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July 30 HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (2). LA ENCUESTA(c) 2009 by J.C. Planells ![]() --¿Diga? --Buenos días. Estamos haciendo una encuesta por teléfono. ¿Sería usted tan amable de dedicarnos cinco minutos? --Pues sí. Me gustan las encuestas. ¿Sobre qué tema es? --Sobre el barrio donde vive usted. --Muy bien. Adelante. --Valore las comunicaciones y transportes de su barrio del cero al diez. --Un nueve. --Valore del cero al diez la limpieza en su barrio. --Un siete y gracias. --Valor del cero al diez la seguridad en su barrio. --Un ocho. --Valore del cero al diez la variedad de comercios existentes. --Un nueve. --Valor del cero al diez el nivel de ruidos de su barrio. --Bueno, mi piso no da a la calle, sino al interior, así que... --No importa. --Pues lo dejamos en un siete. Si me llega a preguntar esto hace unos tres años, le habría puesto un cero, porque tuve durante diez años a un músico de rock en el piso de abajo dando conciertos todo el día hasta la madrugada, sin que el ayuntamiento hiciera nada por impedirlo. Menos mal que ese asqueroso ya se marchó. --Huy, qué me cuenta. Qué horror. --No lo sabe usted bien. --Valore del cero al diez la calidad de vida en su barrio. --Como no tengo nada claro qué es eso de la calidad de vida, lo dejaremos en un cinco, por si acaso... --Pues eso es todo, señor. Necesito unos datos personales sobre usted. ¿Ha nacido en Barcelona? --Pues sí. --¿Qué edad tiene? --Cincuenta y ocho años. --Ah... Pues entonces la encuesta no sirve. Es sólo para personas de entre veinte y cincuenta años. --¿Cómo que no sirve? ¿Es que los mayores de cincuenta años no contamos para nada? ¿Nuestras opiniones no valen? "Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis... ¿no nos vengaremos?" --Es que la encuesta es sólo hasta los cincuenta años, caballero. Lo siento. --Pues mira qué bien. ¿Y a los de más de cincuenta qué? ¿Que nos bomben? --Es que la encuesta no sirve. --Mire, váyase a hacer puñetas. FIN.- July 28 FAMOSOS DE AYER (7). PEDRO PABLO AYUSO: Actor radiofónico
(El actor Pedro Pablo Ayuso, acompañado de la actriz Matilde Vilariño, durante una grabación, años sesenta) Hubo un período de tiempo en este país en que un grupo de actores gozó de un enorme impacto y popularidad entre el público: los actores radiofónicos. Dicho período comprende, aproximadamente, entre 1946 y 1970, es decir, poco más de veinte años, y el punto álgido cabe situarlo durante toda la década de 1950. La televisión, a poco que fue implantándose en toda España, desplazó en popularidad a los actores radiofónicos, e incluso, a partir de 1970, las radionovelas, los radiodramas, el teatro y las comedias radiofónicas irían disminuyendo de manera drástica hasta su total desaparición. Pero al menos durante la década de 1950 y casi toda la de 1960, los tan famosos "seriales" coparon buena parte de la programación de Radio Madrid y el resto de emisoras de la SER (alguno de ellos no era difundido nacionalmente, pero a cambio alguna emisora, como Radio Barcelona, producía sus propios seriales para la cadena). July 26 EL INOCENTE/MUERTE AL AMANECER, de José María Forn: Parábola negra(c) 2009 by J.C. Planells Esta película --exhibida en algunos canales locales recientemente-- es una de las propuestas más interesantes realizadas durante el franquismo, especialmente en los años menos proclives a ciertas "libertades" de que gozaron --es un decir-- otros entrada la década de 1960. Pues El inocente (también titulada Muerte al amanecer por orden de la censura, aunque en los créditos sigue figurando como El inocente) se estrenó en 1959, tiempo de rigor y severidad. No es una película perfecta, pero algunas de sus imperfecciones son las esperadas cuando un trabajo no se puede desarrollar en las debidas condiciones. Se basa en una muy respetada novela de Mario Lacruz, autor de exigua obra, pero bastante memorable, que el propio autor y José Maria Forn adaptaron para el cine, aunque, evidentemente, con no pocos cambios ordenados asimismo por la censura. Hagamos un alto para decir que, en su no muy abundante pero sí interesante obra como director, Forn ha pasado por vicisitudes censoriles varias, no la que menos el curioso caso de su film de 1969, La respuesta, que fue autorizado su rodaje (supongo que con no poca sorpresa suya) y posteriormente prohibido su estreno, que se demoraría hasta 1976, y aun de tapadillo (una semana y sin propaganda). Hombre, 1969 no era el mejor año para rodar en España (y menos en Barcelona) un film sobre un hijo de una familia de derechas que decide practicar la lucha armada contra el régimen de Franco... Tampoco era 1959 un buen año para ponerse a hacer parábolas negras como la que presenta esta película. Dejando aparte algunos vericuetos un tanto morosos e inverosímiles de la historia, lo esencial se resume de la siguiente manera: un hombre muy conocido ha muerto en circunstancias sospechosas y su hijastro recibe la visita de la policía para llevarlo a declarar en comisaría: se sabe que su coche ha sido visto cerca de la casa del padrastro la noche en que murió. De repente, mientras es conducido hacia comisaría, el hijastro salta del coche y emprende la huida, algo que ya ha intentado antes, sin decidirse. A partir de ese momento, se convierte en claro sospechoso de asesinato;en la investigación se inmiscuye un inspector de la compañía de seguros, cargado de ambiciones profesionales, que acabará plantando pruebas falsas para que la policía detenga finalmente al hijastro bajo la acusación de asesinato. El problema es que la autopsia demuestra que fue una muerte accidental, y la policía acaba descubriendo que esa muerte accidental tuvo testigos que callaron por cierta conveniencia. Pero es tarde ya para todos: el policía a quien se le escapó el hijastro lo mata de un tiro para que no se le vuelva a escapar, ante el espanto del inspector de seguros, cuyas manipulaciones han sido descubiertas por el comisario de policía. "No era inocente" es lo que sentencian todos contemplando el cadáver del hijastro. Una sentencia que tiene su lógica: si era inocente de esa muerte, que ni siquiera era un asesinato, ¿por qué huyó desde el primer momento de la policía? Y ese es el intríngulis del film: por qué un inocente entra en fuga si no tiene motivos para huir. Qué le hace mantenerse en continua fuga. Qué le lleva a morir simplemente para seguir huyendo si es inocente. El film sufrió diversas averías en su confección. En primer lugar, para la censura era totalmente inaceptable que un policía plantase pruebas falsas y culpase a un inocente sabiendo que lo era. Por lo tanto, se tuvo que reconvertir al personaje en un inspector de seguros. Hay otras averías, más sutiles, y que importan menos. Pero lo importante es que el mensaje del film está claro: en una sociedad policial (la España franquista de la década de 1950), ¿quién diantre puede ser considerado inocente? Empieza el film con el hijastro mirando por una ventana --por la que ve llegar a la pareja de policías que vienen a buscarle para interrogarle en comisaría-- y preguntándose si un tablero de ajedrez es blanco con cuadros negros, o negro con cuadros blancos. Todo es relativo, pues. La inocencia, es relativa. La culpabilidad, es relativa. Y si se es inocente, ¿de qué, en todo caso? De la muerte de ese padrastro, sí, pero, ¿se puede ser culpable de otras cosas? ¿De vivir, por ejemplo? A lo largo del film, se insiste en que el hijastro "no está muy bien de la cabeza", "es muy raro", "vio cosas terribles durante la guerra" (¡ah!), "la guerra le trastornó"... Pero si las dos primeras excusas son un tanto de relleno, la segunda es más interesante, pero no porque explique presuntos trastornos del hijastro, sino por las menciones a la guerra civil, terminada apenas veinte años antes, y que no se mentaba más que en películas de exaltación patriotera (La fiel infantería, por citar una más o menos coetánea...). Seré mal pensado, pero esas menciones a que el hijastro está trastornado por lo que vio en la guerra (la palabra civil no se menciona) me parecen muy suculentas a la hora de afrontar los motivos de la fuga de un inocente que de hecho no tiene motivos para fugarse. En la España de Franco, ¿quién era inocente? Contaba Forn en la presentación al pase televisivo de la película el tormento que supuso trabajar con Antonio Vilar en el papel protagonista, es decir, en el del hijastro. Ese actor se empeñó en que el papel del inspector de seguros era el gran papel de la película, y por lo tanto trató de que se lo dieran incluso cuando José María Rodero ya llevaba rodadas varias escenas de ese personaje. Forn trató de convencerlo de su error, pero no hubo manera: sin menospreciar el personaje del inspector de seguros, la película gira sobre el hijastro, el "inocente" de la historia. Vilar acabó de mala manera su trabajo y ni siquiera aparece en la escena final (es un doble). Todo eso se nota en la película, pues su interpretación del hijastro es penosa, vacua, desnortada y