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    April 30

    INDOCTRINARIO, de Christopher Priest

     
    [Crítica publicada en Nueva Dimensión, núm 139, noviembre de 1981. La novela fue editada por Edhasa.]
     
    (c) 1981 by J.C. Planells
     

    Indoctrinario fue la primera novela publicada de Christopher Priest, en 1970, y que según él mismo nos cuenta en un epílogo estaba realizada partiendo de dos relatos anteriormente recogidos en antologías. Priest nos confiesa estar orgulloso de ella, pese a reconocer los típicos defectos de la novela primeriza. Y coincidimos con él. Indoctrinario denota su bisoñez y está por debajo del nivel de otras obras suyas que conocemos, como El mundo invertido o Sueño programado. No es una novela extraordinaria, ni mucho menos, es más bien floja y excesivamente alargada, pero pese a ello se lee con interés, interés que desde luego no queda justificado por el tema, aunque sí parcialmente por su desarrollo. Lo que ocurre es que el interés se debe a su autor, hombre original, atrayente y brillante que siempre conserva, pese a su modernidad, un cierto regusto a clásico en sus obras. No nos extraña por tanto que llegara a escribir una novela como La máquina espacial, claro homenaje a Wells y llena de ese sabor antiguo que deja bien patente a lo largo de ella. Posteriormente, hemos detectado influencias de otros autores en sus obras: Wyndham en Fuga para una isla, Dick en Sueño programado.
    Pero volvamos a Indoctrinario. Nos cuenta la historia de Elías Wentik, quien se halla en "la Concentración", un laboratorio secreto ubicado en la Artártida, y donde junto con su ayudante se dedica a experimentar con drogas que afectan al cerebro. Un día dos individuos se personan en la Concentración y le requieren que se una a ellos, sin más explicaciones. Acompañándoles, se sumergirá en una extraña serie de peripecias que tienen como marco una singular zona de Brasil en la que confluyen dos tiempos: el presente y el futuro, y donde tras una devastadora guerra nuclear, sobreviven apenas unos pocos millares de brasileños: el resto de la humanidad ha sido extinguida. Tras una serie de acontecimientos absurdos, ilógicos y surrealistas, que forman la parte quizá más atrayente (y según como se mire, la más endeble) de la historia, Wentik descubrirá que él es en buena parte el causante de la aniquilación en que se sumergió el mundo poco después de que su dos extraños inquisidores le llevaran desde la Antártida hasta esa zona de Brasil. Las drogas con que estaba experimentando fueron empleadas luego con consecuencias terribles en la guerra. Le ofrecen una solución: regresar a su tiempo y hallar un antídoto o destruir totalmente las investigaciones que realizaba. Sin embargo, comprenderá demasiado tarde que el futuro en el que se halla es irreversible, y que lo que él creó en el pasado no puede ser cambiado.
    Indoctrinario resulta, pues, una esforzada obra primeriza. Afortunadamente, sus siguientes obras han estado mucho mejor elaboradas. Habida cuenta de que varias de las últimas están anunciadas por Nebulae, será cuestión de permanecer atentos. Priest parece ser un autor afortunado en nuestro país, pues sus novelas han sido ya casi todas publicadas, y las que aún no lo están se hallan pendientes de aparición. Esperemos a ver lo que nos ofrecen.
     
     

    April 25

    AUTORES OLVIDADOS (49). RAFAEL SABATINI: Novelas de piratas y aventureros

    (c) 2008 by J.C. Planells

     

    No leí ninguna novela de Rafael Sabatini cuanto estaba en edad de hacerlo (niñez, adolescencia). Resulta que sus obras, que se habían editado en España con regularidad (editorial Molino), fueron disimuladamente retiradas del mercado por razones digamos que incomprensibles. Me contó mi padre, cuando yo era adolescente, que Sabatini siempre hablaba mal de los españoles en sus novelas, y puede que éste fuera el motivo de que durante el franquismo se privara a los jóvenes de leer sus novelas de aventuras, a fin de no estropear su espítiru patriótico (?). Así, pues, no formó parte del "paquete" de autores para jóvenes que solían estar formado por Verne, Salgari, Karl May, Oliver Curwood, Defoe, y tantos otros. Lo que, evidentemente, llama la atención, puesto que este autor cultivó las novelas de piratas, marinos, aventureros, espadachines, en historias trepidantes y --a decir de José María Latorre-- casi siempre folletinescas. Muchas de ellas fueron objeto de adaptación cinematográfica en el Hollywood de los grandes estudios: El capitán Blood, El halcón marino, El cisne negro, Scaramouche... Y, para más inri, la mayoría de sus frustrados posibles lectores tampoco pudieron ver dichas adaptaciones --o muchas de ellas--  hasta la llegada de la televisión o el DVD, con lo cual se podría decir que el desconocimiento de Sabatini se duplicó. (Recuerdo que allá por 1970, la película El capitán Blood era todo un mito entre los coleccionistas de folletos de cine, por invisible durante décadas...) En fin, cierto que un buen film, o una amena película, no implican una novela disfrutables (el cine está lleno de malas películas a partir de buenas novelas, si bien el caso contrario también se da de cuando en cuando), pero cabe pensar, viendo las mencionadas, que Sabatini ofrecía argumentos bien urdidos, historias interesantes, personajes atractivos y lances emocionantes. Casi todas ellas son historias de venganza: un villano cargado de ambiciones políticas o económicas, ha urdido un plan para perjudicar al héroe de la novela, que a veces es un aristócrata, y otras un hombre de profesión respetada, convirtiéndole en un marginado o en un perseguido por la ley, hasta que consigue vengar debidamente la afrenta.
    Rafael Sabatini nació en Italia en 1875. Sus padres eran cantantes de ópera que viajaban por todo el mundo: inglesa ella e italiano él. Nunca se casaron, por lo cual se consideraba a Sabatini un hijo ilegítimo. Él tenía la nacionalidad británica. Empezó a publicar a primeros del siglo XX y obtuvo un éxito más que considerable. Viajero, falleció en Suiza en 1950.
    En España fue editado por Molino, hasta que decidieron "retirar" sus novelas del catálogo. Hacia finales de la década de los sesenta, tras décadas de ausencia en el mercado, esa misma editorial reeditó un par de sus novelas, Scaramouche y El cisne negro, pero las generaciones de quienes hubieran sido antes de ello sus lectores ya "pasaban" de ellas y para los nuevos era un completo desconocido. En 1977, la editorial Favencia recuperó varias de sus novelas en su colección de aventuras, que incluía de manera muy lógica a Verne, Salgari, May, etc. Actualmente, existe alguna edición moderna en otras editoriales, y no hace mucho la revista Barsoom incluyó unos relatos suyos inéditos en castellano en un número. El caso de Sabatini en España, es pues, un caso de ¿mala suerte?, ¿censura?, ¿desidia editorial? ¿ocultamiento? Ya es tarde para averiguarlo. Cierto que podían encontrarse de segunda mano en librerías las viejas ediciones de Molino, por ejemplo, pero para muchos jóvenes que vivían de los libros que les regalaban sus padres, Sabatini fue un autor totalmente ninguneado.
     
     
    April 23

    UN AEROPUERTO LLAMADO AMOR

    Una historia de amor como rosa de Sant Jordi para las amigas de este space. 

    (c) 1978 by J.C. Planells
     
     
        Acababa de aterrizar el avión procedente de Madrid, y el hombre que llevaba ya un buen rato sentado cerca del bar se levantó para ver la llegada de los pasajeros de aquel vuelo. Entre ellos distinguió una figura femenina, con un hermoso pañuelo que le cubría el pelo, elegantemente vestida y con unas gafas negras que le ocultaban el rostro. Advirtió que las bajaba un poco y miraba por encima de ellas, en su dirección. Sonrió, y la mujer trató de simular una sonrisa.
        Las dos figuras se acercaron.
        --Hola --dijo el hombre.
        --Hola. ¿Llevabas mucho rato esperando?
        --Puedes figurártelo.
        --Lo siento --sonrió ella.
        --Vamos, no es culpa tuya que nuestros vuelos no estén cronometrados --dijo él, sonriendo también. La tomó por el brazo y caminaron juntos hacia la salida.
        --Tendré que tomar el siguiente que salga hacia Madrid. Lo siento, tengo un compromiso.
        --¿Y cuándo sale?
        --Dentro de dos horas.
        --En fin, por lo menos tenemos todavía dos horas. ¿Dónde vamos?
        --Paseemos un poco. Luego, podemos sentarnos y tomar algo en un sitio discreto.
        --¿No quieres quitarte el pañuelo?
        --No, aquí no. Podría reconocerme alguien.
        --¿Y las gafas?
        Ella sonrió.
        --Está bien. Me quitaré el pañuelo, pero conservaré puestas las gafas. ¿De acuerdo?
        --De acuerdo.
        La muchacha se quitó el pañuelo y dejó al descubierto una bien peinada cabellera roja, algo corta, muy sugestiva.
        --¿Tú crees que podrían reconocerme por el pelo?
        --No me preguntes a mí. yo te reconocería en cualquier parte.
        --Y los demás también.
        --¿Tú crees?
        --Ser un rostro popular tiene estos inconvenientes. No puedes ir tranquilamente por ninguna parte sin que la gente te salude, te señale, te pida un autógrafo o te diga lo que les gusta tu programa.
        --Sí, supongo que debe ser así, pero, ¿te molesta?
        --Me he acostumbrado. Pero no quiero que me reconozcan cuando estoy contigo, cuando nos encontramos. En esos momentos, quiero estar tranquila, lejos de la gente, y tratar de ser yo misma por unas horas, en vez del popular rostro de la televisión del mediodía.
        --Lo sé. Lo hemos hablado muchas veces.
        --Sí, y quisiera estar segura de que lo comprendes.
        --¡Claro que lo comprendo! Lo comprendo y lo entiendo. Y lo encuentro lógico.
        --A veces no dejas de sorprenderme.
        --¿Por qué dices eso? Sí, lo encuentro lógico. Yo también pienso como tú sobre eso. Te lo dije desde el primer día: quiero estar sólo contigo, sin que nadie nos estorbe ni nos venga a saludar. Bueno, a saludarte a ti.
        --En realidad, lo que quiero es no verme nunca en la portada de una de esas revista de actualidades, y con un texto que diga "Hemos visto que la conocida presentadora de televisión Teresa Valle tiene novio secreto", o "El amor escondido de Teresa Valle, descubierto"... No, no me gustaría eso, y no lo soportaría. Mi vida es mía, no de los demás. Lo que haga fuera de las cámaras no le interesa a nadie. Mi profesión es una cosa, y mi vida personal, es un mundo aparte. A veces incluso he pensado en dejarlo todo para poder dedicarme a mí misma, sin estos agobios... Además, me han creado una imagen en la televisión gracias a la cual todo el mundo espera descubrir si tengo o no un amor.
        --¿De veras has pensado seriamente en dejar la televisión?
        --Bueno... la verdad es que mi trabajo me gusta. Es moderno, vivaz. Me siento a gusto en él. No quiere eso decir que algún día no acabe cansándome de él y me dedique entonces a algo más interesante, sin tener que aparecer ante las cámaras. De momento, quiero seguir presentando el programa.
        --Me parece muy bien. Te envidio la suerte que tienes.
        --¿Por qué? Tú también podrías triunfar si lo quisieras, si te lo propusieras de una vez.
        --No tengo suerte. Eso es lo que ocurre.
        --Vamos a sentarnos ahí.
        Había unos bancos en un tranquilo parque donde no se veía mucha gente y se sentaron en uno de ellos. El aire era suave, ligeramente fresco, y la temperatura casi perfecta. La muchacha se quitó las gafas.
        --De verdad, Mario --dijo--, no quiero que de dejes abatir tan fácilmente... El que no hayas tenido éxito hasta ahora no significa que no vayas a tenerlo nunca. Siempre cuesta empezar.
        --Lo sé. Pero a mi edad resulta un poco tarde. Y más hoy en día.
        --¡A tu edad! Tienes veintisiete años. ¿Te crees un viejo?
        --Claro que no. Pero a esa edad, cualquier escritor ha publicado algo por lo menos, aunque no se haya vendido, aunque haya sido un fracaso... Ha conseguido algo. Yo no. Me encuentro con que es tarde ya para empezar.
        --Nunca es tarde, siempre hay tiempo.
        --Mira, lo primero que te pregunta un editor es qué has publicado. Y mi respuesta es que nada. No les sirve aquello de que "alguna vez ha de ser la primera", y que "cómo voy a publicar por primera vez cuando todos exigen que ya haya habido una primera vez". Y los concursos no me gustan, no creo en ellos. Son falsos. Y si hay alguno que no lo sea, siempre aparece una obra que es mejor...
        --Aun así, deberías intentarlo...
        --No. Pero ¿sabes qué podría hacer? Vender mis obras a otro escritor. Que él las publicara como suyas. Hay mucha gente que lo hace. Escritores conocidos que publican obras que en realidad han sido escritas por un desconocido, un desconocido que, como yo, no cree en el éxito fácil.
        --No quero que hagas eso. No sería justo. Tienes que ser tú quien triunfe, y con tu nombre, no con el de otro, para que se lleve un mérito que no le corresponde. No quiero que hagas esto nunca, ¿me oyes?
        --Sí, te oigo. Pero no puedo prometerte que no lo haga. Lo he pensado, sí, muchas veces, especialmente en los últimos meses.
        --Pero es que tus obras tienen suficiente mérito por sí mismas. No debes regalárselas a nadie. No debes hacerlo; tienes que conservar lo tuyo para ti.
        --Ya lo sé. Y es lo que quiero, en el fondo. Por eso no he dado ese paso todavía. Pero estoy harto de esperar... Bueno, dejemos eso.
        --Sí, siempre acabamos en lo mismo: dejándolo. Y no me gusta. No me gusta que te sientas un fracasado. A veces creo que incluso te sientes acomplejado a mi lado...
        --¿Acomplejado?
        --Sí, acomplejado. Porque yo soy conocida y tú no. Incluso a veces pienso que no estás convencido de que nos queremos...
        --¿Crees que puedo dudar de eso?
        --No has entendido lo que he querido decir. Sé que nos queremos. De no ser así, ¿nos encontraríamos de aeropuerto en aeropuerto de esta manera? Pero creo que tú vives una especie de sueño, que para ti lo nuestro es una irrealidad maravillosa e increíble de la que temes despertar...
        --Puede que tengas algo de razón en eso...
        --¿No preferirías que nos pudiéramos comportar como una pareja normal, encontrándonos en casa, yendo al cine, al teatro, a un concierto, o viajando de vacaciones?
        --Me gustaría, desde luego, pero...
        --Pero nos hemos impuesto el vernos así, encontrarnos de esa manera, a escondidas, como si hiciéramos algo malo. Y todo por mis preocupaciones de cara a una clase de popularidad que no deseo. Mira, Mario, si tú lo prefieres nos veremos a la luz del día, en plena calle, y no me importa lo que digan las revistas...
        --No, Teresa, no quiero forzarte a eso. Así lo convinimos desde entonces, ¿no?
        --Sí, pero un convenio puede romperse en cualquier momento, sólo hemos de ponernos de acuerdo. Mira, nos hemos hemos creado una especie de envoltura romántica con estos encuentros, una envoltura un tanto artificial, quizá, y que podría conducirnos a una especie de callejón sin salida, acaso. No sé... Que nos cansemos, que acabemos encontrándolo todo un poco forzado. Y temo también que si algún día podamos ir libremente por todas partes, también nos cansemos de ello, nos hartemos el uno del otro.
        --Me presentas el mismo final para dos situaciones distintas.
        --Sí, ya sé que es el mismo final, pero es que sólo soy capaz de ver un final; quisiera ver otro, pero...
        --Pues adoptemos una solución, entonces. ¿Nos seguimos encontrando así, en los aeropuertos? ¿Hablando a escondidas casi? ¿O damos la cara?
        --No sé. Quizá algún día echásemos de menos estos encuentros de ahora. Tienen... no sé, un cierto sabor romántico que no sabría explicarte. Estos tiempos nuestros son tan poco románticos, tienen tan poco de solitario...
        --¿Tú crees? Conozco más seres solitarios de los que puedas imaginarte. Estos tiempos que vivimos facilitan la soledad. Nada perdura en ellos. No hay amistad, no hay compañerismo. Creo que no hay ni siquiera amor. No, no puede haberlo. Si no hay amistad ni compañerismo, tampoco puede haber amor.
        --¿No hay amistad?
        --No. Por lo menos, yo no creo en ella. Antes, la vida era distinta. Se disponía de más tiempo para gozar de todo, de la propia vida en sí. Hoy se vive atado a un reloj que te marca lo que has de hacer a cada hora e instante. Incluso lo que no has de hacer. ¿Sabes? Lo más terrible es eso: que te marca incluso lo que no debes hacer --lo que no puedes hacer--, en vez de lo que se te permite. Y eso es muy cruel. Fíjate en nosotros mismos. Vivimos de avión en avión. Vivimos entre las dos horas escasas que separan un vuelo del siguiente. En el espacio que marcan las manecillas de un reloj.
        --Pero podríamos liberarnos de todo eso.
        --¿Lo crees? No tengo mucha confianza en ello. Nos atarían otras manecillas, otros espacios entre ellas nos marcarían qué hacer.
        --Y seguiremos así, de aeropuerto en aeropuerto...
        --Cierto. Viendo partir a la gente en esos aviones, acostumbándonos momento a momento a lo que es una separación. A lo que es la vida: una continua partida. Lo siento, Teresa, hoy no es mi tarde. Creo que todo este ambiente de aeropuerto me pone melancólico. O puede que esté desengañado ya de todo. De mis sueños, de mi vida... de todo.
        --¿Es que te has arriesgado alguna vez a algo?
        --Creo que ni para eso he tenido valor. Soy un fracasado. Hay quienes hacen así.
        --Ven. Vamos a pasear un poco.
        Se levantaron y, cogidos del brazo, fueron paseando por el parque, acariciados por el aire de la tarde.
        --¿Sabes? --dijo ella--. Este verano iré de vacaciones a Alicante? ¿Has estado alguna vez allí?
        --No, nunca.
        --Pues he pensado que podrías ir. Nos encontraríamos casualmente en el hotel. "¡Oh, cómo tú por aqui!", y esas cosas que se dicen. "Os presento a un viejo conocido". ¿Qué te parece? ¿Nos atreveríamos?
        --Creo que nos atreveríamos. ¿Quién sabe? ¿Por qué no?
        --Mira. Se va un avión.
        --Es bello verlo elevarse así, hacia el cielo.
        --Sí, es bello. Puede que los aeropuertos sean solitarios, como tú decías. Pero... tienen algo de hermoso, de bello.
     
