vacaciones en Francia; así que decidió que lo mejor para mí era pasarlas en el chalet de Donald French, donde tenía a una hija y un sobrino con los que yo estaría la mar de bien y me divertiría. Y así fue. Aquellas vacaciones, además, me inspirarían más adelante lo de Diez chinitos, que le colé a Harold, aunque me pilló el truco por una vez en la vida y me chafó la sorpresa. Qué le vamos a hacer.
        Así que volví a Londres el primero de septiembre y todo el mundo estaba también de regreso. La señora Lane y la pelma de su hija, Sandra, habían estado de vacaciones en Niza. El gato también estuvo con ellos. Harold llevaba ya una semana en Londres cuando me presenté en nuestro despacho.
        --Tienes buen aspecto --me dijo al verme entrar--. Se nota que lo has pasado bien con los French.
        --Pues sí, jefe. Ha sido un verano muy divertido. ¿Hay alguna novedad por aquí? ¿Algún caso espeluznante?
        --No. Una señora quiso contratar mis servicios para que encontrara a su perro, que se había perdido, y otra quiso que localizara una carta que no sabía dónde la había guardado. Ya ves. En verano, la cosa baja mucho. ¿Has aprovechado las vacaciones para algo útil, además de divertirte con los French?
        --Pues sí. Envié varias crónicas de sus casos a un editor por si las quería publicar, pero me las tiró a la cara y dijo que como mucho servirían para guiones de tebeo.
        --¡Qué ignominia! Yo, convertido en personaje de tebeo... --Harold se enfadó--. Aunque, claro, si las escribes de manera tan ridícula como los casos que te inventas para mantener en forma mi cerebro, entonces no me extraña nada.
        --¡Ah!, ¿encima eso? --me indigné yo ahora--. ¡Aún será mía la culpa!
        --A ver, si no. Esos relatos están llenos siempre de ridiculeces y extravagancias, y no tienen lógica ni sentido común, y lo de adivinar al asesino se basa en la estupidez más impensable que tú presentas como pista... Si las crónicas de los casos que hemos investigado las redactas de la misma manera, temo lo que en el futuro piense la gente de mí.
        --Hombre, muy bonito. Pues entonces, ¿por qué no las escribe usted mismo a su gusto?
        --Porque no es adecuado --repuso él, muy digno--. Las crónicas de un detective privado debe escribirlas su ayudante. Es su obligación. ¿O sabes de algún detective que las escriba él mismo?
        --Pues no lo sé porque no tengo tiempo de leer montones de  novelas policiacas, como hace usted. Yo soy un artista y... ah..., aporto un toque creativo a las crónicas de los casos...
        --¡Ja!
        --Y si no le parece bien, pásese sin ellas. Algún día, cuando yo esté en la leyenda de los escritores gracias a usted, verá lo que se ha perdido.
        --Bueno, reconozco que tu capacidad de encadenar un disparate tras otro se mantiene en forma --sonrió Harold.
        En fin, dejamos el tema de mi talento artístico no reconocido por la humanidad porque supuse que el tiempo me haría justicia.
        --¿Y no ha habido ningún crimen importante o algo por el estilo en Londres este mes de agosto? --pregunté.
        --Bien, el último par de semanas han ocurrido una serie de robos realmente espectaculares. Los he ido siguiendo por la prensa, en el castillo de la familia.
        --¿Qué robos?
        --Dos bancos importantes fueron atracados y sus cajas fuertes vaciadas. Una joyería muy conocida fue también saqueada por completo.
        --¿Y quiénes han sido?
        --Los tres casos son obra de un mismo individuo, que se llama así mismo "Zorro Plateado".
        --¿Y por qué se llama así?
        --Pues porque como es un ladrón, no va a ir por ahí anunciando su verdadera identidad, zoquete. Parece, por lo demás, que no va a resultar nada fácil atraparlo.
        --¿Cómo es eso?
        --Es un tipo muy listo. No trabaja solo, sino que lidera toda una banda. Sus golpes son perfectos, se ve que tiene previsto hasta el más pequeño detalle.
        --¿Y cómo saben que son obra de él?
        --Porque deja siempre un tarjetón con su nombre: "Este robo ha sido cortesía de Zorro Plateado", o algo por el estilo. Por lo visto, se cree muy gracioso.
        --¿Y quién lleva la investigación? ¿El señor Jameson?
        --En efecto, el bueno de Laurence. Está negro, y no precisamente de tomar el sol en alguna playa española, sino por culpa de su superior, el prefecto Mulligan, que supervisa las investigaciones: le lleva por el camino de la amargura en su afán de controlarlo todo. Y lo bueno es que no hay pistas, ni datos, ni sospechosos. Nada de nada. Y, no hace falta decirlo, la opinión pública y la prensa no hacen sino exigir resultados.
        --¿No le han pedido que les ayude? --pregunté.
        --Este es un caso para Scotland Yard. Yo no tengo sus recursos para seguir a sospechosos, investigar a los fichados por diversos atracos, hablar con soplones, y todo lo habitual en casos así. Y te diré que trabajar con ese prefecto Mulligan no me llena de entusiasmo, precisamente. En todo caso, Jameson ya sabe que atenderé cualquier consulta que me haga.
        Pasé el resto del día ordenando un poco la agencia: guardando carpetas en los archivos, abriendo paquetes con novelas policiacas que se había traído Harold, y cosas por el estilo. La madre de Sandra me invitó a comer con ellos y el gato, y Sandra me entregó un tarro con arena de la Costa Azul que me había traído. Lo agradecí, aunque le dije que la arena de la Costa Brava era mucho mejor y ella me dijo que yo era un ganso.
        Al día siguiente, a la hora del desayuno, Harold me tendió el periódico, que había estado leyendo con interés.
        --Ahí tienes --dijo, señalando la primera página--. Otro golpe de "Zorro Plateado".
        La noticia ocupaba la primera plana y empecé a leerla.
     
                  NUEVO GOLDE DE "ZORRO PLATEADO"
             VACIÓ LA CAJA FUERTE DEL LIVERPOOL BANK
     
        El ya lamentablemente famoso delincuente "Zorro Plateado", que lidera una banda de atracadores, ha dado otro golpe espectacular. Esta vez ha sido en el Liverpool Bank. Estos son los hechos, ocurridos esta misma noche.
        El banco cerró a las siete en punto, como habitualmente hace, quedando en su interior un empleado haciendo horas extras y los dos vigilantes nocturnos. El empleado se marchó a las ocho y media, hora en que los dos vigilantes dejaron la partida de cartas que jugaban en su vestuario y se dedicaron a las lógicas labores de su clase, sexo y condición. Ambos afirman que no advirtieron nada fuera de lo normal en el interior del banco.
        A las diez y media tomaron el habitual refrigerio, por lo que acudieron a la cocina-comedor de los empleados. Consumieron un par de bocadillos de jamón, una tortilla de patatas y lo regaron todo con cerveza Golden Star, la cerveza de mejor cuerpo y más refrescante del mercado. No dude en tomarla para acompañar cualquier comida o simplemente por placer. Golden Star: la estrella de las cervezas.
     
        --Pero, ¿qué diantre es eso...? --pregunté, confuso.
        Harold se encogió de hombros.
        --Una nueva forma de publicidad que ha aparecido este verano --explicó--. Lo llaman "publicidad subliminal". Aparece intercalada dentro de cualquier texto que lees en diarios o revistas, y se supone que queda grabada en el subconsciente. Esperemos que pase pronto de moda, o de lo contrario leer un periódico se volverá insoportable.
        Continué leyendo la noticia.

