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    July 30

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (2). LA ENCUESTA


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
        --¿Diga?
        --Buenos días. Estamos haciendo una encuesta por teléfono. ¿Sería usted tan amable de dedicarnos cinco minutos?
        --Pues sí. Me gustan las encuestas. ¿Sobre qué tema es?
        --Sobre el barrio donde vive usted.
        --Muy bien. Adelante.
        --Valore las comunicaciones y transportes de su barrio del cero al diez.
        --Un nueve.
        --Valore del cero al diez la limpieza en su barrio.
        --Un siete y gracias.
        --Valor del cero al diez la seguridad en su barrio.
        --Un ocho.
        --Valore del cero al diez la variedad de comercios existentes.
        --Un nueve.
        --Valor del cero al diez el nivel de ruidos de su barrio.
        --Bueno, mi piso no da a la calle, sino al interior, así que...
        --No importa.
        --Pues lo dejamos en un siete. Si me llega a preguntar esto hace unos tres años, le habría puesto un cero, porque tuve durante diez años a un músico de rock en el piso de abajo dando conciertos todo el día hasta la madrugada, sin que el ayuntamiento hiciera nada por impedirlo. Menos mal que ese asqueroso ya se marchó.
        --Huy, qué me cuenta. Qué horror.
        --No lo sabe usted bien.
        --Valore del cero al diez la calidad de vida en su barrio.
        --Como no tengo nada claro qué es eso de la calidad de vida, lo dejaremos en un cinco, por si acaso...
        --Pues eso es todo, señor. Necesito unos datos personales sobre usted. ¿Ha nacido en Barcelona?
        --Pues sí.
        --¿Qué edad tiene?
        --Cincuenta y ocho años.
        --Ah... Pues entonces la encuesta no sirve. Es sólo para personas de entre veinte y cincuenta años.
        --¿Cómo que no sirve? ¿Es que los mayores de cincuenta años no contamos para nada? ¿Nuestras opiniones no valen? "Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis... ¿no nos vengaremos?" 
        --Es que la encuesta es sólo hasta los cincuenta años, caballero. Lo siento.
        --Pues mira qué bien. ¿Y a los de más de cincuenta qué? ¿Que nos bomben?
        --Es que la encuesta no sirve.
        --Mire, váyase a hacer puñetas.
     
     
    FIN.-
     
    July 28

    FAMOSOS DE AYER (7). PEDRO PABLO AYUSO: Actor radiofónico


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

    (El actor Pedro Pablo Ayuso, acompañado de la actriz Matilde Vilariño, durante una grabación, años sesenta)

    Hubo un período de tiempo en este país en que un grupo de actores gozó de un enorme impacto y popularidad entre el público: los actores radiofónicos. Dicho período comprende, aproximadamente, entre 1946 y 1970, es decir, poco más de veinte años, y el punto álgido cabe situarlo durante toda la década de 1950. La televisión, a poco que fue implantándose en toda España, desplazó en popularidad a los actores radiofónicos, e incluso, a partir de 1970, las radionovelas, los radiodramas, el teatro y las comedias radiofónicas irían disminuyendo de manera drástica hasta su total desaparición. Pero al menos durante la década de 1950 y casi toda la de 1960, los tan famosos "seriales" coparon buena parte de la programación de Radio Madrid y el resto de emisoras de la SER (alguno de ellos no era difundido nacionalmente, pero a cambio alguna emisora, como Radio Barcelona, producía sus propios seriales para la cadena).
    Los cuadros de actores que protagonizaban esas populares radionovelas --para emplear el sustantivo que propuso acertadamente Sautier Casaseca hacia 1965-- alcanzaron una cotas de popularidad grandísimas. Cierto que casi cada emisora del país tenía su cuadro de actores (lo tenía Radio Madrid, y también lo tenían Radio Barcelona, Radio Nacional de España en Barcelona, Radio España de Barcelona, Radio Cuenca, Radio Nacional de España en Madrid...), pero probablemente los más famosos fueron los que interpretaban las radionovelas (los "seriales" durante las décadas de 1940 y 1950) producidas y realizadas en Radio Madrid y difundidas por toda la SER. Aquellos seriales eran, por decirlo así, "el opio del pueblo", la distracción de las clases populares --y a veces no tan populares...--, sin límite de edad ni sexo... ni educación.
    Consecuencia lógica de todo esto es que los actores radiofónicos se convertían en ídolos de los radioyentes de la misma manera que los actores de cine, los cantantes o los toreros. En las emisoras de radio se recibían montones de cartas solicitándoles fotografías dedicadas, en diversas revistas dedicadas al medio radiofónico --Ondas es la más recordada, pero no fue la única-- había reportajes sobre sus trabajos en la radio, sus actividades, entrevistas... Uno de los grandes ídolos radiofónicos de aquellos años fue, indiscutiblemente, Pedro Pablo Ayuso, primer actor de Radio Madrid, el galán por excelencia.
    Nacido en la capital de España en 1917, llegó a la radio un poco de rebote. Aspiraba a ser cantante (de ópera, o de tangos), pero en 1946 se presentó a un concurso de Radio Madrid destinado a descubrir nuevos talentos, y de él surgió Pedro Pablo Ayuso, junto con Juana Ginzo --de la que hablé en la serie "Galería de mujeres"--, Sautier Casaseca... Ayuso no se veía como actor, y en los años siguientes, la popularidad le resultaba un tanto inusitada porque no daba mucha importancia a su persona: era hipocondríaco, se consideraba insignificamente físicamente... Pero la audiencia le idolatraba. En su libro de memorias de sus tiempos en la radio, Juana Ginzo cuenta que "Se convirtió en el gran galán de la radio, aunque yo lo apreciaba más como un increíble creador de tipos. Gozó de una popularidad insufrible: como un Tom Cruise o un Brad Pitt de ahora, la policía tenía que protegerle de sus admiradoras, que se abalanzaban sobre él y le arrancaban la ropa y los botones."  El mismo Ayuso narró hacia 1965 cómo al tomar un taxi para ir a la emisora a grabar un capítulo de La intrusa el taxista reconoció su voz y le regaló la carrera. Puede que a mucha gente todo esto le sorprenda --seguramente por desconocido--, pero, como he dicho, los actores radiofónicos alcanzaron todos ellos --o muchos de ellos-- una popularidad inmensa gracias a su trabajo, seguido por millares y millares de personas.
    Ayuso hizo un par de colaboraciones en cine: pequeños papeles en dos películas, Paz, de José Díaz Morales, en 1949, y Sobresaliente, de Luis Ligero, rodada en 1948 pero no estrenada hasta 1953, y también grabó un disco de tangos cuando ya estaba muy consolidado en la radio, además de trabajar en el doblaje de películas (como tantos actores radiofónicos, especialmente en Barcelona), pero fue sobre todo el protagonista de innumerables radionovelas escritas por Sautier Casaseca, Rafael Barón, Luisa Alberca (que a veces colaboraban entre sí), el propio hijo de Sautier Casaseca, o en adaptaciones de novelas de diversos autores guionizadas por Casaseca, y en programas tan populares como Matilde, Perico y Periquín, Teatro de los Quintero... Curiosamente, José Mallorquí no solía darle muchos papeles protagonistas en sus radionovelas, prefiriendo encomendárselos a otros (Teófilo Martínez, Julio Montijano, Eduardo Lacueva o, posteriormente, Alfonso Gallardo), quizá porque Mallorquí no solía poner galanes en sus radionovelas sino tipos más bien duros; aun así, protagonizó la serie sobre los hermanos Lasierra, tuvo un breve papel de seductor sinvergüenza en La casa de los Dalton (1966) e intervino en Tiempo que fue, tiempo que es, un importante y premiado radiodrama de Mallorquí que impactó bastante --y que pertenece a su última etapa creativa--.
    Ayuso no llegaría a ver el declive y desaparición de los seriales y dramáticos radiofónicos. Aunque éstos empezaron a disminuir a medida que se acercaba a su final la década de 1960 y se iniciaba la de 1970 --los tiempos estaban cambiando, el público demandaba también otra clase de entretenimiento y, además, Sautier Casaseca, Losada, Barón, Mallorquí y los demás guionistas no tuvieron continuadores--, Ayuso sobrecogió a todos sus amigos, conocidos, compañeros y fans al morir repentinamente de un infarto en 1971 a los 54 años de edad. Es, si uno reflexiona un poco, una muerte casi simbólica: el mayor galán de la radio fallecía de manera inesperada cuando el medio ya languidecía. Con él moría, por tanto, no solamente todo un galán radiofónico, un primer actor que había cosechado grandes éxitos en sus interpretaciones, una figura popular en series como la mencionada Matilde, Perico y Periquín, sino que moría también esa radio que le encumbró y le dio la fama y la gloria. Ayuso no vería el final de la época, aunque sin duda pudo intuirlo. Murió en pleno éxito, y la radio se fue con él.
    Marisol Ayuso, una conocida actriz cinematográfica, es hija suya.
     