     
    FIN.
     
    April 21

    FRASES PARA DEFENDERSE DE ACOSADORES POR INTERNET

     
    (c) 2009 by J.C.Planells
     
     
    Una amiga internetera me dijo hace un tiempo que un pesado bastante enfermo y guarro la acosaba enviándole mensajes cochinos por e-mail, declaraciones de amor e imágenes de sus partes, ejem, íntimas. Como me temo que no es un caso único entre mis amistades femeninas interneteras, o entre las mujeres de todas edades que visitan más o menos este aburrido blog, he decidido proporcionarles unas cuantas frases para defenderse y plantar cara a tipejos de esa calaña, en el supuesto, claro, de que no elijan lo de no hacerles caso o denunciarles, como hace la mayoría. No voy a decir que estas frases sean de mucha eficacia, pero por probar nunca se sabe. Ocurre a veces que esos burros se quedan un tanto cortados si se les planta cara.
    Estas son pues, algunas frases con que contestarles.
     
    *Para responder a mensajes escritos que sean de mal gusto, ofensivos, guarros o excesivamente ardientes...
     
    -Perdona, no entiendo el español.
    -Perdona, es que no sé leer aún.
    -(para casos en que haya faltas de ortografía en el mensaje del tipejo) Escribes tan mal que no consigo entender lo que has puesto. ¿Puedes vocalizar?.
    -(para casos en que no haya ninguna falta de ortografía) Hescrives tan mal que no konsigo hentender loque as hescrito en el mensage.
    -Dispense, señor, pero yo soy un hombre de 55 años haciéndome pasar por una chica; no me interesan los hombres.
    -Creo que este libro lo leí y no me gustó.
    -Se nota que no tomas duchas de agua fría.

     
     
    *Para replicar a imágenes guarras del tipo en cuestión...
     
    -No sé cómo tienes valor de enseñar tus miserias.
    -Mi novio/amante/marido/pareja está mucho mejor dotado que tú. No me hagas perder el tiempo.
    -La verdad es que esto que enseñas no me interesa, pero tengo un amigo a quien sí le puede interesar, así que le paso tu e-mail/msn.
    -¿Esa es tu cara? Ufff, qué horror de tío eres. Yo no saldría a la calle con esa cara.
    -¡Oh, qué pequeña!
    -¡Vaya ridiculez! ¡Es lo más divertido que he visto nunca!
    -Ese es tu padre, ¿verdad?
    -Yo de ti iría al médico: esto tiene muy mala pinta.
    -Esto da la impresión de que no lo lavas mucho, ¿verdad?
     
    En fin, ahí queda mi modestísima aportación para defenderse de esta gente.


     

    April 20

    J. G. BALLARD: EN EL RECUERDO Y EN SUS PALABRAS

    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
     
    La noticia conocida hoy de la muerte de James Graham Ballard (1930-2009), no por esperada resulta menos dolorosa. En su reciente autobiografía, Milagros de vida, escrita con ejemplar sencillez, informaba sobre su cáncer incurable, y las páginas finales tenían todo el aspecto de una discreta despedida de cuantos le han acompañado a lo largo de sus creaciones literarias.
    He tratado la obra de Ballard y su importancia en otras ocasiones, tanto en este blog como en publicaciones varias, por lo que, sinceramente, no me veo capaz de afrontar dignamente lo que él ha sabido afrontar mejor, en el libro antes mencionado. Así que he preferido traer aquí sus propias palabras, extractadas de una antigua entrevista a cargo de Stan Barets e Yves Frèmion, en 1976, y publicada en Zikkurath 2000, nº 2013 (he corregido algunos detalles de la traducción).
     
    "Entrevistadores: - Según usted, ¿los años 1960 representaron la cima de la tecnología, y a partir de entonces todo no hará más que degradarse?
    Ballard: - El problema es más complejo que eso. Lo que realmente me interesa son los peligros y las posibilidades. Me explico. Al principio de los años sesenta, se temía una guerra mundial nuclear. Como escritor de ciencia ficción, mi oficio consiste en anticipar las posibilidades, no en hacer profecías. Debo extremar, exagerar estos peligros potenciales del mundo moderno. Creo que actualmente una hipótesis probable sería que el mundo rechazará toda esta alta tecnología. Existe una gran desilusión por el progreso. Volver a la naturaleza, cultivar los propios alimentos, confeccionarse el vestido... Una forma de vida más sentimental.
    [...]
    Ballard: -  [...] La gente en general no tiene confianza en la ciencia. Me atrevería a decir que, en cierta forma, han perdido plena confianza en los valores del cambio social. Esta es la explicación del peligro que quiero anticipar, esa actitud sentimental que rechaza el progreso. Lo cual, para mí, es un error.
    Entrevistadores: - Hace bastantes años, en una entrevista en que le preguntaron acerca de las relaciones entre realidad y ficción, usted declaró que todo era ciencia ficción para usted, y que debido a ello prefería servirse de los personajes mitificados de la realidad en vez de inventar entes de ficción. ¿Sigue pensando del mismo modo?
    Ballard: -  ¡Naturalmente! Estoy convencido de que mis contemporáneos no ven el mundo que les rodea. Son incapaces de examinar la psicología de la vida cotidiana. Y el fin que yo me he trazado es exactamente el contrario, es decir, el de descubrir las relaciones existentes entre estos mitos modernos, los medios de comunicación de masas y las deformaciones psicológicas. Es una geometría secreta la que une todos estos elementos entre sí, una lógica interna que subyace en el fondo de nuestra civilización. El sentido general de la evolución que conduce de la novela clásica a la ciencia ficción es el paso del realismo a lo que yo llamaría "nuevo-realismo". No es, evidentemente, el sentido que de realismo podía tener Gustave Flaubert, pongo por caso, pero para mí La exhibición de atrocidades es un ejemplo claro de lo que entiendo por nuevo realismo. Yo hablo de las cosas que están a nuestro alrededor como elementos de nuestra realidad, y no de lo que es nuestra propia vida. Esa es la diferencia. [...] Porque la mayoría de los elementos de nuestra visión de la realidad son, de hecho, ficticios. Vivimos en un mundo de simulacros. Y no me refiero exclusivamente a nuestra percepción de la existencia de las celebridades del mundo del cine, de la tele, o de la política; sino también a nuestras propias relaciones a nivel personal. La relación establecida entre los hombres y las mujeres de nuestra época es una especie de novela. Vivimos nuestras vidas como si se tratase de una aventura legendaria. Es en este sentido en lo que fundo mi teoría de que no podemos hablar ya de realismo en el sentido clásico del término: vivimos en la época de los realismos imaginarios.
    [...]
    Entrevistadores: - Dice usted que la política en el sentido derecha-izquierda no le interesa, y de hecho los personajes políticos importantes que aparecen en su obra no son juzgados en tanto que políticos sino como expresiones de una mitología cotidiana.
    Ballard: - Naturalmente. En mi obra no existen opiniones políticas explícitas. Lo que me interesa de personajes como Reagan, Kennedy, etc., es el hecho de que representan, ante todo, la realización de nuestros propios fantasmas, la concreción mítica de nuestras vidas. No es  su personalidad la que ha hecho que se impusiesen a nosotros, sino que fuimos nosotros mismos quienes los creamos. Hemos sido nosotros los que hemos escrito sus papeles.
    [...]
    Entrevistadores: - El comportamiento de la mayoría de sus personajes es totalmente pasivo, dejándose atrapar fácilmente por el mundo que les rodea.
    Ballard: - Sí, y es algo que me reprocho muy a menudo. En La isla de cemento, por ejemplo, y en su primera mitad el protagonista lucha intensamente y de una forma física para salir de la trampa, y cuando al fin renuncia es porque ha comprendido su verdadera motivación inconsciente, que es la de vivir aislado, como un Robinson moderno. Lo único que hice fue el darle una oportunidad para comprenderse a sí mismo. Estos no son personajes pasivos; son personajes que nacen de una nueva realidad. [...] En La isla de cemento, el personaje se encuentra solamente con su personalidad de hombre del siglo XX, es decir, profundamente aislado y alienado.
    [...]
    Entrevistadores: -  [...] ¿Piensa usted que [la ciencia ficción] es un género muerto?
    Ballard: - No, en absoluto. lo que ha muerto es una cierta forma de escribir ciencia ficción. Actualmente no puede escribirse como se hacía en Estados Unidos en los años cincuenta.
     
    Como complemento, ofrezco un fragmento de mi artículo "La ciencia ficción de pasado mañana", publicado en Revista de literatura, nº 217, 2006, que termina precisamente comentando la obra de Ballard:
     
     
        "Y llegamos al que quizá sea el más atinado autor de ciencia ficción del futuro cercano: J.G. Ballard, el británico cordialmente detestado por los partidarios de la ciencia ficción más ortodoxa, pero definido hace años por un ensayista como "el único auténtico autor de ciencia ficción". ¿Paradójico? Pues yo creo que no. Ballard escribe sobre el futuro porque el futuro ya está aquí. Inició su carera a principios de la década de 1960 con una tetralogía de novelas "catastrofistas" en la tradición de la novela británica clásica del género (Wyndham). Curiosamente, comenté hace poco en una web norteamericana que las imágenes del Katrina en Nueva Orleans parecían extraídas de una de esas novelas de Ballard... Luego se descolgó con dos nuevos ciclos de novelas que me permití calificar no hace mucho como "ciclo urbano" y "ciclo de las catástrofes sociales" (por oposición al de las "catástrofes naturales" con que inició su carrera).
    En el "ciclo urbano", Ballard nos ofrece retratos del hombre moderno enfrentado a situaciones en las que lo que se supone creado para su confort y progreso se degrada y le retrotrae al salvajismo total. Así, Rascacielos (1975), La isla de cemento (1974) o incluso Crash (1973). En la primera, los moradores de un lujoso y ultramoderno rascacielos empiezan a volver al salvajismo tribal a causa del fallo de los más elementales servicios de habitabilidad del edificio: ascensores, electricidad, etc., etc.; el rascacielos ya no es un lugar en el que vivr cómodamente sino un campo de batalla piso a piso, una selva moderna. Algo semejante le ocurre al personaje de La isla de cemento, que debido a una avería en su automóvil se convierte en un Robinson varado en medio de un cruce de autopistas ultramodernas, abandonado y sin posibilidad de retorno a la civilización, aun hallándose en medio de ella.
    En su ciclo de las "catástrofes sociales", Ballard llega más lejos aún. Compuesto por Furia feroz (1988), Noches de cocaína (1996), Super-Cannes (2000) y Milenio negro (2003), ahora es el hombre el mayor peligro para el hombre. Él es su propia catástrofe y quien la provoca cuando lo que se proponía era crear entornos perfectos y paradisíacos para su solaz (Super-Cannes) o la educación de sus hijos (Furia feroz); pero es que el hombre olvida que la búsqueda de la perfección absoluta da al traste con todo y convierte al hombre en un verdadero cáncer que amenaza con exterminarlo todo. Y así llegamos, como una consecuencia de ello, a Milenio negro, novela casi delictiva y en donde se nos ofrece algo muy parecido a los sucesos ocurridos en Francia en el momento de escribir este artículo, noviembre de 2005. En la obra de Ballard, en vez de los descendientes de la emigración, es la tradicional clase media británica la que es consciente de que su poder adquisitivo ya no existe y por tanto le da lo mismo terminar con todo y convertirse en terroristas y aniquilar cuanto se les pone por delante. Ahora, dice Ballard en este último ciclo, ya no es la naturaleza quien quiere aniquilar al hombre: es el propio hombre quien se las apañan para aniquilarse a sí mismo al deshumanizarse."
     
     
    Con Ballrad hemos perdido al cronista del futuro, al forense de la modernidad y al visionario de nuestras locuras. Ahora, ¿quién recogerá el testigo?
     
     
    Sobre Ballard, en este mismo blog:

     

    Fiebre de guerra (7 de abril de 2008)

    Bienvenido a Metro-Centre (9 de julio de 2008)

    Noches de cocaína (2 de octubre de 2008)

    Huracán cósmico/El viento de la nada (23 de noviembre de 2008)


     

     
     


    April 18

    UN ASESINO CUALQUIERA, de Piernicola Silvis

    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

    Ante todo, conviene advertir que esta novela no es para lectores impresionables: Silvis ofrece una novela negra de tema muy fuerte, y aunque el morbo está tratado con cierto distanciamiento --casi períodístico--, inevitablemente conmociona al lector. Veamos rápidamente su argumento: entre 1984 y 2000, un pedófilo secuestra, tortura, mutila y asesina a un total de diez niños en diversas ciudades de Italia. No hay pistas, ni el menor dato sobre su identidad.
    ¿O no es así? Como iremos viendo a lo largo de esta extensa y trabajada novela --la primera de su autor, licenciado en derecho y jefe de la brigada de policía-- esto no es del todo exacto, y es precisamente en este punto donde quizá radique lo más notable de la novela. En primer lugar, el lector sabe desde el principio el nombre, vida y milagros del asesino: Emanuele Rode, prestigioso periodista y, con el discurrir de los años, importante político (alcalde primero y luego ministro de Exteriores). Así, la historia va alternando la vida criminal de Rode con las infructuosas investigaciones policiales y al mismo tiempo el destino trágico de una víctima que logró escaparse del asesino (no así su hermana gemela), y ansía vengarse. Poco a poco veremos que si bien tenemos clara la identidad y los móviles --incluso el punto de partida de la monstruosidad criminal a que se entrega Emanuele Rode--, no está tan clara la cuestión de las pesquisas efectuadas para descubrirle. Pues lo que a la postre llama más la atención de la novela es el juego político en que acaba desembocando todo, y que demuestra que muy probablemente, la novela negra europea es, antes que nada, novela política. Si por una parte tenemos los esfuerzos de una policía, Laura Virga, y un psicólogo, Gregor Pozza, que hallan una pista casi inverosímil que les revelará la identidad de La Rata (nombre que el propio Rode le ha dado al asesino en sus artículos periodísticos), aunque desembocan en la nada ante la imposibilidad de demostrar con pruebas la culpabilidad de Emanuele Rode (sin contar, además, con su inmunidad como político, que no permitiría juzgarle), por otra parte tenemos la secreta lucha de un personaje cuya identidad no se revelará hasta el final de la novela, encaminada a conseguir lo mismo: desenmascarar a Rode públicamente. El misterio y la intriga no son los crímenes ni la autoría, pues, sino la manera de conseguir que Rode pague por ellos, detener su carrera criminal.
    Lo cual, a su vez, lleva a una posible y camuflada (o no tan camuflada) segunda lectura política de la novela. Atendiendo a la monstruosidad de los crímenes de Rode, así como a su brutal interés por la pornografía más extrema y clandestina, todo ello en quien es prócer de la sociedad, líder de opinión, pilar político, hombre de moral intachable, intolerante contra la homosexualidad (a la que considera una desviación moral), y contrastando dicha monstruosidad con el lado oscuro que muy pocos conocen y callan --Lisa, una antigua novia suya, además de la persona misteriosa cuya identidad se descubre al final de la obra--, es inevitable que el lector se pregunte si Piernicola Silvis ha pretendido algo más que escribir una notable novela negra, o una novela más con un asesino realmente monstruoso, en ese "tour de force" que el género del "serial killer" parece privilegiar desde hace unos años. Quizá peque de mal pensado, pero en la convulsa Italia de hoy (o de ayer) la tipología de asesino elegida por el autor me parece deliberadamente malintencionada, pero en el buen sentido en cuanto a dichas malas intenciones. Me explico: ¿con un personaje como Rode, pedófilo asesino y torturador de niños, no se busca en el fondo algo más que presentar una original historia policiaca, truculenta, sí, pero realmente descabellada (y a ratos incluso folletinesca)? Yo creo que no. Me parece que estamos ante una yuxtaposición deliberadamente macabra: por un lado, los crímenes más atroces concebibles por el ser humano; por otro, una persona políticamente poderosa y ejemplar dentro de la sociedad como autor de esas monstruosidades. El sentido de la obra de Silvis está, por tanto, en este brutal contraste: lo más abyecto llevado a cabo por la persona más modélica. En la novela, valores literarios aparte (solamente discretos, aunque sea de muy ágil lectura), creo que subyace muy claramente toda una puesta en evidencia de las corruptelas políticas, morales, de la hipocresía y los intereses personales de la Italia del presente (inmediato y no inmediato). Todo ello, además, lo puede meditar el lector cuando al final de la novela vea que la identidad de La Rata era conocida por más de una persona desde cierto tiempo atrás (y de dos, y de tres...), el tiempo más que suficiente como para haber hecho algo por detenerle o descubrirle. No es así, y en cambio ciertas fuerzas de la ley se han entregado a otros menesteres (igualmente útiles, sí) aprovechando la... peculiariedad de Emanuele Rode. La propuesta es inteligente, y es en este sentido en el que debe leerse Un asesino cualquiera. Quizá se le puedan reprochar no pocas torpezas, comprensibles en una primera novela, pero éste es un libro que se lee de un tirón y no deja indiferente.
     