molesta. Vilar es uno de los defectos de la película (más aún que la censura), y defecto grave por cuanto es lo fundamental de ella. El resto de actores están excelentes (lo cual ayuda en mucho a quitarse el mal gusto de boca de ver a Vilar desganado en sus escenas). No sé si fue una sutil venganza o qué, pero resulta divertido el momento en que Forn filma a Vilar y a una actriz hablando al otro lado de una puerta esmerilada --solo se ven sus siluetas--, mientras fija el plano en el padre de la chica, que les escucha. La escena es larga, y el ahorrarnos ver a Vilar se agradece (afortunadamente, el actor, lo mismo que Rodero, estaba doblado por otro actor, lo que mejora la cosa). En suma, una película inteligente, imperfecta pero realmente valiosa. Y que demuestra que hay más cine interesante por descubrir/reivindicar en España (puesto que el actual...). July 25 AVRIL LAVIGNE: ¿UN VAMPIRO IDEAL PARA "CREPUSCULO"?Desde hace meses circulan en You Tube varios vídeos proponiendo a la cantante Avril Lavigne como actriz para la saga de películas y novelas Twilight (Crepúsculo) --saga que sólo conozco de referencias, pues ni he visto la película ni he leído las novelas--, tomando como base su parecido con una figura vampírica. La propuesta tiene su gracia, a tenor de algunas de las características físicas de la cantante, como por ejemplo sus notables colmillos, que condicionan su sonrisa (con lo cual casi no precisaría unos falsos). Los vídeos son en general divertidos, están hechos con gracia, lógica y respeto (aunque hay quien se los ha tomado a mal, porque algunos fans del rock comparten con ciertos aficionados a la ciencia ficción y con los fans y editores de narrativa pulp en pleno una notable carencia de sentido del humor). He elegido este vídeo de los varios existentes sobre el tema, porque parece ser el primero, el mejor razonado y porque alguno posterior ha plagiado su texto y usado casi las mismas imágenes (lo que demuestra que el plagio en internet no tiene fronteras). A disfrutarlo
July 23 UN CASO DE CHANTAJE(Aventuras de Harold Smith: episodios inéditos) (c) 2009 by J.C. Planells ![]() La persona que había llamado a nuestra puerta era una chica de aspecto insignificante y vestida modestamente. --Buenas tardes. ¿Es aquí donde recibe el señor detective señor Harold Smith? --preguntó con humildad. --Er... ah... Sí, es todo eso. Pase. --Gracias. Con permiso de usted, señorito. Entró y la precedí hasta el despacho, donde Harold estaba atareadísimo completando el crucigrama del periódico de la tarde. --Adelante, siéntese, haga el favor --saludó Harold, dejando el periódico y señalando una silla. Al pasar por delante de la mesa de Harold, la visitante hizo una genuflexión, como la que hacían las viejas en el pueblo donde veraneé de pequeño al pasar frente al sagrario de la iglesia. Harold se quedó bastante desconcertado. --Con el permiso de ustedes --dijo la chica, tomando asiento de manera recatada. --¡Ejem! Usted dirá. --Pues diré, digo, con su permiso, señor y señorito, que me llamo Lilly Sample. Me habló de usted una amiga, Polly, que está de doncella en casa de los señores de Cartrombe-Pombe, a quienes me dijo, dice, usted ayudó a solucionar un problema que tenían... --En efecto. Lo recuerdo. --Pues Polly, digo, dice, que quedó muy impresionada con usted... O sea: Harold Smith como ídolo de doncellas y criaditas de todo Londres y resto de Inglaterra. Ya había observado yo que Harold solía despertar ciertos extraños intereses entre las chachas y criadas de las casas finas donde investigábamos crímenes horrendos y cosas así. --Deduzco de lo que me dice que usted trabaja como sirvienta en alguna casa de alcurnia... --dijo Harold, audazmente. Lilly Sample le miró asombrada. --¡Oh, señor Smith! ¡Es verdad! ¿Cómo lo ha sabido? --He empleado a fondo mis dotes detectivescas --dijo Harold con toda su cara dura--. ¿Y cuál es su problema, estimada señorita? Lo de "estimada señorita" hizo ponerse coloradora a la criada. --Ay, pues, mire usted, señor, y señorito también: tengo un problema muy grave y no sé cómo salir de él. Recordé una película que había visto hacía unas semanas en el cine del barrio (donde siempre pasaban películas muy instructivas, en mi opinión, que no era demasiado compartida por Harold ni por Sandra), y deduje que Lilly Sample estaba esperando un niño y quería que Harold descubriese al responsable. Vaya rollo. --Yo trabajo en casa de los señores Sllowbridge-Hardford... --¡Ah! --saltó Harold--. ¡Gran alcurnia! ¡Excelente boato! Una familia muy distinguida. Carecen de títulos de nobleza, pero su apellido es de los más selectos y respetados de nuestra Albión. --Bueno, pues alguien de la casa me está haciendo chantaje. La alcurnia y el boato se fueron a paseo, junto con la distinción. Harold puso cara de que le hubiesen chafado la guitarra. --¡Chantaje! ¡Eso es terrible, señorita Sample! Cuénteme todo lo relativo al caso sin omitir detalle. --Pues miren ustedes, señor y señorito, poco después de entrar a trabajar en casa de esos señores, me encontré una nota en el suelo de mi cuarto, y en ella alguien me exigía una cantidad mensual a cambio de no revelar un secreto de mi pasado. --Usted es muy joven, señorita --dijo Harold, el galante--. Su pasado, como quien dice, empezaría hace cuatro días... --Ay, qué cosas dice usted, señor detective... --se puso toda ruborosa ella--. Si yo ya tengo treinta años... --¡Caramba! Yo le echaba apenas veintidós... --Ay, qué cosas, señor detective. Qué galante es usted. --Lilly era toda mieles al decir aquello--. Ay, no, yo ya tengo un pasado, y es por eso que me chantajean. Vera usted, señor, y usted, señorito, yo empecé a servir de jovencita en una casa en Sussex, donde vivían una viuda rica con su hijo. El hijo ya tenía casi cuarenta años y no se había casado nunca, porque su madre consideraba que no había ninguna señorita soltera en la región que estuviera a su altura social, ¿sabe? Y yo... --sollozó--... ¡Yo perdí mi virtud en sus crueles manos! Harold le tendió un pañuelo limpio que guardaba siempre para las clientas lloronas. --Desahóguese, muchacha. Eso que le ocurrió es muy lamentable, pero suele suceder: señoritingos acomodados y gandules que se aprovechan de la inocencia de la empleada de servicio, se cuelan en el cuarto de la doncella... y cuando salen, er... ya no es tan doncella como antes. O hijos reprimidos por su madre que ven en la honesta doncella una presa fácil. --Ay, señor Smith, usted sí me comprende --dijo Lilly sonándose ruidosamente--. Eso fue lo que pasó. Y yo, que no había conocido hombre alguno, quedé manchada y envilecida para siempre... --Tanto como envilecida... Usted es joven, encontrará a un hombre que sabrá valorar sus buenas cualidades... Lilly volvió a sonarse aún más ruidosamente. --Ay, señor, y señorito también, qué va a esperar una. En fin. El caso es que la madre descubrió un día lo que ocurría y me echó de su casa. Dijo que yo era... era... --frunció el ceño--. Pues no recuerdo lo que me llamó, pero está en la Biblia. --¿Una Jezabel? --sugirió Harold. --No. --¿Una Magdalena? --No. Otro personaje. Creo que sale en la historia de José en Egipto... ¡Ah, sí! Una Putifar. Harold sufrió un tremendo ataque de tos. Por signos, le indicó a Lilly que continuara. --Así pues que me vine a Londres, humillada, desdoncellada y desamparada. Gracias a Polly, que es del mismo pueblo que yo y nos escribíamos a veces para no perder contacto, conseguí entrar en casa de una baronesa, pero hace un año se marchó a Europa para casarse con un conde, y yo tuve que buscarme otra casa. Y entré en la de los señores Sllowbridge-Hardford. Y alguien, no sé cómo, ha sabido lo que me pasó hace años en casa de esa viuda con su hijo, y amenaza con hacerlo público si no le pago cada mes una cantidad. Si la señora de la casa lo supiera, perdería mi trabajo y seguramente no encontraría ninguno más. ¿Quién querría a su servicio a una doncella que no lo es? --Chantaje, sí. Lo más vil y bajo que existe, y más aún cuando la víctima es un alma buena y sencilla como usted. --Ay, señor detective Smith, qué me dice --dijo la burra de Lilly, toda sonriente. --Bien. Atraparemos a ese canalla y le haremos pagar su delito infame. Todo discretamente, por supuesto. ¿Qué cantidad le obliga a entregarle? --El primer sábado de cada mes, antes de las once de la mañana, debo depositar dos chelines dentro de un jarrón que hay en la biblioteca. Hubo un inmenso silencio durante el cual Harold digirió esta colosal cifra. --¡Ejem! ¿Dos... chelines? ¡Ejem! Es una cantidad, digamos, no excesivamente considerable. --Pero para una humilde doncella como yo es mucho dinero. El sueldo que nos paga la señora Sllowbridge-Hardford a todos los del servicio es muy escaso, y no da para casi nada. Esos dos chelines que he de entregar al chantajista cada mes suponen que he de privarme de varias cosas que me hacen falta. Por ejemplo, unas medias nuevas. Mire cómo tengo las que llevo. Y Lilly se subió las faldas hasta arriba del todo de los muslos para mostrarle las medias a Harold. Mi