        Tras tomarse este refrigerio, se dispusieron a reanudar su trabajo, pero alguien debió de haber mezclado alguna sustancia narcotizante en las botellas de Golden Star (¡qué osadía!, ¡qué afrenta!), ya que al cabo de unos instantes los dos vigilantes cayeron profundamente dormidos sobre la mesa de la cocina-comedor. La policía, que ha analizado el contenido de las botellas, ha encontrado efectivamente rastros de narcótico en ellas. Recuerden que Golden Star es la cerveza preferida del hombre moderno. Cuando recobraron al conocimiento, eran las cuatro de la madrugada. Aturdidos, inspeccionaron el banco y hallaron la caja fuerte abierta y vacía. Debemos señalar que los dos vigilantes vestían pantalones Rayman, inarrugables cien por cien, que usted puede lavar en frío o en caliente sin que encojan ni desluzcan. Rayman, pantalones para el trabajo, pantalones para lucir en sociedad. ¿Es usted persona de buen gusto? Vestirá Rayman. ¿No lo es? Llevará andrajos.
        Avisada de inmediato la policía, se hizo cargo de las investigaciones el superintendente Laurence Jameson. No ha sido posible averiguar cómo entraron los ladrones en el banco, pero se ha comprobado que no excavaron túnel alguno para acceder a él ni al interior de la caja fuerte. El hallazgo de una tarjeta pegada con goma arábiga en la puerta abierta de la caja fuerte ha permitido saber la autoría del robo. En el tarjetón estaba escrito: "Este robo ha sido realizado por cortesía de Zorro Plateado", similar al de tres ocasiones anteriores. A fin de realizar investigaciones más enérgicas y exhaustivas, la policía está tomando Energón, el vigorizante de los deportistas y también de los hombres de negocios. Hay que decir adiós a la fatiga y hola al rendimiento con Energón. Energón en el desayuno, para el estudiante, para el ama de casa, el frutero o el banquero, Energón es lo primero.
        Seguiremos informando de los avances en la investigación.
     
        En nota aparte se calculaba que el dinero que se habían llevado de la caja fuerte ascendía a un millón de libras, aproximadamente. Al parecer, el dueño del banco debería dedicar el resto de sus días a pedir limosna en la calle.
        --Vaya, se ve que ese "Zorro Plateado" es listo.
        --El robo que dio en la Joyería Artemisa fue bastante notable también --dijo Harold--. Entró a media mañana un caballero con aspecto de militar retirado, muy respetable, elegantemente vestido y con barba, que sin duda era postiza, y le pidió al dependiente que le mostrara algunas joyas. Así lo hizo, y el caballero de la barba estuvo examinándolas un rato. Luego pidió ver algunas de mayor precio y calidad y el empleado se retiró a la trastienda para abrir la caja fuerte. Por lo visto, el caballero de la barba le siguió sin hacer ruido, y apenas abrió la caja le puso un pañuelo con cloroformo sobre la nariz y lo dejó inconsciente. Cuando se recobró, encontró la joyería completamente vacía: se lo habían llevado todo, y en el mostrador dejaron un tarjetón blanco donde ponía "Muchas gracias. Zorro Plateado".
        --Caray, sí que debió ir deprisa.
        --En efecto. De ahí el que sea toda una banda liderada por ese misterioso "Zorro Plateado". Él es quien elige y planea cuidadosamente todos los detalles de cada golpe.
        --¿Y nadie vio cómo saqueaban la joyería?
        --Eligieron muy bien la hora, la de menor circulación en la calle. Y todo fue muy rápido, perfectamente coordinado. Un hombre dijo que vio a varios individuos sacando cajas de la joyería y cargándolas en una furgoneta aparcada junto a la acera. Creyó que se trasladaban a otro barrio y no se fijó en los tipos ni en el vehículo. O sea, que nada de pistas, como en los dos casos anteriores.
        --¿Y a usted no se le ocurre alguna idea sobre el caso?
        Harold frunció el ceño.
        --Hum... En la información del periódico hay un detalle interesante...
        --¿Lo de la cerveza Golden Star?
        --No, majadero. Me refiero a eso del empleado que se quedó haciendo horas extras. Pudo poner el narcótico en la bebida de los vigilantes. Habría que investigarle, aunque me figuro que Scotland Yard lo hará. Con lo que les trae de cabeza ese "Zorro Plateado", no van a dejar nada por investigar. Y lo mismo se puede pensar de los dos vigilantes nocturnos: podrían pertenecer a la banda de "Zorro Plateado" y fingir que les narcotizaron.
        --Qué pena no poder trabajar en este caso... --dije.
        Y en ese momento llamaron a la puerta. Acudí presto y diligente a abrir, y resultó ser el señor Jameson, el amigo de Harold.
        --¡Caramba, Diógenes! --saludó al verme--. ¿También a ti se te terminaron las vacaciones?
        --Pues sí, señor Jameson. De no ser así, no hubiera podido abrirle la puerta.
        El señor Jameson pasó al despacho y Harold se levantó para saludarle, con sorpresa.
        --¡Caramba, Jameson! ¿Cómo tan temprano por aquí? Tomarás una taza de café, ¿verdad?
        Yo mismo la preparé y la serví. Luego que Harold y Jameson charlaron de las cuatro tonterías que charla siempre la gente cuando se encuentra, el superintendente dijo:
        --Bien, Harold. Esta es una visita un tanto extraoficial... --Harold le miró enarcando las cejas--. Te supongo al corriente de los golpes que ha perpetrado ese tal "Zorro Plateado"...
        --Por supuesto. He seguido los detalles por la prensa desde el primer día.
        --Como sabrás, pues, estoy al frente de la investigación que coordina el prefecto Mulligan. --Aquí, el señor Jameson hizo una mueca de fastidio--. Debo decir que es un caso realmente desconcertante, por decirlo suave. No hay pistas, ni indicios, ni sospechosos de los que echar mano. Eso es lo que tienen en común los hasta ahora cuatro golpes de "Zorro Plateado". La prensa clama exigiendo resultados y no tenemos nada que ofrecerles. En el mundo del hampa nadie sabe nada, lo cual es bastante extraño, e inusual. Así que, harto de cómo van las cosas, he decidido por mi cuenta, sin consultar con mis superiores, pedirte que nos eches una mano, para ver si es posible hallar algo que conduzca a la detención de la banda o al descubrimiento de la identidad de "Zorro Plateado".
        Tras decir todo esto y soltar un suspiro como si se hubiera quitado un peso de encima, Jameson calló. Harold tomó la pipa de pensar profundamente y la empezó a llenar de tabaco.
        --Por supuesto, querido Jameson, que nada me complace más que poder ayudarte para resolver el caso, aunque no sé si el prefecto Mulligan lo verá con muy buenos ojos... --El señor Jameson puso los ojos en blanco y gimió--. Sí, tengo entendido que es un tipo atravesado --prosiguió Harold, encogiéndose de hombros--, pero si me ofrezco a colaborar desinteresadamente, no tiene motivo alguno para negarse. Puesto que la opinión pública exige resultados, si se supiera que ha rechazado ofertas de ayuda...
        --En ese tienes razón, los periódicos se lo merendarían vivo. ¿Te parece pues que vayamos a Scotland Yard ahora mismo?
        --Antes cuéntame algunos detalles más sobre el golpe al Liverpool Bank que no hayan aparecido en la prensa. Eso del empleado que se quedó haciendo horas extras...
        --Ya sé por dónde vas --repuso Jameson--. De momento, lo tenemos detenido, aunque seguramente habrá que soltarlo esta misma mañana. En realidad, no hay nada que nos indique sea sospechoso de algo o esté relacionado con el golpe o la banda. Es una manera como otra cualquiera de cubrir las apariencias ante la prensa. El hombre, claro, ha puesto el grito en el cielo y exigido un abogado, o sea que igual la cosa será aún peor. La cuestión es que nos hemos informado al detalle de todo lo relativo a él. --Jameson sacó una libreta del bolsillo de su gabán y pasó las hojas buscando algo anotado en ella--. Veamos... Aquí está. Se llama Walter Dermett, de veintisiete años, nacido en Londres, contable de profesión, y que reside en una casa de huéspedes. Soltero, por supuesto. No sé de nadie que esté casado y viva en pensiones o casas de huéspedes.
        --Debe de ser por eso que llaman distinción de clases y pureza de la raza --sugerí. Harold me aplastó con la mirada.
        --Antes de trabajar en el Liverpool Bank estuvo en una compañía de seguros como auxiliar contable. Buenos informes, conducta irreprochable. Sus padres murieron en un accidente y no tiene hermanos. En la casa de huéspedes lo consideran un huésped modelo: no fuma, no bebe, no ronca, no canta al afeitarse, no vierte la sopa sobre el mantel y no trae a su habitación señoras de esas que fuman y tutean a los hombres...
        --¿Para qué sirven esas señoras? --pregunté intrigado. Harold me ignoró y el señor Jameson tosió. Se lo tendría que preguntar a la hija de la portera, que como era del sexo más o menos femenino a pesar de su edad, sin duda debía de conocer estas cosas mejor que yo.
        --Total --dijo Jameson, guardando la libreta en el bolsillo del gabán--, que podría ser el hombre ideal para formar parte de la banda de "Zorro Plateado": pasa desapercibido, no tiene antecedentes...
        --Sí, es plausible. ¿Y los dos vigilantes nocturnos? ¿Los habéis investigado?
        --Está fuera de duda que fueron narcotizados: hemos hechos los exámenes físicos pertinentes. De todas formas, puede haber algún truco en eso, y serán convenientemente investigados. Pero llevan años trabajando como vigilantes nocturnos en el banco y sus informes son muy buenos. No resultan unos candidatos muy firmes a sospechosos, aunque lo estudiaremos, por supuesto. En fin, ¿vamos a Scotland Yard y cambias unas impresiones con los investigadores?
        --Vamos, pues. Y me gustaría echarle un vistazo a ese Walter Dermett.
        --Nada más fácil. En marcha.
     