    April 15

    TORMENTO, de Benito Pérez Galdós

    (c) 2008 by J.C.Planells
     

     
    Se puede discutir si Tormento tiene un final romántico, práctico, cínico incluso. En realidad, yo creo que el final lo tiene que poner un poco el lector por su cuenta, algo que no resulta demasiado extraño en Galdós, pues lo reencontraremos en Miau, por ejemplo. Lo que sí creo es que la novela debió molestar bastante en su época, otro detalle cortesía de Galdós, que especialmente en su teatro, en años posteriores, llegaría al extremo de bronca en los estrenos y escándalo a la salida de la función: Electra y Casandra son dos ejemplos paradigmáticos de ello. Clarín, en un comentario sobre Tormento informa solamente de que la novela no gustó a algunos críticos por otras causas (causas bastante imbéciles, por cierto, como el que no tuviera un protagonista claro: se ve que la crítica en el siglo XIX ya era tan corta de entendederas como la del siglo XX y la del XXI; debe de ir con el oficio). Pero yo me permito imaginar que al menos a muchos lectores les debió de incomodar o enfurecer su final. En todo caso, lo de enfurecer al lector o molestarle siquiera era algo que a don Benito le traía sin cuidado (y hacía bien).
    Como es sabido --uno parte siempre de la idea de que a los clásicos los ha leído todo el mundo... o al menos los conoce un poco por encima--, Tormento nos narra la llegada a Madrid de un indiano, Agustín Caballero (significativo el apellido que Galdós le da al personaje), quien vuelve a España, a Madrid, tras años de vivir en Sudamérica y haber amasado una más que considerable fortuna gracias al trabajo duro, a la suerte y al mérito, y que ha vivido en tierras difíciles y duras, lejos de la civilización. Su intención es quedarse en la capital y aposentarse, que a su edad, 45 años, ya ha trabajado bastante y es momento de gozar de los frutos de ese trabajo. Tiene un primo en Madrid, Bringas, funcionario del estado y, por tanto, sujeto a los vaivenes de la política española del siglo XIX, casado con Rosalía Pipaón, ejemplo viviente del quiero y no puedo, del lucir por aparentar, de ese nuevo -- por entonces-- burguesismo que vive de apariencias y de fingimientos. La de Bringas, cómo no, se lanzará rápidamente a adular a Caballero, pues ve en él al yerno ideal: su intención es casarlo con su "nena", y así disfrutar (meter mano, hablando claro) de las riquezas de Caballero. Innecesario decir que los Bringas viven en constantes pero ocultos apuros económicos, casi a la última pregunta de hecho, aunque alardean continuamente de riqueza y de complicidad "con la reina". Sin embargo Caballero no dedica más que una mirada a la casi adolescente hija de Rosalía, niña insípida, escuálida y abobada, a la que le regala un piano para que practique. A Caballero no le importa hacer regalos a sus idiotas primos, y eso envanece más aún a Rosalía. Y resulta que sí, que Caballero tiene el plan de "asentar la cabeza", que diría Machado en el siglo XX, pero su atención recae no en la insípida hija de Rosalía.... sino en la muchacha que viene diariamente para atender a Rosalía, Amparo, una huérfana que vive con su hermana Refugio, sumida en la miseria, y se apaña como puede con los cuatro cuartos que la poco boyante Pipaón le da por su trabajo (así como le da también no pocas broncas). La diferencia de edad (Amparo es mucho más joven que Caballero) no arredra al indiano, quien finalmente le hará su proposición de matrimonio para escandalo de la de Bringas.
    Todo lo cual estaría la mar de bien, de no ser porque Amparo ha sido hasta hace poco la amante en secreto de un cura defenestrado y amonestado, Pedro Polo, quien malvive entre agonías a costa de la caridad que la infeliz Amparo puede proporcionarle. Así, Amparo no es la muchacha inocente y honesta que cree Caballero, sino una infeliz arrastrada a una pasión inconfesable por un personaje abyecto y manipulador. Naturalmente, la cosa acabará por saberse, y la de Bringas creerá disfrutar finalmente de la fortuna de Caballero, a quien le ha hecho caer la venda de los ojos... Y en cierto modo, así es. Pero, en otro modo, no. Pues Caballero, tras dudas, iras, vacilaciones, reconvenciones y rabia, decide que  puesto que no puede casarse con Amparo, al resultar no ser la muchacha pura que pensaba... la convertirá en su querida y se la llevará a Francia, país en el que se instalará a vivir ahora. Y esto, obviamente, hace estallar en ira a su vez a la de Bringas (quien, muy puta ella, no duda en arramblar con cuanto Caballero tenía en su casa bajo cualquier pretexto).
    Pero yo creo que este aparentemente cínico final tiene una posible lectura muy distinta. Cierto: Caballero parte a Francia con Amparo como su amante oficial; su propósito es disfrutar de los encantos de la muchacha los años que sea posible y cuando le surja un pretendiente adecuado a la edad que Amparo tenga entonces, dejar que se case con él. A sus 45 años, Caballero no espera ya gran cosa de la vida ni de las mujeres. Pero el lector puede cuestionarse legítimamente este final. Amparo, que siente "inmensa dicha" --a decir de Galdós-- en el vagón de tren junto a Caballero, una vez salvada de su intento de suicidio, puede lo mismo encaminarse a un futuro junto al indiano en Francia, como a otro futuro como querida en París o donde sea. O incluso partir a Sudamérica con el indiano. Como lector, se puede dudar de lo que ofrece Galdós: la intención primera de un personaje, Caballero, que puede estar motivada por el futuro desarrollo de los hechos, o por las circunstancias (caso de Miau). En cuyo caso el final podría muy bien ser, como decía al principio, romántico (Caballero y Amparo vivirán juntos el resto de sus vidas), práctico (Caballero y Amparo gozarán de su mutua compañía durante una temporada más o menos larga) o cínico (Caballero, puesto que no puede casar con quien está deshonrada, la convierte en su querida oficial a la vista de todos).
    Me queda una última cuestión: ¿cuánto hay de personal por parte de Galdós en esta novela? Sabiendo como se sabe hoy día que algunas de sus novelas contienen elementos autobiográficos muy bien ocultos, disfrazados, o incluso evidentes (Tristana), me da en la cabeza que Tormento oculta en cierta manera algún hecho personal nunca conocido. Galdós, además del mejor novelista español del XIX, sigue siendo, humanamente, un enigma indescifrable. Lo curioso es que en su época eso se desconocía, y en cambio hoy empieza a conocerse... Poco y mal, pero algo es algo.
     
     

    April 13

    GALERÍA DE MUJERES (46). MARI TRINI: ¿Quién fue esa chica?


    (c) 2009 by J.C. Planells


     


    Hay muertes que le pillan a uno a contrapié. Ese es el caso de Mari Trini, la cantante murciana fallecida este mes de abril, a los 61 años. Su verdadero nombre era María Trinidad Pérez de Mirevete Mille y había nacido en 1947. Durante su época de esplendor --los años setenta y parte de los ochenta-- no le presté mucha atención, aunque me agradaban algunas de sus canciones: uno en música no lo puede abarcar todo y mis carencias en el pop-rock (la única música que me interesa) son abundantes. Lo que sí recuerdo con claridad es que cierto cómico español cuyo nombre --afortunadamente-- he olvidado, se dedicaba hace unos años a hacer imitaciones suyas en un programa televisivo. Como es sabido, Mari Trini tenía un rictus en la cara, consecuencia de una enfermedad (una de las muchas) sufrida en su niñez. El payaso aquel debía de encontrar la mar de divertido hacer humor a costa de eso, y se plantaba ante la cámara cantando "Yo no soy esa" u otro éxito de la cantante, y remedando su rictus. A mí, que no formaba parte del club de fans de la cantante, se me revolvía el estómago al ver a ese mamarracho pretendiendo hacer humor, y logrando sólo burlarse de una persona. Ese mamarracho puede emparejarse perfectamente con el cretino que la mañana en que se conoció su muerte, corrió a llamar a un programa de Antena 3 para quejarse airadamente de los "plumíferos" que recordaban a Mari Trini cuando vivía en Sant Pol de Mar, porque "Mari Trini es murciana, no catalana". Enterados, imbécil; ahora, vete a cascarla.
    Pues sí. Mari Trini vivió durante años en Sant Pol de Mar, y, según creo, fue incluso lectora de Nueva Dimensión (esto lo supe casualmente hace unos años). Los informes que me dieron eran de alguien alegre, animoso, interesado por todas formas de la cultura.
    A su muerte, se han sabido algunas cosas más. Un gacetillero de la prensa rosa (ése tan rollizo y bien alimentado al que aludí una vez) contó algunos detalles: su "mala salud de hierro", sus muchas enfermedades, su vida en diversos países de Europa, los reveses sufridos (entre los que hay que contar el asalto que sufrió en su casa por unos ladrones que le dieron una buena paliza, a ella y a su compañera de muchos años). Es una vida que deja bastante perplejo por su capacidad de resistencia y por sobreponerse a muchas, demasiadas cosas. Claro que todo tiene un límite, y ese límite llegó a su fin hace unos días. Mari Trini logró que se la respetara incluso en su vida sentimental, llevada en la más estricta intimidad, en un mundo donde el respeto hacia ciertas opciones sentimentales no son muy abundantes que digamos.
    Ahora se ha ido y yo me reprocho no haberle prestado más atención en su tiempo. Supongo que no me lo tendrá en cuenta.
     
     

     

    April 12

    ÚLTIMAS CONFESIONES DE UN ESCRITOR (y 5)

     


    8.- El nacimiento de Bigune
     
    Entre otras cosas, el blog me permitió recuperar y reformar textos nunca publicados, como una novela muy antigua que retitulé Mónica y el tiempo, aparecida en once entregas (4 a 14-9-06), y en cuya presentación ya expliqué todo lo relativo a ella. Otros textos reformados muy antiguos fueron la novela corta "Tan oscuro como antes del alba" (4 entregas, 14 a 17-1-07), una historia más o menos policial. No se trataba de publicar todo lo que nunca había sido publicado, sino de recuperar lo que me parecía interesante o digno de dar a conocer; que fuera mejor o peor, gustase más o gustase menos, es asunto aparte. Como editor de mis propios trabajos lo que no podía permitirme era lanzarme alocadamente a publicar en el blog cualquier texto porque sí, por el simple motivo de su existencia: un cierto sentido común (suponiendo que lo tenga...) me indicaba qué eliminar para siempre. A lo largo de mi vida son muchas las novelas y relatos que he destruido (entre ellos, por error, un volumen de cuentos escritos hacia 1977 o 1978 de los cuales alguno hubiese podido ser reescritos para este blog). Cierto que podía permitirme el lujo de correr algún riesgo, a ver qué pasaba. Esto lo hice recientemente con una serie titulada "Relatos de humor negro", textos antiguos revisados que he ofrecido de tarde en tarde.
    Otro relato policiaco fue "Un hombre bueno" (12-1-07), que ofrece la curiosidad de que a medio relato cambié el sentido de la historia. Es decir, empecé con la intención de contar una determinada historia, y acabé dirigiéndome hacia otros caminos. El "hombre bueno" del relato era inicialmente otro personaje --el que es asesinado a medio relato--, y la historia trataba de presentar cómo alguien inocente puede ser inculpado de un delito que no ha cometido simplemente por un malentendido. Y en estas estaba cuando... la historia cambió y el "hombre bueno" del relato pasó a ser otro personaje, y el sentido de la historia otro completamente opuesto. A veces, y esto lo saben no pocos escritores, un relato puede ser una experiencia, un "a ver adónde vamos a parar". Es decir, que escribir no es hacer matemáticas, en que dos más dos sólo pueden sumar cuatro y únicamente cuatro (aunque hay quien se crea que es o debe ser así, porque la vida es "racional", como le oí decir una vez a cierto director de colección... Sólo un memo puede creerse a pies juntillas que la vida sea racional).
    Y esto me lleva precisamente a febrero de 2007, una tarde en que empecé a escribir un relato titulado "En la selva". No tenía la menor idea de qué tipo de historia iba a ser, pero esto no me preocupaba demasiado. Ya no me encontraba en el oscuro período de 1999-2004, y llevaba ya montones de historias y novelas cortas escritas o reformadas desde 2005 hasta febrero de 2007 (incluyendo los relatos con seudónimo) como para preocuparme por empezar un relato sin tener idea de qué trataba; como he dicho antes, a veces se empieza un relato para ver adónde nos lleva, en qué desemboca. Si no funciona, pues se olvida y se pasa a otra cosa.
    Empecé pues "En la selva", partiendo de una imagen mental que tenía desde hacía ya largo tiempo: un tipo llega en jeep a un hospital o colegio de monjas en medio de la selva para traerles alimentos y suministros; se supone que es alguien que se arriesga al hacerlo, pues hay una guerra o una revolución en aquel país. Luego, tras tomarse una cerveza, regresa a su poblado o a su ciudad. Eso es lo que empecé a escribir en el relato, llenando así página y media. Luego, me detuve porque no sabía qué venía a continuación ni cómo proseguir (¿monjas?, ¿África?, ¿soldados? ¿Qué diantre sé yo de todo esto? Nada en absoluto).
    Al día siguiente o quizá al otro reanudé la historia, siguiendo al conductor del jeep en su regreso a la ciudad de ese innominado país africano (teniendo en cuenta la actualidad, podría muy bien ser Nigeria, por ejemplo, u otro de la región central, o Sudán o el que ustedes quieran). Le veíamos llegar a su casa y se daban algunos datos, como que vivía con una adolescente negra, casi una niña, de la que se había apoderado al quedar huérfana. Le di el primer nombre que se me ocurrió, Bigune.
    Alto ahí.
    Pues fue en ese momento cuando nació de verdad la historia. El protagonista no era el conductor del jeep, ni las monjas, ni el coronel Mblaga que ejercía de dictador del país. No. El protagonista era la niña Bigune, que apenas aparecer en el relato empezó a pedir a gritos que contase su historia, que la sacase de aquel infierno en que vivía, tirando casi de mí como una desesperada. Bigune me atrapó, me interesó, me intrigó. Así que volví atrás y cambié el título por el de "Bigune sube a los cielos", terminé la historia, la repasé de arriba abajo, y la publiqué en el blog el 31 de marzo de 2007.
    Pensé que era el final de la historia de Bigune, cuando es rescatada en el más descarado deus ex machina que imaginarse pueda; sí, reconozco que lo es, pero lo fue con toda premeditación y alevosía, pues yo quería que la salvación le llegara a Bigune del cielo, ya que en la tierra estaba el infierno. Pero, ay, Bigune no me soltaba de la mano y me obligó a proseguir su historia. Ya dije una vez, en otra parte, que el escritor no es consciente de lo que hace, y éste es uno de esos casos. A este relato le siguieron seis más, es decir, un total de siete historias enlazadas que acabaron formando en realidad una novela, puesto que en el último, "Bigune en la sala de los recuerdos" (12-3-08) cerraba la historia y me despedía de un personaje que, ahora sí, ya no me necesitaba porque se preveía iba a ser "razonablemente feliz" (Bigune dixit).
    La inspiración de esas siguientes seis historias surgía siempre de una frase dicha por alguien, en general un lector, o de un hecho real ocurrido, es decir, "en respuesta a". "Bigune va a la escuela" fue consecuencia de una confidencia que me hizo un lector; "Bigune afronta el racismo", fue mi reacción hacia la agresión xenófoba que sufrió una adolescente en un tren en Barcelona y los comentarios proferidos por cierta persona a propósito de ello; "Bigune en Navidad", porque una lectora me sugirió escribir un relato navideño cuando se acercaban esas fechas... Los tres últimos relatos fueron para concluir adecuadamente la historia de Bigune... y de otros personajes, pues en parte enlacé esta historia con la serie Aventuras de Harold Smith, aunque en el futuro, al mencionar desde el primer episodio a Sandra Lane, la niña de aquella serie, que en Bigune ya hace años ha muerto en el ataque a las Torres Gemelas, y a quien Bigune ha visto siempre como la inspiradora de su salvación. Así, en "Bigune hace una visita y una promesa", acude a visitar a Diógenes, viudo de Sandra Lane, convertido ya en un anciano (su nombre no se menciona pero es reconocible, lo mismo que Harold Smith en una mención en el siguiente relato); en "Bigune al rescate" cumple la promesa hecha, y en el último, "Bigune en la sala de los recuerdos", se redondea toda la saga: Bigune viaja al pasado y salva a Sandra Lane de morir en las Torres Gemelas, creando con ello un mundo paralelo donde se insinúa quizá no exista un 11-S, o si existiera, Sandra Lane no moriría en él. Bigune, pagada su deuda moral, puede ya vivir libre y ser tan feliz como el mundo se lo permita.
    Para escribir el último relato, que en principio no estaba previsto --creí que tras "Bigune al rescate", la historia ya estaba completada, pese a su brusco final, pero el personaje dijo que no--, me valí en parte de un relato de 2005 que permanecía inédito: "La sala de los recuerdos". Llevaba tiempo en la "nevera", esperando turno de aparecer en el blog; era una historia que me gustaba bastante; me gustaba la idea de una "sala de los recuerdos", tal como la explicaba el personaje de Sigma en el relato de 2005. En cambio, el conflicto con el otro personaje de la historia --un "despertado" en la sala-- no acababa de verlo demasiado conseguido; no me convencía. Pensaba que era una historia  descompensada, y a lo mejor por eso la iba demorando... Y entonces se me ocurrió poner a Bigune en esa Sala de los Recuerdos, a ver qué pasaba. Y no creo que sea envanecerse decir que el resultado del capítulo final de Bigune es muy superior al relato de 2005, el cual de todas maneras quizá acabe publicando en el blog algún día, advirtiendo antes de esa "reutilización".
    Para ser honesto, he de decir que en Bigune, en las siete historias enlazadas que componen la novela, hay no pocos detalles personales, algo subliminales que sólo yo sé cuáles son y por qué están ahí (bueno, en casi todo lo que escribo hay numerosos detalles escondidos y alusiones imperceptibles, pero Bigune puede que sea la que se lleva la palma en eso). Al final, lo de meterme en una selva africana me acercó más a la realidad de lo que me hubiese figurado al empezar aquel relato inicialmente titulado "En la selva". No sé si Bigune es lo mejor que haya hecho nunca, pero sí lo más difícil.
     