jefe las estudió concienzudamente con ayuda de la lupa de los casos importantes. --En efecto, mi valiosa Lilly. Esas piernas... digo, esas medias necesitan... er... ser renovadas. Caramba, qué calor hace en este despacho. Diógenes, ten la bondad de abrir una ventana. Mi excepcional muchacha, es evidente que un alma cruel, despiadada, vil, necia y repugnante ha sabido de su triste y azaroso pasado, de la mancha que sobre su cuerpo... ejem... del abuso..., ah, de lo que le pasó en casa de esa viuda con el cuarentón de su hijo, y trata de aprovecharse de su candidez, buena fe y bondad de alma y piern... cuerpo... ¡Ejem! Hábleme de las personas que hay en la casa, servicio incluido. --La señora de Sllowbridge-Hardford vive con su hijo, el señorito Leopold, un anémico que apenas sale de su habitación y se pasa el día leyendo librotes y mirando por la ventana. Creo que trabaja traduciendo cosas griegas. Luego está el suegro de la señora, un anciano de ochenta años, con gota, artrosis, reuma y otras cosas que no recuerdo. La señora es viuda, y carga con el padre de su esposo. En el servicio, además de una servidora de usted, señor, y señorito, están la cocinera, la ayudante de la cocinera y el mayordomo. --Hum. ¿Alguna posibilidad de que la señora Sllowbridge-Hardford conociera a esa viuda con el hijo cuarentón? ¿O alguien más de la casa? --No lo creo. Un día supe por alguien de mi pueblo que la viuda y su hijo fallecieron pocos años después de que me despidieran, en un accidente de aviación. --Dato interesante, aunque no tengo idea de para qué. Bien, en todo caso es evidente que alguien lo ha sabido y hemos de averiguar quién y cómo. Sabiendo cómo, sin duda sabremos el quién. Confíe en nosotros, estimadísima Lilly. Prepararemos un plan... Lo de "prepararemos un plan" hubiera debido hacerme sospechar lo peor. O sea, cuando Harold usaba el plural significaba que él trazaría el plan y yo tendría que llevarlo a cabo disfrazado de manera ridícula. Y, como era de esperar, tuvo que dedicar un buen rato a convencerme. --Yo no he dicho que esta vez tengas que ir disfrazado --repitió por enésima vez, irritado. --¿Pues qué se supone que he de hacer? ¿Y por qué no lo puede hacer usted? --Porque tú pasarás más desapercibido. El nada brillante plan de Harold consistía en colarme en la casa de los Sllowbridge-Hardford como un nuevo empleado del servicio. La excusa sería que yo era un lejano pariente de Lilly, tan lejano que casi se perdía de vista, y que Lilly se veía obligada a acogerme unos días hasta que pudiera despacharme de regreso al pueblo. Mientras tanto, para ganarme la subsistencia, haría trabajillos en la casa o en el jardín ("No sé nada de jardinería", avisé). Lo importante era que estudiase a todas las personas de la casa y averiguase quién recogía las monedas que Lilly depositaría el próximo primer sábado de mes. Para eso aún faltaban unas tres semanas, pero convenía empezar a poner en marcha el plan lo antes posible ("Ya me veo haciendo de criado el resto de mi vida", refunfuñé). Lilly aceptó ese plan, cuando se lo contamos, y quedó convenido que yo me presentaría al día siguiente en la casa, pediría por ella y ella a su vez les diría a sus amos que era su primo tercero Oliver. --¿Cómo que Oliver? --aullé-. ¡Me llamo Diógenes! --Pero es un nombre extranjero --adujo Harold--. No puedes llamarte Diógenes si se supone que eres pariente de Lilly. Y Oliver suena dickensiano. --¿Y deberé dormir en la misma cama que Lilly? --pregunté indignado. Harold tuvo un ataque de tos y luego contestó que sin duda me buscarían otro acomodo más... ah... apropiado. --¿Y usted cree que Lilly Sample nos va a pagar algo? --rematé con crueldad--. ¡No parece que tenga mucho dinero! Y usted no le ha hablado de nuestros gastos y nuestra factura al final del trabajo. --Es una muchacha en apuros --dijo Harold el sublime--, y eso deja atrás el vil dinero. La satisfacción de haberle rendido ese favor es nuestra paga, y es suficiente paga. --Qué bien. No me extrañará nada que en cuatro días nos muramos de hambre. --Pero nos moriremos de hambre con la satisfacción del deber cumplido --afirmó Harold. Así pues, el día acordado me presenté en la casa de los Sllowbridge-Hardford para iniciar la comedia. Y ya empecé mal, porque llamé a la puerta principal, en lugar de llamar en la de servicio. --¿Qué quieres, mocoso? --me preguntó despectivo un cejijunto mayordomo tras abrir la puerta. --Buenas, caballero. Soy el primo tercero huérfano por parte de padre y también de madre de Lilly. Me llamo Diog... Oliver. --¿Lilly? ¿La doncella? --Técnicamente, ex doncella. Er... digo, sí, me espera. --Ve por la entrada de servicio --contestó, dándome con la puerta en los morros. Tuve mejor acogida cuando llamé a la puerta de servicio. Me abrió una chica muy joven, que resultó ser la ayudante de la cocinera, y enseguida avisaron a Lilly. Hizo mucha comedia al verme y me estrecho contra su pecho sin dejarme apenas respirar. --¡Oh, el señorito...! Quiero, decir, Oliver, mi querido primo segundo... --Tercero. --... tercero Oliver. Qué alegría. Ven, le diré, digo, a la señora de la casa que estás aquí y que te quedarás unos días. La señora Sllowbridge-Hardford, ante cuya presencia fui arrastrado por Lilly, era una señorona enorme: muy alta, muy corpulenta, algo demasiado gruesa; parecía ser como dos mujeres pegadas juntas, y metía bastante miedo. Me miró con desprecio, altivez, desconfianza, desdén, molestia y enojo. --Trabajará para ganarse lo que coma --dictaminó con dureza--. Nada de estarse aquí de gorra por muy pariente tuyo que sea. --Sí, señora, por supuesto. --Parece bastante limpio para ser de pueblo --dijo con el ceño fruncido, la boca despectiva y los ojos rencorosos. --Sí, señora, es muy aseado. Lilly me llevó luego a un cuarto de las dependencias del servicio, muy chico, donde había un camastro y que bastaría para mí. Bueno, era para unos pocos días solamente. Luego vino el altivo mayordomo, que me llevó a la habitación del hijo de la señora Sllowbridge-Hardford, el anémico Leopold. --Ah, excelente --dijo el anémico al verme--. Mi madre me ha dicho que serás mi secretario. Yo te dictaré mis traducciones del griego y así el trabajo será más llevadero para mí. --No sé griego --avisé. --No hace falta que sepas. Yo traduzco al inglés. ¿Eres inglés, no? --No. -Entonces recordé que era el primo tercero de Lilly--. O sea, sí. Todo yo soy inglés. Pensé que era una lástima que me tuviera que llamar Oliver en vez de Diógenes; seguro que al anémico le hubiera caído más simpático con mi nombre de verdad. En cualquier caso, debo decir que no estaba nada mal eso de trabajar para él; los textos que traducía eran muy entretenidos (teatro clásico griego, cosas de Platón, Homero y gente ya muerta), y me lo pasaba la mar de bien. Como yo escribía bien a máquina, la cosa iba muy fluida y Leopold estaba satisfecho conmigo. No daba la impresión de que a Leopold le interesase nada más que sus libros y escritores griegos, y apenas salía de sus habitaciones para nada que no fuera estrictamente imprescindible. ¿Lo haría el primer sábado de cada mes...? Al mayordomo, que se llamaba Francis, yo le caía mal y me tenía verdadero asco, el mismo que yo sentía por él. La señora Sllowbridge-Hardford se limitaba a ignorar mi existencia. Aun así, un día le oí preguntarle a Leopold si mi ayuda era "satisfactoria", y Leopold le dijo que mucho. Su madre contestó que en ese caso, seguiría trabajando con él en lugar de vaciar los orinales del abuelo de Leopold. Resultaba que el suegro de la señora Sllowbridge-Hardford se pasaba el día en su cuarto, sentado en una silla de ruedas debido a los mil y un achaques que padecía, y cada cierto tiempo había que cambiarle una palangana que había debajo del asiento o unos orinales que había a su alrededor. Esta labor recaía en Francis, el mayordomo, que estaba ya hasta las cejas de ello; sin duda se debía a esto que oliera de una manera un tanto desagradable. Bueno, me parece evidente que ir todo el día paseando y vaciando orinales y palanganas bien abarrotados pasaba a la larga factura al olor corporal, a la ropa y también al carácter. El lado bueno de todo esto es que podíamos desechar al abuelo de Leopold como el chantajista (su habitación estaba en el primer piso, y la biblioteca en la planta baja). Harold estuvo de acuerdo en ello cuando al cabo de unos días fui a verle en mi tarde libre para informarle y cambiar impresiones. --Aunque no pueda desplazarse para recoger las monedas del jarrón podría ser muy bien el cerebro del chantaje y otro la mano ejecutora --dijo Harold--. Leopold parece un candidato más prometedor. ¿Dices que su madre no le da nada para sus gastos? --Ni medio penique. El otro día necesitaba un diccionario especial, y ella se negó a darle dinero para comprarlo. Tuvo que ir a la universidad para que un antiguo profesor suyo le prestara uno. Esa mujer es de la cofradía de la Virgen del Puño Cerrado. --¿Qué es eso? --preguntó Harold. Se lo expliqué--. Ah, ya, una tacaña de cuidado. Bueno, Lilly ya nos dijo que