     
    (continuará)

    February 12

    LA ORDEN DE SANTA CECLINA (PORTA COELI - I), de Susana Vallejo


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Hace muchos años, cuando todos éramos más jóvenes, audaces y felices, Susana Vallejo escribió en colaboración con otro autor una notable novela de ciencia ficción presentada a un premio del género. Lamentablemente, la editorial que otorgaba dicho premio desapareció antes de que se fallara, por lo cual su novela y las de los demás participantes quedaron perdidas. Quizá no se hubiera llevado el premio, porque había un ganador muy claro en forma de otro trabajo a dúo, publicado por otro editor años más tarde, y si bien me fue fácil adivinar la identidad de ese dúo leyendo la novela, no ocurrió lo mismo con la que presentó Susana Vallejo con su colaborador --cuya identidad omito porque no sé si él querrá que se conozca--. Dejé constancia de todo esto en el capítulo 3 de "Crónicas de la ciencia ficción en España" (9 de marzo de 2006), y poco después me llegó un e-mail de Susana Vallejo identificándose como la autora, y dando el nombre de su colaborador. 
    Ahora, muchos años después, cuando ya no somos jóvenes, hemos dejado de ser audaces, e ignoro si somos felices --yo no, desde luego--, reaparece Susana Vallejo con la primera entrega de una saga de fantasía titulada "Porta Coeli", que constará de cuatro en total. El título de este primer volumen es La orden de Santa Ceclina. Una novela escrita para público juvenil, ambientada en el siglo XIV, en tierras gallegas, y protagonizada --esto es lo curioso-- por dos hombres que tampoco son ya jóvenes, pero aún son audaces. En cuanto a su felicidad... ¿quién lo es? No deja de ser grato, al menos para mí, que elija a estos personajes como héroes de la novela, cuando lo habitual en este tipo de sagas es que los protagonistas sean mozalbetes más o menos intrépidos o guerreros tremebundos espada en mano. Teniendo en cuenta el público al que se dirige, aún es más sorprendente.
    Por lo demás, la novela tiene un arranque algo lento, perezoso, pero pronto va ganando en dinamismo y su lectura es ágil y amena, como cabe esperar en este tipo de narraciones dirigidas a un público formado por adolescentes. El estilo es sencillo y claro, sin complicaciones. En esta primera entrega, básicamente se plantea un conflicto que se irá desarrollando y ampliando en las posteriores, y en donde además tenemos puertas de acceso a otros mundos que deben ser cerradas y libros misteriosos que rescatar, y una presunta bruja --que en realidad no lo es-- como compañera de los héroes.
    En suma, un libro con atractivos para el público al que se dirige.
     
    February 11

    GALERÍA DE MUJERES (43) CAROLE KING: La vida se hace canción a canción

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Carole King --nacida en 1942 como Carole Klein-- ya era famosa antes de serlo, lo cual parece imposible pero es fácil de entender: Neil Sedaka escribió y grabó en 1959 "Oh, Carol!", canción que compuso en homenaje a Carole, que fue compañera suya de clase. Medio mundo del pop-rock ha tarareado alguna vez ese conocidísimo tema, sin saber que se refería a quien entonces aún no era nadie en el mundo de la música (en España la grabó el Dúo Dinámico). Puede que a muchos no les suene el nombre de Neil Sedaka, pero sí les sonará la canción, apenas oírla.

      
    Su fama empezaría a cimentarse apenas iniciarse la década de 1960: junto con Gerry Goffin --que sería su marido hasta 1968-- se instaló en un edificio dedicado al negocio musical, y allí estuvieron componiendo casi a destajo canciones para muchos intérpretes, que las convirtieron en éxitos en las listas musicales: "The Locomotion" --un tema tan bobo como simpático-- sigue siendo versioneado a día de hoy, "Chains" lo grabaron incluso los Beatles en sus primeros discos, y la lista de sus canciones se haría larguísima, tanto como la de los muchos intérpretes que cantaron temas de "Coffin & King" (un binomio que se haría familiar entre los seguidores del rock y del pop rock y los compradores de discos): The Shirelles, Dusty Springfield, Beatles...
    En 1968, tras su divorcio de Goffin, grabó un disco con otros artistas formando el grupo The City. El disco, Now that Everything´s Been Said, fue un desastre en ventas. De hecho, muchos desconocieron su existencia hasta varias décadas después, cuando se reeditó. Alguien le sugirió a Carole grabar sus propias canciones, en vez de escribirlas para que las cantasen otros, y en 1970 apareció su primer disco en solitario, Writer, en cuyas canciones aún colaboró con Gerry Goffin, pues aunque su matrimonio hubiera terminado, su colaboración artística se prolongó durante años en mayor o menor grado. Tampoco se vendió bien, pero recibió buenas críticas. Sin embargo, en 1971, su segundo disco --o tercero, si contamos el del grupo formado en 1968-- fue un hit mundial, y es aún considerado hoy día como uno de los discos fundamentales de la historia del pop-rock: Tapestry. Sus 12 canciones, todas ellas formidables, han hecho historia. Comenzando con la vibrante "I Feel the Earth Move", con Carole marcando el ritmo con el piano --su instrumento habitual--, siguiendo con "It´s too Late", canción a canción teje un tapiz (el nombre del disco) cuya pieza maestra es "You´ve Got a Friend", un tema que también ha sido versioneado por medio mundo y que sigue siéndolo aún. Ese mismo año sacaría otro álbum, Music, que fue otro gran éxito (y es que no era nada infrecuente que antes los artistas sacaran incluso dos álbumes al año, mientras que hoy sacan uno cada dos años, en general: dejo ahí ese dato para que se medite sobre él...).
    El resto, es historia: despegó su carrera, y álbum tras álbum, conseguía discos de platino o de oro. Estábamos en la década de 1970, una década buena para las cantantes en solitario: Carole King, Carly Simon, Rita Coolidge, Linda Rondstad, Joni Mitchell, Janis Ian... Eran los tiempos previos a Madonna, evidentemente. Con su llegada, otro tipo de ¿cantante? se impondría. Muchos trataron de establecer una rivalidad entre Carole King y Carly Simon, cuyas carreras --y éxitos-- corrían paralelas, y si Carole fue durante años pareja de Gerry Goffin, Carly lo era entonces de James Taylor, otro respetado rockautor. La rivalidad entre ellas no existió nunca, e incluso Carole colaboró en un tema del disco Playing Possum de Carly. Por lo demás, eran muy distintas tanto en lo musical como en sus letras: en Carole privaba lo sentimental, lo tranquilo, una cierta tristeza a veces, mientras que en Carly había ese fondo irónico y algo crudo de ciertos temas, y el sentido testimonial de lo que contaba.
    El último disco de oro de Carole fue en 1977, Simple things, donde colaboró con otro músico, Rick Evers, con el que se casaría casi enseguida. Pero el matrimonio acabó al año siguiente, cuando Evers murió de sobredosis de heroína. Otro más en la lista de caídos del rock. Casi como si con ello acabara todo, no hubo más discos de oro ni platino: a partir de 1978 Carole King, aunque siguió grabando álbumes, cada vez más espaciadamente, no consiguió ningún éxito. La época empezaba a estar marcada por el sonido disco, e incluso su ábum de 1978, Welcome Home, contenía algunas reminiscencias discotequeras: "Main Street Saturday Night", "Discho Tech"... De hecho, el reinado de las Carly, Rita, Carole, Joni y demás estaba terminando ya, barridas por la ropa interior de Madonna, el sonido disco y el triunfo del pop más pegadizo (otro tema sobre el que pueden reflexionar, si lo desean).
    Carole ha seguido trabajando, componiendo para ella, para otros, a veces incluso con Gerry Goffin --en 1980 ofreció Pearls, un álbum que recogía varias de las canciones que ambos habían compuesto a principios de los años sesenta para otros artistas--, dando conciertos en directo, colaborando con muchos músicos, y siendo celebrada por los nostálgicos de Tapestry o Music, los discos que la revelaron internacionalmente. Escuchándola a ella, a todas sus compañeras de generación, nos puede invadir no tanto la nostalgia como la tristeza o la desazón: ésa fue la música importante de una época en que las canciones buscaban expresar algo y tener un sentido. Lo comercial acabó barriendo con ellas y sustituyéndolas por fórmulas más vacías. Probablemente, hoy también existen las equivalentes a Carole King, Carly Simon o Joni Mitchell. Pero no tengo idea de quiénes son (aunque sí de quiénes no son).
    Se dice que el film Corazón rebelde (Grace of my Hearth), dirigida por Allison Anders en 1996, se inspira más o menos en su vida. Otros lo niegan. Tanto da.
     