    July 26

    EL INOCENTE/MUERTE AL AMANECER, de José María Forn: Parábola negra

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Esta película --exhibida en algunos canales locales recientemente-- es una de las propuestas más interesantes realizadas durante el franquismo, especialmente en los años menos proclives a ciertas "libertades" de que gozaron --es un decir-- otros entrada la década de 1960. Pues El inocente (también titulada Muerte al amanecer por orden de la censura, aunque en los créditos sigue figurando como El inocente) se estrenó en 1959, tiempo de rigor y severidad.
    No es una película perfecta, pero algunas de sus imperfecciones son las esperadas cuando un trabajo no se puede desarrollar en las debidas condiciones. Se basa en una muy respetada novela de Mario Lacruz, autor de exigua obra, pero bastante memorable, que el propio autor y José Maria Forn adaptaron para el cine, aunque, evidentemente, con no pocos cambios ordenados asimismo por la censura. Hagamos un alto para decir que, en su no muy abundante pero sí interesante obra como director, Forn ha pasado por vicisitudes censoriles varias, no la que menos el curioso caso de su film de 1969, La respuesta, que fue autorizado su rodaje (supongo que con no poca sorpresa suya) y posteriormente prohibido su estreno, que se demoraría hasta 1976, y aun de tapadillo (una semana y sin propaganda). Hombre, 1969 no era el mejor año para rodar en España (y menos en Barcelona) un film sobre un hijo de una familia de derechas que decide practicar la lucha armada contra el régimen de Franco...
    Tampoco era 1959 un buen año para ponerse a hacer parábolas negras como la que presenta esta película. Dejando aparte algunos vericuetos un tanto morosos e inverosímiles de la historia, lo esencial se resume de la siguiente manera: un hombre muy conocido ha muerto en circunstancias sospechosas y su hijastro recibe la visita de la policía para llevarlo a declarar en comisaría: se sabe que su coche ha sido visto cerca de la casa del padrastro la noche en que murió. De repente, mientras es conducido hacia comisaría, el hijastro salta del coche y emprende la huida, algo que ya ha intentado antes, sin decidirse. A partir de ese momento, se convierte en claro sospechoso de asesinato;en la investigación se inmiscuye un inspector de la compañía de seguros, cargado de ambiciones profesionales, que acabará plantando pruebas falsas para que la policía detenga finalmente al hijastro bajo la acusación de asesinato. El problema es que la autopsia demuestra que fue una muerte accidental, y la policía acaba descubriendo que esa muerte accidental tuvo testigos que callaron por cierta conveniencia. Pero es tarde ya para todos: el policía a quien se le escapó el hijastro lo mata de un tiro para que no se le vuelva a escapar, ante el espanto del inspector de seguros, cuyas manipulaciones han sido descubiertas por el comisario de policía. "No era inocente" es lo que sentencian todos contemplando el cadáver del hijastro. Una sentencia que tiene su lógica: si era inocente de esa muerte, que ni siquiera era un asesinato, ¿por qué huyó desde el primer momento de la policía? Y ese es el intríngulis del film: por qué un inocente entra en fuga si no tiene motivos para huir. Qué le hace mantenerse en continua fuga. Qué le lleva a morir simplemente para seguir huyendo si es inocente.
    El film sufrió diversas averías en su confección. En primer lugar, para la censura era totalmente inaceptable que un policía plantase pruebas falsas y culpase a un inocente sabiendo que lo era. Por lo tanto, se tuvo que reconvertir al personaje en un inspector de seguros. Hay otras averías, más sutiles, y que importan menos. Pero lo importante es que el mensaje del film está claro: en una sociedad policial (la España franquista de la década de 1950), ¿quién diantre puede ser considerado inocente? Empieza el film con el hijastro mirando por una ventana --por la que ve llegar a la pareja de policías que vienen a buscarle para interrogarle en comisaría-- y preguntándose si un tablero de ajedrez es blanco con cuadros negros, o negro con cuadros blancos. Todo es relativo, pues. La inocencia, es relativa. La culpabilidad, es relativa. Y si se es inocente, ¿de qué, en todo caso? De la muerte de ese padrastro, sí, pero, ¿se puede ser culpable de otras cosas? ¿De vivir, por ejemplo? A lo largo del film, se insiste en que el hijastro "no está muy bien de la cabeza", "es muy raro", "vio cosas terribles durante la guerra" (¡ah!), "la guerra le trastornó"... Pero si las dos primeras excusas son un tanto de relleno, la segunda es más interesante, pero no porque explique presuntos trastornos del hijastro, sino por las menciones a la guerra civil, terminada apenas veinte años antes, y que no se mentaba más que en películas de exaltación patriotera (La fiel infantería, por citar una más o menos coetánea...). Seré mal pensado, pero esas menciones a que el hijastro está trastornado por lo que vio en la guerra (la palabra civil no se menciona) me parecen muy suculentas a la hora de afrontar los motivos de la fuga de un inocente que de hecho no tiene motivos para fugarse. En la España de Franco, ¿quién era inocente?
    Contaba Forn en la presentación al pase televisivo de la película el tormento que supuso trabajar con Antonio Vilar en el papel protagonista, es decir, en el del hijastro. Ese actor se empeñó en que el papel del inspector de seguros era el gran papel de la película, y por lo tanto trató de que se lo dieran incluso cuando José María Rodero ya llevaba rodadas varias escenas de ese personaje. Forn trató de convencerlo de su error, pero no hubo manera: sin menospreciar el personaje del inspector de seguros, la película gira sobre el hijastro, el "inocente" de la historia. Vilar acabó de mala manera su trabajo y ni siquiera aparece en la escena final (es un doble). Todo eso se nota en la película, pues su interpretación del hijastro es penosa, vacua, desnortada y molesta. Vilar es uno de los defectos de la película (más aún que la censura), y defecto grave por cuanto es lo fundamental de ella. El resto de actores están excelentes (lo cual ayuda en mucho a quitarse el mal gusto de boca de ver a Vilar desganado en sus escenas). No sé si fue una sutil venganza o qué, pero resulta divertido el momento en que Forn filma a Vilar y a una actriz hablando al otro lado de una puerta esmerilada --solo se ven sus siluetas--, mientras fija el plano en el padre de la chica, que les escucha. La escena es larga, y el ahorrarnos ver a Vilar se agradece (afortunadamente, el actor, lo mismo que Rodero, estaba doblado por otro actor, lo que mejora la cosa).
    En suma, una película inteligente, imperfecta pero realmente valiosa. Y que demuestra que hay más cine interesante por descubrir/reivindicar en España (puesto que el actual...).

    July 25

    AVRIL LAVIGNE: ¿UN VAMPIRO IDEAL PARA "CREPUSCULO"?

     
    Desde hace meses circulan en You Tube varios vídeos proponiendo a la cantante Avril Lavigne como actriz para la saga de películas y novelas Twilight (Crepúsculo) --saga que sólo conozco de referencias, pues ni he visto la película ni he leído las novelas--, tomando como base su parecido con una figura vampírica. La propuesta tiene su gracia, a tenor de algunas de las características físicas de la cantante, como por ejemplo sus notables colmillos, que condicionan su sonrisa (con lo cual casi no precisaría unos falsos). Los vídeos son en general divertidos, están hechos con gracia, lógica y respeto (aunque hay quien se los ha tomado a mal, porque algunos fans del rock comparten con ciertos aficionados a la ciencia ficción y con los fans y editores de narrativa pulp en pleno una notable carencia de sentido del humor). He elegido este vídeo de los varios existentes sobre el tema, porque parece ser el primero, el mejor razonado y porque alguno posterior ha plagiado su texto y usado casi las mismas imágenes (lo que demuestra que el plagio en internet no tiene fronteras). A disfrutarloRisa.
     
     
     
     
    July 23

    UN CASO DE CHANTAJE


    (Aventuras de Harold Smith: episodios inéditos)
     
     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
        La persona que había llamado a nuestra puerta era una chica de aspecto insignificante y vestida modestamente.
        --Buenas tardes. ¿Es aquí donde recibe el señor detective señor Harold Smith? --preguntó con humildad.
        --Er... ah... Sí, es todo eso. Pase.
        --Gracias. Con permiso de usted, señorito.
        Entró y la precedí hasta el despacho, donde Harold estaba atareadísimo completando el crucigrama del periódico de la tarde.
        --Adelante, siéntese, haga el favor --saludó Harold, dejando el periódico y señalando una silla.
        Al pasar por delante de la mesa de Harold, la visitante hizo una genuflexión, como la que hacían las viejas en el pueblo donde veraneé de pequeño al pasar frente al sagrario de la iglesia. Harold se quedó bastante desconcertado.
        --Con el permiso de ustedes --dijo la chica, tomando asiento de manera recatada.
        --¡Ejem! Usted dirá.
        --Pues diré, digo, con su permiso, señor y señorito, que me llamo Lilly Sample. Me habló de usted una amiga, Polly, que está de doncella en casa de los señores de Cartrombe-Pombe, a quienes me dijo, dice, usted ayudó a solucionar un problema que tenían...
        --En efecto. Lo recuerdo.
        --Pues Polly, digo, dice, que quedó muy impresionada con usted...
        O sea: Harold Smith como ídolo de doncellas y criaditas de todo Londres y resto de Inglaterra. Ya había observado yo que Harold solía despertar ciertos extraños intereses entre las chachas y criadas de las casas finas donde investigábamos crímenes horrendos y cosas así.
        --Deduzco de lo que me dice que usted trabaja como sirvienta en alguna casa de alcurnia... --dijo Harold, audazmente.
        Lilly Sample le miró asombrada.
        --¡Oh, señor Smith! ¡Es verdad! ¿Cómo lo ha sabido?
        --He empleado a fondo mis dotes detectivescas --dijo Harold con toda su cara dura--. ¿Y cuál es su problema, estimada señorita?
        Lo de "estimada señorita" hizo ponerse coloradora a la criada.
        --Ay, pues, mire usted, señor, y señorito también: tengo un problema muy grave y no sé cómo salir de él.
        Recordé una película que había visto hacía unas semanas en el cine del barrio (donde siempre pasaban películas muy instructivas, en mi opinión, que no era demasiado compartida por Harold ni por Sandra), y deduje que Lilly Sample estaba esperando un niño y quería que Harold descubriese al responsable. Vaya rollo.
        --Yo trabajo en casa de los señores Sllowbridge-Hardford...
        --¡Ah! --saltó Harold--. ¡Gran alcurnia! ¡Excelente boato! Una familia muy distinguida. Carecen de títulos de nobleza, pero su apellido es de los más selectos y respetados de nuestra Albión.
        --Bueno, pues alguien de la casa me está haciendo chantaje.
        La alcurnia y el boato se fueron a paseo, junto con la distinción. Harold puso cara de que le hubiesen chafado la guitarra.
        --¡Chantaje! ¡Eso es terrible, señorita Sample! Cuénteme todo lo relativo al caso sin omitir detalle.
        --Pues miren ustedes, señor y señorito, poco después de entrar a trabajar en casa de esos señores, me encontré una nota en el suelo de mi cuarto, y en ella alguien me exigía una cantidad mensual a cambio de no revelar un secreto de mi pasado.
        --Usted es muy joven, señorita --dijo Harold, el galante--. Su pasado, como quien dice, empezaría hace cuatro días...
        --Ay, qué cosas dice usted, señor detective... --se puso toda ruborosa ella--. Si yo ya tengo treinta años...
        --¡Caramba! Yo le echaba apenas veintidós...
        --Ay, qué cosas, señor detective. Qué galante es usted. --Lilly era toda mieles al decir aquello--. Ay, no, yo ya tengo un pasado, y es por eso que me chantajean. Vera usted, señor, y usted, señorito, yo empecé a servir de jovencita en una casa en Sussex, donde vivían una viuda rica con su hijo. El hijo ya tenía casi cuarenta años y no se había casado nunca, porque su madre consideraba que no había ninguna señorita soltera en la región que estuviera a su altura social, ¿sabe? Y yo... --sollozó--... ¡Yo perdí mi virtud en sus crueles manos!
        Harold le tendió un pañuelo limpio que guardaba siempre para las clientas lloronas.
        --Desahóguese, muchacha. Eso que le ocurrió es muy lamentable, pero suele suceder: señoritingos acomodados y gandules que se aprovechan de la inocencia de la empleada de servicio, se cuelan en el cuarto de la doncella... y cuando salen, er... ya no es tan doncella como antes. O hijos reprimidos por su madre que ven en la honesta doncella una presa fácil.
        --Ay, señor Smith, usted sí me comprende --dijo Lilly sonándose ruidosamente--. Eso fue lo que pasó. Y yo, que no había conocido hombre alguno, quedé manchada y envilecida para siempre...
        --Tanto como envilecida... Usted es joven, encontrará a un hombre que sabrá valorar sus buenas cualidades...
        Lilly volvió a sonarse aún más ruidosamente.
        --Ay, señor, y señorito también, qué va a esperar una. En fin. El caso es que la madre descubrió un día lo que ocurría y me echó de su casa. Dijo que yo era... era... --frunció el ceño--. Pues no recuerdo lo que me llamó, pero está en la Biblia.
        --¿Una Jezabel? --sugirió Harold.
        --No.
        --¿Una Magdalena?
        --No. Otro personaje. Creo que sale en la historia de José en Egipto... ¡Ah, sí! Una Putifar.
        Harold sufrió un tremendo ataque de tos. Por signos, le indicó a Lilly que continuara.
        --Así pues que me vine a Londres, humillada, desdoncellada y desamparada. Gracias a Polly, que es del mismo pueblo que yo y nos escribíamos a veces para no perder contacto, conseguí entrar en casa de una baronesa, pero hace un año se marchó a Europa para casarse con un conde, y yo tuve que buscarme otra casa. Y entré en la de los señores Sllowbridge-Hardford. Y alguien, no sé cómo, ha sabido lo que me pasó hace años en casa de esa viuda con su hijo, y amenaza con hacerlo público si no le pago cada mes una cantidad. Si la señora de la casa lo supiera, perdería mi trabajo y seguramente no encontraría ninguno más. ¿Quién querría a su servicio a una doncella que no lo es?
        --Chantaje, sí. Lo más vil y bajo que existe, y más aún cuando la víctima es un alma buena y sencilla como usted.
        --Ay, señor detective Smith, qué me dice --dijo la burra de Lilly, toda sonriente.
        --Bien. Atraparemos a ese canalla y le haremos pagar su delito infame. Todo discretamente, por supuesto. ¿Qué cantidad le obliga a entregarle?
        --El primer sábado de cada mes, antes de las once de la mañana, debo depositar dos chelines dentro de un jarrón que hay en la biblioteca.
        Hubo un inmenso silencio durante el cual Harold digirió esta colosal cifra.
        --¡Ejem! ¿Dos... chelines? ¡Ejem! Es una cantidad, digamos, no excesivamente considerable.
        --Pero para una humilde doncella como yo es mucho dinero. El sueldo que nos paga la señora Sllowbridge-Hardford a todos los del servicio es muy escaso, y no da para casi nada. Esos dos chelines que he de entregar al chantajista cada mes suponen que he de privarme de varias cosas que me hacen falta. Por ejemplo, unas medias nuevas. Mire cómo tengo las que llevo.
        Y Lilly se subió las faldas hasta arriba del todo de los muslos para mostrarle las medias a Harold. Mi jefe las estudió concienzudamente con ayuda de la lupa de los casos importantes.
        --En efecto, mi valiosa Lilly. Esas piernas... digo, esas medias necesitan... er... ser renovadas. Caramba, qué calor hace en este despacho. Diógenes, ten la bondad de abrir una ventana. Mi excepcional muchacha, es evidente que un alma cruel, despiadada, vil, necia y repugnante ha sabido de su triste y azaroso pasado, de la mancha que sobre su cuerpo... ejem... del abuso..., ah, de lo que le pasó en casa de esa viuda con el cuarentón de su hijo, y trata de aprovecharse de su candidez, buena fe y bondad de alma y piern... cuerpo... ¡Ejem! Hábleme de las personas que hay en la casa, servicio incluido.
        --La señora de Sllowbridge-Hardford vive con su hijo, el señorito Leopold, un anémico que apenas sale de su habitación y se pasa el día leyendo librotes y mirando por la ventana. Creo que trabaja traduciendo cosas griegas. Luego está el suegro de la señora, un anciano de ochenta años, con gota, artrosis, reuma y otras cosas que no recuerdo. La señora es viuda, y carga con el padre de su esposo. En el servicio, además de una servidora de usted, señor, y señorito, están la cocinera, la ayudante de la cocinera y el mayordomo.
        --Hum. ¿Alguna posibilidad de que la señora Sllowbridge-Hardford conociera a esa viuda con el hijo cuarentón? ¿O alguien más de la casa?
        --No lo creo. Un día supe por alguien de mi pueblo que la viuda y su hijo fallecieron pocos años después de que me despidieran, en un accidente de aviación.
        --Dato interesante, aunque no tengo idea de para qué. Bien, en todo caso es evidente que alguien lo ha sabido y hemos de averiguar quién y cómo. Sabiendo cómo, sin duda sabremos el quién. Confíe en nosotros, estimadísima Lilly. Prepararemos un plan...
     