paga sueldos de miseria al servicio. --Y en vez de tener una asistenta o enfermera para su suegro, usa al mayordomo para esas cosas --dije. --El negarle dinero a Leopold sería un buen motivo para recurrir al chantaje: conseguir un dinerillo para sus gastos. ¿Y el servicio? --Francis, el mayordomo, apesta. Ellen, la cocinera, es seria pero agradable. La chica que la ayuda, Brenda, está siempre en las nubes y suspirando. Y a Lilly ya la conoce. --O sea, que sospechas del mayordomo... --No. Digo que apesta porque de tanto vaciar los orinales y las palanganas del abuelo se le pega el olor. Pero, en fin, simpático no lo es. No se habla con nadie del servicio, y Ellen le tiene totalmente prohibido entrar en la cocina y en la despensa. Supongo que lo hace para que no vaya escampando la peste de los orinales entre la comida y las provisiones... En cuanto le ve a menos de dos metros de la cocina, coge el rodillo por si acaso. --Lo raro de todo este asunto es que ese chantajista, sea quien sea, se conforme con dos miserables chelines al mes... --reflexionó Harold. --Debe de ser Leopold --dije, con cierta tristeza porque la verdad es que el anémico me caía bien--. Vive también en las nubes, siempre con cosas griegas y antiguas en la cabeza, e igual se cree que dos chelines es un fortunón. Seguro que en la época de los griegos dos chelines daban para mucho más que hoy día. Harold no parecía convencido del todo, pero tuvo en cuenta esa posibilidad. --Parece más probable que sea alguien del servicio --dijo--. Debió de saberlo de alguna manera, quizá por la propia Lilly, y decidió tener un ingreso extra chantajeándola. O quizá lo supieron por otra persona, esa Polly, por ejemplo, la amiga de Lilly. --¿Se ha fijado, jefe, en que las criadas siempre tienen nombres que acaban en "lly"? --dije pensativo--. Polly, Lilly, Molly, Nelly, Sally... Es significativo, ¿verdad? --Lo que sí es significativo es que hagas preguntas dignas de un asno --contestó Harold secamente. Así pues, en los días siguientes, estudié discretamente al resto del servicio. Le pregunté a Lilly si le había contado a alguien lo ocurrido en la casa de la viuda y el hijo cuarentón, pero negó haberlo hecho pues una chica no contaba esas cosas tan vergonzosas y qué hubieran pensado de ella de enterarse alguien. Y se me echó a llorar. En ese caso, ¿cómo pudo enterarse quien fuera? ¿Sería Leopold amigo del cuarentón? No parecía probable, pues Leopold tenía veintiséis años y nunca había viajado ni salía de su casa, y no tenía amigos desde que dejó la universidad. Bah, en todo caso pronto descubriría al culpable en cuanto metiera la mano en el jarrón. --Si las cosas acaban mal, tendré que buscarme otra casa en la que servir --sollozó Lilly--. Y la señora se negará a darme referencias... Bueno, al menos tengo las de las dos casas anteriores. --¿Cuáles? --La de la viuda y el cuarentón y la de la baronesa que se marchó a Europa. Las dos escribieron cartas de recomendación para mí. Pero, claro, si salgo de aquí de manera vergonzosa, y me preguntan algún día dónde he trabajado hasta entonces... Le dije que por eso no se preocupara, pues Harold le podría solucionar ese problema gracias a sus influencias. Eso la hizo ponerse colorada. --¿De verdad el señor Smith haría eso? --Pues claro. Su hermana es Lady Violet nosecuántos..., y si Harold se lo pide, le escribirá montones de cartas de recomendación, o incluso le puede conseguir una casa: ella no vive en Londres. Mire, deme esas cartas de sus antiguos amos, se las llevaré a Harold para que las vea y le haga otras parecidas. La mar de contenta, Lilly se apresuró a buscar las dos cartas de recomendación y en mi siguiente visita a Harold, a la semana siguiente, se las llevé y le expliqué los temores de nuestra cliente. --Leopold va a resultar que es el chantajista, es casi seguro --dije con un suspiro de pesar--. La cinta de la máquina de escribir está ya gastada y su madre se niega a darle dinero para comprar una nueva. Probablemente mañana hará otra excursión a la universidad a ver si le regalan una por piedad sus antiguos profesores. Según la señora Sllowbridge-Hardford, todo se le va en medicamentos para el abuelo. Si es que pasarse todo el día sentado en una palangana no puede ser bueno... --Qué animal llegas a ser, Diógenes. Le entregué las dos cartas que me había dado Lilly y le conté lo que le había prometido. Tal como esperaba, Harold no puso inconveniente alguno. --Excelente, Diógenes, muy bien pensado. Por supuesto, mi hermana no tendrá problemas en recomendarla, o incluso buscarle una buena casa donde servir, tanto si lo necesita como si desea marcharse de donde está ahora. Pero no hacía falta que le pidieras las referencias de sus amos anteriores. Déjame echarles un rápido vistazo, y se las devuelves. Mientras Harold las leía, aproveché para bajar un momento a la portería y presentarle mis respetos al gato de Sandra. Cuando regresé, Harold estaba muy pensativo mirando las dos cartas y tabaleando con los dedos en la mesa. --Diógenes, ¿Lilly ha leído estas dos cartas de recomendación? --me preguntó. --Pues no lo sé. Supongo que sí. Son para leerlas, ¿no? --Sí, para leerlas la persona que solicite referencias anteriores de quien aspira a un trabajo... Así sabrá lo que sus antiguos jefes o amos opinan de él. O sea, que no las ha leído. --Pues igual no. Lilly es buena chica, pero un tanto simple. --Me lo figuraba. ¡Diantre! --¿Qué ocurre, jefe? --Que ya sé quién es el chantajista. Pero Harold se negó a revelarme el nombre. Dijo que para los pocos días que faltaban para el sábado (dos exactamente), llevaríamos el plan hasta su final, y el final era pillarle yo con las manos en la masa, o, mejor dicho, con un brazo dentro del jarrón para coger las monedas. Regresé bastante escamado a la casa de los Sllowbridge-Hardford y le devolví las cartas a Lilly. --¿Las ha leído? --le pregunté. --Huy, no, señorito. No son para mí sino para mis futuros amos. No está bien leer las cartas de los demás. Pues Harold lo había hecho, pero no se lo dije. Luego pensé que yo era un poco corto por no haber aprovechado y leerlas también, a ver si descubría lo mismo que mi jefe. Por cierto, ¿Harold me escribiría una carta de recomendación para algún futuro jefe, si se lo pedía? Me distrajo de esto los refunfuños de Francis, el mayordomo. Resulta que se le había caído el orinal del abuelo y se le había roto (afortunadamente estaba vacío cuando se le cayó) y por tanto había que comprar uno nuevo. Pero la señora Sllowbridge-Hardford decía que era un gasto muy tonto, y que el abuelo podía pasarse con un jarrón viejo. Esperé que no le diera por usar el elegido por el chantajista o nos estropearía el plan. Llegó el sábado en cuestión y pusimos en marcha nuestro plan según lo previsto. Lilly y yo bajamos temprano a la biblioteca y ella depositó los dos chelines en el interior del jarrón, como las veces anteriores, y yo me escondí detrás de las cortinas que había justo al lado de la repisa donde estaba el jarrón. Por el espacio que quedaba entre ellas y la pared, vería perfectamente la mano culpable acercarse al jarrón y cogerlas. Era cuestión de esperar, solamente (que siempre es aburrido). Por su parte, Lilly fue a la entrada de servicio, donde ya debía de estar aguardando Harold para ser introducido subrepticiamente en la cocina. No sé qué explicación les daría Lilly a Ellen y a Brenda para justificar la presencia de mi jefe; en todo caso no había que preocuparse de Francis, que tenía vedado el acceso a la cocina y debía desayunar y comer en su habitación. Por suerte esta vez no tuve que esperar mucho rato. Llevaría unos veinte minutos o así detrás de la cortina, cuando oí que se abría la puerta de la biblioteca y unos pasos se acercaban decididos a la repisa donde estaba el jarrón. ¿Quién sería?, me pregunté emocionado. Por el pequeño espacio entre la pared y la cortina, vi una mano coger el jarrón, darle la vuelta y recibir los dos chelines en la palma de la otra mano. ¡Era mi momento! --¡Te pillé, chantajista miserable! --grité triunfal, saliendo de un salto de detrás de la cortina (y enredándome en ella durante unos segundos). Entonces vi al chantajista--. ¡Atiza! ¿Usted? Pues quien me contemplaba con furia, miedo, ira, irritación, molestia, desprecio y sonrojo era... la señora Sllowbridge-Hardford. Decir que a continuación se armó un escándalo es quedarse corto. La dueña de la casa se puso a chillarme furiosa (y tenía una voz tremendamente potente, tanto como su corpulencia), y eso atrajo de inmediato a Harold y a Lilly desde la cocina. Lilly casi se desmaya del susto en brazos de Harold, quien por su parte no parecía nada sorprendido de ver a la señora Sllowbridge-Hardford pillada con las monedas en las manos. Francis bajó corriendo desde el primer piso, tanto que tropezó y se le cayeron los orinales al suelo: esta vez iban llenos y dejó la alfombra de la escalera perdida. Luego vinieron la cocinera, Ellen y Brenda, y se quedaron atónitas. Sin embargo, Ellen no por mucho tiempo. --¡Sinvergüenza! ¡Miserable! --bramaba, aullaba