      
     

    February 08

    MANUEL DE PEDROLO, ACTO DE RECONOCIMIENTO

     
    [Este artículo apareció en la revista Nueva Dimensión, nº 139, noviembre de 1981. En el mismo se hacía referencia a la crítica publicada en el nº 135 (junio de 1981) sobre la novela Successimultani con motivo de su primera edición. Dado que esa crítica no me parece demasiado competente como para recuperarla en este blog, me he limitado a modificar ligeramente el comentario que se hacía de la novela en el artículo de noviembre de 1981, en lo relativo a su resumen argumental, aprovechando el ofrecido en la crítica, mucho más completo. De paso, he corregido algún defecto, pero sin actualizar otras cuestiones porque entonces ya no sería el mismo artículo.]
     

    (c) 1981 by J.C. Planells
     
     
    Manuel de Pedrolo es hoy por hoy uno de los escritores más importantes en lengua catalana, y de obra más extensa y variada: poesía, teatro, cuentos, novelas, artículos, traducciones, dirección y asesoramiento de colecciones especializadas... Los folios surgidos de su máquina de escribir son absolutamente incontables. Su producción estrictamente de novelas abarca la friolera de unos cincuenta títulos, la mayor parte de ellos grandes éxitos literarios, contando además numerosas novelas que por causa del franquismo han permanecido o permanecen todavía sin publicar.
    ¿Por qué llamamos hoy la atención del lector hacia su persona? Sencillamente, porque entre la variada y vasta producción de Pedrolo se encuentran cuatro libros de ciencia ficción, género que empezó a cultivar a partir de 1974 y que, esperemos, siga cultivando con mayor o menor asiduidad. Ya tiempo atrás tuvimos ocasión de comentar precisamente su más reciente producción en este campo, Successimultani. Creemos justo, por tanto, rendirle un tributo de reconocimiento a través de este artículo.
    De hecho, Pedrolo ha coqueteado con ciertas fórmulas de SF a lo largo de su carrera de escritor en algunas aisladas ocasiones. Algunas de sus novelas tienen una vaga estructura de ciencia ficción funcional, por decirlo así. En una novela de los años cincuenta, Introducció a l´ombra (Introducción a la sombra), presentaba a un personaje apresado por una habitación en su casa: una situación puramente kafkiana. Curioso es también el caso de Acte de violència (Acto de violencia), una novela escrita en 1961, sepultada convenientemente en un cajón y presentada al premio Prudenci Bertrana en 1968, con un título distinto, y que ganó el concurso con toda facilidad. Sin embargo, el horno no estaba para bollos y, con premio o sin él, Acte de violència tuvo que permanecer sin publicarse hasta marzo de 1975, cuando ya el franquismo entraba en su año final.
    Acte de violència describe una perfecta utopía. Un país imaginario, una ciudad imaginaria --pero reconocible--, dominada con mano dura por un tiránico juez al que se llama Domina (el nombre es todo un símbolo). Un día cualquiera la ciudad amanece en rebeldía. Pero es una rebeldía callada, pasiva, silenciosa y pacífica. La gente se queda, de común acuerdo, en sus casas. Nadie acude al trabajo ese día. Nadie sale a las calles. Ningún comercio abre sus puertas. Ninguna escuela imparte sus clases. Ninguna fábrica, taller u oficina ve llegar a sus empleados. La gente tiene sus depensas llenas porque no saben cuánto tiempo puede prolongarse la situación. El fin es obvio: obligar a Domina a claudicar. Pero, ¿podrá toda una ciudad absolutamente inmovilizada enfrentarse en el cómodo refugio de sus casas a los recursos represivos de Domina? La consigna, pintada por las calles, es simple: "Quedaos todos en casa. Es muy sencillo. Quedaos todos en casa". No ha de haber ningún acto de violencia, como reza el título de la obra. Y los que hay vienen de manos de las fuerzas represoras. Obviamente, una obra de tal característica era impublicable no ya en 1961, sino incluso en 1975. Es una perfecta utopía, un sueño utópico, más bien, comprometido y lúcido.
    Pero, ya dentro del campo de la ciencia ficción tradicional, Pedrolo se lanzaría definitivamente a él cuando termina Mecanoscrit del segon origen (Mecanoscrito del segundo origen), publicada en 1974 y que constituye uno de los éxitos editoriales más espectaculares de la literatura catalana en muchísimos años, quizá sólo comparable a La Plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda. Desde su primera edición en 1974, hasta hoy, 1981, la obra ha merecido ser reeditada la friolera de quince veces. Y sigue siendo uno de los libros más vendidos en Cataluña. Seguramente fue ese éxito, inesperado, el que le lanzaría a seguir produciendo ciencia ficción. Hagamos un inciso y digamos, en favor de Pedrolo, que pese a cultivar mayormente una literatura comprometida, social y política (dentro de lo que cabía en ciertos años), nunca ha desdeñado los géneros literarios (cosa que por desgracia no puede decirse de muchos de los grandes de la literatura de todos los países). Escribió con éxito algunas pocas novelas policiales de la serie negra, y dirigió una colección del mismo género que marcó todo un hito en su tiempo, los años sesenta. Asimismo, publicó algunos artículos reivindicando la literatura de géneros y su deseable producción en lengua catalana, que por desgracia nunca han tenido una plasmación total o efectiva.
    Regresemos al Mecanoscrit del segon origen. En ella se nos cuenta, en un estilo literario seco y conciso, casi de crónica, la destrucción de la humanidad a consecuencia de un ataque interplanetario, inesperado, devastador y rápido. Sobreviven a él Alba, una chica de catorce años, y Didac, un niño de color, que en el momento del ataque era arrojado a un lago por unos gamberros. Alba se sumergió para rescatarle, y ello les libró a ambos de perecer como el resto de la humanidad. Deben enfrentarse, pues, ante un mundo desierto, y sobrevivir a él. Un argumento clásico de la ciencia ficción, como puede verse, que Pedrolo resuelve con personalidad y estilo. Alba es consciente de que una nueva humanidad debe surgir a partir de ella y de Didac, en un futuro próximo. Dedican todos sus esfuerzos a recuperar todos los libros posibles, a almacenarlos junto con toda clase de utensilios. Y por fin, al cabo de cuatro años, da a luz a su primer hijo. Alba calcula entonces que en el espacio de unos años, entre ella y Didac podrán concebir nuevos hijos y crear la nueva humanidad. Pero un estúpido accidente termina con la vida de Dicac, cuando el niño de ambos apenas tiene unos meses. Alba queda sola con el niño en la Tierra.
    Al final del libro encontramos un artículo del editor (del supuesto editor del mismo en un futuro muy lejano), en el que se cuestiona la veracidad del texto. ¿Es esa Alba del antiquísimo mecanoscrito la madre de toda la humanidad actual? ¿O es simplemente el extraño documento descubierto recientemente una novela de ciencia ficción? ¿Qué hay de verdad en la crónica? ¿Qué de fantasía? El editor termina inclinándose a creer que el documento es auténtico y que sólo una mujer del temperamento de Alba pudo sacar adelante ese mundo desolado que describe y crear, a su vez, un segundo mundo.
    La segunda obra de Pedrolo fue una colección de relatos, Trajecte final (Trayecto final), publicada en 1975, y que también ha obtenido notable éxito. La calidad y el interés son muy variados. "El cens final" ("El censo final") presenta el descubrimiento de un extraño archivo que controla las diferentes encarnaciones de un individuo a lo largo de todas sus vidas. Es un relato muy breve, aunque no muy original. "Un món distant i veí" ("Un mundo distante y vecino") trata por primera vez el tema de los universos paralelos. Una joven entra como secretaria a las órdenes de un agradable hombre y descubre finalmente que él proviene de un universo paralelo al que no puede regresar, pero al que remite continuamente toda la información científica que hace traducir por la secretaria para poder encontrar un medio que le permita volver a su universo. A fin de preservar su identidad, el hombre le provoca amnesia a la chica y se casa con ella. "Servei oficial" ("Servicio oficial") es uno de los más flojos y con argumento menos logrado: nos describe a una agencia que se dedica a hacer desaparecer a la gente. "Cadávers" ("Cadáveres") presenta a unas prostitutas que en realidad son androides; relato también flojo y sin interés. Afortunadamente después llega "Urn, de Djlnl", amarga historia de un extraterrestre que debe huir, junto con sus escasos hermanos, de su mundo, que ha estallado, y buscar refugio en la Tierra. Urn posee el poder de imitar a la perfección a las personas, y así se convierte en el marido de una campesina al fallecer éste en un accidente. La mujer nunca advierte la suplantación, aunque le extraña el inesperado deseo sexual que su "marido" demuestra hacia ella de repente. Cuando va a dar a luz, el hombre desaparece. Los servicios de inteligencia, que están al corriente de la presencia de esos extraterrestres en nuestro planeta, localizan a la mujer y la interrogan, terminando ella por descubrir la verdad. También descubre que el niño no puede sobrevivir puesto que su consistencia física no es igual a la de los humanos. Un día reencuentra inesperadamente a Urn, al que antes de la suplantación de su marido conociera como un vagabundo que les ayudara en las tareas del campo. Sabiendo su verdadera identidad, se enamora de él y deciden escapar de la policía. El final es dramático, con la mujer asesinada por la policía, que cree se trata de una suplantación más de Urn.
    El siguiente relato, "La noia que venia del futur" ("La chica que vino del futuro"), participa del elemento tiempo, otra constante, junto a los universos paralelos, de la obra de Pedrolo. Resulta un gran relato, aunque tiene el fallo de querer justificar los juegos temporales de una manera demasiado intelctual y técnica. Un agente de la CIA encuentra en su casa a una joven que dice venir del futuro. Durante unos años convivirán en su casa y, finalmente, un día ella regresará inesperadamente a su tiempo, estando emparazada. La paradoja temporal es que ella vuelve a su tiempo con la misma edad que al partir, pero no así el niño, que en pocas horas se convertirá de un bebé en un joven de veinte años (la edad que separa a la pareja), muriendo instantáneamente, provocando la locura en la chica y el lógico desconcierto en el médico forense. Si bien ella, la mujer, ha podido pasar de un tiempo a otro con su edad, no puede ocurrir lo mismo con la criatura que evoluciona en el espacio de un segundo los veinte años que le separan de su concepción. Todo ello lo descubrirá el agente de la CIA cuando en el futuro encuentre a la madre de la chica.