        Lo de "prepararemos un plan" hubiera debido hacerme sospechar lo peor. O sea, cuando Harold usaba el plural significaba que él trazaría el plan y yo tendría que llevarlo a cabo disfrazado de manera ridícula. Y, como era de esperar, tuvo que dedicar un buen rato a convencerme.
        --Yo no he dicho que esta vez tengas que ir disfrazado --repitió por enésima vez, irritado.
        --¿Pues qué se supone que he de hacer? ¿Y por qué no lo puede hacer usted?
        --Porque tú pasarás más desapercibido.
        El nada brillante plan de Harold consistía en colarme en la casa de los Sllowbridge-Hardford como un nuevo empleado del servicio. La excusa sería que yo era un lejano pariente de Lilly, tan lejano que casi se perdía de vista, y que Lilly se veía obligada a acogerme unos días hasta que pudiera despacharme de regreso al pueblo. Mientras tanto, para ganarme la subsistencia, haría trabajillos en la casa o en el jardín ("No sé nada de jardinería", avisé). Lo importante era que estudiase a todas las personas de la casa y averiguase quién recogía las monedas que Lilly depositaría el próximo primer sábado de mes. Para eso aún faltaban unas tres semanas, pero convenía empezar a poner en marcha el plan lo antes posible ("Ya me veo haciendo de criado el resto de mi vida", refunfuñé). Lilly aceptó ese plan, cuando se lo contamos, y quedó convenido que yo me presentaría al día siguiente en la casa, pediría por ella y ella a su vez les diría a sus amos que era su primo tercero Oliver.
        --¿Cómo que Oliver? --aullé-. ¡Me llamo Diógenes!
        --Pero es un nombre extranjero --adujo Harold--. No puedes llamarte Diógenes si se supone que eres pariente de Lilly. Y Oliver suena dickensiano.
        --¿Y deberé dormir en la misma cama que Lilly? --pregunté indignado.
        Harold tuvo un ataque de tos y luego contestó que sin duda me buscarían otro acomodo más... ah... apropiado.
        --¿Y usted cree que Lilly Sample nos va a pagar algo? --rematé con crueldad--. ¡No parece que tenga mucho dinero! Y usted no le ha hablado de nuestros gastos y nuestra factura al final del trabajo.
        --Es una muchacha en apuros --dijo Harold el sublime--, y eso deja atrás el vil dinero. La satisfacción de haberle rendido ese favor es nuestra paga, y es suficiente paga.
        --Qué bien. No me extrañará nada que en cuatro días nos muramos de hambre.
        --Pero nos moriremos de hambre con la satisfacción del deber cumplido --afirmó Harold.
        Así pues, el día acordado me presenté en la casa de los Sllowbridge-Hardford para iniciar la comedia. Y ya empecé mal, porque llamé a la puerta principal, en lugar de llamar en la de servicio.
        --¿Qué quieres, mocoso? --me preguntó despectivo un cejijunto mayordomo tras abrir la puerta.
        --Buenas, caballero. Soy el primo tercero huérfano por parte de padre y también de madre de Lilly. Me llamo Diog... Oliver.
        --¿Lilly? ¿La doncella?
        --Técnicamente, ex doncella. Er... digo, sí, me espera.
        --Ve por la entrada de servicio --contestó, dándome con la puerta en los morros.
        Tuve mejor acogida cuando llamé a la puerta de servicio. Me abrió una chica muy joven, que resultó ser la ayudante de la cocinera, y enseguida avisaron a Lilly. Hizo mucha comedia al verme y me estrecho contra su pecho sin dejarme apenas respirar.
        --¡Oh, el señorito...! Quiero, decir, Oliver, mi querido primo segundo...
        --Tercero.
        --... tercero Oliver. Qué alegría. Ven, le diré, digo, a la señora de la casa que estás aquí y que te quedarás unos días.
        La señora Sllowbridge-Hardford, ante cuya presencia fui arrastrado por Lilly, era una señorona enorme: muy alta, muy corpulenta, algo demasiado gruesa; parecía ser como dos mujeres pegadas juntas, y metía bastante miedo. Me miró con desprecio, altivez, desconfianza, desdén, molestia y enojo.
        --Trabajará para ganarse lo que coma --dictaminó con dureza--. Nada de estarse aquí de gorra por muy pariente tuyo que sea.
        --Sí, señora, por supuesto.
        --Parece bastante limpio para ser de pueblo --dijo con el ceño fruncido, la boca despectiva y los ojos rencorosos.
        --Sí, señora, es muy aseado.
        Lilly me llevó luego a un cuarto de las dependencias del servicio, muy chico, donde había un camastro y que bastaría para mí. Bueno, era para unos pocos días solamente. Luego vino el altivo mayordomo, que me llevó a la habitación del hijo de la señora Sllowbridge-Hardford, el anémico Leopold.
        --Ah, excelente --dijo el anémico al verme--. Mi madre me ha dicho que serás mi secretario. Yo te dictaré mis traducciones del griego y así el trabajo será más llevadero para mí.
        --No sé griego --avisé.
        --No hace falta que sepas. Yo traduzco al inglés. ¿Eres inglés, no?
        --No. -Entonces recordé que era el primo tercero de Lilly--. O sea, sí. Todo yo soy inglés.
        Pensé que era una lástima que me tuviera que llamar Oliver en vez de Diógenes; seguro que al anémico le hubiera caído más simpático con mi nombre de verdad. En cualquier caso, debo decir que no estaba nada mal eso de trabajar para él; los textos que traducía eran muy entretenidos (teatro clásico griego, cosas de Platón, Homero y gente ya muerta), y me lo pasaba la mar de bien. Como yo escribía bien a máquina, la cosa iba muy fluida y Leopold estaba satisfecho conmigo. No daba la impresión de que a Leopold le interesase nada más que sus libros y escritores griegos, y apenas salía de sus habitaciones para nada que no fuera estrictamente imprescindible. ¿Lo haría el primer sábado de cada mes...?
        Al mayordomo, que se llamaba Francis, yo le caía mal y me tenía verdadero asco, el mismo que yo sentía por él. La señora Sllowbridge-Hardford se limitaba a ignorar mi existencia. Aun así, un día le oí preguntarle a Leopold si mi ayuda era "satisfactoria", y Leopold le dijo que mucho. Su madre contestó que en ese caso, seguiría trabajando con él en lugar de vaciar los orinales del abuelo de Leopold. Resultaba que el suegro de la señora Sllowbridge-Hardford se pasaba el día en su cuarto, sentado en una silla de ruedas debido a los mil y un achaques que padecía, y cada cierto tiempo había que cambiarle una palangana que había debajo del asiento o unos orinales que había a su alrededor. Esta labor recaía en Francis, el mayordomo, que estaba ya hasta las cejas de ello; sin duda se debía a esto que oliera de una manera un tanto desagradable. Bueno, me parece evidente que ir todo el día paseando y vaciando orinales y palanganas bien abarrotados pasaba a la larga factura al olor corporal, a la ropa y también al carácter. El lado bueno de todo esto es que podíamos desechar al abuelo de Leopold como el chantajista (su habitación estaba en el primer piso, y la biblioteca en la planta baja). Harold estuvo de acuerdo en ello cuando al cabo de unos días fui a verle en mi tarde libre para informarle y cambiar impresiones.
        --Aunque no pueda desplazarse para recoger las monedas del jarrón podría ser muy bien el cerebro del chantaje y otro la mano ejecutora --dijo Harold--. Leopold parece un candidato más prometedor. ¿Dices que su madre no le da nada para sus gastos?
        --Ni medio penique. El otro día necesitaba un diccionario especial, y ella se negó a darle dinero para comprarlo. Tuvo que ir a la universidad para que un antiguo profesor suyo le prestara uno. Esa mujer es de la cofradía de la Virgen del Puño Cerrado.
        --¿Qué es eso? --preguntó Harold. Se lo expliqué--. Ah, ya, una tacaña de cuidado. Bueno, Lilly ya nos dijo que paga sueldos de miseria al servicio.
        --Y en vez de tener una asistenta o enfermera para su suegro, usa al mayordomo para esas cosas --dije.
        --El negarle dinero a Leopold sería un buen motivo para recurrir al chantaje: conseguir un dinerillo para sus gastos. ¿Y el servicio?
        --Francis, el mayordomo, apesta. Ellen, la cocinera, es seria pero agradable. La chica que la ayuda, Brenda, está siempre en las nubes y suspirando. Y a Lilly ya la conoce.
        --O sea, que sospechas del mayordomo...
        --No. Digo que apesta porque de tanto vaciar los orinales y las palanganas del abuelo se le pega el olor. Pero, en fin, simpático no lo es. No se habla con nadie del servicio, y Ellen le tiene totalmente prohibido entrar en la cocina y en la despensa. Supongo que lo hace para que no vaya escampando la peste de los orinales entre la comida y las provisiones... En cuanto le ve a menos de dos metros de la cocina, coge el rodillo por si acaso.
        --Lo raro de todo este asunto es que ese chantajista, sea quien sea, se conforme con dos miserables chelines al mes... --reflexionó Harold.
        --Debe de ser Leopold --dije, con cierta tristeza porque la verdad es que el anémico me caía bien--. Vive también en las nubes, siempre con cosas griegas y antiguas en la cabeza, e igual se cree que dos chelines es un fortunón. Seguro que en la época de los griegos dos chelines daban para mucho más que hoy día.
        Harold no parecía convencido del todo, pero tuvo en cuenta esa posibilidad.
        --Parece más probable que sea alguien del servicio --dijo--. Debió de saberlo de alguna manera, quizá por la propia Lilly, y decidió tener un ingreso extra chantajeándola. O quizá lo supieron por otra persona, esa Polly, por ejemplo, la amiga de Lilly.
        --¿Se ha fijado, jefe, en que las criadas siempre tienen nombres que acaban en "lly"? --dije pensativo--. Polly, Lilly, Molly, Nelly, Sally... Es significativo, ¿verdad?
        --Lo que sí es significativo es que hagas preguntas dignas de un asno --contestó Harold secamente.
        Así pues, en los días siguientes, estudié discretamente al resto del servicio. Le pregunté a Lilly si le había contado a alguien lo ocurrido en la casa de la viuda y el hijo cuarentón, pero negó haberlo hecho pues una chica no contaba esas cosas tan vergonzosas y qué hubieran pensado de ella de enterarse alguien. Y se me echó a llorar. En ese caso, ¿cómo pudo enterarse quien fuera? ¿Sería Leopold amigo del cuarentón? No parecía probable, pues Leopold tenía veintiséis años y nunca había viajado ni salía de su casa, y no tenía amigos desde que dejó la universidad. Bah, en todo caso pronto descubriría al culpable en cuanto metiera la mano en el jarrón.
        --Si las cosas acaban mal, tendré que buscarme otra casa en la que servir --sollozó Lilly--. Y la señora se negará a darme referencias... Bueno, al menos tengo las de las dos casas anteriores.
        --¿Cuáles?
        --La de la viuda y el cuarentón y la de la baronesa que se marchó a Europa. Las dos escribieron cartas de recomendación para mí. Pero, claro, si salgo de aquí de manera vergonzosa, y me preguntan algún día dónde he trabajado hasta entonces...
        Le dije que por eso no se preocupara, pues Harold le podría solucionar ese problema gracias a sus influencias. Eso la hizo ponerse colorada.
        --¿De verdad el señor Smith haría eso?
        --Pues claro. Su hermana es Lady Violet nosecuántos..., y si Harold se lo pide, le escribirá montones de cartas de recomendación, o incluso le puede conseguir una casa: ella no vive en Londres. Mire, deme esas cartas de sus antiguos amos, se las llevaré a Harold para que las vea y le haga otras parecidas.
        La mar de contenta, Lilly se apresuró a buscar las dos cartas de recomendación y en mi siguiente visita a Harold, a la semana siguiente, se las llevé y le expliqué los temores de nuestra cliente.
        --Leopold va a resultar que es el chantajista, es casi seguro --dije con un suspiro de pesar--. La cinta de la máquina de escribir está ya gastada y su madre se niega a darle dinero para comprar una nueva. Probablemente mañana hará otra excursión a la universidad a ver si le regalan una por piedad sus antiguos profesores. Según la señora Sllowbridge-Hardford, todo se le va en medicamentos para el abuelo. Si es que pasarse todo el día sentado en una palangana no puede ser bueno...
        --Qué animal llegas a ser, Diógenes.
        Le entregué las dos cartas que me había dado Lilly y le conté lo que le había prometido. Tal como esperaba, Harold no puso inconveniente alguno.
        --Excelente, Diógenes, muy bien pensado. Por supuesto, mi hermana no tendrá problemas en recomendarla, o incluso buscarle una buena casa donde servir, tanto si lo necesita como si desea marcharse de donde está ahora. Pero no hacía falta que le pidieras las referencias de sus amos anteriores. Déjame echarles un rápido vistazo, y se las devuelves.
        Mientras Harold las leía, aproveché para bajar un momento a la portería y presentarle mis respetos al gato de Sandra. Cuando regresé, Harold estaba muy pensativo mirando las dos cartas y tabaleando con los dedos en la mesa.
        --Diógenes, ¿Lilly ha leído estas dos cartas de recomendación? --me preguntó.
        --Pues no lo sé. Supongo que sí. Son para leerlas, ¿no?
        --Sí, para leerlas la persona que solicite referencias anteriores de quien aspira a un trabajo... Así sabrá lo que sus antiguos jefes o amos opinan de él. O sea, que no las ha leído.
        --Pues igual no. Lilly es buena chica, pero un tanto simple.
        --Me lo figuraba. ¡Diantre!
        --¿Qué ocurre, jefe?
        --Que ya sé quién es el chantajista.
        Pero Harold se negó a revelarme el nombre. Dijo que para los pocos días que faltaban para el sábado (dos exactamente), llevaríamos el plan hasta su final, y el final era pillarle yo con las manos en la masa, o, mejor dicho, con un brazo dentro del jarrón para coger las monedas. Regresé bastante escamado a la casa de los Sllowbridge-Hardford y le devolví las cartas a Lilly.
        --¿Las ha leído? --le pregunté.
        --Huy, no, señorito. No son para mí sino para mis futuros amos. No está bien leer las cartas de los demás.
        Pues Harold lo había hecho, pero no se lo dije. Luego pensé que yo era un poco corto por no haber aprovechado y leerlas también, a ver si descubría lo mismo que mi jefe. Por cierto, ¿Harold me escribiría una carta de recomendación para algún futuro jefe, si se lo pedía? Me distrajo de esto los refunfuños de Francis, el mayordomo. Resulta que se le había caído el orinal del abuelo y se le había roto (afortunadamente estaba vacío cuando se le cayó) y por tanto había que comprar uno nuevo. Pero la señora Sllowbridge-Hardford decía que era un gasto muy tonto, y que el abuelo podía pasarse con un jarrón viejo. Esperé que no le diera por usar el elegido por el chantajista o nos estropearía el plan.
     