y tronaba la señora Sllowbridge-Hardford--. Escondido tras la cortina como un asaltante. --¡Mira quién habla, so choriza! --le repliqué--. Mucho señorío y no es más que una vulgar chantajista. --¡Chantajista! --exclamó boquiabierta Ellen, dejando caer al suelo una cacerola que llevaba (vacía, por suerte)--. ¡Chantajista! Así pues, usted... usted... --la cara de la cocinera empezó a enrojecer de furia violentamente--. ¡Usted era la que me estaba haciendo chantaje a mí! --Un momento --medió Harold antes de que la bocaza de la señora Sllowbridge-Hardford empezara a soltar bramidos--. ¿Dice usted que la chantajeaban? Ellen se mordió los labios, pero luego lo soltó todo llena de indignación. --¡Así es! Desde que entré aquí alguien me chantajeaba y me obligaba a dejar cinco chelines en este mismo jarrón todos los primeros viernes de mes. No diré los motivos, sin embargo. Brenda se acercó para consolar a la cocinera. --Tiene un hermano que está en la cárcel por ladrón --dijo la señora Sllowbridge-Hardford con desprecio, desdén y asco--. ¿Quién me asegura que no es también una ladrona? --¿Yo ladrona? --se indignó Ellen--. ¿Y me dice eso una cochina chantajista! ¡Y yo que creía que era Francis quien me chantajeaba! ¡Y resulta que era la señora de la casa! ¡Mala bestia! --le soltó. --Vaya, vaya --dijo Harold--. Menudo negociete tenía usted montado... --¿Y usted quién demontre es? --le espetó a Harold la dueña de la casa, indignada, furiosa, rabiosa y sofocada--. ¿Qué viene a hacer aquí? --Soy un detective privado contratado por Lilly Sample para descubrir quién la chantajeaba. --¡Oh, Dios mío! --exclamó Brenda--. ¿Así que usted debe de ser la que me mandó la semana pasada esa nota de chantaje? --¿Tú también, Brenda? --exclamaron a la vez Lilly y Ellen. --Oh, alguien me pasó una nota por debajo de la puerta en la que decía que si no depositaba un chelín cada primer lunes de mes en ese jarrón, todos sabrían que... que... Oh, qué vergüenza. --¡Que estás esperando un niño, mala pécora! --estalló, explotó, soltó y gritó la señora Sllowbridge-Hardford. --Bien, Lilly... y las demás afectadas --dijo Harold--. Podemos avisar a Scotland Yard, si les parece bien. Mi amigo el superintendente Jameson tendrá mucho gusto en meter a su señora en la cárcel... --Ex señora --dijo Ellen, quitándose el delantal y arrojándolo al suelo--. Yo me largo de esta casa en cuanto me haya pagado lo que me debe y devuelto todo lo que le he entregado durante años con ese chantaje. --Lo mismo digo --afirmó Lilly--. Me voy ahora mismo. --Qué suerte que yo aún no había empezado a pagarle... --suspiró Brenda. La mañana terminó movidita, con todo el servicio abandonando la casa entre la furia e indignación (y bochorno mal disimulado) de la señora Sllowbridge-Hardford. Sólo quedó Francis, el mayordomo, que por lo visto no estaba siendo víctima de chantaje alguno y eso lo condenaba a seguir vaciando orinales el resto de su desdichada vida (no era extraño, según Harold, que a él no le hicieran chantaje: sus tareas en la casa le dejaban poco margen para una vida normal...). --¿Cómo se enteró la señora Sllowbridge-Hardford de lo de Lilly? --le pregunté a Harold. --La rencorosa madre del seductor que la deshonró tuvo la desfachatez de contarlo en su... carta de recomendación. Que no era tal, sino la explicación detallada de que Lilly había tenido relaciones con su hijo, y tachándola de fresca y cosas peores. --¿Eso es una carta de recomendación? --dije extrañado. --No, eso era la venganza de la madre de ese cuarentón al que tenía esclavizado en su casa. La señora Sllowbridge-Hardford, que es evidente todavía tiene más mala baba que aquella, leyó la carta que tan inocentemente le enseñó Lilly como referencias de esa anterior ama suya, ignorando lo que había escrito en ella, y vio la oportunidad de chantajearla. Fíjate que, en cambio, la baronesa que se marchó luego a Europa, la había leído también, pero no le dio importancia... O debió de adivinar la verdad entre líneas. --Pero, a ver: ¿por qué la chantajeaba? ¿Y por qué chantajeaba a Ellen y se disponía a hacerlo también con Brenda? --Muy fácil: ¿por qué les pagaba unos sueldos tan miserables? ¿Por qué le negaba dinero a su hijo Leopold cuando lo necesitaba para sus gastos personales o del trabajo? ¿Por qué no quiso comprar un orinal nuevo cuando a Francis se le cayó al suelo y se rompió? ¿Por qué no quería tener a una enfermera atendiendo a su suegro? Pues porque es una avara rematada, y se pasa el día escamoteando dinero de todas partes. No es que pase estrecheces económicas: es una avara, simplemente eso. Una avara de los pies a la cabeza. Así que al chantajear a su propio servicio, encima de pagarles una miseria, aún tenía ingresillos extras... Y por eso el chantaje era tan exiguo: dos chelines a Lilly, cinco a la cocinera, uno que le pedía a la ayundante de la cocinera... Con lo que les pagaba no podía pedirles mucho más. Ya has visto cómo en cuanto la he amenazado con la cárcel, ha aflojado todo lo robado... y con intereses. --Gracias a usted. --Bueno, debo decir que ha sido un placer hacerlo. Y todas encontrarán trabajo sin problema; mi hermana se encargará de ello. --Pobre Leopold. En fin, jefe, ¿sabe qué le digo? Que entre tantos condes, marqueses, aristócratas y gente de buena posición que hemos conocido en diversos casos, no había ni uno que no estuviera medio tarado, o tarado del todo. No hay nadie que sea normal entre esa clase de gente. La verdad, aquel ladrón arrepentido que conocimos una vez, el que se casó con la viuda aquella, era mucho más de fiar y más decente que toda esa pandilla de condes y lores y... y narices. Harold suspiró. --Ay, Diogenes --dijo--. Qué triste es que estés en lo cierto... FIN.- July 21 GALERÍA DE MUJERES (49). MARY SANTPERE: Actriz cómica(c) 2007 by J.C. Planells
![]() Probablemente sea Mary Santpere la excepción a aquella regla según la cual los cómicos y humoristas llevan vidas desgraciadas, trágicas, con destinos infelices y solitarios. Hablé de ello en el capítulo de esta serie dedicado a Gracita Morales, así como en un artículo a propósito de Joan Capri. Es algo ciertamente curioso, y no vamos a entrar a analizarlo, porque no es momento. En todo caso, Mary Santpere ha sido --o así lo parece-- la única persona dedicada al humor profesionalmente cuya vida ha transcurrido de manera apacible, normal, sin sobresaltos, como la de cualquier otro ciudadano. Sin duda debió de tener sus malos ratos y sus horas de angustia, como le ocurre a todo el mundo, pero el balance que parece presentar es el de alguien que fue razonablemente feliz y que procuró repartir esa felicidad entre los demás.
María Santpere Hernández nació en Barcelona en 1913, hija de un actor célebre de la escena catalana, Josep Santpere; por ello nada de extraño tenía que la atrajeran las tablas de buen principio. Empezó no como actriz, sino en vestuario, trabajando como modista para la compañía. A Mary la condicionaba su físico: era una muchacha muy alta, más que muchos hombres incluso, con unos ademanes desgarbados y un rostro de facciones marcadas, no fea pero sí con poco atractivo. Consciente de que este físico la condicionaba y de que con él jamás sería primera actriz, se dedicó precisamente a explotar ese peculiar físico. La única alternativa posible era papeles cómicos, secundarios, de criada despistada o respondona, y el público empezó a fijarse en ella, porque ciertamente llamaba la atención en sus breves apariciones, tanto en teatro como en cine. Así, de esta manera, Mary Santpere superó ese físico que la hacía algo hombruna, se lo tomó con humor... y se dedicó a actriz cómica.
Nunca le faltó el éxito ni el calor del público. Durante muchos años fue casi la única actriz cómica en España, quizá porque la comicidad se ha considerado siempre cosa de hombres y las cómicas natas eran casi inexistentes. Hasta la posterior aparición de Gracita Morales, y, más adelante, de Lina Morgan, parecía impensable que una mujer se dedicase a hacer reír sobre un escenario o en un programa televisivo o radiofónico, con lo cual Mary fue durante varios años la única en esa especialidad. Mary consiguió además algo de mucho mérito: ser aceptada por el público de toda España, rara avis. Cierto que actuaba lo mismo en catalán que en castellano, en Barcelona que en Sudamérica, y tanto en radio como en televisión, teatro o cine, en espectáculos de revista o en shows televisivos. El caso es que pese a ser catalana, el resto de España la aceptó y admiró durante toda su vida (de hecho, ha creado escuela, como Paz Padilla, heredera natural suya, reconoce sin problema alguno). Puede que el secreto de esa aceptación sea haberse reído la primera de sí misma, no adoptar esa solemnidad ni suficiencia --o ganas de agradar-- de otros cómicos catalanes que se "amoldan" al medio; Mary no pretendía hacer gracia ni hacerse la graciosa: hablaba directamente a la gente, mirándoles a la cara y con la sonrisa puesta; sonrisa de picardía, de complicidad, de amistad, de la vecina del barrio. Y eso ganaba a la gente.