    El último relato es quizá el mejor del volumen: "El regressiu" ("El regresivo"). ¿Qué puede ocurrir en un futuro superpoblado... si los viejos rejuvenecen? Tema ya tratado, pero de forma absolutamente distinta, por Dick en El mundo contra reloj. Pedrolo nos presenta a uno de esos personajes cuando, casi septuagenario, descubre que va rejuveneciendo lentamente. Opta por desaparecer de su casa y vivir su rejuvenecimiento en el incógnito más absoluto, cambiando su identidad, falsificando sus documentos, trasladándose continuamente de domicilio a medida que aumenta su rejuvenecimiento. Porque la sociedad condena y elimina instantáneamente a tales fenómenos, inadmisibles de todo punto en ese futuro ya de por sí insoportable. Un día encuentra a una muijer en su misma situación y viven juntos durante una temporada. Hasta que al llegar a la niñez, el protagonista comprende que su fin, de una manera u otra, está próximo. No puede seguir vagando por la ciudad ni juntarse con niños auténticos, porque su carácter es... demasiado raro. Relato excelentemente desarrollado y, sin duda, lo mejor del volumen.
    En 1976 Pedrolo escribe su siguiente novela de ciencia ficción, que será publicada en 1980 con el título de Aquesta matinada i potser per sempre (Esta madrugada y quizá para siempre). Es quizá su obra más ambiciosa y también más cuestionable. El tiempo y los universos paralelos son su tema. Narrada mediante informes, documentos, artículos y entrevistas procedentes de revistas y periódicos, fragmentos de libros de algunos de los personajes, cartas, telegramas e interrogatorios policiales, junto con informes de los servicios secretos, nos narra lo siguiente: en 1991 una extraña criatura humanoide fue vista en un determinado sector del barrio barcelonés del Carmelo. Esa criatura consiguió entrar en contacto con un científico no demasiado bien visto por los cánones tradicionales, Marc Bega, el cual la acogió en su casa y la estudió durante sus diversas apariciones, escribiendo varias notas sobre ella, y publicando algunos libros, posteriormente, sobre la existencia de universos paralelos. Un día, la criatura fue víctima de un ataque por parte de un trapero del barrio, quien la hirió con una herramienta. La criatura se desvaneció en la nada y el hecho no pasó desapercibido para la opinión pública, corriendo durante mucho tiempo numerosas especulaciones acerca de lo ocurrido en aquel sector del Carmelo. La criatura no regresó jamás.
    Con el paso de los años, un financiero amigo del profesor Bega creó una fundación con su nombre, la Fundación Malleu, dedicada exclusivamente a la observación e investigación del lugar en que aparecía la criatura, esperando que en algún futuro regresara. O ella, u otra semejante. Así, nos encontramos con que en el año 2147 sigue existiendo esa fundación, cuyos miembros pasan por un riguroso control, sirven a la misma durante un tiempo determinado de antemano, y permanecen noche y día observando el lugar en que apareció la criatura, para lo cual han construido un chalet en el que se turnan y bordeado de árboles el lugar de contacto con el otro universo. La policía no ha sido tampoco ajena a todo ello y mientras la fundación vigila ese lugar, la policía les vigila y controla minuciosamente a ellos desde un chalet vecino. Así, desde el momento en que en 2147 una segunda criatura irrumpe bruscamente en nuestro mundo, todos se lanzan en su persecución: la fundación por su lado y la policía por otro. Pero ahí se demuestra la mejor preparación de los miembros de la fundación, que han conseguido crear una segunda fundación que ha pasado inadvertida al espionaje de la policía, y que es la que conseguirá hacerse con la criatura, burlando a aquéllos. Seguidamente, se dedican a contactar con el ser, obtener información y conocimientos sobre su universo. Y ahí entra el factor tiempo, al contar el ser que muchísimos años atrás todo su mundo fue alterado por la irrupción inesperada en su mundo de una mujer del nuestro, embarazada. ¿Quién era esa mujer? Posteriormente veremos que será una de las miembros de la fundación, que será preñada voluntariamente por la criatura, creando así un complejo juego temporal cuyo final no resulta demasiado claro. Ello, y sobre todo bastantes párrafos de la novela dedicados a fragmentos de las obras del profesor Bega, hacen que esta obra sea por un lado muy interesante y por otro, bastante torpe y farragosa. Es una buena novela, pues, pero a la que le sobran muchas páginas que no pesan absolutamente nada en el desarroillo y temática argumental. Lo mejor es quizá la descripción física de la criatura, minuciosa y muy bien elaborada. Lo peor, los aburridos e inútiles fragmentos, ya indicados antes, de las obras de Marc Bega.
    Successimultani (Sucesimultáneo), publicada en 1981, escrita a finales de 1979, es por ahora su última aportación a la ciencia ficción. Se trata de un juego temporal, a los que tan aficionado es el autor, pero que aquí resulta mucho más satisfactorio que en Aquesta matinada i potser per sempre, al reducirse a una anécdota entre determinados personajes. Narra la historia de Ricard Sureda, quien a su vez es --fue-- Damià Borras. Así, al menos, se lo afirma en la primera página de la novela Jordina Artola, cuando Ricard-Damià se materializa en el lavabo de señoras donde ella se encuentra. Ricard es consciente de ser solamente Ricard. Jordina le insiste en que es Damià. Él le explica a ella que puede viajar en el tiempo --pero sólo en el pasado, pues el futuro no existe--. Juegan un importante papel en la acción unos documentos que Damià escribió en el pasado y ocultó en un lugar determinado, para que Jordina los encontrase en el futuro. Y aquí se inicia la odisea de Ricard: parte hacia el pasado y se convierte en Damià, pero, para que esto sea efectivo, tiene que cumplir los mismos pasos que hiciera éste: escribir los documentos, esconderlos, casarse, tener un hijo --hijo que todos sospechamos será el propio Ricard--. Pero el hijo nace muerto. ¿Qué es lo que ha fallado en el curso del tiempo? La pista de Damià se pierde en un momento concreto, y Ricard tiene que regresar al presente, hacer investigaciones, volver al pasado en diferentes fases del mismo, siempre para desentrañar un misterio que no es tanto el de Damià como su propio misterio, pues sospecha que él es el hijo de Damià y a la vez el propio Damià. Los que le conocieron en el pasado, al verle ahora en el presente, le encuentran sospechosamente parecido a él, pese a que aparentemente ningún vínculo familiar les une. La búsqueda de la clave que dé con todo ello, que resuelva el misterio, se vuelve frenética y finalmente Ricard partirá otra vez hacia el pasado, desobedeciendo ciertas cláusulas... con lo que alterará todo el presente. Dejará de existir no sólo como Ricard, ¡sino incluso como Damià! El presente será otro distinto a su vez. Desesperada, Jordina Artola reúne todos los manuscritos que ha ido preparando Ricard y se los envía a su amigo, el novelista Manuel de Pedrolo, quien los recibe, los lee, los publica, y añade una carta final en la que se asombra de recibir una misiva firmada por una tal Jordina Artola, "que al parecer me conoce muy bien", pero que ha equivocado su dirección y su carrera, puesto que Manuel de Pedrolo no es ningún escritor sino un conocido psicoanalista. Las consecuencias de la alteración del presente, a raíz del problema Damià-Ricard, han sido, pues, totales, como se desprende de la carta del Pedrolo psicoanalista, junto con algunas referencias históricas que él mismo cita, y que no corresponden a nuestro presente. El círculo se ha cerrado, pero en otro lugar. Círculo perfectamente cerrado. Pero, ¿entonces? ¿De dónde regresa Damià al principio de la novela? Para los aficionados a las paradojas temporales, Successimultani es un buen desafío... aparte de una gran novela, la mejor dentro de la ciencia ficción que ha producido su autor, la más perfecta y acabada. Los personajes son creíbles, nos resultan entrañables, y llegamos incluso a sufrir con ellos, a reírnos con ellos, a comprenderlos y a intuir sus reacciones. El clima y la ambientación son perfectos, es una obra que se disfruta página a página. Pedrolo nos ofrece, además del juego temporal, una/s bella/s historia/s de amor.
    Digamos para finalizar que otro gran acierto de Pedrolo son sus diversos personajes, siempre bien escritos, variados y atrayentes. Profundamente humanos y aplastantemente lógicos, en todas y cada una de sus novelas. Yo destacaría especialmente los personajes femeninos, como la Alba del Mecanoscrit del segon origen, la Jordina de Successimultani y todas las miembros femeninas de la Fundación Malleu de Aquest matinada i potser per sempre. Curiosamente, ante la fuerza y naturalidad de los personajes femeninos, los hombres suelen quedar en un segundo término,  mucho más convencional.
    Pedrolo es un habilísimo escritor. Eso nadie va a descubrirlo, y menos quienes le conocen de sus otras creaciones literarias. Podría decirse que él mismo es una máquina de escribir. Quizá un tanto apresurado a veces (son muchísimas las novelas que han brotado de ella... y las que seguirán brotando). Su estilo es directo, a veces un tanto brutal, nada reconcentrado, sin concesiones ni florituras. Diálogos vivos y rápidos, lenguaje fresco y duro. No hay apenas violencia en sus obras, pero la violencia suele estar presente en el trasfondo, en el paisaje donde se enmarca la acción. A esa violencia, los personajes suelen responder con su inteligencia o su habilidad. Otras veces, muy pocas, se defienden cuando son atacados, como Alba en un momento de su odisea sobre la desolada tierra al ser atacada por un pequeño grupo de sobrevivientes enloquecidos.
    Cabe esperar que Pedrolo siga produciendo ciencia ficción de cuando en cuando. Y a esas futuras posibles obras dedicaremos nuestra atención en su momento.
     