        Llegó el sábado en cuestión y pusimos en marcha nuestro plan según lo previsto. Lilly y yo bajamos temprano a la biblioteca y ella depositó los dos chelines en el interior del jarrón, como las veces anteriores, y yo me escondí detrás de las cortinas que había justo al lado de la repisa donde estaba el jarrón. Por el espacio que quedaba entre ellas y la pared, vería perfectamente la mano culpable acercarse al jarrón y cogerlas. Era cuestión de esperar, solamente (que siempre es aburrido). Por su parte, Lilly fue a la entrada de servicio, donde ya debía de estar aguardando Harold para ser introducido subrepticiamente en la cocina. No sé qué explicación les daría Lilly a Ellen y a Brenda para justificar la presencia de mi jefe; en todo caso no había que preocuparse de Francis, que tenía vedado el acceso a la cocina y debía desayunar y comer en su habitación.
        Por suerte esta vez no tuve que esperar mucho rato. Llevaría unos veinte minutos o así detrás de la cortina, cuando oí que se abría la puerta de la biblioteca y unos pasos se acercaban decididos a la repisa donde estaba el jarrón. ¿Quién sería?, me pregunté emocionado. Por el pequeño espacio entre la pared y la cortina, vi una mano coger el jarrón, darle la vuelta y recibir los dos chelines en la palma de la otra mano. ¡Era mi momento!
        --¡Te pillé, chantajista miserable! --grité triunfal, saliendo de un salto de detrás de la cortina (y enredándome en ella durante unos segundos). Entonces vi al chantajista--. ¡Atiza! ¿Usted?
        Pues quien me contemplaba con furia, miedo, ira, irritación, molestia, desprecio y sonrojo era... la señora Sllowbridge-Hardford.
        Decir que a continuación se armó un escándalo es quedarse corto. La dueña de la casa se puso a chillarme furiosa (y tenía una voz tremendamente potente, tanto como su corpulencia), y eso atrajo de inmediato a Harold y a Lilly desde la cocina. Lilly casi se desmaya del susto en brazos de Harold, quien por su parte no parecía nada sorprendido de ver a la señora Sllowbridge-Hardford pillada con las monedas en las manos. Francis bajó corriendo desde el primer piso, tanto que tropezó y se le cayeron los orinales al suelo: esta vez iban llenos y dejó la alfombra de la escalera perdida. Luego vinieron la cocinera, Ellen y Brenda, y se quedaron atónitas. Sin embargo, Ellen no por mucho tiempo.
        --¡Sinvergüenza! ¡Miserable! --bramaba, aullaba y tronaba la señora Sllowbridge-Hardford--. Escondido tras la cortina como un asaltante.
        --¡Mira quién habla, so choriza! --le repliqué--. Mucho señorío y no es más que una vulgar chantajista.
        --¡Chantajista! --exclamó boquiabierta Ellen, dejando caer al suelo una cacerola que llevaba (vacía, por suerte)--. ¡Chantajista! Así pues, usted... usted... --la cara de la cocinera empezó a enrojecer de furia violentamente--. ¡Usted era la que me estaba haciendo chantaje a mí!
        --Un momento --medió Harold antes de que la bocaza de la señora Sllowbridge-Hardford empezara a soltar bramidos--. ¿Dice usted que la chantajeaban?
        Ellen se mordió los labios, pero luego lo soltó todo llena de indignación.
        --¡Así es! Desde que entré aquí alguien me chantajeaba y me obligaba a dejar cinco chelines en este mismo jarrón todos los primeros viernes de mes. No diré los motivos, sin embargo.
        Brenda se acercó para consolar a la cocinera.
        --Tiene un hermano que está en la cárcel por ladrón --dijo la señora Sllowbridge-Hardford con desprecio, desdén y asco--. ¿Quién me asegura que no es también una ladrona?
        --¿Yo ladrona? --se indignó Ellen--. ¿Y me dice eso una cochina chantajista! ¡Y yo que creía que era Francis quien me chantajeaba! ¡Y resulta que era la señora de la casa! ¡Mala bestia! --le soltó.
        --Vaya, vaya --dijo Harold--. Menudo negociete tenía usted montado...
        --¿Y usted quién demontre es? --le espetó a Harold la dueña de la casa, indignada, furiosa, rabiosa y sofocada--. ¿Qué viene a hacer aquí?
        --Soy un detective privado contratado por Lilly Sample para descubrir quién la chantajeaba.
        --¡Oh, Dios mío! --exclamó Brenda--. ¿Así que usted debe de ser la que me mandó la semana pasada esa nota de chantaje?
        --¿Tú también, Brenda? --exclamaron a la vez Lilly y Ellen.
        --Oh, alguien me pasó una nota por debajo de la puerta en la que decía que si no depositaba un chelín cada primer lunes de mes en ese jarrón, todos sabrían que... que... Oh, qué vergüenza.
        --¡Que estás esperando un niño, mala pécora! --estalló, explotó, soltó y gritó la señora Sllowbridge-Hardford.
        --Bien, Lilly... y las demás afectadas --dijo Harold--. Podemos avisar a Scotland Yard, si les parece bien. Mi amigo el superintendente Jameson tendrá mucho gusto en meter a su señora en la cárcel...
        --Ex señora --dijo Ellen, quitándose el delantal y arrojándolo al suelo--. Yo me largo de esta casa en cuanto me haya pagado lo que me debe y devuelto todo lo que le he entregado durante años con ese chantaje.
        --Lo mismo digo --afirmó Lilly--. Me voy ahora mismo.
        --Qué suerte que yo aún no había empezado a pagarle... --suspiró Brenda.
     