Le plató cara a Bobby Deglané, un popular locutor de Radio Madrid de origen chileno que durante una entrevista le soltó: "Los catalanes habláis como perros". Mary, rápida, le contestó: "Pues en Cataluña a los perros los llamamos Bobby". (Una anécdota que se podría repetir hoy, con tanto facha como corre suelto por España... más aún que durante el franquismo.) Hizo malas películas en que ella era lo único bueno; espectáculos teatrales de poco calado, shows de pasar el rato... pero conseguía entusiasmar siempre por su profesionalidad y por ir con una sonrisa sincera por el mundo. La franqueza por delante.
Tenía que ocurrir un día u otro: Capri y Mary Santpere actuaron en una versión humorística del Tenorio. Para entonces, Capri ya estaba muy mal de salud y semirretirado, pero ese dúo en escena fue impagable. Los afortunados que asistieron a esas representaciones cuentan maravillas de ellas. En ocasiones, era imposible proseguir la representación del alud de carcajadas que estallaba (incluso entre los propios actores).
La vida, que tantas calamidades y desgracias suele proporcionar a quienes menos se las merecen (y pasar de largo ante quienes se las merecen, ésa es la verdad, esa es la injusticia), que tan triste destino depara muchas veces a quienes más apreciamos o se hacen apreciar (y espera, que la cosa dura), hizo también una excepción con Mary Santpere. En 1992 tomó un avión para un viaje de trabajo. Le dijo a la azafata: "Como el viaje es largo, voy a echar un sueñecito". Y así, durmiendo tranquilamente, se fue de este mundo. Sin dolor, sin sufrir ni enterarse. Como tantos quisiéramos July 19 AUTORES OLVIDADOS (51). PÄR LAGERKVIST: Un Nobel sueco(c) 2009 by J.C. Planells ![]() Pär Lagerkvist pertenece a la larga lista de ilustres autores galardonados con el premio Nobel, y que han ido cayendo en el olvido con el paso de los años. Al menos, a él sí se le puede calificar de "ilustre", porque otros premiados con el Nobel no resultan demasiado ilustres que digamos (y están tanto o más olvidados que él). Nacido en 1891 en un pequeño pueblecito de Suecia, recibió una fuerte educación religiosa, algo que luego se plasmó en casi toda su obra literaria: empezó como crítico y cultivó la poesía, el teatro y la novela, incidiendo en muchos temas morales, filosóficos y con un trasfondo religioso aunque calificarlo de "autor religioso" no sería acertado. Según parece, la temática de su primer libro de poesías, publicado en 1916, marcó en buena parte sus principales preocupaciones e inquietudes como novelista posteriormente. En cuanto al aspecto religioso, lo normal es que la mayoría de autores llamados "religiosos" ejerzan un cierto proselitismo o prediquen --involuntariamente a veces-- como laicos sobre religión. El caso Lagerkvist es muy distinto, y de ello da fe su novela Barrabás (1950), que es la que le hizo merecedor del Nobel en 1951. En esa breve novela, Lagerkvist sigue las andaduras de Barrabás tras ser liberado de su condena a muerte en lugar de Jesucristo y su búsqueda de un sentido a esa liberación que significó la muerte de otra persona. Resumido brevemente, el Barrabás de Lagerkvist, condenado como estaba a la negrura de la muerte, vive el resto de su vida en una negrura existencial mientras trata de buscar inútilmente una luz que lo justifique. Al final, final tan extraño y muy mal interpretado (o sujeto a múltiples interpretaciones), Barrabás muere crucificado al ser tomado como cristiano por los romanos, y entrega su alma a las tinieblas. ¿Muere como creyente? ¿O simplemente continúa inmerso en esas tinieblas que no le han abandonado en tantos años? Cualquier explicación es válida. El resto de la obra de Lagerkvist, que se tradujo al castellano en abundancia, principalmente en Argentina durante los años cincuenta y sesenta, discurre por caminos parecidos: moral, religión, existencialismo, duda filosófica, pesimismo, destino predeterminado... Muerte de Ahasverus versa sobre el Judío Errante; El enano, otro gran éxito, retrata una edad media cruel y cínica. El cinismo y un cierto humor presiden a veces algunos textos breves del autor (recuerdo un viejo relato titulado "El ascensor que bajó al infierno"). Pero, en general buena parte de su obra tiene un cierto tono frío, pausado, que a veces puede retrotraer al lector. En Lagerkvist es más importante el fondo que la forma. Falleció en Estocolmo en 1974. Su obra merecería ser recuperada. July 17 HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (1). EL MÓVIL
July 15 MÁS ALLÁ DE LA DUDA, de Peter Hyams: Más acá del más allá
La ya larga carrera como director de Peter Hyams no ha despertado nunca pasiones, todo lo más una, digamos, atenta indiferencia y gracias. Lo curioso es que, hablando en estricto sentido, cabría considerarle un "autor" con todas las de la ley: dirige, fotografía y --muchas veces-- produce y escribe sus propias películas; sólo le falta poner la música y actuar en ellas. Sin embargo, nadie se engaña al respecto: por muchas tareas que asuma, Hyams seguirá siendo un nombre de muy escaso atractivo para el cinéfilo: carece de personalidad, de eso que se llama mundo propio y de estilo reconocible. Otros directores que se limitan simplemente a dirigir y nada más, tienen más mundo personal y estilo que él. July 13 LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (y 3)
("The Madman Theory", escrita por Jack Vance)
July 10 LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (2)
("El jugador de enfrente": escrita por Theodore Sturgeon)
July 08 LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (1)(Este artículo se publicó en la revista Galaxia, nº 14, mayo-junio de 2005. En relación con esa primera aparición se han corregido, modificado y ampliado diversos detalles, así como completado la información con nuevos datos descubiertos posteriormente. Se ofrece en tres entregas debido a su extensión.) (c) 2005 by J.C. Planells (revisado y ampliado en 2009) Manfred E. Lee y Frederic DannayPresentación Jack Vance, Theodore Sturgeon, Avram Davidson y Paul W. Fairman fueron los principales autores de ciencia ficción que escribieron novelas firmadas como Ellery Queen, ejerciendo de ghost writters (que traducido literalmente significaría "escritores fantasma"), es decir, de "negros" literarios para la pareja formada por Manfred B. Lee (1905-1971) y Frederic Dannay (1905-1982). Hubo otros, como Milton Lesser, Frank Belknap Long, Charles W. Runyon o Walt Sheldon, pero su aportación fue insignificante y su trayectoria como escritores de ciencia ficción carece también de significancia. El caso de Berknap Long fue muy curioso, pues se limitó a hacer de "negro" para otro "negro", sin que Lee ni Dannay lo supiesen. Cabe decir que ejercieron de "negros", o firmaron novelas como Ellery Queen, otros autores, estos de novela policiaca, como Richard Deming, Talmage Powell, Fletcher flora o Gil Brewer, entre otros. Actualmente, ya existe una atribución plena de los títulos que corresponden a cada autor, si bien hay algún caso --como veremos-- en que la misma obra se atribuye indistintamente a dos autores sin que haya acuerdo según las fuentes consultadas; muchos de los datos relativos a los "negros" literarios de Ellery Queen tardaron en ser descubiertos por completo, y se desconocen aún algunos detalles (pocos autores permanecen aún vivos en estos momentos de entre los que participaron en esta operación editorial). En este artículo nos proponemos establecer para el aficionado y el curioso el grado de interés y participación de los cuatro primeros autores mencionados, que además firmaron las mejores novelas como Ellery Queen escritas por "negros" literarios. Para llegar a ello es preciso realizar primero un somero repaso a la historia y antecedentes que condujeron a la existencia de ese ejército de autores fantasma. Quiénes, cuándo y por qué Manfred E. Lee y Frederic Dannay eran dos primos americanos residentes en distintas ciudades que escribieron unas treinta novelas policiacas en colaboración, así como diversos relatos recogidos luego en volumen y algunos libros de ensayo sobre novela policial. Todo empezó cuando en 1929 participaron en un concurso organizado por una revista de relatos de misterio y ganaron el premio de novela con El misterio del sombrero de copa, primera de las aventuras protagonizadas por el novelista de misterio y detective aficionado Ellery Queen, su padre el inspector Richard Queen y los colaboradores habituales de la policía de Nueva York (el sargento Velie, etc.). Esta novela, así como las que la siguieron, aparecía con la firma de Ellery Queen, nombre del propio personaje protagonista. Así, durante la década de 1930, la llamada Edad de Oro de la novela detectivesca, los dos primos publicaron un buen número de novelas policiacas con enorme éxito, y no sólo eso, sino que firmando como Barnaby Ross escribieron y publicaron otras cuatro, el llamado "ciclo de Drury Lane", asimismo de enorme éxito entre los aficionados, y cuya verdadera autoría --es decir, la de los primos Dannay y Lee-- se revelaría más