    Obras citadas:
    -Acte de violencia. Edicions 62
    -Mecanoscrit del segon origen. Edicions 62
    -Trajecte final. Edicions 62
    -Aquesta matinada i potser per sempre. Galba Edicions
    -Successimultani. Editorial Laia
     
     

    February 07

    EL DEMONIO, LA CARNE Y EL PERDÓN, de Roy Ward Baker: Amante bandido

    (c) 2007 by J.C. Planells
     
     
     
    Hay películas a las que el paso del tiempo sitúa en su debido lugar. Éste es el caso de The Singer not the Song, que en España se exhibió con el tremebundo título de El demonio, la carne y el perdón. Basada en una novela de Audrey Erskine Lindop --creo que no hay edición en castellano, aunque algunos la confunden con una de Bruce Marshall titulada en castellano de manera muy parecida--, el film fue dirigido por Roy Baker antes de su etapa con la Hammer por la cual es más conocido y apreciado. Rodado en 1961 en color y cinemascope, para que así impresionara más, la protagonizaron John Mills en el papel del padre Keogh, Dirk Bogarde en el del malvado bandido Anacleto, y Mylene Demongeot como Locha, la mujer que se interpone entre ambos y que por tanto no merece más calificativo que el de vil y perrrrrrrrrrrrrrrrrrra, por querer estorbar el amor entre el cura y el bandido.
    Porque no hemos de engañarnos: esta película tan antigua --como dirían los modernos-- es todo un pionero del cine gay y nadie se dio cuenta en su tiempo, cuando se exhibió tan tranquilamente como una historia de "redención" de un malvado bandido por un cura esforzado. Ya, ya... Una revisión de ella por televisión hace pocos años permitió comprobar que su carga gay seguía incólume, de hecho, más potente --y patente-- aún que antes porque ahora los que la vimos de niños o jóvenes ya sabemos de qué va la cosa... Arrrrrresulta que el bondadoso padre Keogh llega a un pueblo dominado por el bandido Anacleto  --vaya nombre le fueron a poner, por cierto--, que es un  hombre malo que los tiene a todos con los huevos por corbata y encima no cree en Dios. Naturalmente, el esforzado padre Keogh decide redimir al malo Anacleto, porque para eso es cura... y además Anacleto "le pone", por decirlo claramente. Y a Anacleto, a su vez, "le pone" el padre Keogh. Anacleto, como he dicho, está interpretado por Dirk Bogarde, actor que era homosexual y que debió de pasarlo muy bien haciendo este papel porque se le nota. También se le notan... otras cosas, gracias a los ceñidísimos pantalones negros de cuero brillantísimo que luce y que le marcan, seamos francos, un paquetón la mar de coqueto. Entre esto y las miradas que le lanza al padre Keogh, entre frías y distantes, es inevitable que el cura sienta despertar su pasión por el bandido Anacleto. Y es que la visión de Dirk Bogarde, moviéndose como un felino, con su sombrero cordobés negro, su ropa toda ella negra, sus guantes negros, los mencionados pantalones un par de tallas menores, el látigo que sostiene en la mano y las posturitas que adopta, despertó sin duda alguna que otra pasión gay entre los espectadores de su tiempo, y provocó sin duda más de una erección entre heterosexuales de toda la vida. Como el padre Keogh viste sotana, no podemos saber si también sufre erecciones como algunos de los espectadores, pero en todo caso está más que claro que el juego de seducciones entre Anacleto y él da resultado, pues cuando Locha le dice al cura que ama a Anacleto y quiere irse con él, el padre Keogh le suelta una hostia que no es de las de comunión precisamente, y se la suelta por perrrrrrrrrrrrrrrrra y por querer arrebatarle a Anacleto y sus ceñidos pantalones de cuero negro. Cierto que Mylene Demongeot estaba la mar de buena, pero al lado de Bogarde y su indumentaria, aderezada con las miradas significativas y los jueguecitos con el látigo, no tiene nada que hacer. Sin duda la escena del bofetón no la entendimos muchos en su tiempo: vista hoy, produce un cierto asombro: es la demostración de que el cura ama a Anacleto también y siente celos de ella.
    Como cabe esperar, el padre Keogh conseguirá convertir finalmente a Anacleto casi in artículo mortis, haciendo que se arrepienta de sus pecados, en una escena realmente orgásmica: Anacleto yace tendido sobre la vil tierra, acribillado a balazos por los buenos --a los que de inmediato se coge odio por matar a un tío que está tan bueno--, y el padre Keogh corre con riesgo de su vida a confesarle y absolverle, tomando su mano y haciendo que se la apriete como manera de confesar los pecados y creer en Dios. Un freudiano nos diría que el apretón entre Anacleto y el padre Keogh simboliza una relación sodomita plena, etc., etc., pero no hace falta que lo diga porque se ve claramente. En fin, Anacleto se convierte y hace penitencia y muere en paz, el padre lo absuelve y todos lloramos como locazas viendo ese final, tan romántico y dramático. Si la proyectasen en un cine, podríamos salir cantando aquella canción de Bosé que dice:
     