        La mañana terminó movidita, con todo el servicio abandonando la casa entre la furia e indignación (y bochorno mal disimulado) de la señora Sllowbridge-Hardford. Sólo quedó Francis, el mayordomo, que por lo visto no estaba siendo víctima de chantaje alguno y eso lo condenaba a seguir vaciando orinales el resto de su desdichada vida (no era extraño, según Harold, que a él no le hicieran chantaje: sus tareas en la casa le dejaban poco margen para una vida normal...).
        --¿Cómo se enteró la señora Sllowbridge-Hardford de lo de Lilly? --le pregunté a Harold.
        --La rencorosa madre del seductor que la deshonró tuvo la desfachatez de contarlo en su... carta de recomendación. Que no era tal, sino la explicación detallada de que Lilly había tenido relaciones con su hijo, y tachándola de fresca y cosas peores.
        --¿Eso es una carta de recomendación? --dije extrañado.
        --No, eso era la venganza de la madre de ese cuarentón al que tenía esclavizado en su casa. La señora Sllowbridge-Hardford, que es evidente todavía tiene más mala baba que aquella, leyó la carta que tan inocentemente le enseñó Lilly como referencias de esa anterior ama suya, ignorando lo que había escrito en ella, y vio la oportunidad de chantajearla. Fíjate que, en cambio, la baronesa que se marchó luego a Europa, la había leído también, pero no le dio importancia... O debió de adivinar la verdad entre líneas.
        --Pero, a ver: ¿por qué la chantajeaba? ¿Y por qué chantajeaba a Ellen y se disponía a hacerlo también con Brenda?
        --Muy fácil: ¿por qué les pagaba unos sueldos tan miserables? ¿Por qué le negaba dinero a su hijo Leopold cuando lo necesitaba para sus gastos personales o del trabajo? ¿Por qué no quiso comprar un orinal nuevo cuando a Francis se le cayó al suelo y se rompió? ¿Por qué no quería tener a una enfermera atendiendo a su suegro? Pues porque es una avara rematada, y se pasa el día escamoteando dinero de todas partes. No es que pase estrecheces económicas: es una avara, simplemente eso. Una avara de los pies a la cabeza. Así que al chantajear a su propio servicio, encima de pagarles una miseria, aún tenía ingresillos extras... Y por eso el chantaje era tan exiguo: dos chelines a Lilly, cinco a la cocinera, uno que le pedía a la ayundante de la cocinera... Con lo que les pagaba no podía pedirles mucho más. Ya has visto cómo en cuanto la he amenazado con la cárcel, ha aflojado todo lo robado... y con intereses.
        --Gracias a usted.
        --Bueno, debo decir que ha sido un placer hacerlo. Y todas encontrarán trabajo sin problema; mi hermana se encargará de ello.
        --Pobre Leopold. En fin, jefe, ¿sabe qué le digo? Que entre tantos condes, marqueses, aristócratas y gente de buena posición que hemos conocido en diversos casos, no había ni uno que no estuviera medio tarado, o tarado del todo. No hay nadie que sea normal entre esa clase de gente. La verdad, aquel ladrón arrepentido que conocimos una vez, el que se casó con la viuda aquella, era mucho más de fiar y más decente que toda esa pandilla de condes y lores y... y narices.
        Harold suspiró.
        --Ay, Diogenes --dijo--. Qué triste es que estés en lo cierto...
     
     
    FIN.-
     
     
    July 21

    GALERÍA DE MUJERES (49). MARY SANTPERE: Actriz cómica

    (c) 2007 by J.C. Planells
     
     
    Probablemente sea Mary Santpere la excepción a aquella regla según la cual los cómicos y humoristas llevan vidas desgraciadas, trágicas, con destinos infelices y solitarios. Hablé de ello en el capítulo de esta serie dedicado a Gracita Morales, así como en un artículo a propósito de Joan Capri. Es algo ciertamente curioso, y no vamos a entrar a analizarlo, porque no es momento. En todo caso, Mary Santpere ha sido --o así lo parece-- la única persona dedicada al humor profesionalmente cuya vida ha transcurrido de manera apacible, normal, sin sobresaltos, como la de cualquier otro ciudadano. Sin duda debió de tener sus malos ratos y sus horas de angustia, como le ocurre a todo el mundo, pero el balance que parece presentar es el de alguien que fue razonablemente feliz y que procuró repartir esa felicidad entre los demás.
    María Santpere Hernández nació en Barcelona en 1913, hija de un actor célebre de la escena catalana, Josep Santpere; por ello nada de extraño tenía que la atrajeran las tablas de buen principio. Empezó no como actriz, sino en vestuario, trabajando como modista para la compañía. A Mary la condicionaba su físico: era una muchacha muy alta, más que muchos hombres incluso, con unos ademanes desgarbados y un rostro de facciones marcadas, no fea pero sí con poco atractivo. Consciente de que este físico la condicionaba y de que con él jamás sería primera actriz, se dedicó precisamente a explotar ese peculiar físico. La única alternativa posible era papeles cómicos, secundarios, de criada despistada o respondona, y el público empezó a fijarse en ella, porque ciertamente llamaba la atención en sus breves apariciones, tanto en teatro como en cine. Así, de esta manera, Mary Santpere superó ese físico que la hacía algo hombruna, se lo tomó con humor... y se dedicó a actriz cómica.
    Nunca le faltó el éxito ni el calor del público. Durante muchos años fue casi la única actriz cómica en España, quizá porque la comicidad se ha considerado siempre cosa de hombres y las cómicas natas eran casi inexistentes. Hasta la posterior aparición de Gracita Morales, y, más adelante, de Lina Morgan, parecía impensable que una mujer se dedicase a hacer reír sobre un escenario o en un programa televisivo o radiofónico, con lo cual Mary fue durante varios años la única en esa especialidad. Mary consiguió además algo de mucho mérito: ser aceptada por el público de toda España, rara avis. Cierto que actuaba lo mismo en catalán que en castellano, en Barcelona que en Sudamérica, y tanto en radio como en televisión,  teatro o cine, en espectáculos de revista o en shows televisivos. El caso es que pese a ser catalana, el resto de España la aceptó y admiró durante toda su vida (de hecho, ha creado escuela, como Paz Padilla, heredera natural suya, reconoce sin problema alguno). Puede que el secreto de esa aceptación sea haberse reído la primera de sí misma, no adoptar esa solemnidad ni suficiencia --o ganas de agradar-- de otros cómicos catalanes que se "amoldan" al medio; Mary no pretendía hacer gracia ni hacerse la graciosa: hablaba directamente a la gente, mirándoles a la cara y con la sonrisa puesta; sonrisa de picardía, de complicidad, de amistad, de la vecina del barrio. Y eso ganaba a la gente.
    Le plató cara a Bobby Deglané, un popular locutor de Radio Madrid de origen chileno que durante una entrevista le soltó: "Los catalanes habláis como perros". Mary, rápida, le contestó: "Pues en Cataluña a los perros los llamamos Bobby". (Una anécdota que se podría repetir hoy, con tanto facha como corre suelto por España... más aún que durante el franquismo.) Hizo malas películas en que ella era lo único bueno; espectáculos teatrales de poco calado, shows de pasar el rato... pero conseguía entusiasmar siempre por su profesionalidad y por ir con una sonrisa sincera por el mundo. La franqueza por delante.
    Tenía que ocurrir un día u otro: Capri y Mary Santpere actuaron en una versión humorística del Tenorio. Para entonces, Capri ya estaba muy mal de salud y semirretirado, pero ese dúo en escena fue impagable. Los afortunados que asistieron a esas representaciones cuentan maravillas de ellas. En ocasiones, era imposible proseguir la representación del alud de carcajadas que estallaba (incluso entre los propios actores).
    La vida, que tantas calamidades y desgracias suele proporcionar a quienes menos se las merecen (y pasar de largo ante quienes se las merecen, ésa es la verdad, esa es la injusticia), que tan triste destino depara muchas veces a quienes más apreciamos o se hacen apreciar (y espera, que la cosa dura), hizo también una excepción con Mary Santpere. En 1992 tomó un avión para un viaje de trabajo. Le dijo a la azafata: "Como el viaje es largo, voy a echar un sueñecito". Y así, durmiendo tranquilamente, se fue de este mundo. Sin dolor, sin sufrir ni enterarse. Como tantos quisiéramos