     
    9.- Últimos relatos
     
    Tanto Bigune como Aventuras de Harold Smith se alternaban con diversos relatos de todo tipo, aunque la ciencia ficción quedaba relegada a inéditos. Uno que se me ocurrió a raíz de una noticia leída en un diario u oída por la radio, "La teoría de los mundos paralelos", lo ofrecí directamente a bemonline, porque me parecía más apropiado para ellos que para mi blog, y lo publicaron en 26 de mayo de 2008, con una bonita ilustración, particularmente difícil de realizar, porque ilustrar un relato que consiste en dos personas hablando sobre mundos paralelos y esquizofrenia me parece un desafío para el artista. Creo que el relato es una muy modesta especulación (un temible "relato de ideas", que diría el no menos temible Barceló) a la que no hay que darle muchas vueltas (para mi sorpresa, hace poco fue bastante bien votado por los lectores: no sé qué pensar de esto).
    Un relato de 2005 que finalmente salió publicado en el blog fue "Un paseo por la galería de fotos" (25-3-08). Tuvo un éxito notable e inesperado entre los lectores, y recibí diversos mensajes entusiastas de varios de ellos; en este sentido, ha sido quizá el triunfador de todos los publicados. Lamentablemente, para mí resultó un éxito muy amargo. Este relato fue escrito con mucha calma, mucho cuidado, documentándome bastante sobre cómo es una web de fans y cómo funciona, cómo suelen ser sus usuarios y la clase de textos que escriben, cómo se organizan... De hecho, para no liarme demasiado copié casi tal cual una que conocía, cambiando nombres, inventando una cantante inexistente, pero copiando algunas frases leídas allí para darle más autenticidad. El relato era una variante del típico cuento de hotel encantado, casa encantada, habitación encantada, etc., etc. En este caso, una web encantada, ayudada por algunos truquillos informáticos hoy inexistentes, mañana veremos (lo del ordenador especial para ciegos, con cables conectados al cerebro que le permiten "ver" las imágenes de la web: pura ciencia ficción, en este caso). Era un relato del que me sentía muy contento, quizá mi preferido de la cosecha de 2005. Lo ofrecí a dos editores para su publicación. A uno le gustó bastante, pero quería algo con más garra. En cuanto al otro editor... se limitó a burlarse de la historia, a pitorrearse de ella y de mí, a escarnecerme por lo que consideraba una historia ridícula y absurda, con un bagaje de fondo "imposible de creer", que a ver "si aprendes a hacer los deberes, muchacho", y lo remató diciendo que se la dio a leer a su hijo ("¿Y eso de qué va?"), y luego dijo que mis futuros relatos se los pasaría directamente al gato a ver qué opinaba. Tuve que soportar no pocos desprecios y escarnios de su parte a causa de aquel relato. Ni siquiera me dijo si le había gustado o no, se limitó a burlarse a carcajadas. A consecuencia de esas burlas y desprecios suyos caí en una depresión que me duró casi un mes, y acabé profesando un odio feroz a aquel relato, que tanto me había gustado y con tanto cariño había cuidado y mimado hasta el menor detalle.
    Así, cuando unos dos años después lo publiqué en el blog (con cierta mala gana), ni me molesté en darle un último repaso, como hago con todos los textos: salió tal cual había sido escrito (luego he advertido que precisaba unos toquecillos finales para pulir alguna frase, redondear algún detalle), porque releerlo me producía grima, asco incluso, al evocarme aquellas burlas y desprecios de ese editor. Y entonces, resulta que los lectores se entusiasman con la historia y me llenan de felicitaciones: que si un relato conmovedor, que si maravilloso, que si lo mejor que he escrito nunca, que si la mejor historia de amor que habían leído... (incluso creo que llamó la atención de un determinado grupo de personas que me conocían de otras "actividades"). Lamentablemente, todo esto no me produjo la menor alegría, sino al contrario: me evocaba más y mejor las burlas de dos años atrás y la depresión que me ocasionaron. No pude resistirme y escribí a ese editor burlón para comunicarle lo que opinaba la gente de aquella historia sobre la que se había choteado y por la cual me había escarnecido y amenazado con echarle mis relatos "al gato". Y él negó haber dicho nunca nada de todo aquello, ni siquiera recordaba haberla leído. Afirmó que lo había hecho ahora en el blog, tras recibir mi e-mail, y que no la recordaba de nada, además de "extrañarle mucho" haber proferido la clase de comentarios que yo aseguraba haber sufrido pues no era su manera de obrar (no mencionó lo de su hijo ni a su gato). Como mucho, admitió acaso haber leído una versión distinta (mentira: la versión fue siempre la misma). Me dejó tan estupefacto que no tengo palabras para describirlo. ¿A esa manera de obrar no se le llama hipocresía? Sea como sea, sigo odiando esa historia, tanto si les gusta a los demás como si no, por el mal trago que me obligó a pasar aquel individuo. Al lado de esto, las peripecias sufridas con El corazón de Atenea no son nada.
    "Fuga en la noche" (17-5-08) tuvo una concepción algo curiosa. La idea se me ocurrió a mediados de 2007 como una pieza de teatro en dos partes. Empecé a escribirla en esa forma, pero a la que llevaba unas tres páginas de diálogos entre Elena y Julia en la cocina de la casa de Elena, hablando de viejas amigas de estudiantes, reencuentros inesperados y sobre el marido de Elena, me di cuenta de que aquello no me acababa de convencer. Algo no iba bien, todo parecía mecánico y artificial. Lo seguí intentando unos días más tarde, y finalmente desistí. Entonces decidí convertirlo en relato en lugar de una pieza de teatro, y empecé de nuevo, como una narración, de la misma manera: Julia y Elena charlan en la cocina de Elena de lo mismo que antes, mientras Elena prepara un pastel. A la página y media volví a tener la sensación de que la cosa no "tiraba" adelante, y paré. Tras otra intentona, finalmente desistí de escribir la historia de la fuga de Elena. Me supo mal porque, por motivos que no sabría decir, la historia me atraía, pero no daba con la manera de formularla. Iba a ser la historia de una mujer que tras una discusión con su marido, después de pasar una tarde con una amiga charlando del pasado, recibe de su marido la noticia de que debe huir del país porque le van a detener por estafador. Ese tema, por motivos ignotos, me gustaba mucho, y me fastidiaba no poder escribir la historia. Tanto que en el segundo capítulo de Bigune, "Bigune va a la escuela", mencioné "Fuga en la noche" como una obra de teatro escrita por el marido de Sandra Lane (es decir, Diógenes, es decir, yo; como dije anteriormente, en Bigune hay numerosas claves y guiños ocultos, éste es el único que revelo).
    Y en 2008, cuando ya me había casi olvidado de la historia de Elena y su fuga, una tarde me vino de golpe y porrazo la manera en que debía escribirse el relato. No de forma directa, a través de los personajes de Elena, Julia y el marido de Elena, sino por otros personajes: iba a ser una historia real que un amigo le contaba a otro mientras se tomaban unas cervezas. Una vez comprendido esto, el relato se escribió en un par o tres de tardes y varié radicalmente el sentido de la "fuga". Incluso me permití situarlo en el mismo pueblo sin nombre de "Un hombre bueno", mencionando de pasada lo ocurrido en esa historia como una manera de iniciar la charla esos dos amigos. No sé si es un relato conseguido o no; supongo que a algunos lectores les debió de resultar demasiado fantasioso, pero entraría en lo que yo entiendo como fantasía cotidiana, historias como "Cómo mataríamos la tarde del domingo" o "Ronda para una gitana", por ejemplo. Es una historia que aprecio quizá porque entiendo muy bien el sentido de la "fuga" de Elena. Otro relato similar en este sentido es "6 de diciembre de 1970: una fascinación" (blog: 13-9-08): lo fantástico irrumpiendo en lo cotidiano. Pero en cierta forma este relato es un regreso al pasado, al tipo de historias que escribía en 1970 y 1971 (algunas han aparecido en este blog, o aparecerán). Es otra historia por la que siento debilidad debido a ese "regreso al pasado", en el más exacto sentido del término. Aunque quizá el caso más curioso sea el de "Leyenda de dos mujeres" (blog: 26-10-09), puesto que su origen era un argumento para una novela que se me ocurrió en 1968 o 1969 y que no llegué ni a empezar por pura pereza, el relato, escrito en 2008, sigue bastante aproximadamente el argumento de 1968, aunque dándole un giro sorpresa final.
    Hay otros aún pendientes de publicación, entre antiguos, reformados y "en nevera". Una serie de humor de muy escaso relieve, concebida para el verano de 2008, titulada Personas desconocidas, compuesta por unos pocos episodios en forma de artículos "serios" sobre personas imaginarias absolutamente extravagantes, no sé muy bien si calificarla de éxito o fracaso, puesto que ya desde el primero me encontré con que no poca gente se los tomaba en serio y creía que esas personas existían en realidad. Así pues, como serie de humor ha sido un fracaso, pero como ficción... ¿un éxito? Cosas así, como le dije a un par de amigos, las hicieron en tiempos Mihura y Jardiel Poncela, por ejemplo. Quizá mi error fue darle un tono excesivamente serio, y el mencionar de pasada en los artículos a personas que existen realmente para mayor "ambientación", pero lo  hacía precisamente para contrastarlo con los personajes imaginarios de cada texto. En fin, no siempre se ha de acertar.
    Dentro de la ciencia ficción, hay relato muy breve, "La verdad sobre el gato de Shrödinger", que ofrecí a Gigamesh para cuando les venga bien, y donde reaparece la pareja de "La teoría de los mundos paralelos", que se publicó allí. En octubre de 2008 apareció la novela Volver al sol en la antología de Aroz Fragmentos del futuro 2. Ésta es una novela que inicialmente había pensado destruir; escrita a mediados de los años noventa, quedó inconclusa en su segunda versión --ni siquiera le di título nunca--, debido a exceso de trabajo y olvido de la misma, y no me apetecía retomarla al cabo de tantos años. Finalmente, tras dudarlo, me di cuenta de que podía reescribirla, eliminando varios capítulos, reduciendo otros y mejorando lo posible todo lo demás y cambiando varios detalles. Al ser una novela más breve que las anteriores, me podía permitir el hacerlo. Considero que es un texto de puro entretenimiento, totalmente intrascendente y poco más. Aunque confieso que hay en ella una escena que me motiva bastante, y que estaba escrita de manera muy diferente en la segunda versión (en la primera ni siquiera existía); me temo que si la "salvé" fue sólo por esa escena. Aunque ver publicado sin problemas lo que en el fondo es una chorrada, y no conseguir que nadie se interese por textos más cuidados como los aparecidos en este blog, es para deprimirse.
     