tarde; a partir de entonces se reeditaron siempre como de Ellery Queen. (No está de más indicar que asimismo, en los años sesenta, el seudónimo "Barnaby Ross" sería usado con autorización de Lee y Dannay para novelas históricas escritas por Don Tracy.) El éxito y la popularidad de Ellery Queen, en dura competencia durante aquellos años con Agatha Christie, S.S. Van Dine y John Dickson Carr/Carter Dickson, como máximas figuras de la novela detectivesca (dejemos aparte nombres de autores olvidados hace ya muchos años, pero de gran éxito en esa década) fue tal que les llevó, apenas iniciada la década de 1940, a trasladarse a California para trabajar intensamente para la radio y el cine, escribiendo guiones basados en sus novelas así como otros originales. Su trabajo allí fue ingente, esclavo y nada satisfactorio, estableciéndose la habitual relación amor/odio de tantos otros escritores de diversa fama y condición llamados a trabajar para la denominada Meca del cine. Sólo la radio les concedió mayor libertad de expresión y menos cortapisas que la industria cinematográfica. Aquellos dos primos escritores que habían conseguido en la década de 1930 publicar nada menos que 18 novelas, tuvieron que abandonar temporalmente la publicación de libros. Fue entonces cuando aparecieron los primeros "falsos Ellery Queen", novelas escritas por autores aún no identificados hoy día, que se basaban en los guiones radiofónicos o cinematográficos que sobre sus propias novelas originales escribían Lee y Dannay. Así, por ejemplo, en 1941 apareció El cadáver fugitivo (editada hace muchos años en castellano por Ediciones Jucar), que de hecho era la novelización del guión de una película basado en su novela Tras la puerta cerrada. Le siguieron otras cuatro novelas de iguales características y autoría real desconocida. Manfred Lee y Fred Dannay, sin embargo, abandonaron pronto Hollywood y se reincorporaron a la novela, publicando genuinos Ellery Queen, hasta que en 1958 deciden que la novela detectivesca --la de deducción y misterio clásico-- ha llegado a su final (algo que ya se empezó a percibir en 1942, cuando iniciaron el "ciclo de Wrightsville") y publican El golpe final (también traducida como El golpe fatal), novela en la que se despide el detective Ellery Queen y finaliza el ciclo de la ciudad de Wrighstville. Era también la despedida de Lee y Dannay como escritores de novela policiaca, conscientes de que la Segunda Guerra Mundial había liquidado la Edad de Oro de la novela detectivesca que, pese al tímido intento de renovación de Ellery Queen, los demás practicantes insistían en seguir cultivando. Así, unos finalmente abandonaron, otros persistieron hasta el final de sus días, otros (Dorothy Sayers) descubrieron la religión (!), y la excepción fue Agatha Christie, que en realidad jugaba en una liga propia. Lee y Dannay dejaron escribir pero siguieron vinculados a la novela policiaca, como editores y responsables totales de su revista, Ellery Queen´s Mystery Magazine, que Dannay dirigió personalmente hasta su muerte, convirtiéndola en la mejor del mundo en relatos de misterio y policiacos, albergando en sus páginas historias y autores de gran calidad, incluso de muchos no vinculados al género: la calidad del relato era lo principal para Dannay, así como el descubrir nuevos talentos del género policial, sin desdeñar vertiente alguna (detectivesca, negra, humorística, espionaje, relato criminal y psicológico...), y ampliando además sus labores editoriales en la promoción de otros autores mediante antologías de relatos o ediciones especiales de novelas (se les atribuye el recuperar a Dashiell Hammett para el público lector cuando su obra había quedado olvidada por parte de otros editores). Y es aquí, a principios de la década de 1960, cuando empieza el caso de los falsos Ellery Queen, el motivo de cuya publicación nunca ha sido clarificado del todo. En 1961 se publica un Ellery Queen escrito por Milton Lesser, un autor que firmaba en novela policiaca como Stephen Marlowe, y en 1963 se publica una nueva aventura del detective novelista creado por los dos primos, El jugador de enfrente, escrita por Theodore Sturgeon. ¿A qué se debió ese inesperado comeback tanto de autores como del personaje? No hay un acuerdo respecto al motivo. Por un lado, se habla de problemas monetarios de los dos primos; posible aunque improbable: sus novelas seguían reeditándose, y Dannay era editor de su revista y de antologías de relatos policiacos o de libros de otros autores, como queda dicho; por otro lado, se habla de presiones editoriales: probable y muy posible, teniendo en cuenta el funcionamiento editorial de Estados Unidos (si bien en esos años no era tan bestia como lo sería algunas décadas más tarde...). Los editores no estaban muy contentos con que Lee y Dannay hubieran terminado con las novelas policiadas protagonizadas por los dos Queen, padre e hijo, quizá recordando el escándalo que armó el público lector cuando Conan Doyle decidió matar a Sherlock Holmes en el relato "El problema final". Ellery Queen no moría en El golpe final --como se ve, hay una innegable similitud en el título de ambas historias, aunque dudo fuera voluntaria por parte de Lee y Dannay--, pero era un detective desencantado y desmotivado, tras lo vivido en aquella historia. Además, Agatha Christie y John Dickson Carr seguían publicando sus misterios clásicos --además de Rex Stout, híbrido entre deducción y misterio y acción--, y los editores de las novelas protagonizadas por Ellery Queen no veían con buenos ojos la despedida de su autor más emblemático --especialmente, dentro de la novela detectivesca americana, cuyo casi único cultivador pasaba a ser Dickson Carr, que además había abandonado ya a Carter Dickson...--. Es difícil, como digo, establecer la verdad, los motivos reales, teniendo en cuenta que todos los implicados en ello han desaparecido ya, y que los contratos firmados entre primos, escritores contratados para ejercer de "negro" y editores de las novelas establecían una cláusula de confidencialidad (que, al parecer, no debió de ser muy respetada, puesto que se ha acabado conociendo desde hace décadas el nombre y autoría de todas o casi todas las novelas, aunque en algunos casos el misterio se ha prolongado hasta hace muy poco...). Sea cual sea la verdad, si es de orden económico o debido a intereses y presión editorial, el caso es que fue la agencia literaria Scott Meredith --una de las más importantes en aquellos años, y los que siguieron-- la que puso en marcha todos los proyectos relacionados con el tema. Y a propósito, ¿interés económico?... ¿cuál sería éste si Jack Vance cobró 3.000 dólares en 1964 por una sola novela firmada por Ellery Queen, cantidad más que respetable en aquellos años? Si cada autor cobraba más a veces que por sus propias novelas, ¿dónde estaba por tanto la ganancia de Lee y Dannay? No es cuestión que nos interese ahora, ni podríamos descubrirla, careciendo como se carece en general, de datos al respecto, y ante un maremágnun de detalles contrapuestos. Baste decir, pues, que se estableció durante toda la década de 1960 una línea de trabajo: novelas protagonizadas por Ellery Queen, de las que cinco fueron escritas por autores de ciencia ficción, y otras tres entre 1967 y 1971 por Lee y Dannay; y novelas formato bolsillo sin protagonista fijo o con otro detective en plan investigador privado, a cargo de autores de novelas policiacas de segunda/tercera categoría. Esto se mantuvo así hasta la muerte de Manfred Lee en 1971, cuando apareció asimismo el último y genuino libro firmado por Ellery Queen, A Fine and Private Place. Dannay decidió que ya no tenía sentido proseguir escribiendo nuevas novelas y se terminaron todas: las genuinas y las escritas por "negros" literarios. Como se ha dicho anteriormente, había un pacto de confidencialidad según el cual los autores contratados no revelarían ni su participación en las novelas que escribieron y firmaron como "Ellery Queen", ni el grado de dicha participación en la novela en cuestión (es decir, si partían de un argumento suministrado por Lee y Dannay, o de un esquema más extenso o de una simple lista de personajes). Pero ya en 1979 la Enciclopedia de Ciencia Ficción editada por Peter Nicholls daba autorías al respecto, como puede comprobarse en las entradas correspondientes a Jack Vance y Avram Davidson, sin ir más lejos. (A ello puede contribuir mi idea personal de que mantener un secreto en el mundo de la ciencia ficción, donde los fans son mucho más activos --por no llamarles cotillas-- que en otro campo literario, es quizá un tanto difícil.) A algunos autores, como Jack Vance, aquel asunto de la confidencialidad y la "negritud" no les hacía mucha gracia y pronto empezaron a difundir y desvelar su autoría, a medida que su importancia como novelistas de ciencia ficción se incrementaba. ¿Cobraron todos lo mismo, esos 3.000 dólares pagados a Vance, por una sola novela? Probablemente sí, o quizá incluso más, por lo menos los que firmaron aventuras protagonizadas por el