     
    July 19

    AUTORES OLVIDADOS (51). PÄR LAGERKVIST: Un Nobel sueco


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    Pär Lagerkvist pertenece a la larga lista de ilustres autores galardonados con el premio Nobel, y que han ido cayendo en el olvido con el paso de los años. Al menos, a él sí se le puede calificar de "ilustre", porque otros premiados con el Nobel no resultan demasiado ilustres que digamos (y están tanto o más olvidados que él). Nacido en 1891 en un pequeño pueblecito de Suecia, recibió una fuerte educación religiosa, algo que luego se plasmó en casi toda su obra literaria: empezó como crítico y cultivó la poesía, el teatro y la novela, incidiendo en muchos temas morales, filosóficos y con un trasfondo religioso aunque calificarlo de "autor religioso" no sería acertado. Según parece, la temática de su primer libro de poesías, publicado en 1916, marcó en buena parte sus principales preocupaciones e inquietudes como novelista posteriormente. En cuanto al aspecto religioso, lo normal es que la mayoría de autores llamados "religiosos" ejerzan un cierto proselitismo o prediquen --involuntariamente a veces-- como laicos sobre religión. El caso Lagerkvist es muy distinto, y de ello da fe su novela Barrabás (1950), que es la que le hizo merecedor del Nobel en 1951. En esa breve novela, Lagerkvist sigue las andaduras de Barrabás tras ser liberado de su condena a muerte en lugar de Jesucristo y su búsqueda de un sentido a esa liberación que significó la muerte de otra persona. Resumido brevemente, el Barrabás de Lagerkvist, condenado como estaba a la negrura de la muerte, vive el resto de su vida en una negrura existencial mientras trata de buscar inútilmente una luz que lo justifique. Al final, final tan extraño y muy mal interpretado (o sujeto a múltiples interpretaciones), Barrabás muere crucificado al ser tomado como cristiano por los romanos, y entrega su alma a las tinieblas. ¿Muere como creyente? ¿O simplemente continúa inmerso en esas tinieblas que no le han abandonado en tantos años? Cualquier explicación es válida.
    El resto de la obra de Lagerkvist, que se tradujo al castellano en abundancia, principalmente en Argentina durante los años cincuenta y sesenta, discurre por caminos parecidos: moral, religión, existencialismo, duda filosófica, pesimismo, destino predeterminado... Muerte de Ahasverus versa sobre el Judío Errante; El enano, otro gran éxito, retrata una edad media cruel y cínica. El cinismo y un cierto humor presiden a veces algunos textos breves del autor (recuerdo un viejo relato titulado "El ascensor que bajó al infierno"). Pero, en general buena parte de su obra tiene un cierto tono frío, pausado, que a veces puede retrotraer al lector. En Lagerkvist es más importante el fondo que la forma.
    Falleció en Estocolmo en 1974. Su obra merecería ser recuperada.


    July 17

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (1). EL MÓVIL


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    (Una nueva y breve serie de relatos cortos para aliviar los calores veraniegos.)

     
     
        --Perdone, caballero, tiene que entregar el móvil antes de entrar.
        --¿Cómo dice?
        --El móvil. Tiene que dejarlo aquí y se le devolverá a la salida.
        --Ah. No, yo no tengo móvil.
        --Es que no se puede pasar sin móvil a la sala.
        --Me parece muy bien. Yo no llevo.
        --Perdone, caballero, pero si no me lo entrega no le puedo dejar pasar.
        --No se lo puedo entregar, porque no llevo móvil encima.
        --Pues lo siento, pero no le puedo dejar pasar a la sala.
        --Oiga, ¿usted entiende el castellano? Le digo que no tengo móvil, no lo llevo encima.
        --Me parece caballero que usted me está creando problemas. ¿Me está creando problemas, caballero?
        --No tengo tiempo para crearle problemas a nadie. Simplemente, quiero entrar ya en la sala y...
        --Para eso, me tiene que entregar el móvil primero. Lo podrá recoger a la salida.
        --Le he dicho que no llevo móvil. Ni siquiera tengo móvil.
        --¿Cómo que no tiene móvil? ¿Espera usted que me crea esto? Yo no le puedo dejar pasar si no me lo entrega.
        --No le puedo entregar lo que no tengo.
        --Está obstruyendo usted la cola, caballero.
        --Pues déjeme entrar de una vez, diantre.
        --Entregue el móvil y recójalo a la salida.
        --Le he dicho que no tengo, que no llevo móvil.
        --¿No tiene o no lo lleva, caballero?
        --Joder, mire que llega a ser espeso usted.
        --Caballero, le estoy hablando con educación.
        --¿Y de qué me sirve que me hable con educación si no entiende lo que le digo? No tengo móvil. No lo puedo dejar en la bandeja porque no tengo móvil, no llevo.
        --Las normas dicen que se ha de dejar el móvil aquí antes de entrar en la sala.
        --Me parece perfecto. ¿Y qué dicen las normas de las personas que no llevan móvil? ¿Qué han de dejar para poder entrar? ¿El cerebro, como usted?
        --Creo que voy a llamar a seguridad, caballero.
     
     
        --Damas y caballeros, debemos suspender la conferencia prevista. Al parecer ha habido algún malentendido, y el conferenciante no... ah... er... no se ha presentado. ¡Ejem! Disculpen.
        --Te digo que lo he visto cuando llegaba. ¿Cómo pueden decir que no se ha presentado?
        --A lo mejor se ha encontrado mal y ha tenido que volverse a casa.
        --Todo esto es muy raro.
     
     
    FIN.
     
     

    July 15

    MÁS ALLÁ DE LA DUDA, de Peter Hyams: Más acá del más allá


    (c) 2009 by J.C. Planells

     

    La ya larga carrera como director de Peter Hyams no ha despertado nunca pasiones, todo lo más una, digamos, atenta indiferencia y gracias. Lo curioso es que, hablando en estricto sentido, cabría considerarle un "autor" con todas las de la ley: dirige, fotografía y --muchas veces-- produce y escribe sus propias películas; sólo le falta poner la música y actuar en ellas. Sin embargo, nadie se engaña al respecto: por muchas tareas que asuma, Hyams seguirá siendo un nombre de muy escaso atractivo para el cinéfilo: carece de personalidad, de eso que se llama mundo propio y de estilo reconocible. Otros directores que se limitan simplemente a dirigir y nada más, tienen más mundo personal y estilo que él.
    Aun así, echando un vistazo a su carrera, hay algunas --pocas-- cosas interesantes. Este hombre parece dividir su cine entre el "me he pasado" y el "no he llegado". Es decir, en películas donde se equivoca lamentablemente y resuelve mal la historia, y otras, a priori interesantes, donde le falta la fuerza para redondear la historia. Ejemplos de estas últimas --las más competentes de su carrera-- serían su primer film, Manos sucias sobre la ciudad (nadie lo recuerda y es una lástima), Capricornio Uno (que hace poco un crítico confundió con La amenaza de Andrómeda, de Wise, lo que demuestra que Hyams tiene mala suerte incluso para ser recordado), Atmósfera cero (que casi todos los fans de la ciencia ficción jalean exageradamente, pero resulta bastante visible), Permanezcan en sintonía (una sátira del mundo de la televisión que no llega a las consecuencias esperadas) y Los jueces de la ley (detestada por la crítica por estar interpretada por Michael Douglas). Entre las del "me he pasado", están fiascos como Un detective curioso (adaptación de la novela de Keith Laumer Fat Chance, donde consigue invertir por completo el sentido de la historia original, y mira que era difícil hacerlo), 2010: Odisea dos (que nos chafó la guitarra a los fans del film de Kubrick: nada fue lo mismo), Más fuerte que el odio (un thriller en el que nunca quedaba claro qué pretendía denunciar), El fin de los días (o cómo hacer el ridículo con una buena historia), El mosquetero (o cómo convertir la novela de Dumas en un mezcal de adaptación marveliana y film de kung-fu) y Testigo accidental (un remake de The Narrow Margin de Fleischer que sólo conseguía ser ruidoso y nada más).
    Ahora nos ofrece un (otro) remake: el del último film americano de Fritz Lang, rodado en 1956 con idéntico título, y del cual él mismo se ha encargado de escribir el guión, basándose en el original de 1956, actualizándolo y cambiando personajes y diversos detalles. Vaya por delante que el film de Lang cuenta una historia muy notable y con no poca mordiente, aunque en mi opinión la cosa se iba al garete por culpa de una pirueta final. Esto es algo que en general no suele ser comentado: el film de Lang se considera una obra maestra, etc. etc., y sin duda es, como digo, un gran film... pero que cojea por culpa de esa pirueta de guión, que echa al traste todo lo precedente (algo que los puristas del cine jamás admitirán).
    Curiosamente, en el film de Hyams, aun con tantos cambios de personajes, se mantiene la pirueta final... y aquí no molesta para nada ni estropea el film. ¿Motivo? Bien, el espectador ya está acostumbrado a que le regalen con una sorpresa al final del thriller de turno la mayoría de las veces, y es difícil que a estas alturas le pillen con la guardia baja, máxime cuando Hyams, torpe director donde los haya, esconde todo lo mal que se pueda imaginar sus cartas y siembre alegremente el film de pistas "para que las tengamos presentes" (pensándolo bien, incluso da risa lo mal que lo ha hecho). Que es muy mal director lo demuestra que la mitad de la sala salió de la proyección el día en que asistí a verla sin entender muy bien el desenlace, y precisaron que la otra mitad se lo explicase. Bien, torpe dirección aparte, aquí sí encaja lo que estropeaba el film de 1956, por la sencilla razón de que la historia es una banalidad comparada con el original de Lang, los personajes son tópicos y típicos (fiscal corrompido, matón a sueldo, poli duro pero con corazón, chica honesta y esforzada, periodista con ansias de futuro brillante y amigo del periodista que todos sabemos acabará mal a mitad del film) y con ese personal no se puede hacer lo mismo que pretendía el film de Lang: cuestionar la justicia desde dentro mismo. Hyams lleva a cabo un juego efectista, una historia archisabida de otras veces, y le sale regular y aún gracias.
    Decir que Más allá de la duda no molesta ni ofende es casi peor que decir que es una mala película o una película insuficiente: se ve, distrae a ratos, no emociona nunca, y en alguna ocasión bordea el ridículo (esa carrera en coche a toda pastilla del amigo del protagonista, esa aparición cual vulgarísimo deus ex machina de Orlando Jones en el parking, o el mismo desenlace final del film, resuelto de cualquier mala manera...). Pero estaba claro que a Hyams no se le podía pedir nada más que el habitual thriller de fin de semana para pasar el rato en verano, y en todo caso hay que dar las gracias que el film se acerque más a Los jueces de la ley que a El mosquetero. Como dice el refrán, de donde no hay, no se puede esperar nada.
     