    FIN.-
     
     
    Verano 2008- Semana Santa 2009
     
     

    April 10

    ÚLTIMAS CONFESIONES DE UN ESCRITOR (4)

     


    6.- Segunda novela y relatos impresos
     
    En febrero de 2006 apareció mi segunda novela (segunda publicada, que no escrita): El corazón de Atenea, editada por Aroz en su colección Espiral. El editor ya explicó en la presentación algo sobre los orígenes de la novela, pero no está de más que yo profundice en algunos detalles que no se hicieron públicos. La novela había sido escrita hacia 1987-1988, y hubo un par o tres de versiones de la misma por aquellas fechas, hasta la que consideré definitiva. Hace un tiempo encontré uno de los manuscritos anteriores, con un título distinto y tan horrible que tras verlo huí de casa durante unas horas. Era una novela de ciencia ficción "auténtica", como digo para distinguirlo de... de no sé qué exactamente. "Otro día sin noticias tuyas", por ejemplo, no me parece ciencia ficción auténtica, aunque no me hagan caso porque suelo decir muchas --demasiadas-- tonterías. La infeliz novela sufrió no pocos infortunios. Tras una lectura de la primera versión, un editor me aconsejó introducir extraterrestres para que hubiera "más chicha". Los extraterrestres, si no recuerdo mal, eran sólo mencionados en aquella versión. Le hice caso y escribí varios capítulos con extraterrestres haciendo cosas de extraterrestres (?). Cuando hacia 2005 la leyó Alejo Cuervo, me dijo que todo lo de los extraterrestres era un desacierto. Estuve de acuerdo, porque añadir a la fuerza algo en una novela para contentar al supuesto editor (que dejó de editar al poco) se me da espantosamente mal (en El enfrentamiento también se me obligó a añadir un capítulo donde explicase el porqué de la existencia de los mundos paralelos, aunque yo no le veía sentido alguno a explicar eso; hubo un crítico que señaló que ese capítulo invitaba a abandonar la lectura, y tenía toda la razón; sin embargo, tuve que hacerlo "porque el lector lo exige", según insistía ese editor previsto). En fin, El corazón de Atenea  estuvo sin editor durante muchos años, entre otras razones porque se le cruzó la (frustrada) edición de El enfrentamiento y, años más tarde, la (lograda) edición de El enfrentamiento. Entre esos años se la pasé a un editor de ciencia ficción a quien creí le interesaría, y se la entregué en mano a finales de noviembre de 1993. Se puso muy contento y dijo que aprovecharía un viaje a Salamanca durante los días de la Constitución y la fiesta de la Purísima en diciembre para leerla, y me diría algo a la vuelta. Bien, escribo esto en agosto de 2008 (y lo corrijo en abril de 2009), y aún sigo esperando que me diga algo o al menos se digne devolverme el puto original. No fue ésa la única intentona. El lector de una editorial la empezó a leer, pero a la segunda página dijo que no entendía nada y abandonó la lectura (de paso, dejó también colgados a los editores y huyó de España abandonando en su casa varios manuscritos de diferentes autores...). Entre todos ellos lograron que le cogiera asco a la novela, así que la enterré y le profesé odio sin límites desde entonces. Lo de que algunos editores te lleven a odiar tu propio trabajo me ha ocurrido dos veces, y la segunda, que referiré más adelante, fue muchísimo más grave.
    Fueron pasando las décadas, y un día de 2005, ni sé por qué, se me ocurrió llevarla a Alejo Cuervo para que la leyera. ¡Espanto y horror!: ¡a Alejo le gustó la novela! O sea, que yo me cagaba en ella por las cabronadas sufridas --meter extraterrestres a la fuerza, esperar años y años a que un editor gandul se digne contestarme, leer que otro no entendía la primera página-- y ahora venía Alejo y me decía que le parecía muy bien la novela (excepto lo de los extraterrestres, algo en lo que ambos coincidimos). Tras preguntarme si yo era creyente --no se por qué, Alejo llegó a esta peregrina conclusión tras leerla: Alejo tiene ocurrencias muy sicalípticas-- y decirle yo que no sabía si lo era, pero que desde luego no era ni pienso ser nunca ateo --porque, como he comprobado por duras experiencias propias, los ateos se pasan el día entero hablando de religión, del papa, de monjas, de sacerdotes y de la misa, venta o no a cuento, hasta extenuarte, y en cambio los creyentes nunca te hablan de eso--, me sugirió realizar algunas modificaciones y cambios para mejorarla. Pero yo no tenía ganas a estas alturas de la vida de coger un texto tan largo y tan antiguo y reescribirlo o modificar detalles; en parte, debido al odio que me habían hecho cobrarle a la novela, y en parte a causa del trabajo que supondría hacerlo sin tener ordenador. Así que le consulté a Aroz, animado por la opinión de Alejo, me contestó que se la enviase, la leyó, le pareció bien y la publicó sin más en febrero de 2006. Final rápido --y feliz-- para una amarga historia.
    Creo que la crítica se portó bien con ella. Señalaron las buenas intenciones que tenía el texto, pero también los fallos e ingenuidades de que adolecía, y, sobre todo, que hubiera precisado una revisión a fondo. Cierto: tras recibir los ejemplares que me mandó Aroz y leerla cómodamente, vi que muchas cosas necesitaban ser pulidas y revisadas (a propósito: hay en la edición tics que no son míos... "éste dijo" o "ésta dijo" no los uso yo nunca y aparecen continuamente. ¿Quién los puso?), pero en general no me avergonzaba de ella. Asumía sus fallos, deportivamente, y me sentía contento de no pocas partes: mi odio hacia ella había desaparecido.
    He dicho que la crítica se portó bien con ella --creo que quizá mejor de lo que se merecía la novela--, pero hubo una excepción. Un maleducado crítico argentino, escudado ¡cómo no! en un seudónimo, se dedicó a ridiculizarla y a hacer mofa de mi persona. Ya desde principios de los años ochenta, cuando empezaron a llegar a España diversos fanzines editados en Argentina, se vio que allí cultivaban un estilo de crítica que rayaba --o entraba de pleno-- en el insulto zafio y grosero hacia el autor de la obra comentada. En España --donde nos insultábamos en la estricta intimidad-- raramente se cayó en semejante ordinariez pública. Y pese a los denodados esfuerzos de algunos editores argentinos --aún en activo-- por promover otro tipo de crítica, severa con el libro pero constructiva, respetuosa hacia el autor y culta, la generación de los maleducados y groseros creó escuela, por lo visto, y a esa escuela pertenece el zafio que se dedicó a burlarse de mí (más tarde supe que no poca gente ha tenido encontronazos con ese desagradable individuo, y algunos han salido mucho peor parados que yo; no es ningún consuelo, sino más bien una vergüenza para él ganarse una reputación a base de ese estilo burlón e insultante; pero, ¿qué puede esperarse de un individuo que en un e-mail se excusó de sus insultos diciéndome que no es sino "un insignificante argentinito"?). Yo acepto la crítica y trato de aprender de ella desde 1979, en que empecé en estas mierdas. Lo que no acepto es que se haga mofa de mi persona, como hizo él, ni se me acuse de racista, como también hizo. ¿Aporta algo a la cultura lo que hace ese tipejo del seudónimo? Aporta mierda, eso sí.
    La venganza es un plato que se sirve frío. En el último episodio de Aventuras de Harold Smith, "Asesinato en la librería" (10-3-08), muere asesinado de una manera bastante asquerosa un crítico literario muy parecido en modos y modales (y en fonética del nombre) a ese argentino de mal recuerdo. Qué a gusto me quedé.
    Un relato que no publiqué en mi blog fue "La belleza de Lidia", aparecido en bemonline el 27 de febrero de 2006; no recuerdo si se lo ofrecí yo o me pidieron ellos un relato. Seguramente fue esto último. Es un cuento sencillo, sin más. Los últimos que aparecieron en papel, desaparecida Asimov Ciencia Ficción, fueron "La ausencia de oscuridad no significa presencia de luz", en la antología Fragmentos del futuro editada por Aroz y que recogía relatos que estuvieron destinados a esa desaparecida publicación, y "Dentro de la caja de Pandora", que el siempre despistado editor retituló como "La caja de Pandora", aparecido en Artifex, 3ª época, volumen 4. El primero era un típico relato de ciencia ficción muy en la línea del Asimov, para el que había sido escrito. El segundo es una larga historia que me parece algo torpe en su principio, bastante mejor en su segunda parte, y que había ofrecido a Gigamesh; tras leerla Juanma Santiago, me dijo que se la enviara corriendo a Julián Díaz, que era fan acérrimo de Louise Brooks y seguro que lo publicaba. Pues acertó. En esa historia, por cierto, aparecía brevemente un personaje secundario de "Play ´Nobody´s Home`, de Avril Lavigne", un coleccionista de discos antiguos que vive en Tarragona, si bien dejaba entrever que cronológicamente esta historia era anterior a la novela corta aparecida en Asimov ciencia Ficción (el personaje era más joven en "La caja de Pandora").
     
     
    7.- Aventuras de Harold Smith
     
    En el eliminado "Balance del segundo año" (diciembre de 2007), avisé de que la serie Aventuras de Harold Smith estaba pronta a terminar y que acaso en el futuro escribiría un artículo explicando los porqués y cómos de esta serie. No lo hice porque no creí que fuera pertinente, y ahora mismo, escribiendo esto, sigo sin creer que lo sea. En primer lugar, sería muy largo de contar; en segundo lugar, ¿tiene interés saber los intríngulis?; en tercer lugar, ¿y si desconcierta a los lectores el saberlo?
    Pero como puede ocurrir que al menos una persona --o media persona-- quizá sienta genuina curiosidad sobre el particular, me pongo a ello, procurando no alargarme más de lo necesario. El relato inaugural de la serie, "El robo de los rubíes", apareció en el blog el 3 de febrero de 2006, y fue reproducido en la web sedice (donde, según unos comentarios que leí, gustó bastante). También a los seguidores ocasionales o esporádicos del blog parece haberles complacido la serie. Para quienes me conocían de antiguo, me imagino que habrá sido una sorpresa; para los que no, exentos de prejuicios, podían enfrentarse a ella con más naturalidad. Debo decir, por cierto, que el publicar en el blog relatos, novelas y otros escritos de ensayo o comentarios, me ha hecho ganar una serie de lectores que jamás habían oído hablar de mí ni sabían quién era ni de donde venía; por eso los considero como exentos de prejuicios, y en este aspecto me hacen pensar en quienes leían mis relatos con seudónimo en la otra web.
    Esta serie, compuesta por cuentos largos y novelas cortas en varias entregas, terminó en marzo de 2008 (aunque este año dfe 2009 he regresado a ella con tres "episodios inéditos"): casi dos años, pues, de escribir historias protagonizadas por Harold Smith y su ayudante Diógenes. Pero los orígenes de la serie son muy antiguos, tanto como... 1965, en que escribí la primera versión de "El robo de los rubíes", un relato que se me ocurrió de repente una mañana, a consecuencia de una serie policiaca que seguía en la radio. No fue hasta un año más tarde que pensé convertirlo en una serie de historias con los mismos protagonistas. Así, entre 1966 y 1967 escribí varios tomos con relatos detectivescos, incluyendo una novela completa, hasta que ese 1967 lo dejé. En años posteriores me dediqué en diversas ocasiones a recuperar y reescribir varios de los relatos cara a su posible publicación en libro. La última vez llegaron a ser ofrecidos a varios editores hará unos diez años. Sólo conseguí grandes muestras de admiración, efusivas felicitaciones y la indicación de que "tras considerarlo seriamente hemos desestimado su publicación" (una editora me dijo que se había partido el culo de risa leyendo los relatos, pero que tampoco pensaba publicarlos porque ellos eran una editorial seria). A lo más cerca que llegué de publicar algo de la serie fue a principios de los años ochenta, en que un editor que había creado una colección de libros de humor se interesó por la novela corta "Harold Smith y el ladrón invisible", pero exigiendo ciertos... cambios para que se adecuara al espíritu de la editorial: es decir, erotismo a tope. Así que reescribí la novela metiendo todo el erotismo que pude y el resultado fue una mamarrachada, algo increíblemente vergonzoso, y pese a todo el editor pensaba publicarla. Tuve la inmensa suerte de que a los pocos meses de iniciada su actividad editorial, el hombre la clausuró y desapareció del mapa. Sí, suerte, digo. Puede parecer extraño que uno se alegre de que no le publiquen algo, y yo especialmente que he tenido que soportar diversas cabronadas, pero en esta ocasión sí fue una verdadera fortuna. Que en mi currículum constase como publicación una novela erótica escrita casi a la fuerza, y partiendo de algo tan personal como era Aventuras de Harold Smith, habría sido una vergüenza imposible de sobrellevar en el futuro. No hace falta decir que tras la fuga del editor destruí de inmediato aquella bazofia. La versión que ha aparecido en el blog, con el título de "El ladrón invisible de Londres" (5 entregas: del 5 al 9-3-07), está escrita partiendo de la inicial de 1966. Por lo demás, no conservo ya las diferentes reescrituras y versiones de los episodios (mi casa ni es una trapería), sólo copias manuscritas de los originales de 1966-1967, por razones sentimentales.  
    Así, pues, la serie publicada en el blog se componía de reescrituras y revisiones de los originales de 1966-1967, en gran parte. Cuando, no sin mucho dudar, me decidí a publicarla en el blog, consideré si debía cambiar algo y en qué sentido; pero decidí que no, que hubiera sido un error. Puesto que se suponía que esas aventuras estaban escritas en primera persona por el ayudante de Harold, Diógenes, que es un chaval de unos trece años, el tono de escritura ya era el adecuado. Cierto que en ningún momento se menciona el hecho de que Diógenes es un niño; creo que no es hasta "La condesa sospechosa" (1-4-07) que un personaje menciona a Diógenes como "ese niño" cuando lo ve a la puerta de su casa. Es decir, no se indica directamente, pero sí indirectamente (lo cual, sin duda, hubiera resultado inaceptable para quienes me exigían explicaciones detalladas del funcionamiento de los mundos paralelos, como he contado). Acentué el tono algo infantil y grotesco de la narración, que si bien ya estaba presente de forma deliberada, ahora lo incrementé un poco más (ayudado además por el tono absurdo de muchas de las aventuras). Siempre he dudado de que los lectores se dieran cuenta de que Diógenes es un niño, pero es que me parecía desastroso empezar diciendo "Hola, me llamo Diógenes y soy un niño de trece años...": en vez de un relato hubiera parecido una reunión de Alcohólicos Anónimos. Prefería soslayarlo, sencillamente, no dar explicaciones, y en todo caso, dejar que los demás personajes fueran quienes lo indicaran en algún diálogo si venía a cuento. Me parecía mejor acentuar el carácter infantil de Diógenes en sus diálogos, en la manera que ve a la gente (es un niño extranjero con inquietudes "artísticas" en el Londres de los años sesenta); es decir, hacerlo implícito en lugar de explícito. Supongo que es arriesgado --y sé de un editor al que dejar las cosas implícitas le irrita (una vez me dijo que hay que dejarlo todo bien claro porque "los lectores son burros", algo que me escandalizó bastante), pero es que no sé escribir de otra manera: si el lector no participa del relato, ¿para qué escribir?--, y suelo practicarlo casi siempre de una u otra forma, tanto en novelas como en relatos (en alguna parte conté, hace mucho tiempo, cómo lo que más me gustaba de escribir El corazón de Atenea era hacerlo en una primera persona que hiciera indistinguible quién era el --en realidad, la-- narrador de la historia). Y una ventaja de la demora en el tiempo de la serie es que, escrita y ambientada originalmente en 1966-1967, al reescribirla decidí mantener --e incrementar-- esa ambientación, situando los hechos entre 1966-1969, con lo cual se convertía en algo así como una serie "retro": el Londres de mediados de los sesenta, con los Beatles, la guerra fría, la minifalda... 
    Retomar los viejos relatos --muchos ya reescritos en años posteriores-- y corregirlos o reescribir y pulir lo necesario no representaba dificultad excesiva. Sí lo fue en el caso de algunos nunca reescritos para su posible publicación en libro, pero pude solucionarlo con calma y paciencia. Unos pocos de los originales no fue posible recuperarlos, entre ellos una novela completa (que sin embargo, ha acabado apareciendo al fin muy modificada en la nueva tanda de "Episodios inéditos"). Pero entonces ocurrió algo curioso: mientras iba corrigiendo y guardando en la "nevera" los relatos antiguos, se me ocurrió de pronto la idea para uno nuevo. Era "El estrangulador de luchadores mancos" (26-3-06), el primer relato genuinamente nuevo de la serie en casi cuarenta años, y que no me supuso dificultad alguna escribirlo (excepto que se me perdió por una de esas cabronadas de internet, y lo tuve que repetir): le había cogido el tranquillo a la serie otra vez, gracias a los que había ido reescribiendo, pero íntimamente consideré ese nuevo relato como un pequeño logro: volver a hacer algo que tenía olvidado. Así, tras tres relatos recuperados, incluí como cuarto de la serie este nuevo, y vi que no había diferencias perceptibles con los anteriores ni los guardados en "nevera". Quizá alguien sí notase diferencias, más adelante, entre unos y otros, pues a este nuevo le siguieron pronto muchos más, y algunos de estos nuevos eran algo más elaborados en cuanto a intriga y personajes (y más largos en algún caso), si bien se mantenían las habituales tonterías made in Diógenes y los delitos algo estrambóticos que investigaba Harold Smith. El segundo nuevo en escribirse --y sexto en publicarse-- fue "El caso del falsificador de toallas" (dos entregas: 3 y 5-5-06), y en el ya que empecé a incluir "artistas invitados" en las historias, en este caso John Cleese como un huésped del hotel donde Harold y Diógenes investigan, y cuyo director le inspira a Cleese la idea de una futura serie televisiva de humor. De hecho, esto se me ocurrió a raíz de unas declaraciones del propio Cleese en los extras del DVD de Fawlty Towers.
    En suma, nuevos episodios se alternaban con antiguos reformados, o desbancaban poco a poco a estos a la cola. Además, en el noveno publicado, "El rapto del gato de la portera" (17-6-06) introduje un personaje nuevo que no existía en los antiguos. Mi torpeza e inseguridad hicieron que no diera nombre al personaje nuevo, que era solamente "la hija de la portera", "la hija de la señora Lane". No se me ocurrió que aparecería en más episodios. El caso es que me gustó tanto el personaje que, ya bautizada como Sandra Lane, se convirtió en fijo de la serie, a veces con protagonismo destacado en los nuevos, como en "Un asesino de guante blanco" (dos entregas: 19 y 21-7-06), o mencionada en los antiguos reformados.
    A medida que se sucedían los episodios, trataba de que aun manteniendo el tono de comicidad la serie se hiciera un pelín más... ¿responsable? Pero esto es dudoso, puesto que la publicación no sigue un orden cronológico: hay episodios en donde se mencionan hechos ocurridos en otros que se publicarían más tarde (porque aún no estaban escritos, o porque estaban en la "nevera" esperando a mejorar, o se me ocurría escribirlos precisamente por haber aludido a ellos sin que existieran en realidad, como "El torturador de señoras gordas", uno de los más leídos). De ahí que, entre los últimos publicados indicara en algún caso que la acción se situaba al principio de la serie. Asimismo, en detalles de ambientación, procuraba sugerir si la acción transcurría en 1967 o 1968, mencionando algún hecho popular de esos años: era otra manera de señalar que el tiempo no estaba estático para los personajes, sino que avanzaba. De ahí, por tanto, que la serie tuviera que finalizar en un momento u otro: Diógenes dejará de ser un adolescente y se convertirá en un joven: no tendría sentido escribir episodios de la serie con Diógenes convertido en un hombre de veinte años o más. De la misma forma, Sandra se hará mayor, será una jovencita y Harold un anciano. Para curarme en salud, el 27 de febrero de 2007, cuando ya llevaba un buen montón de episodios escritos, publiqué en el blog un texto titulado "Aventuras de Harold Smith: Biografías de los personajes", donde explicaba en tono medio humorístico-medio serio, los orígenes y vida futura de cada uno de los personajes. Respecto a Diógenes, no expliqué deliberadamente sus orígenes y dije que cuanto decía de sí mismo (y de los demás) era poco de fiar. En este texto hice algo que debió de sorprender a algunos lectores: expliqué que Sandra Lane, que de mayor se casaría con Diógenes --hasta aquí, todo normal; supongo que se veía venir--, moriría en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
    Me imagino que la pregunta es: ¿por qué en una serie de humor tan festivo y estrambótico como ésta me permití una nota tan sombría hacia un personaje tan divertido? Si alguien sabe la respuesta a esta pregunta, me gustaría que me la diga.
    Y un tanto a remolque de esto, hubo el final-final de la serie. Es decir, los últimos párrafos de "Asesinato en la librería". Creo que era una manera, mejor o peor --puede que peor-- de indicar que terminaba la infancia del personaje y llegaba el momento de enfrentarse a la vida.
     