personaje creado por Lee y Dannay, el simpático Ellery Queen, al ser el personaje emblemático de la pareja de primos escritores (sin embargo, las "prestaciones" de Jack Vance fueron en novelas sin protagonismo de Ellery). Otro detalle muy a tener en cuenta es la astucia en la elección de los autores llamados a cumplir la tarea de escribir una novela firmada como Ellery Queen. Los elegidos para las aventuras protagonizadas por Ellery Queen, acompañado de su padre, Richard Queen, en algunas de ellas, fueron Theodore Sturgeon y Avram Davidson, dos autores considerados como de la intelectualidad de la ciencia ficción, premiados y respetados; para el resto de novelas sin protagonismo de los Queen, padre e hijo (es decir, novelas policiacas que a veces eran de misterio, otras thrillers de suspense, otras novela negra o pura acción), los elegidos fueron, por un lado Jack Vance (que había publicado por aquel entonces unas pocas novelas y ganado ya el Edgar de novela policiaca, además de contar con una buena carrera como escritor, la cual se incrementaría notablemente en los años siguientes), y por otro lado un montón de destajistas de nula calidad, como Richard Deming, Talmage Powell, Henry Kane o James Holding. También anduvieron por ahí Milton Lesser, que en policial firmaba como Stephen Marlowe, y que era tan falto en calidad en la ciencia ficción como en la novela policiaca; Fletcher Flora, un autor de agradables relatos para el Alfred Hitchcock´s Mystery Magazine principalmente, y que escribiría tres muy agradables novelas detectivescas clásicas como "Ellery Queen" (Soplo caliente, soplo frío; El ganso de oro; El cocinero del diablo), o Gil Brewer, un interesante autor de novela negra en la década de 1950 (Un asesino en las calles, El echarpe rojo), sumido totalmente en el olvido a finales de la de 1960 (su aportación fue Asesinatos en la universidad). Paul W. Fairman es un caso aparte, como veremos más adelante, y Frank Belknap Long otro, en este caso de cara dura por parte de James Holding, quien habiendo recibido en 1942 el encargo de escribir unas novelas para adolescentes firmadas como Ellery Queen Jr., que llegaron a ser nueve en total, tuvo la cara dura de pasarle el encargo a otros autores, y Belknap Long reconoció en cierta ocasión haber escrito dos de ellas, si bien ya no recordaba cuáles. Tampoco fue el único en reconocer la "maniobra" de Holding, y cuando Manfred Lee se enteró de ello, se enfureció, puesto que se encargaba personalmente de la supervisión de todas las novelas. (continuará) July 06 EL RESPLANDOR, de Stanley Kubrick: La versión americana y otras cuestiones (Una imagen que relaciona la soledad en el Hotel Overlook con la soledad en "2001")
July 04 ÍNDICE DE ARTÍCULOS Y ENSAYOS DE ENERO A JUNIO DE 2009Relación de lo publicado en el apartado de no ficción en este blog entre enero y junio de 2009 Ensayos Philip José Farmer. 1: Los inicios; 2: Principales novelas; y 3: Un río de series (27 de febrero, 2 de marzo y 4 de marzo) [previamente publicado en forma ligeramente distinta en Fan de Fantasía] Últimas confesiones de un escritor (5 entregas) (5, 7, 8, 10 y 12 de abril) Serie "Autores olvidados" 45.- Antonio Losada y Guillermo Sautier Casaseca: Seriales radiofónicos (13 de enero) 46.- Hillary Waugh: Crímenes en el vecindario (26 de enero) 47.- Vicky Baum: Una austriaca en Cinelandia (5 de marzo) 48.- Anthony Berkeley: El Dr. Berkeley y Mr. Iles (17 de marzo) 49.- Rafael Sabatini: Novelas de piratas y aventureros (25 de abril) 50.- Carlos Arniches: Retratos del Madrid popular (4 de junio) Serie "Galería de mujeres" 42.- Carme Chacón: Ministra guay (22 de enero) 43.- Carole King: La vida se hace canción a canción (11 de febrero) 44.- Rita Moreno: Una latina en Hollywood (8 de marzo) 45.- Agneta Fältstog: Una sueca de verdad (23 de marzo) 46.- Mari Trini: ¿Quién fue esa chica? (13 de abril) 47.- Tuesday Weld: Un talento a descubrir (12 de mayo) 48.- Patricia conde: La apariencia y la realidad (31 de mayo) Serie "Famosos de ayer" 3.- Steve Harley: En los tiempos del glam rock (18 de enero) 4.- Zbigniew Cybulski: Ícono de modernidad (21 de febrero) 5.- El sacapuntas: Programa radiofónico de sátira (22 de marzo) 6.- Jörg Buttgereit: Cine ultragore alemán (19 de mayo) Artículos sobre libros y autores "Donald Westlake: Se nos fue el último de los grandes" (7 de enero) "Una breve nota sobre Barsoom, nº 6, especial piratas" (12 de enero) "Recordando a John Brunner" (20 de enero) [previamente publicado con título distinto en Bem] "Revista de literatura. Especial fantasía y ciencia ficción juvenil" (29 de enero) "Dhalgren, de Samuel R. Delany" (5 de febrero) [previamente publicado en Nueva Dimensión] "Manuel de Pedrolo: acto de reconocimiento" (8 de febrero) [previamente publicado en Nueva Dimensión] "La orden de Santa Ceclina (Porta Coeli - I), de Susana Vallejo" (12 de febrero) "Mitch Allison, de Jim Thompson" (26 de febrero) "Agatha Christie (11): El museo de Agatha Christie" (6 de marzo) "La tienda de antigüedades, de Charles Dickens" (9 de marzo) "Pánico en la tierra/La oleada cerebral, de Poul Anderson" (19 de marzo) "Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt" (27 de marzo) "Durdane, de Jack Vance" (31 de marzo) "Tormento, de Benito Pérez Galdós" (15 de abril) "Un asesino cualquiera, de Piernicola Silvis" (18 de abril) "J.G. Ballard: En el recuerdo y en sus palabras" (20 de abril) [reproducido en saco de mentiras] "Indoctrinario, de Christopher Priest" (30 de abril) [previamente publicado en Nueva Dimensión] "Sobre los libros de cartas de escritores y artistas" (2 de mayo) "Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg" (5 de mayo) [previamente publicado en Nueva Dimensión] "Las voces del tiempo, de J.G. Ballard" (14 de mayo) "El hombre más buscado, de John le Carré" (21 de mayo) "Baroja: a propósito de un libro contra él (¿o no?)" (24 de mayo) "Los superhombres de Keith Laumer" (26 de mayo) "Agatha Christie (12): Cuatro citas" (10 de junio) "La lotería, de Shirley Jackson" (13 de junio) [previamente publicado en Gigamesh] "El reparador de biblias, de Tim Powers" (20 de junio) Cine "The Spirit, de Frank Miller: ¿Tenemos ya candidata para los Razzie de este año?" (11 de enero) "Segunda selección de comentarios del SIPE sobre films (1963)" (3 de febrero) "El demonio, la carne y el perdón, de Roy Ward Baker: Amante bandido" (7 de febrero) "La antena, de Esteban Sapir: Imágenes, imágenes" (22 de febrero) "Dangerous Crossing, de Joseph M. Newman. Un argumento de John Dickson Carr" (11 de marzo) "El oro de Nápoles, de Vittorio de Sica: Postales napolitanas" (12 de marzo) "A ciegas, de Fernando Meirelles: Una fábula" (20 de marzo) [reproducido en bemonline] "Dime que me amas, Junie Moon, de Otto Preminger: Estudio sobre marginados" (29 de marzo) "Una luz en el hampa, de Sam Fuller: Hipocresías" (3 de abril) [reproducido en saco de mentiras] "Joseph L. Mankiewicz: Un intelectual en Hollywood" (2 de junio) "Midnight, de Chester Eskine: Las horas previas a la ejecución" (16 de junio) "Obsesionada, de Steven Shill: Tracción fatal" (28 de junio) Temas varios "Contra Pilar Rahola" (9 de enero) "Cómo se hace la bibliografía de un autor" (24 de enero) "Vivir aislado" (25 de febrero) "Frases para defenderse de acosadores por internet" (21 de abril) "Bee Gees. Odessa: Edición cuarenta aniversario" (3 de mayo) "Sobre la televisión en TDT: tampoco hay para tanto" (8 de mayo) "La Rahola y los rumanos" (17 de junio) "Boeing Boeing, de Marc Camoletti" (29 de junio) Índices anteriores de artículos y ensayos Diciembre de 2005 a diciembre de 2006 (4 de enero 2007) Enero de 2007 a junio de 2007 (3 de julio 2007) Julio de 2007 a diciembre de 2007 (4 de enero 2008) Enero de 2008 a junio de 2008 (3 de julio de 2008) Julio de 2008 a diciembre de 2008 (4 de enero 2009) July 02 ÍNDICE DE NARRATIVA DE ENERO A JUNIO DE 2009Relación de los textos de narrativa publicados en este blog entre enero y junio de 2009 Serie "Aventuras de Harold Smith: episodios inéditos" "El caso del crimen perfecto" (15 de enero) "La banda de ´Zorro Plateado`" (4 entregas) (14, 15, 17 y 19 de enero) "El misterio del banquero desaparecido" (25 de marzo) "El caso del paranoico" (7 de mayo) "Robos en el museo" (28 de mayo) "Doctor Siniestro" (4 entregas) (22 a 25 de junio) Relatos "Ronda para una gitana" (31 de enero) [previamente publicado en Cuasar] "Yo amo la bomba atómica" (15 de marzo) [previamente publicado en Opción] "Da lo mejor de ti" (18 de marzo) "Un aeropuerto llamado amor" (23 de abril) "Control perfecto y exacto" (10 de mayo) [previamente publicado en S/F] "Niñas y soldados" (16 de mayo) "El deterioro" (6 de junio) [previamente publicado en BEM] Índices anteriores de narrativa Diciembre de 2005 a diciembre de 2006 (3 de enero 2007) Enero de 2007 a junio de 2007 (2 de julio de 2007) Julio de 2007 a diciembre de 2007 (2 de enero de 2008) Enero de 2008 a junio de 2008 (1 de julio de 2008) Julio de 2008 a diciembre de 2008 (2 de enero de 2009) |
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