    July 13

    LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (y 3)

    ("The Madman Theory", escrita por Jack Vance)


    Jack Vance a escena
     
    Hubo más novelas "Ellery Queen" por otros autores. Lee y Dannay escribieron, por su parte, tres novelas más, hasta la muerte de Lee en 1971, momento en que Dannay decidió que no habría ninguna novela más, ni auténtica ni firmada por "negros". Ahora examinaremos el caso de Jack Vance, un muy conocido escritor de ciencia ficción que publicó tres novelas firmadas como Ellery Queen: Los cuatro Johns (1964), A Room to Die in (1965) y The Madman Theory (1966). Sólo conozco la primera de las tres, de la que existen varias ediciones en castellano, unas en México y otras en España. (Vale la pena señalar que la mayoría de falsos Ellery Queen fueron editados en México por Diana --en ocasiones con escasa distribución en España-- o en España por Picazo, principalmente, además de alguna aparecida en Molino y Alianza Editorial, y dos en Argentina por El Séptimo Círculo).
    La autoría de Vance fue al parecer pronto conocida. Vance no se sentía satisfecho con las novelas que escribió para Lee y Dannay, y consideraba además que los dos primos estropeaban su estilo pulido con el suyo, tan tosco (eso decía él). Es una opinión algo discutible (por decirlo educadamente), porque si hay autores que puedan mimetizarse, esos son precisamente Jack Vance y Ellery Queen, y si hay una novela firmada "Ellery Queen" puramente de Vance, esa es precisamente Los cuatro Johns. Vance sabía, además, que los dos primos tenían siempre la palabra final sobre el manuscrito de la novela, tanto si ésta partía de un argumento y personajes suministrados por ellos mismos, como si dicho los mismos eran elaborados por el "negro" literario. Cabe señalar al respecto que las novelas sin protagonismo de Ellery Queen, escritas por autores del género policial --incluidas las tres de Jack Vance--, eran casi tosdos ellos libros de bolsillo de gran tiraje, y que Lee y Dannay sólo suministraban argumentos o tramas de unas pocas líneas en la mayoría de ocasiones. La mano de los dos primos es reconocible en novelas como El cocinero del diablo o El ganso de oro, ambas escritas por el pulcro Fletcher Flora y que constituyen dos entretenidas novelas de misterio; pero otras como Besa y mata o El toque asesino (ambas escritas por Charles W. Runyon, un autor de tercera fila en ciencia ficción y novelas policiacas de acción), resulta muy difícil imaginar que fueran siquiera supervisadas por Dannay (o que el argumento fuera siquiera suyo): son puros productos de lo más anodino y vulgar de la novela policial. Tanto es así, que la segunda única novela sin protagonismo de Ellery, Cop Out, atribuida siempre a Lee y Dannay, y publicada en 1969, una novela negra con todas las de la ley, vio siempre puesta en duda su autoría, su paternidad, por lo inusual de su premisa, pese a las constantes afirmaciones de Lee y Dannay, hasta el fallecimiento de éste, sobre su autoría. A día de hoy, sigue el debate respecto a la "originalidad" de este extraño --por su argumento de novela negra dura-- libro.
    Volviendo a las novelas de Jack Vance, es difícil saber con certeza si el argumento de las tres, o de sólo alguna de ellas, pertenecía a Vance o a Manfred Lee o a Dannay (según la leyenda, Lee era el "urdidor de tramas" y Dannay "el ejecutor" de las mismas, lo cual no impedía fuertes discusiones entre ambos primos durante su producción entre 1929 y 1958, ninguno de los dos dispuesto a dar a torcer su brazo sobre un detalle por nimio que fuese: por lo visto, eran el equivalente a Lennon y McCartney en cuanto a novela policiaca). Los cuatro Johns es puro Vance: un hombre, del cual sólo se sabe que se llama John, ha asesinado a una chica con la que tenía relaciones; pero resulta que la chica en cuestión conocía a cuatro tipos que se llamaban John, cuatro hombres muy distintos entre sí; un amigo de la hermana de la fallecida se compromete a descubrir cuál de ellos es el John asesino. Este planteamiento recuerda a no pocas tramas de novelas de ciencia ficción de Jack Vance: sin ir más lejos, la búsqueda del protagonista de Los príncipes demonio para descubrir y matar a los cinco asesinos de su familia, por citar una sola de las muchas obras de Vance en las que el argumento, o uno de los elementos de la intriga, es localizar a un asesino/traidor/conspirador cuya identidad se desconoce, o que puede haber adoptado el aspecto o identidad de otras personas para suplantarlas. Si la trama fue ideada por Manfred Lee, no hay duda de que en este caso eligió al autor más apropiado para desarrollarla novelísticamente. Posteriormente, Dannay revisó el texto de Vance para adecuarlo al "estilo Ellery Queen", lo que molestó sobremanera a Vance, y que se repetiría en las siguientes dos novelas que firmó como Ellery Queen. Un examen del manuscrito original inglés quizá permitiría comprobar mejor todo esto, ya que Vance escribe con un estilo muy propio e indentificable, al menos en ciencia ficción. No creo que tenga demasiada importancia, en todo caso, pues como se ha dicho antes el estilo de Vance y el de Ellery Queen eran fácilmente asimilables el uno por el otro: comparten un fino humor y un toque de cultura y elegancia. Probablemente, Vance no habría mejorado a Sturgeon en El jugador de enfrente, pero a su vez Sturgeon no habría sabido desarrollar una intriga como la de Los cuatro Johns, de Vance. Ambos, sin embargo, escribieron las mejores novelas como "Ellery Queen".
    Lamento no conocer A Room to Die in, un clásico misterio de "cuarto cerrado", que además está considerada como la mejor novela publicada con el seudónimo mercantilizado de "Ellery Queen", lo cual la emparejaría a la nominación al Edgar obtenida por Sturgeon por su primera contribución. La sinopsis argumental que he leído de la novela también podría atribuírsele a Vance, por más que el misterio del cuarto cerrado sea un clásico de la Edad de Oro de la novela detectivesca (y que en ese año de 1965 todavía seguía cultivándolo, algo fatigosamente ya, John Dickson Carr, sin enterarse de que era algo un poco obsoleto). Pero los Queen no abordaron de una manera directa, sino muy tangencial, este tema en sus novelas de la Edad de Oro, o al menos no en la forma de "truco de prestidigitador" usual en el resto de autores de dicha época. Que esta novela, con un tema detectivesco más propio de la década de 1930 que de la de 1960, despertase tanta admiración en 1965 indica que no fue tanto la trama como su desarrollo lo que resultaba una novedad, o al menos literariamente refrescante (es decir, totalmente lo contrario que en Dickson Carr, que tenía más de prestidigitador que de novelista, según él mismo admitía sin reparos); y ello lleva a pensar que la trama fue idea de alguien literariamente algo más joven (Vance había nacido en 1916) que los dos primos (nacidos en 1905), y con un cierto espíritu imaginativo (caso de Vance por llevar escritas muchas novelas y relatos de ciencia ficción, algunos con temas policiacos de fondo). Cuesta un poco imaginar a Lee y Dannay creando misterios de cuartos cerrados en 1965, según un esquema propio de 1935. Cierto, todo esto es especulación, y el único que puede confirmarlo es el propio Vance, aún con vida en el momento de escribir esto y que no siente mucha simpatía por esas tres novelas suyas para Ellery Queen.
    La última de ellas fue The Madman Theory, cuya trama sí parece pertenecer a Manfred Lee por un detalle que concuerda con el de otras novelas escritas por otros autores con la firma de Ellery Queen: se incluye al principio una "lista de personajes" con sus características más relevantes, y el argumento --una cadena de crímenes presuntamente atriuida a un perturbado (la teoría del loco a que alude el título)-- es quizá más deudora de Lee-Dannay que de Vance (a este respecto conviene recordar una de las mejores novelas del tándem Lee-Dannay, publicada a finales de los años cuarenta: El gato de muchas colas, con un argumento semejante: una cadena de crímenes atribuida a un loco aterra a la ciudad de Nueva York convirtiéndola en una ciudad de pesadilla). Esta fue la última colaboración de Vance para los dos primos, y quizá la menos interesante, aunque no habiéndola leído no puede afirmarse con seguridad.
     
    Conclusiones
     
    La figura del negro literario o ghost writter (que literalmente significa "escritor fantasma", como dijimos al principio) ha sido vista siempre con recelo y menospreciada. Pero en todos los tiempos fue algo recurrente: Alejandro Dumas escribió muy pocas de sus centenares de novelas (era físicamente imposible hacerlo y llevar al mismo tiempo la vida de juergas y viajes que desarrollaba), y sus máximas creaciones, Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo entre otras, fueron en colaboración con otro afamado autor que sería quien realmente llevó todo o casi todo el peso de la escritura, si bien la trama y el desarrollo de los acontecimientos eran ideados por Dumas.
    La figura y prestigio de Ellery Queen no se ha visto amenazada por el montón de novelas de bolsillo publicadas bajo ese nombre durante la década de 1960 (y las espurias y casi ignoradas de 1941), porque pronto lectores y estudiosos supieron separar lo genuino de lo falso, lo auténtico de lo mercantilista. Pese a ello, las bibliografías de Ellery Queen difícilmente coinciden en lo publicado con esa firma a partir de 1960 (aunque saben omitir los espurios de 1941), tras El golpe final, la novela que marcaba --o así lo parecía-- el adiós de autores y personaje. Algunas de estas bibliografías no mencionan el mejor Ellery Queen de esta segunda etapa, El jugador de enfrente; otras sí, pero prescinden de La casa de latón o Y en el octavo día... Finalmente, varias deciden considerar los dos Sturgeon y los dos Davidson como falsos Ellery Queen, prefiriendo sin embargo Estudio en terror, una colaboración con Paul W. Fairman que tenía su origen en un guión cinematográfico de otros dos autores, como hemos visto, a la que consideran un auténtico Lee-Dannay. Está claro que ninguna de estas cinco novelas (a las que hay que añadir un relato que escribió el prolífico Edward H. Hoch, "The reindreer Clue", protagonizado por Ellery Queen, e incluido en una recopilación de 1968), ni las otras tres que escribieron (plausiblemente) por su cuenta Lee y Dannay entre 1967 y 1971 pasarán a la historia de la novela policaca ni formarán parte de lo mejor aparecido bajo la firma de Ellery Queen: esto se circunscribe al periodo de 1929-1958. Es decir, la fama de los auténticos Ellery Queen está cimentada, en primer lugar, en el grueso de su producción durante la década de 1930, incluyendo las cuatro novelas protagonizadas por Drury Lane; en segundo lugar, en el ciclo de novelas ambientadas en el pueblo de Wrighstville, donde buscaron nuevos hálitos para la novela policiaca, y en tercer lugar, a dos novelas en concreto como son El gato de muchas colas (1949) y La ciudad contra Kowalszyk (The Glass Village) (1954). Lo que sí está claro es que fueron los escritores de ciencia ficción Theodore Sturgeon, Avram Davidson, Paul W. Fairman y Jack Vance quienes produjeron los mejores Ellery Queen no genuinos ("falsos") de la década de 1960.
    Al lector de género policiaco todo esto le importa muy poco. No es un lector que se caracterice precisamente por su amor o interés por las bibliografías, la integridad de los textos, la autoría de los mismos, la diferencia entre las ediciones de una misma novela o del texto de dicha novela. Lo he comprobado personalmente y con no poca sorpresa. (Dos ejemplos: Uno, hay lectores a los que les importa un pito que algunas ediciones de Ellery Queen en Hachette de Buenos Aires estuviesen notablemente abreviadas en texto --aunque se anunciaban como "íntegras"-- y las preferían a las editadas años después por Picazo en Barcelona (y que sí eran en verdad íntegras); y dos, cierto superfán de novela policiaca aseguraba que Agatha Christie había escrito ¡300 novelas!, ¡¡y lo demostraba!!: según él, la colección Selecciones de Biblioteca Oro de Molino, que alcanzó los 300 números, estaba totalmente dedicada a la autora, y sin embargo él sólo había conseguido reunir 81 y buscaba con afán los 219 que le faltaban... Doy fe de que resultó imposible hacerle entender que esos 219 eran novelas de otros autores). Es, por lo tanto, un tipo de lector y aficionado muy distinto al de la ciencia ficción. Le gusta el género policial pero tiene una visión un tanto superficial del mismo. Se tragaría un Ruth Rendell que en realidad hubiera escrito Mary Higgins Clark sin el menor problema y sin advertir ninguna diferencia (de hecho, conozco a un aficionado al género que cree que las novelas de Ruth Rendell "son romances policiacos"). El lector de ciencia ficción es mucho más mirado, lo cual no significa que no se le pueda engañar con mala fe; los hay que aún se creen, tras leerla, que cierta novela de la antigua colección Galaxia de Vértice es de Robert Heinlein porque lo pone en la portada y la página de créditos, cuando en realidad es otra basurilla del prolífico R.L. Fanthorpe. Afortunadamente, algunos de los que la han leído se han quedado desconcertados y extrañados, y han mirado con sospecha la novela.
    Al lector de género policial sin duda le entrarán con dificultad los cinco Queen escritos por Sturgeon, Davidson y Fairman, aunque este último repito es un caso especial (autoría a cinco manos, sería más justo calificarlo). Pero si tiene dos dedos de frente, rehuirá gato por liebre del montón de noveluchas con la firma de Ellery Queen y sin el protagonismo de Ellery que circulan aún en librerías de segunda mano. En cuanto a los fans de ciencia ficción, sin duda disfrutarían de los tres Jack Vance, si es que disfruta de Vance como autor de ciencia ficción.
    ¿Qué llevó a Manfred Lee y Fred Dannay a elegir a Surgeon y Davidson para sus novelas protagonizadas por Ellery Queen? Cierto que no están a la altura de sus obras de 1930-1940, pero el resultado es, en general, más que digno. Como se ha dicho, ambos eran autores conocidos y bien reputados, pertenecían a la misma agencia literaria y habían publicado relatos de misterio en la revista de los Queen. Sin duda confiaron en que su estilo limpio y culto podía fundirse (o confundirse) con el de ellos mismos. Es algo que no sabremos nunca, pues los implicados ya no están entre nosotros. Pero es curioso ver cómo esos dos escritores, de "otros mundos", supieron encajar sin dificultad alguna en los mundos de autores tan ajenos a ellos. Ningún escritor de novela policiaca hubiera obtenido mejores resultados. Pero, claro, vivir "en otros mundos" era lo suyo... y eso incluye a Vance aunque no escribiera aventuras de Ellery, y a Fairman, que debía separar su estilo del de Lee-Dannay en su aportación, e imitar... a Conan Doyle.
     