                                                 Seré tu amante bandido, bandido,
                                                 maricón, maricón perdido
                                                 seré tu héroe de amor.
     
    (Bueno la letra no es exactamente así, pero es como la cantábamos en los años ochenta los sábados por la tarde en la redacción de Tránsito, durante las partidas de parchís.) Roy Baker se tomó la película con igual seriedad que el resto de su respetable filmografía, en la que hay algunas joyitas ocultas (como ésta, seamos francos) y productos muy estimables. Ignoro si Fassbinder la conocía, o si Almodóvar tiene noticia de ella; espero que sí a ambos casos; lo que está claro es que debería ser película de cabecera de cualquier gay ilustrado que se respete a sí mismo, pues en 1961 no abundaban precisamente films con esa temática, aunque simularan no serlo o nadie se diera cuenta de que lo eran en el fondo.
    Es evidente también que este film sólo tiene sentido si el padre Keogh pertenece a la religión católica, la única capaz de brindar estas alegrías. No sería lo mismo la historia si transcurriera entre Anacleto y un rabino, o Anacleto y un imán musulmán, o Anacleto y un pastor protestante. Hay religiones que, ejem, no están hechas para el amor... Lo cual nos lleva (vamos, al menos me lleva a mí, como ya dije en alguna ocasión anterior) a la conclusión de que dentro de las diversas religiones del mundo, la católica es la más recomendable gracias por un lado a su iconografía --mártires, vírgenes--, por otro a sus ritos, y por otro a sus tabúes. Es la única capaz de proporcionar alegrías y diversiones como la presente.
     
    (El fallecido Eloy De la Iglesia albergó durante muchos años el proyecto de un film de amor gay entre un guardia civil y un terrorista de la ETA, y se lamentaba de no poder llevarlo a cabo por razones políticas. Es probable que hubiera resultado algo muy parecido a este de Roy Baker.)
     
    February 05

    DHALGREN, de Samuel R. Delany

    [Crítica publicada en Tránsito Boletín Informativo, núm. 9, abril-junio de 1989. La novela fue publicada por Ultramar Editores, en tres tomos.]
     
    (c) 1989 by J.C. Planells
     


    Con buena parte de su obra traducida al castellano, Samuel Delany sigue sin ser un autor que guste a nadie. Su Trilogía de las torres es un deleznable space opera absolutamente aburrido. La intersección de Einstein es una pieza de ejercicio literario tan banal como monótona. Babel 17, una novela aceptable, pero lejos del hito propugnado por la crítica. Su mejor novela, su trabajo más completo, Nova, ha pasado absolutamente desapercibida. El aficionado a la ciencia ficción en nuestro país sigue sin sentir la menor emoción ni interés hacia este adjetivista autor que hace del colorido y los fuegos artificiales su marca de fábrica.
    Ahora nos llega su obra más ambiciosa, la polémica y celebrada Dhalgren, mamotreto donde los haya (1.104 páginas) y que va a suponer un buen desafío a la paciencia y resistencia físicas del lector. ¿Se puede escribir una novela de tal extensión sin que haya prácticamente argumento ni ocurra apenas nada en ella? Sí, se puede. Delany lo ha demostrado rotundamente.
    Dhalgren es la odisea etílico-mamporrera de un adolescente poeta de sangre india que llega a Bellona, una ciudad donde el tiempo se ha detenido y no sigue ningún curso previsible. Bellona está poblada por una fauna de gamberros, jodedores, excéntricos y exhibicionistas. El anónimo protagonista --que ha olvidado su identidad-- pasea su existencia por la ciudad conociendo gentes y trabando relaciones con los personajes más excéntricos, yendo de juerga, follando lo mismo con un negrazo que con una dulce damisela, siendo sodomizado que sodomizando, escribiendo sus poesías mientras examina los colores de una cagarruta en la taza del váter, asistiendo a conferencias de astronautas venidos a menos, poetas en camino de ir a más, insoportables e interminables cenas de familia con anciana dicharachera al estilo de East Enders (Gent del barri, para los televidentes catalanes) y perro faldillero, conversaciones anodinas e insustanciales con las pandillas. ("Hey, ¿dónde vamos ahora?" "Hu... yo, esto, bueno..." "¿Una cerveza?" "No." "Creí que te habías ido." "No. Volví." "Hu, esto... Hey, no me tires de la camisa.") que llegan a durar páginas, si no capítulos enteros, algún que otro viaje en autobús, una conferencia sobre poesía, repaso de galeradas y discusión de los poemas del protagonista, algún edificio quemado, algún chico al que dan una paliza. Esto es Dhalgren.
    Bien. Uno alaba el ejercicio literario de Delany. Más que nada por hacer posible lo imposible. No narrar nada en 1.104 páginas. Hacerlo "bonito", hacerlo "tragable", ya que no soportable. Pero sus personajes podrían ser el estudio de una comuna hippy en los sesenta o una pandilla de barrio en el Bronx (o en el Campo de la  Bota, para el caso) y el resultado sería exactamente el mismo. Uno tiende a ser malpensado, y supone que la fama y alabanzas vienen más a razón de la extensión de la obra que no por sus valores literarios. Impresiona ver una obra tan "gorda". En realidad, Dhalgren es puramente un ejercicio de estilo y filigrana literaria, lo mismo que uno de esos conciertos musicales hechos para el lucimiento de un determinado instrumento musical, en donde impresiona la belleza de la ejecución por el músico de turno más que la --generalmente-- inexistente partitura. Estamos, pues, ante una creación literaria estilizada y reiterativa en donde no se narra nada, pero se narra bien, a conciencia, con lujo y detalle. En donde todo forma un "todo" homogéneo, tan firme como vacío a la vez. Claro, uno aplaude el esfuerzo lo mismo que aplaudiría al solista musical de turno, pero subsiste al final la eterna pregunta: ¿Sabrá algún día Delany narrar una historia en vez de escribir un libro?
     
     (Nota de 2009: Recuerdo que el llorado Emilio Serra también se descargó a gusto contra esta obra, aunque divertidamente dijo que tras leer su final, a lo mejor cambiaba de opinión...)