    (continuará)
     
     

    April 08

    ÚLTIMAS CONFESIONES DE UN ESCRITOR (3)

     
     
    (portada creada por Ana para esta novela corta)
     
    4.- El blog planells fact&fiction
     
    A mediados de diciembre de 2005 nació el blog planells fact&fiction (ese nombre lo usaba yo en broma hace muchos años, para mis colaboraciones en algunos fanzines, y era un homenaje a John Brunner). Ya conté cómo ocurrió en el balance al primer año (diciembre de 2006, entrada eliminada hace poco, al igual que el resto de balances anuales: para el caso que les hacen...); resumiéndolo brevemente, se debió a mi desconocimiento de lo que estaba haciendo, de lo que era eso de "spaces" que ofrecía windows (me creí que era una página para mirar planetas y estrellas), así como a mi ignorancia de lo que era un blog y qué se debía poner en él. (Debo añadir que nunca supe antes de eso de "spaces" cómo se podía abrir un blog y dónde debía uno dirigirse: nadie me lo explicó). Pese a que le había echado un vistazo a dos que me indicó Joan Manel Ortiz tiempo antes, a fin de enterarme de lo que era un blog, seguía sin entender nada; de hecho, aquellos dos ejemplos me horrorizaron profundamente y decidí que los blogs no eran más que estupideces. Durante los primeros meses del mío, ya abierta la página de spaces, me dedicaba a preguntarle al respecto a Joan Manel Ortiz y a Juanma Santiago, que supongo debieron acabar pensando que yo era un tarado mental: "Oye, Juanma/Joan Manel, ¿crees que está bien que ponga este texto o aquel otro?" Respuesta invariable y cortés de ambos: "Ejem, es tu blog, puedes poner lo que quieras". Yo: "¿Seguro?". Ellos: "Seguro, claro". A mí me extrañaba que fuera verdad tanta belleza, como dijo el poeta. A Juan José Parera le reservaba la ingrata tarea de las consultas técnicas: "Esto... ¿qué es distribución por RSS". Parera me lo explicaba con detalle, pero yo seguía --y sigo-- sin entender nada. Yo: "Pues gracias, oye". Parera: "Por cierto, has puesto mal los links de las webs recomendadas, porque al pinchar en ellas no se ve nada". Yo: "Gracias, lo corrijo ahora" .
    Me costó bastante tiempo acostumbrarme a eso de que en un blog uno pudiera poner lo que le pareciera. Y que encima alguien incluso lo leyera. Digamos, pues, que el blog me permitió, en el apartado de ficción, dar salida a textos antiguos que no habían encontrado comercialización, como un montón de guiones de cómic escritos para Toutain editor y otros a principios de los años ochenta, de los cuales sólo uno sería realizado, y diversos relatos inéditos. El pistoletazo de salida en parte fue el poder publicar informaciones que había intentado en vano hacer llegar a personas interesadas sobre diversos temas, sin conseguirlo (ya dije que el mundo de internet, en el fondo, es bastante idiota). Poco a poco me di cuenta de la libertad creativa que permitía el escribir para un blog (la frase llevar un blog no la entiendo y me parece equivocada, por eso no la uso): podía tocar los temas que yo quisiera, no tenía por qué ceñirme exclusivamente a algo concreto simplemente porque los lectores esperasen leer sólo una temática determinada. Así, en el apartado de no ficción empecé a hablar sobre cine, libros de cualquier género, autores de todas clases, temáticas diversas..., algo que si bien había intentado en ocasiones, había sido siempre fulminantemente rechazado porque "no era ciencia ficción".
    En el apartado de narrativa tenía la misma libertad, o más. No había de preocuparme por escribir en el estilo concreto que el editor de turno esperaba o exigía, a fin de satisfacerle. Tampoco estaba obligado a dar farragosas explicaciones acerca de qué trataba la historia, algo que en los últimos tiempos me llegó a hastiar, ni aclarar los despistes que el editor cometía en la lectura apresurada del relato en cuestión (que empezó a menudar demasiado en el último año, cuando llegaron a sugerirme corregir detalles que el editor había malinterpretado en su apresurada lectura, confundiendo personajes e incluso acciones, lo cual me obligaba a más farragosas explicaciones para demostrarle que era un error suyo al leer deprisa, no mío al escribir. "Ah, sí, es verdad, no me había dado cuenta", era la respuesta invariable).
    Y eso hace que, al escribir para el blog, seas tú el editor de tu propio trabajo. (Y teniendo en cuenta los malos consejos que recibí respecto a la novela El corazón de Atenea, o esos errores de interpretación en el último año de publicación de relatos, es inevitable pensar que se sale ganando al prescindir de ellos. Y es que, en general, el editor quiere que los relatos o novelas se escriban a su gusto y capricho, para que le gusten a él, y no piensa tanto en que el lector puede tener otro criterio, otro gusto, otra opinión. O al menos, es como yo lo veo debido a experiencias sufridas.) Y eso, ser el propio editor, es muy peligroso. Puedes descontrolarte, dar por bueno algo que es una memez, publicar un relato o novela corta que te entusiasme pero sea un desastre y necesite diversas revisiones. Es decir, al convertirte en tu propio editor pasas a ser, a la vez, tu peor enemigo.
    Como tengo cierto criterio y mucha experiencia de años y años trabajando para editoriales con textos de toda clase, he procurado mentener cierta distancia entre lo que escribo antes de publicarlo. Excepto en textos de no ficción, que a veces pueden ser algo apresurados por motivos de actualidad, y aun así procuro cuidarlos al máximo, todo lo que he publicado de ficción en el blog ha sido severamente considerado. Digo bien: severamente. Los textos antiguos han pasado por una criba que ha eliminado los que no me parecía tenían la calidad mínima exigida y exigible, ni el interés mínimo esperado. Lo mismo para los relatos inéditos de ciencia ficción. Muchos de ellos han sido destruidos, incluso cuando ya estaban transcritos en ordenador y guardados en la "nevera" para ser subidos al blog. Todo texto era enjuiciado y valorado varias veces. Además de esto, los relatos nuevos serían repetidamente revisados y corregidos, puesto que el escribirlos en ordenador me permitía pulir mil y un detalles hasta el último momento (y aun así siempre se me escapan erratas, pues corregir en pantalla es un asco, y a veces al corregir un error creas otro sin darte cuenta). En resumen: era extremadamente severo respecto a lo que publicaba de ficción (también en artículos o comentarios, pero esto no me interesa tanto), y procuraba siempre realizar una última lectura desde el punto de vista de un lector ocasional.
    Ciertamente, a base de años y años de escribir toda clase de textos, si no otra cosa al menos se adquiere oficio y habilidades para resolver problemas. Y también es cierto que uno se puede equivocar y acabar publicando un texto que a uno le guste pero carezca del menor interés. Hay que aceptar la posibilidad de equivocarse, forma parte del juego. Pero cierto instinto me indicaba cuándo un relato debía ser eliminado o esperar a más adelante porque no parecía bien terminado. "Niñas y soldados", por ejemplo, es un relato escrito para el blog, hacia 2006 o 2007, que lleva esperando en la "nevera" desde entonces; es otro relato "en respuesta a" la postguerra de Iraq, que no me convence mucho, pero que tampoco veo malo o rematadamente malo, así que permanece congelado hasta a saber qué futuro. Otros nuevos, en cambio, aparecían casi inmediatamente porque los veía bien resueltos, o esperaba un poco por si era precisa más corrección y revisión. Y en algunos, como "Virtualmente real" u otros, me hago el distraído esperando que pase el tiempo.
    El primer relato que escribí para ser publicado en el blog fue "Dos muertes olvidadas" (23-12-05), un relato corto de fantasmas, "en respuesta a" un lamentable suceso ocurrido poco antes y que me impactó notablemente. Empecé a darle vueltas a la noticia y ponerme en el lugar de quien, borracho y drogado, había atropellado y matado con su coche a dos chicas que iban a trabajar. ¿Cómo sería el futuro para ese tipo? ¿Cómo se vive con algo así en la cabeza? ¿Cómo se envejece? Es una historia que me gusta bastante, y que la web sedice recuperaría en 2006, acompañado de una bonita ilustración en color. El resto de historias que fueron apareciendo en el 2006 eran inéditos o aparecidos en publicaciones de escasa circulación, además de algunos escritos a principios de los años setenta, como "Virazón" (30-8-06), a fin de dar variedad temática y no limitarme a la ciencia ficción (que además, resulta casi siempre lo menos leído del blog...). Hubo un segundo relato nuevo de fantasmas, "Intrusos en las habitaciones" (3-7-06), cuya idea me vino del capítulo 6 de la serie Relatos autobiográficos, aunque apareciera poco después (1-9-06); esta serie, por cierto, ha sido el best-seller del blog por motivos que no me sé explicar.
    Pero ahora es preciso volver un poco atrás en el tiempo, porque antes de los primeros relatos del blog hubo otra cosa...
     
     
    5.- Relatos con seudónimo
     
    Antes de empezar el blog, yo ya estaba publicando una serie de relatos para adolescentes, bajo seudónimo e identidad falsa, en una web. Fueron un total de 35 textos, aparecidos entre agosto de 2005 y marzo de 2008, en que lo dejé. Entre estos 35 textos hubo de todo: relatos de humor, relatos dramáticos, poemas cortos humorísticos, diálogos teatrales paródicos... Asimismo hubo una serie de relatos en otro lugar, que acabé eliminando hace ya tiempo porque eran muy malos; sólo he conservado uno de ellos, revisado y corregido a fondo, por si en algún futuro lejano lo recupero para el blog, aunque no lo veo muy factible. En todo caso, todo esto me servía para ir familiarizándome poco a poco con escribir en/para internet.
    Pero esos 35 textos entre agosto de 2005 y marzo de 2008 tuvieron mucha importancia para mí: me demostraron que lo que escribía podía gustar a otra gente, independientemente de quién era yo. Nadie sabía nada de mí, por lo cual no había prejuicio alguno al enjuiciarlos. Lamentablemente, las colaboraciones terminaron, entre otras razones, al descubrir algunas personas de esa web mi identidad real. Ya no había motivo de proseguir. De hecho, el grueso de relatos apareció en 2005, antes de abrir el blog, pues en 2006 sólo publiqué ocho, en el 2007, cinco, y en 2008, uno: mi blog y las series que producía para él me consumían todo el tiempo. Y, además, ya había empezado a publicar relatos para adolescentes en mi blog, siendo el primero de ellos "Una amiga menos y muchas amigas más" (3-6-06), al que siguieron tres más en 2006.
    Estos 35 textos aparecidos con seudónimo tenían unas características especiales para ajustarse a la web en cuestión. Por lo demás, unos eran dramáticos, otros comedias bufas... Algunos de los humorísticos estaban protagonizados por un personaje fijo, una reportera algo atontada pero bienintencionada; creo que en total hubo siete con ese personaje; otros eran bromas sobre asuntos de actualidad. En todo caso, todos eran bien recibidos.
    Pero mis preferidos, aparte de la serie de la reportera atontada, eran los dramáticos, donde empecé a tratar una serie de temas que hasta entonces no había tocado en mis historias (creo), y que luego han aparecido con mayor o menor frecuencia. Para quien haya leído los aparecidos en mi blog --el mencionado "Una amiga menos y muchas amigas más", o "Mi silla de ruedas es más rápida que tu coche" (25-6-06) o "Veintiséis manera de decir adiós a un amigo" (26-1-07), por citar sólo algunos--, le diré que mis preferidos entre los dramáticos publicados con seudónimo iban más o menos por el mismo estilo en cuando a temática, enfoque y personajes.
    De todas maneras, yo procuraba escribir esas historias con un estilo algo simple y descuidado (lo cual en la serie de la reportera atontada era fácil de hacer, puesto que estaban narradas en primera persona), pero a veces no me daba cuenta y pulía demasiado el estilo, especialmente en algunos de los dramáticos; me dejaba llevar por la historia, por decirlo así, por los sentimientos que en ella se expresaban. Aunque sea feo decirlo de uno mismo, creo que me salían demasiado bien. Otros, mucho más simples y sencillos, no tenían problemas en este aspecto. Pero todos gustaban; gustaban demasiado, en realidad. Nunca había recibido tantos parabienes como con aquellas historias, lo cual ayudó a sobrellevar ciertos problemas con editores que tuve por entonces...
    Como ya he contado, se supo mi verdadera identidad, aunque curiosamente nadie ha descubierto mi seudónimo (y no será porque algunos no lo hayan intentado de todas las maneras posibles...). Pero esta es una tarea que sólo podría resolver Harold Smith...
     
     
    (continuará)
    April 07

    ÚLTIMAS CONFESIONES DE UN ESCRITOR (2)

     

    2.- Bloqueo creativo
     
    Pero hacia 1999, cuando aún quedaban por publicar los últimos relatos mencionados en el apartado anterior, yo me hallaba víctima de un total, absoluto bloqueo de escritor. Eso es algo temible para quien vive de escribir o escribe para seguir vivo (no es lo mismo, aunque pueda parecerlo a simple vista). Así, durante esos años aparecieron "Gatos en medio de la calle" y "El retrato de Paula", y quedaron en cartera algunos aún inéditos escritos, pero me encontraba con serias dificultades para escribir cualquier cosa. No se me ocurría nada, no podía hilvanar apenas frases con un mínimo de coherencia o exponer una narración con lógica. No había manera de llenar una página, de proseguir una historia. Todo estaba en mi cabeza como bloqueado, ni siquiera me tomaba en serio lo poco que empezaba ni conseguía implicarme en ello. Esta situación, iniciada hacia 1999, duró hasta 2004, aproximadamente. Así, pues, fueron cinco años de absoluta sequía creativa. Cierto que, por otra parte, no había dónde publicar: por esos años estaban desapareciendo --o habían desaparecido ya-- revistas, fanzines y antologías, casi simultáneamente. Además de esto, el auge de internet cortó mi relación con todo el mundo (o quizá todo el mundo decidió cortar su relación conmigo, no tengo muy claro si fue lo uno o lo otro, o ambas cosas a la vez). Al no tener ordenador y no poder acceder a contactar con la gente que había renunciado al contacto normal, me convertí de la noche a la mañana en un paria, un "desaparecido en combate".
    Evidentemente, en principio, el no poder publicar y el perder contacto con todo el mundo no suponía obstáculo para seguir escribiendo (al fin y al cabo, lo llevaba haciendo toda la vida, ¿no?, desde mi niñez y adolescencia). Pero, como digo, me era imposible escribir nada. Así, entre 1999 y 2004 empecé al menos cinco o seis historias, que nunca terminé, que no pasaron de una página, o dos como mucho, que dejaba abandonadas durante unos días para retomarlas con esfuerzo al cabo de semanas, desistiendo de proseguir y, finalmente, destruyéndolas, incapaz de interesarme por ellas y sin ganas de proseguirlas; eran historias de ciencia ficción que me parecían ñoñas y vulgares, carentes de gracia y que no iban a ninguna parte. Recuerdo que uno de aquellos relatos iba sobre un tipo que leía en los periódicos noticias distintas de las que en realidad aparecían publicadas; muy dickiano, sí, ¿y qué? Incluso el redactado era malo, lleno de torpezas, sin convencimiento, historias peor que malas. Esta situación de incapacidad creativa era algo absolutamente nuevo para mí: jamás había vivido nada parecido; incluso en las épocas en que dejé de escribir fue porque estaba atareado en otras cuestiones o por propia voluntad, nunca por sequía.
    Aun así, hubo dos que completé. Una fue hacia 2002, creo, cuando Domingo Santos me pidió un relato para la nueva edición del Asimov Magazine, que acababa de sacar en edición tabloide un editor de Málaga, si no recuerdo mal, y que duraría sólo tres números que apenas se distribuyeron. Estimulado porque me pidieran algo, me estrujé como pude el cerebro, y escribí "El fin del futuro", que quedó pendiente porque para cuando la terminé, el editor malagueño ya había cerrado la publicación. Aparecería en la última resurrección de la revista, a cargo del editor Robel, de Madrid, y que tendría mucha mejor vida y distribución, al cabo de apenas un año aproximadamente (aunque también desaparecería, tras 21 números).
    La otra historia completada durante este miserable periplo de bloqueo creativo fue "El paso de la tormenta". Vale la pena que me extienda un poco al respecto. Fue una de tantos relatos empezados durante esos años, concretamente en 1999, y conseguí completarla finalmente en 2004. No es ningún texto largo, precisamente, sino un relato que abarcaría unas siete páginas como mucho. En 2005 la leyó Julián Díaz y me anunció la  publicaría en las antologías Artifex, que entonces estaban a su cargo, si bien al recibir "Dentro de la caja de Pandora" poco después prefirió publicar esta última y dejar "El paso de la tormenta" para más adelante (lo que no fue posible porque las antologías Artifex desaparecieron tras el volumen que contenía el relato que ellos retitularon "La caja de Pandora"). Cuando en 2005 Julián Díaz aceptó "El paso de la tormenta", tras seleccionarlo entre otros relatos que le mandé, como "Virtualmente real" y "Acto de fusión", me quedé estupefacto. ¿Cómo podía gustarle un relato de siete miserables páginas que me llevó casi cinco años completarlo? No lo entendía. Aún hoy, no sé por qué me emperré en terminar esta historia en concreto de entre las demás que fui destruyendo incapaz de terminarlas, teniendo en cuenta que cuando la empecé no sabía su argumento, su tema ni nada de nada de ella. Supongo que por cabezonería, por pura tozudez, por no rendirme ante ese bloqueo. Si no, no hay otra explicación. Como relato, me parece muy poco interesante y muy sobado argumentalmente (apareció hace unos meses en este blog). Pero, entre 1999 y 2004, abría de tarde en tarde la carpeta donde guardaba los relatos, tomaba las hojas de "El paso de la tormenta", y añadía a trompicones un par de líneas, o con suerte, todo un párrafo. Y seguía sin saber nada de ese relato, porque lo construía sobre la marcha de tortuga que llevaba. Así, creo que hacia 2002 tenía ya unas cuatro páginas, y seguía sin saber el argumento de la historia. Pero conseguí acabarlo, las últimas dos o tres páginas se escribieron casi de una tirada hacia 2004. Y luego, claro, tuve que reescribirlo de arriba abajo, una vez ya supe qué diantre era lo que contaba, cuál era la historia. Que ese relato tenga coherencia y parezca incluso aceptablemente regular me resulta todo un logro, teniendo en cuenta la desdichada manera en que fue escrito. A eso se le llama hacer la travesía del desierto. Cuando Julián lo aceptó --lo cual me dejó estupefacto-- le dije que algún día le contaría cómo fue escrito. 
    Como he dicho, tenía relatos inéditos escritos anteriormente, o durante los últimos años de producción. "La suerte de tener vecinos", por ejemplo, un relato de terror francamente repulsivo, probablemente nacido de visionar aquel díptico cinematográfico alemán llamado Nekromantic, que causó sensación --y asco-- a finales de los noventa, y de las que no se ha vuelto a hablar más; tras guardarlo durante varios años, lo destruí cuando empecé a pasar mis trabajos inéditos a ordenador. Aquella mierda era impublicable y no debía ser leída. También estaba "Falso pentimiento", un largo relato de ciencia ficción reescrito y corregido varias veces, que ofrecí a Gigamesh cuando lo dirigía Juanma Santiago (y que ha acabado apareciendo en este blog). O "El pretendiente de la princesa", un cuento muy corto, no encuadrable en género alguno, que publiqué aquí en 2007. Además de otros mucho más antiguos, mencionados en "Confesiones de un escritor", y que acabé o bien destruyendo ("Un poco de eternidad en tu mano", cursilada mema donde las haya) o bien recuperando para este blog ("Si yo tuviera una sierra", "Todo esto te daré"...). Pero el caso es que por una parte el desánimo, por otra el alejamiento de mis contactos, por otra las nuevas tecnologías, así como la desaparición de las publicaciones anteriores y la carencia de contacto con las pocas nuevas que surgían, todo ello quizá influyó en ese bloqueo que se prolongase y prolongase, pareciendo no ir a terminar nunca. Y es que una cosa es dejar de escribir porque no se tienen ganas de hacerlo, o por decisión propia, y otra por imposibilidad de producir una línea, una sola línea, coherente. Y éste era mi caso.
     
     
    3.- Las musas existen
     
    A finales de 2003, reaparecía el Asimov Magazine, ahora a cargo de Ediciones Robel, como Asimov Ciencia Ficción, y en un bonito formato más cercano al libro que a la revista algo cutre de la edición malagueña anterior. Su director me reclutó para colaborar en ella, y así salió en el número 2 el relato mencionado en el apartado anterior, "El fin del futuro". Un relato que no es ni carne ni pescado, pero que me parecía adecuado para la revista. Escribí algunos artículos y pedí reeditasen "El nombre del infierno", con motivo del atentado del 11-M, tal como he contado en el apartado 1, apareciendo en el numero 10.
    En el 18 aparecería finalmente el primer relato genuinamente escrito tras el bloqueo creativo de 1999-2004 (porque no considero "El paso de la tormenta", debido a su larga gestación, ni "El fin del futuro", por su condición de encargo anterior, como relatos genuinamente escritos, ideados o producidos). Se trataba de "La vida, o algo parecido", cuya idea se me ocurrió mientras me aburría haciendo cola en el cine Urgell para ver no sé cuál entrega de Harry Potter. Vi pasar a dos chicas, y la mano de una de ellas estaba posada sobre el hombro de su compañera, y de esa imagen nació, completa, toda la historia. Creo que es un relato que muestra cómo en cierto modo la ciencia ficción me empezaba a resultar incómoda para expresarme. Es decir, el relato es por una parte ciencia ficción dura (una variante del género que ni me gusta demasiado ni soy capaz de cultivar), y por otra una mirada a lo cotidiano de la vida, algo que me permitía expresar mejor mis ideas (si es que las tengo: empiezo a dudar sobre ello). Cierto que seguiría escribiendo ciencia ficción, especialmente en el 2005, pero me daba cuenta de que las cosas empezaban a cambiar un poco (o era yo quien cambiaba de nuevo).
    De la misma manera que cuando se abre a lo bruto una botella de champán, sale a chorro todo el líquido, así en 2005 me lancé a escribir sin parar un relato tras otro. Montones de relatos, algunos publicados en una u otra parte, otros que tendrán o han tenido su sitio en este blog. El bloqueo creativo había desaparecido tan misteriosamente como llegó. El primero de ellos, el que originó la explosión de creatividad, fue la novela corta "Play ´Nobody´s Home`, de Avril Lavigne". Empezó siendo un relato larguísimo, enorme, que posteriormente empecé a recortar, a reescribir, a ampliar unas partes, a eliminar otras, a pulir, a empalmar unos fragmentos, a escribir diversos finales, a redactar biografías aparte de todos y cada uno de los personajes a fin de perfilarlos mejor, a preparar asimismo una cronología de los hechos históricos que condujeron al futuro donde tenía lugar la historia, todo lo cual obligaba a nuevas reescrituras, supresiones, modificaciones, remontajes, eliminación de personajes, cambio de otros... La escritura de esta novela corta, hasta alcanzar la forma en que fue enviada al editor de Asimov Ciencia Ficción, abarcó exactamente cinco largos meses, con dedicación exclusiva las veinticuatro horas del día (puesto que de noche, en la cama, imaginaba diferentes formas de proseguir o modificar partes de la historia). No me importaba cortar partes de ella, porque estaba convencido de que alargarla podía estropearla, así que me exigía el máximo posible en su escritura (de la misma manera que me exigí ser lo más deprimente posible en ciertas escenas, y creo que puedo decir, con cierto orgullo, que es lo más deprimente que haya escrito nunca; lo mejor, no; pero lo más deprimente sí). Cierto que el relato en sí era otra variación sobre el tema de siempre ("Gatos en medio de la calle", "Postales del laberinto", "De muerte y de dolor", "Ronda para una gitana"...), pero creo que, asimismo, es la despedida a ese tema de siempre, y cuando se hacen despedidas de lo que sea, hay que hacerlas a lo grande. O al menos, eso es lo que me propuse.
    Las musas existen, sí, y cuando aparecen te hacen trabajar a conciencia. La musa que me tuvo cinco meses esclavizado con esta novela corta, que se publicaría finalmente en el número 21 de Asimov Ciencia Ficción, me inspiró y llevó a escribir un buen montón de relatos: "La belleza de Lidia", "El instante de la liberación", "Aviso de aniquilación", "La sala de los recuerdos", "Dentro de la caja de Pandora", "La ausencia de oscuridad no significa presencia de luz", "Un paseo por la galería de fotos", "Virtualmente real", "El que come en la oscuridad"... Algunos de estos relatos aparecieron en una publicación u otra, o incluso en publicaciones electrónicas, otros en mi propio blog, una vez abierto, y los restantes irán apareciendo en su momento; uno de ellos, "La sala de los recuerdos", me ha causado un curioso problema "creativo", del que hablaré más adelante.
    El bloqueo creativo era cosa del pasado y la musa me hacía trabajar a destajo, y aún me haría trabajar más en el 2006 y el 2007... No sólo eso, sino que ampliaba temáticas: humor ("El que come en la socuridad", "Aviso de aniquilación"), fantasía ("La sala de los recuerdos"), ciencia ficción dura ("La ausencia de oscuridad no significa presencia de luz") y lo que parecía ser "la historia de siempre", pero contada --creo-- de maneras distintas ("Virtualmente real", "Un paseo por la galería de fotos"), además de un toque de terror y erotismo ("Dentro de la caja de Pandora"). El común denominador de todos estos relatos es, creo, el alejarse del tono siniestro y desesperado de los relatos escritos principalmente durante los años noventa (a los que cada día aprecio menos y procuro olvidar que existen). Creo que en "Play ´Nobody´s Home`, de Avril Lavigne" quedó dicho de sobra todo al respecto --y quizá mejor que en aquellas historias tan oscuras--, y ahora tocaba hacer algo distinto, ir evolucionando un poco hacia otras maneras y modos de presentar y escribir historias o, al menos, intentarlo. Por intentarlo que no quedase.
    Asimov Ciencia Ficción desapareció tras el número 21, donde aparecía mi novela corta. Los motivos fueron comerciales. Nuevamente, me quedaba sin dónde publicar. Para cuando ocurrió esto, yo ya había abierto una cuenta de correo electrónico --a la fuerza ahorcan-- y recuperado contacto con personas de las que no sabía nada en algunos casos desde hacía cinco años, o incluso más. En este mundo de hoy, si no tienes e-mail, no existes, no eres nadie: es así de crudo y duro. Me busqué a alguien en los anuncios por palabras que me explicara cómo se abre una cuenta de correo, cómo se escribe y manda un e-mail, y en un par o tres de sesiones de una hora lo aprendí y empecé a recuperar contactos (de ahí, pues mis nulos conocimientos en informática, que ya he comentado en varias ocasiones y que nadie se cree). Consulté modos y maneras de publicar relatos, y dónde hacerlo. Descubrí que el mundo electrónico era realmente complicado para mí. Julián Díaz me dijo que el futuro era publicar en revistas electrónicas y sitios web y cosas así, que lo del papel ya era cosa del paleolítico. A mí no me hacía ninguna gracia publicar electrónicamente: ¿quién lo leería? ¿Qué constancia quedaba de lo publicado en una web? Él insistía en que era una maravilla hacerlo, y me indicó varias publicaciones electrónicas, muy raras, que ni recuerdo ni me molesté en buscarlas. Igual ya ni existen. Los únicos lugares de internet donde he visto que publiquen relatos es bemonline y sedice (en los dos he publicado relatos), y si existen más lugares, soy incapaz de descubrirlos, o deben estar tan escondidos que ni sus propios dueños dan con ellos. Además, ¿cómo contactar con un desconocido por las buenas y decirle, "Eh, tío, ¿me publicas un cuento, tronco?".
    Total, que a pesar del entusiasmo que mostraba Julián Diaz, yo me desmoralicé no poco ante la idea de publicar mis relatos en formato electrónico y en lugares ignotos que era incapaz de hallar. Me veía condenado a comerme con patatas toda la producción de 2005...
    Y en eso apareció my space.
     
    (continuará)
     
     

    April 05

    ÚLTIMAS CONFESIONES DE UN ESCRITOR (1)

    (c) 2008 by J.C. Planells
     
     
    Presentación
     
    En agosto de 2006, publiqué aquí un texto en tres entregas titulado "Confesiones de un escritor", y que correspondía a un documento escrito a mediados de los años noventa, donde explicaba los orígenes y escritura de los relatos que había ido publicando en diversas revistas y fanzines. No era un texto pensado para su publicación sino escrito para mí mismo, y lo interrumpí cuando me cansé. Al subirlo a este blog, me encontré con que debido a esas características de documento casi privado, tuve que eliminar ciertas partes del mismo, estrictamente íntimas y personales, que no interesaban a nadie y que nadie tenía por qué saber, indicando dónde se suprimía texto en los lugares correspondientes (me temo que soy un escritor molestamente honesto, además de desprovisto de ego, aunque haya quien no lo crea: a estas alturas de la vida, lo que los demás crean de mí ya me da lo mismo). Dije al término de la transcripción que no tenía intención de reanudar aquellas "confesiones", abandonadas por desinterés, como digo, tras los detalles sobre el relato "Otro día sin noticias tuyas". Ahora, sin embargo, me desdigo de mi promesa (por una vez en la vida, yo también puedo incumplir una promesa hecha, teniendo en cuenta que el resto de la humanidad lo hace continuamente y no les pasa nada malo por ello). Reanudo estas "confesiones" donde quedaron interrumpidas, y las prolongo hasta el presente. La diferencia es que éstas carecerán del tono íntimo y personal de aquellas, puesto que están pensadas para ser leídas --o sea, son más informativas--. Esto no quiere decir que tengan interés. Yo creo que no lo tienen, máxime cuando proceden de una persona que no interesa a nadie. En todo caso, algunos datos de cómo se escribieron tales o cuales relatos pueden resultar útiles para escritores en ciernes, lo cual pienso que siempre tiene su interés: los escritores no son muy dados a proclamar a los vientos sus métodos de trabajo, al contrario que los pintores, que gustan de comunicarse y aprender unos de otros.