     

    February 03

    SEGUNDA SELECCIÓN DE COMENTARIOS DEL SIPE SOBRE FILMS (1963)

    (c) 2008 by J.C. Planells por la introducción y selección
    (c) 1963 SIPE por los comentarios
     
     
    Los lectores habituales de este blog quizá recuerden una entrada publicada el 6 de marzo de 2008, titulada "Selección de comentarios del SIPE sobre films", donde ofrecí una muestra selecta de lo que la censura moral opinaba sobre films estrenados en 1962, 1964 y 1967, extraídos de los volúmenes Guía de estrenos de los años mencionados. He conseguido el volumen de 1963, y ofrezco una segunda selección, siguiendo las características de la anterior: prescindir de los films que, obviamente, desatan las iras de los censores eclesiásticos (versiones de las versiones de obras de Tennessee Williams, de las cuales se estrenaron varias ese año, así como de películas de temas más osados o comprometidos, dentro de lo que cabe, etc. etc.), y elegir films en general algo sencillos, pero que provocaban comentarios ciertamente bastante... enfermizos es la única palabra que se me ocurre. De hecho, una lectura continuada de estos comentarios --que no he hecho-- provoca sin duda un peligroso estado mental. Hubiera incluido algunos más, pero se trataba de films difícilmente visibles hoy día o desconocidos para el lector, con lo cual por muy estúpido que fuera el comentario, sin conocer o tener referencias del film no se aprecia la aberración que el censor moral vierte sobre ella. Así que, como en la anterior entrega, me limito a films más o menos conocidos o editados en DVD. Aun así, no he podido evitar incluir uno que pocos recordarán ya, y añadir una explicación respecto a la película, para que se advierta la tontería del censor. Me permito recordar que la frase que suele aparecer de "defectos de forma", o variantes de la misma, alude a comportamientos de los personajes en el film o a la manera en que se presentan los hechos al espectador. Que lo disfruten (dentro de lo que cabe).
     
    Espía por mandato ((The Counterfeit Traitor). 1962. Director: George Seaton. Intérpretes: William Holden y Lilli Palmer. (Editada en DVD)
    "Los agentes de espionaje que protagonizan el film actúan al margen de toda moral y uno de ellos, femenino, y que se dice católico, mezcla confusas ideas religiosas en su actuación, como si el catolicismo preconizara el que se deba ser traidor a la Patria. Un caso de flagrante adulterio, que en cierto modo intenta disculparse. Conductas turbias y censurables, lucha, crímenes y violencias, crueldades y un intento de suicidio de uno de los agentes que está a punto de conseguirlo para no caer vivo en manos del enemigo. Defectos de forma."
     
    Esplendor en la yerba (Sprendor in the Grass). 1961. Director: Elia Kazan. Intérpretes. Warren Beatty y Natalie Wood. (Editada en DVD)
    Pretende presentar la tesis, condenable desde el punto de vista moral, de que las relaciones entre adolescentes son imposibles en un marco de dignidad y pureza, mezclando a ello el viejo tópico de la imposibilidad de la castidad juvenil. Presentación de una juventud amoral y corrompida y unos adultos materializados en un ambiente antirreligioso. Ideas equivocadas sobre la educación, en unos padres que demuestran no saber serlos. Escenas de gran crudeza con defectos de forma acentuados. Un intento de suicidio y otro consumado. Actitud equívoca de un médico, ante la consulta del adolescente."
     
    La casta Susana. 1962. Director: Luis César Amadori. Intérpretes: Marujita Díaz, Isabel Garcés, Carlos Estrada.
    "Conducta censurable de la protagonista que juega con el equívoco del título que le han adjudicado indebidamente y resulta infiel no sólo a esa virtud sino a sus más elementales deberes de mujer casada. Todo ello desarrollado en un ambiente frívolo y de alegre despreocupación propio de la época en que se desarrolla la película. No obstante por la lejanía del tal ambiente y la picardía más que auténtica inmoralidad que envuelve el tema, no puede resultar especialmente peligrosa para públicos debidamente formados y con experiencia de la vida."
     
    Los años jóvenes (The Young Ones). 1962. Director: Sidney J. Furie. Intérpretes: Clif Richards, The Shadows, Robert Morley.
    "Sin reparos graves, salvo alguno formal y episódico. Lo importante es que abre una puerta por la que los jóvenes pueden entrever la histérica psicología de las juventudes de la nueva ola actual, frente al ritmo y al baile moderno. En este aspecto la película  puede ser vacuna o infección, más lo primero que lo segundo, dada la calidad del film."
     
    El hombre de paja (L´uomo di paglia). 1958. Director: Pietro Germi. Intérpretes: Pietro Germi, Luisa Della Noce.
    "Constituyen el centro de la acción dramática del film, unas relaciones ilícitas con el correspondiente adulterio, expuestas discretamente, aunque con varias escenas pasionales. Finalmente el esposo reaccionará en buen sentido, decidiendo poner fin a ellas para volver al seno de la fidelidad conyugal, lo que original el suicidio de su amante. Este último detalle del suicidio por amor, carece para el público de hoy de la gravedad de importancia que pudiera haber tenido en otras épocas ya que no vivimos en tiempos propicios al romanticismo, con todas sus consecuencias. Defectos de forma."
     
    Escala en Hi-Fi. 1963. Director: Isidoro M. Ferry. Intérpretes: Germaine Danas, Arturo Fernández, Casen.
    "Aunque bajo la forma encubierta de espectáculo musical, se trata en realidad de presentar las costumbres libertinas de una serie de jóvenes. Escenas de mal gusto con acusados defectos de forma. La frivolidad de los personajes y el diálogo escabroso así como el ambiente en que se desarrolla, agravan la calificación."
    (Nota de J.C. Planells: Conviene quizá aclarar, para el que no lo sepa, que esta película se basaba en un popular programa de televisión de la época, "Escala en Hi-Fi", de actuaciones musicales de cantantes y grupos jóvenes ye-yé y modernos, por lo cual su público natural, en cine y en televisión, eran los adolescentes y los jóvenes. Sin embargo, el film recibió la clasificación moral de "3R", que significa "para personas mayores, con reservas", y que junto con el "4" ("gravemente peligrosa") era la más seria, sólo generalmente otorgada a films de temática más o menos audaz, según las entendederas de los censores. Así, un film para jóvenes y adolescentes, basado en un popular programa musical de la tele, sólo podía ser visto por adultos muy formados.)
     
    ¡Suspense! (The Innocents). 1961. Director: Jack Clayton. Intérpretes: Deborah Kerr, Michael Redgrave. (Editado en DVD)
    "Su argumento, tomado en serio, resultaría inadmisible y heterodoxo, en cuanto que viene a atacar al mismo dogma católico al jugar con la inortalidad de los seres, pervivencia de los espíritus después de la muerte, reencarnación en otros cuerpos y cosas por el estilo, todas ellas condenables. Sin embargo, el aspecto de pura fantasía que preside su concepción puede salvar algunos de estos extremos, restándole peligrosidad, al menos para personas formadas y de cierta cultura.
    Menos excusable resulta lo desagradable del tema que, aparte de lo expuesto, presenta la posesión de unos niños puros e inocentes por el espíritu libidinoso de unos amantes muertos en circunstancias trágicas y que pretenden reanudar sus relaciones puramente carnales a través del cuerpo de ellos, que son hermanos. Aunque no se ofrezcan escenas de mal gusto ni pornográficas, la exposición es desagradable, especialmente por las sugerencias a que se presta, dentro de un clima confuso y morboso que preside todo el desarrolo del film. No hay derecho a jugar con cosas tan serias, casi sagradas, como la inocencia infantil, tejiendo en torno a ella todo un cúmulo de porquerías y obscenidades, sugeridas, más que claramente expresadas."
     
    Desayuno con diamantes (Breakfast at Tyffany´s). 1961. Director: Blake Edwards. Intérpretes: Audrey Hepburn y George Peppard. (Editada en DVD)
    "Vicio desenfrenado de una escala social sin escrúpulo moral de ninguna clase, con fiestas que son exponentes de las orgías propias de seres tarados. Aberramiento sexual. Relaciones extramaritales. Especialísimos defectos de forma y fondo. ¿Principal inconveniente?, el presentar todos estos graves defectos en personajes ´simpáticos` en todo el film. ¿Paliativos?, muy escasos, pues ciertos arrepentimientos son muy relativos."