     
    1.- Relatos y primera novela
     
    El siguiente relato que publiqué tras "Otro día sin noticias tuyas" fue "El nombre del infierno", aparecido en el número 12 de Elfstone, y reeditado en el número 10 de Asimov Ciencia Ficción, en julio de 2004. Ese relato había sido escrito a principios de los años noventa, "en respuesta a" la guerra de la antigua Yugoslavia que ocasionaba el exterminio de civiles inocentes, en especial mujeres y niños. Lo de escribir relatos "en respuesta a" es algo que he hecho alguna que otra vez, y no sé si es muy recomendable: los relatos nunca solucionan nada, sólo sirven para desahogar la rabia o el dolor ante un hecho concreto. La reedición de ese relato en Asimov Ciencia Ficción (que me permitió añadir unas pocas frases al final del relato y corregir algún pequeño detalle de redactado) fue motivada por el atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid (o sea, que su reedición fue otro caso de "en respuesta a"), y le pedí al editor que no me pagara por la publicación, sino que el dinero lo donara a las víctimas. De acuerdo, eran cuatro cuartos, pero me sentía obligado a publicar ese relato en aquellas dramáticas circunstancias (los escritores imbéciles solemos hacer quijotadas). Es una historia muy extraña, que me gusta bastante, y parece ser que no soy el único.
    A finales de 1996 apareció mi primera novela (primera publicada, que no escrita: en otras partes ya he comentado algo de mis viejas novelas de juventud), El enfrentamiento, editada por Miraguano. La historia editorial de la novela es conocida sobradamente, y en su momento ya concedí de muy mala gana una entrevista a BEM con motivo de su publicación (no me gusta conceder entrevistas, y después de aquella cogí una tremenda depresión), sin contar otra hacia 1992, que no se publicó debido a que Ultramar, que iba a editar la novela, cerró en sus actividades, y que recogí en uno de los últimos capítulos de Crónicas de la ciencia ficción en España, aparecidas en este blog en 2006. La novela estuvo nominada al Ignotus al año siguiente, pero evidentemente no iba a ganar (por fortuna para mí). Aunque en su día acabé odiándola, al frustrarse su edición por medio de Ultramar, cuando Miraguano la editó en 1996 la releí al recibir los ejemplares para el autor, y me sentí satisfecho con ella como lector. Digamos que no me arrepiento de haberla escrito.
    Joan Manel Ortiz se encargó de la selección de relatos para el Visiones de 1996 y me pidió que le mandara uno. Escribí "La mirada del intruso", una de mis raras incursiones en la ciencia ficción pura y dura, pero con algunos temas personales de fondo. Por aquel entonces caí en la cuenta de que cada vez iba metiendo más temas personales en los relatos que escribía, algo que me temo a los lectores les fastidiaba mucho (el lector de ciencia ficción es terriblemente conservador, incluso cuando pretende ser progresista).
    Quizá estimulado por la publicación en Miraguano de El enfrentamiento escribí un largo relato ambientado en el universo alternativo de la primera parte de la novela, titulado "Una oveja negra y varios lobos", en el que aparecían varios personajes nuevos, y alguno de esa novela, si bien la intriga era independiente de ella. Esto me permitó incluir el personaje de Juan Canals, que hubiera debido aparecer en la novela, pero no hubo lugar para él, así que me resarcí a fondo en esa historia. Es un relato bastante estrambótico, con personajes algo singulares, de los cuales el de la pitonisa esta sacado tal cual de una mujer a la que conocí brevemente poco antes.
    No suelo participar en concursos literarios, porque no creo en ellos (y porque sé perfectamente que no me premiarían: hacen bien). Lo hice una vez, y no me fue mal, como conté en las mencionadas "Confesiones de un escritor". Repetí en 1997, con "Compensaciones de guerra", para la Hispacón 1997 de Mataró, y me llevé el tercer premio. El relato se publicó en un boletín que recogía las obras premiadas en esa convocatoria. Es un relato de ciencia ficción pura (pero no dura) que me agrada bastante y que escribí con bastante calma, sin prisas (fue recogido en este blog hace unos meses).
    "Ronda para una gitana" se publicó en Argentina, en el número 30 de Cuasar, fechado en septiembre de 1998, y en España por tanto no lo conoce casi nadie (por no decir que nadie), o no lo conocían hasta que hace poco lo incluí en este blog, corrigiendo un poco su redactado. Recuerdo que años antes, Miquel Barceló dijo de mí en un acto público que el que yo hubiese publicado en Argentina "tenía mucho mérito". Por raro que parezca, lo decía completamente en serio, aunque he de confesar que no le veo mérito alguno a publicar un par o tres de relatos o artículos en publicaciones argentinas, que era todo mi bagaje latinoamericano cuando Barceló dijo aquello. En fin, ya es de sobra sabido que Barceló dice siempre cosas muy raras. Mérito o no mérito, en este caso lo que ocurría es que las características del relato no lo hacían viable para una publicación en España (no había ninguna publicación apropiada para él). Es otro relato "en respuesta a", en este caso a la muerte de Edelina Muñoz, y lo escribí a los pocos días de ocurridos los hechos. En todo caso, debe quedar claro que el relato no pretende establecer paralelismos con la realidad ni con personajes reales: los de "Ronda para una gitana" son inventados, si bien el fotógrafo que acompaña al protagonista al principio del relato también existió en la realidad (falleció el año pasado). Como ya dije, ninguna ficción puede cambiar ni mejorar la realidad. Es un relato que me gusta bastante.
    También en 1998 apareció "Postales del laberinto" en la antología Visiones, que aquel año estaba a cargo de Rodolfo Martínez (en 1997 no quise colaborar porque su editor, Rafael Marín, me daba y me sigue dando mucho miedo). Es un largo relato, aparentemente complicado (o que algunos creyeron complicado: no lo es si se lee correctamente, y resultó fácil escribirlo), ideal para que los lectores me pongan a parir, cosa que hicieron con gran fervor. Yo creo que está bien escrito, lo cuidé mucho en este sentido, pero sin duda se puede vivir muy bien sin él: prefiero olvidar su existencia.
    Por motivos que sólo Dios nuestro Señor --que vela por nosotros y nos protege--, sabrá, los de Gigamesh se empeñaron en publicar un relato mío. La revista la dirigía entonces Julián Díaz --esa publicación ha cambiado tantas veces de director que uno se pierde--, así que les mandé "Gatos en medio de la calle", que ilustraría muy bien Alfredo Esteban, y para mi estupefacción apareció en el número 24, fechado en marzo de 2000. Al igual que el anterior, es otro relato perfecto para que los lectores decidan colgarme de un árbol de la Granvía. Por aquellas fechas, mis relatos se volvían cada vez más siniestros, más oscuros, más desesperanzados. Puede que estuvieran mejor escritos que muchos de los anteriores --especialmente que las bazofias de mis primeros años--, pero no son historias que a los aficionados al fantástico les guste leer. En compensación, diré que a mí tampoco me gustaba escribirlos, pero es que no había otro remedio.
    Ese mismo año 2000 apareció un breve relato, "El retrato de Paula", en la antología Artifex número 1, en su segunda etapa (creo, porque ha tenido tantas etapas que me he perdido). Una historia sin complicaciones, de tipo fantástico, mucho más normal que todas las anteriores (al editor, como de costumbre, se le perdió un párrafo).
    Echando la vista atrás, soy consciente de que todos estos relatos --exceptuando quizá "La mirada del intruso"-- tienen bastantes puntos en común, una cierta temática similar de fondo (eso lo descubrió hace algún tiempo otra persona, no yo, puesto que uno va tan despistado con lo que hace que no es consciente de lo que en realidad escribe). Me refiero a los relatos escritos al menos a partir de "El deterioro", que ya comenté en "Confesiones de un escritor", el documento que precedió a éste. Sí, me di cuenta de que había una acumulación de historias en que alguien había perdido a otro alguien y trataba de recuperarlo de una forma u otra, con resultados desastrosos tanto para él como a veces para los demás. Sí, casi todos participaban de lo mismo, y de hecho seguiría así en algunos de los futuros relatos, si bien luego esto cambiaría (creo). Es curioso cómo los demás ven lo que uno no sabe ver de su obra (también es curioso, pero en negativo, cómo otros ven cosas que no son ciertas en la misma obra, pero esto en asunto aparte). Me gustaría poner aquí el nombre de la persona que descubrió esto, pero el caso es que formaba parte de un largo artículo que se supone yo no he leído ni he podido conocer, por lo cual me da reparo confesarlo. En todo caso, que sepa que tiene mi agradecimiento, pues ayuda y estimula el que a uno le ayuden (valga la redundancia) a ver mejor las cosas.
     
    (continuará)
     
    April 03

    UNA LUZ EN EL HAMPA, de Sam Fuller: Hipocresías


    (c) 2009 by J.C. Planells


     


    Hay tanta sustancia en esta película de Sam Fuller, que uno no sabe muy bien por dónde empezar a hincarle el diente. Lo haré por lo que suele ser señalado como principal defecto del film, que en realidad no lo es tanto. O al menos, es discutible considerarlo como defecto. Me refiero al tono sentimental, casi melodramático, que muchos señalan como culpable de cierto lastre negativo. Pues, la verdad, es difícil imaginarse al duro Fuller como alguien entregado a sentimentalismos y melodramas. A sentimientos y dramas, sí, desde luego. Por lo demás, echemos un vistazo a la catadura moral de los personajes del film. Tenemos: una ex prostituta, un policía putero y chuloputas, una dueña de burdel, una enfermera que preferiría trabajar de puta porque ganaría más dinero, una joven que debe abortar, un macarra violento y --last but not the least-- un pilar y mecenas de la sociedad que gusta de jugar a "juegos especiales" con niñas pequeñas. ¿Cómo se quedan tras este catálogo? Ya me lo figuraba.
    Desmontado así de un plumazo lo del "sentimentalismo" del film, ¿qué nos ofrece este? Pues de entrada un arranque brutal como pocos se recuerdan en cine: la secuencia con que se inicia, antes de los títulos de crédito y a ritmo de jazz frenético, es la de una prostituta, Kelly, atizándole zapatazos en la cara a su macarra, todo ello en planos subjetivos tanto de Kelly como del macarra, y en planos generales. La mano del macarra tira del pelo de Kelly y resulta que es una peluca: Kelly está calva por completo. Los zapatazos arrecian hasta dar con el macarra en el suelo, tras lo cual ella se cobra el dinero --75 dólares-- que le debe, de entre el fajo de 800 que el tipo lleva encima, y se larga. Difícil olvidar semejante arranque. Dos años más tarde, Kelly se apea de un autobús en un pueblo llamado Grantville, junto a un cine que, mira por dónde, proyecta Corredor sin retorno, la anterior genialidad de Fuller. Allí encuentra a Griff, un poli importante que se la liga aprovechando que Kelly va de puta por la vida, y se la lleva a su piso (un detalle que les pasa desapercibido a muchos: cuando ella le pregunta cómo se llama, él empieza a decir "Ze..." y corta, para decirle "Griff", su apellido, por el que únicamente le conoceremos durante todo el film; por su parte, Griff no se cree que Kelly sea su nombre auténtico, aunque sí lo es). Griff le dice que la ciudad, Grantville, es una ciudad "limpia" y que no quiere putas en ella, así que debe cruzar el río, ir a la ciudad vecina, que pertenece a otro estado, y allí ofrecer sus servicios a Candy, la dueña del burdel y amiga de Griff, diciéndole que viene "recomendada" (vaya con el poli), y allí, en el bonito local de Candy, podrá trabajar a gusto.
    Pero resulta que Kelly es consciente de que el tiempo se le echa encima, así que decide quedarse en Grantville y trabajar como enfermera en un hospital de niños con problemas físicos o impedidos. El buenazo de Griff se pone negro porque, "puta una vez, puta siempre" y no se cree los buenos propósitos de Kelly. Y ya no digamos cuando resulta que Kelly conoce y se enamora de Grant, amigo de Griff de toda la vida y a quien salvó en Corea, mecenas de la ciudad, descendiente de su fundador (que le dio el nombre: Grant, Grantville), dueño de una inmesa fortuna, hombre amado y adorado por todos. (Otro detalle que se le escapa a todo el mundo: Grant y Griff, dos nombres con el mismo número de letras, de vocales, de consonantes, y que empiezan con Gr. A lo mejor veo fantasmas donde no los hay, pero... Y encima, de Grant tampoco sabemos su nombre de pila).
    La regeneración de Kelly en Grantville es sincera: por motivos que desconoceremos --o que adivinaremos: no puede tener hijos-- su amor y ternura hacia los niños enfermos del hospital es genuina, y se convierte en la mejor enfermera, pronta además a ayudar a sus compañeras: una ha de abortar porque ha quedado embarazada y al ser soltera teme al escándalo familiar que se montará, otra quiere dejar el hospital para ir a trabajar en el local de Candy, y en ambos casos la intervención de Kelly soluciona esos problemas, de majera muy tajante en el segundo de los casos: se presenta en el local de Candy, pide hablar a solas con ella, a continuación la abofetea a lo bestia y le mete en la boca el dinero que Candy ha dado a la enfermera como "paga y señal" de futuros puteríos.  
    Que Kelly sea sincera, sin embargo, no hace que el putero, digo, el poli Griff, la crea (ya tiempo atrás se ha mosqueado cuando ha ido a "revisar" el personal en el local de Candy y descubierto que su última "recomendada" no se ha presentado), y menos aún cuando formaliza su compromiso con el príncipe azul que es Grant. Pero se tiene que fastidiar porque Kelly le ha contado la verdad de su pasado a Grant, y él la ha aceptado gallardamente, que para eso es un príncipe azul y la mar de majo.
    ¿O no lo es? Pues no. Porque cuando unos días antes de la boda se presenta Kelly contenta y feliz, en casa de Grant de manera inesperada, llevando una caja que contiene el traje de novia, se encuentra al mecenas, filántropo, prócer y pedestal admirado de la sociedad, millonario y príncipe azul Grant jugando a médicos y enfermeras --por decirlo finamente-- con una niña de siete años que iba a desfilar en la ceremonia nupcial. Grant, que no sé si es manía mía, pero cara de depravado la tenía desde el principio, aunque eso es cosa del físico del actor que lo encarna, Grant, digo, le dice entusiasmado a Kelly que "ahora entiendes por qué me caso contigo, porque somos iguales" (!), le confiesa que "no es normal" y que juntos pasarán "grandes momentos", porque "los dos somos anormales" (!!). ¿Se figuran lo que ocurre seguidamente? Exacto.
    Finalmente, la verdad resplandecerá, como se decía antiguamente, y Kelly no será juzgada por haber matado --a golpes de teléfono, lo que había más a mano-- a Grant. Aparecerá la niña con la que fue sorprendido Grant, explicará los "juegos especiales del tío Grant" que no debía contarle a nadie, y Kelly saldrá libre. Antes de eso, claro, Griff se ha despachado a gusto contra ella, Candy se ha tomado justa venganza contra Kelly porque "nadie me hace tragar mi dinero", la enfermera aspirante a puta miente en lugar de ayudarla, el pueblo la considera una guarra y una pervertida por su pasado como prostituta. Finalmente, liberada y reivindicada, Kelly se marcha de Grantville desfilando altivamente pero sin rencor entre la gente del pueblo.
    En fin, por si no lo han visto claro, esta es una historia de hipocresías. La de Griff, que quiere "mantener limpia" la ciudad y envía a las putas a la ciudad vecina, para luego "repasarlas", manteniendo así un "entente cordiale" con la madam Candy; la de Grant, el descendiente del fundador de la ciudad, que sufraga el hospital de niños paralíticos y enfermos, da fiestas y es amado y admirado por todos, y que a escondidas de esos todos se dedica a magrear niñas "porque es un anormal"; la del macarra que ha estafado a Kelly y la ha rapado la cabeza tras narcotizarla, según sabremos, y encima reaparece en Grantville cuando está detenida para contar fantasías en su contra y presentarse como su "representante artístico"; la de la enfermera, a la que Kelly salva de la prostitución tras explicarle el futuro que le espera en ese mundillo y partirle la cara a Candy, para que luego niegue esa ayuda y afirme que todo es falso. Grantville es una ciudad de hipócritas, un basurero moral, donde la única persona decente, aparte de la dueña de la casa donde se aloja, sea la propia Kelly, ex puta.
    No es de extrañar que esta película, rodada en 1964, desatara las iras de todos. Fuller, responsable además de la direccion, de su producción y guión, vio cortadas numerosas escenas --y se nota--, suavizados no pocos detalles --y se nota--, amortiguada su crudeza --y se nota-- y suprimidos muchos planos --y también se nota--. El espectador tiene que ir adivinando más que viendo la película. Pero, pese a ello, el resultado es abrumador. No importa el tono de producción de serie B que tiene el film, ni la fea fotografía, ni la escasa calidad de los actores. Fuller es un grande del cine por encima de todo eso: es la fuerza de sus historias lo que le ha situado muy por encima de lo habitual en el cine americano de su época, es el vigor de su narrativa lo que perdura siempre de su cine.  En todo caso, es fácil imaginarlo, la industria americana del cine ya estaba hasta los huevos --seamos francos-- de Fuller tras Corredor sin retorno, y sólo faltaba que al año siguiente les viniera con The Naked Kiss, imbécilmente titulada en España como Una luz en el hampa, así que le dieron la patada y lo echaron de Hollywood. Tras algunas cutreces televisivas --alguna editada en DVD hace poco en España como film suyo, pero no lo es en realidad--, se largó a México, y luego a Europa. No volvería a rodar en Estados Unidos hasta 1982, en que filmó Perro blanco, que podría formar con Corredor sin retorno y Una luz en el hampa una especie de trilogía de "La suciedad moral americana".
    Una luz en el hampa fue editada por Divisa en DVD: recomendable --imprescindible, vaya-- seguirla en versión original subtitulada, pues encima de los problemas y mutilaciones de origen, la exhibición del film en España --sorprende que la censura no la prohibiera, es algo realmente insólito-- la acabó de "arreglar" cortando diversas escenas y manipulando el doblaje a gusto. La edición de Divisa ofrece asimismo esa opción, el doblaje antiguo y las escenas mutiladas con subtítulos, por si alguien quiere entretenerse comparando.