    Bibliografía
     
    La presente bibliografía sólo se refiere a los autores de ciencia ficción mencionados en este estudio.
     
    Theodore Sturgeon:
    El jugador de enfrente (The Player on the Other Side). Editorial Diana, col. Caimán. México 1966.
    La casa de latón (The House of Brass). Editorial Diana, col. Caimán. México, 1969.
     
    Avram Davidson:
    Y en el octavo día... (And on the Eight Day...). Editorial Diana, col. Caimán. México, 1966.
    El cuarto lado del triangulo (The Four Side of the Triangle). Editorial Diana, col. Caimán. México 1967.
     
    Paul W. Fairman:
    Estudio en terror (A Study in Terror). Editorial Diana, col. Caimán. México, hacia 1967. Incluida con el mismo título en la antología Jack el Rojo, Ultramar Editores, col. Zona Oscura, Barcelona 1990.
     
    Jack Vance:
    Los cuatro Johns (The Four Johns/A Man Called John). Ediciones Picazo, col. Polismen. Barcelona 1975. Otras ediciones o reediciones: Editorial Diana, col. Caimán, México, Ed. Fórum, Barcelona, y Ed Picazo, Barcelona (distinta colección). 
     
     
    (Para una completísima información sobre Ellery Queen, sus novelas, las de otros autores, ediciones de todos los tiempos y traducciones a diversos idiomas, sinopsis argumentales, datos biográficos, curiosidades, etc. etc., existe una web-enciclopédica que se actualiza regularmente, neptune spaceports.com./queen.)
     

    July 10

    LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (2)

     

    ("El jugador de enfrente": escrita por Theodore Sturgeon)


    Culpables a escena
     
    El primer escritor de ciencia ficción que publicó una novela como Ellery Queen fue Theodore Sturgeon (1918-1985), con El jugador de enfrente, aparecida en 1963 y que sería nominada en 1964 al premio Edgar a la mejor novela policiaca del año. No ganó, y quizá debamos llegar a la conclusión de que resultó mejor que fuese así pues es difícil imaginar lo que hubiera ocurrido si una novela escrita en su totalidad por Sturgeon les hubiese reportado un premio tan importante a Lee y Dannay. El jugador de enfrente es, sin duda, el mejor Queen de la tercera época de los autores originales. Está brillantemente escrita, el argumento es original y el desarrollo impecable. Pero debe quedar clara una cosa: que quienes escribieron las nuevas aventuras de Ellery Queen, con la parcial excepción de Paul Fairman, así como otros autores de novelas sin protagonismo de Ellery, lo hicieron partiendo de una sinopsis argumental, una trama y unos personajes diseñados y desarrollados por Manfred Lee, y que Fred Dannay estuvo siempre a cargo de la revisión final del manuscrito entregado por el "negro" de turno. Es algo muy lógico, teniendo en cuenta que en esta novela, y en las otras que escribieron Sturgeon y Davidson, el protagonista era su célebre creación, el simpático novelista y detective Ellery Queen, acompañado a veces del gruñón inspector Richard Queen, su padre, y del eficaz sargento Velie. En todo caso, Sturgeon --un autor que no pasaba en aquel entonces por sus mejores momentos creativos, como era bien sabido en el mundillo de la ciencia ficción, y que había recibido no pocas ayudas por parte de Robert A. Heinlein-- desarrolló una novela excelente partiendo del material suministrado por Lee, puesto que era más que evidente que la misma significaba un alejamiento del estilo que ofrecía El golpe final y un regreso a los años felices de El misterio del ataúd griego, pongamos por caso. La diferencia era que Sturgeon podía poner en la narración el entusiasmo que a unos fatigados Lee y Dannay acaso les costaba retomar. Otro dato de que se habló al respecto, junto con el económico y editorial, fue el bloqueo narrativo o de escritura por parte de los dos primos (o de uno de ellos). Inverosímil --en mi opinión--, si tenemos en cuenta que ellos mismos suministraban la trama y los personajes y que posteriormente escribirían por sí mismos, sin ayuda de "negro" alguno, novelas protagonizadas por Ellery (Cara a cara, La última mujer de su vida, A Fine and Private Place...). La siguiente colaboración de Sturgeon se produjo más tarde, en 1968, tras las de Davidson y la de Fairman, y fue La casa de latón. Esta es una novela muy inferior, que viene después de un Ellery Queen genuino, Cara a cara, que es ciertamente mejor (si bien muy lejos de las novelas de la década de 1930 y alguna de la de 1940). Al contrario que en El jugador de enfrente, en esta ocasión cabe hablar de colaboración plena, puesto que La casa de latón fue escrita al cincuenta por ciento entre la pareja de primos, Lee-Dannay, y Sturgeon, y carece de la buena atmósfera lograda por éste en su anterior novela, e incluso la intriga es notablemente inferior (de hecho, es claramente vulgar). La mano de Sturgeon no se percibe en parte alguna, pero no debe extrañarnos si se tiene en cuenta que fue la menos participada por el "negro" de turno. Curiosamente, algunas fuentes la atribuyen a Avram Davidson, autor de dos publicadas anteriormente a ésta, y otras, por su parte, no están muy seguras de si es de Davidson o de Sturgeon. Las voces --y referencias-- más autorizadas le conceden la autoría a Sturgeon, pero dicha autoría es muy relativa, pues en el caso de La casa de latón cabe hablar de colaboración entre los tres novelistas (Lee, Dannay y Sturgeon), en lugar de una delegación de autoría de Lee y Dannay en Sturgeon. Se afirma en otras fuentes que en su momento se le ofreció escribirla a Avram Davidson, que ya llevaba dos con los primos, pero rechazó hacerlo --o acaso se lo impidieron sus otros compromisos profesionales-- y delegó la tarea en Sturgeon: eso explicaría la disparidad de criterios en torno a esta novela. Y aun en el caso de que fuera efectivamente de Davidson, tampoco se percibe su autoría --en comparación con las dos que sí escribió para Lee y Dannay--. Sea cual sea la verdad, es una novela absolutamente gris que si destaca por algo (aunque suene a paradoja) es por pasar totalmente desapercibida entre el resto que aventuras de Ellery Queen. Difícil averiguar la verdad hoy día ya.
    No debe sorprendernos la participación de Sturgeon en esas tareas. Como ha quedado dicho, la década de 1960 no fue buena creativamente para él: novelizaciones de guiones de películas, trabajos de encargo de toda índole y tareas realmente inferiores fueron el grueso de su producción durante esa década. Probablemente, la nominación al Edgar por El jugador de enfrente debió de enorgullecerle por un lado, pero por otro puede que le entristeciera o incluso le amargara: pues no era su nombre el que figuraba en la portada ni en el copyright del libro, sino el de uno de los grandes de la novela policiaca americana.
    Avram Davidson, un autor sin problemas parecidos a los de Sturgeon y director durante una etapa de la prestigiosa Magazine of Fantasy and Science Fiction, escribió consecutivamente a la primera de Sturgeon dos novelas protagonizadas por Ellery Queen: Y en el octavo día... (1964) y El cuarto lado del triángulo (1965). Era evidente que Lee y Dannay conocían la obra literaria en el campo de la fantasía y la ciencia ficción de Sturgeon y Davidson, autores de los cuales habían publicado asimismo algunos relatos de misterio en su propia revista, Ellery Queen´s Mystery Magazine, por lo que fueron ellos los reclutados en lugar de otros para novelas protagonizadas por Ellery Queen, lo cual deja bastante claro (o al menos, no caben muchas dudas al respecto) que Lee y Dannay confiaban más en el estilo elegante, fino y culto de ellos dos para sacar adelante esas novelas con Ellery Queen, frente a la tosquedad y vulgaridad de estilo de los Holding, Deming, Marlowe y demás reclutados de entre los novelistas de género policial, muy alejados de los mundos detectivescos de Ellery. Aunque no siento mucha admiración (ninguna, en realidad) por la obra de Avram Davidson, reconozco que su estilo literario y el de Theodore Sturgeon se acomodaban de manera asombrosa a las novelas con protagonismo de Ellery Queen. Davidson y Sturgeon eran dos estilistas finos, de elegante prosa (si bien un tanto moroso el primero de los dos), con un sentido del humor algo similar a veces al de la pareja Lee-Dannay. Sin duda, Jack Vance hubiera podido escribir una novela protagonizada por Ellery, con igual buen resultado, pero, aparte de estos tres, ningún otro "negro" policial de los reclutados durante la década de 1960 hubiera podido hacerlo de manera satisfctoria.
    Las dos novelas de Davidson son correctas, pero nada más. Superiores, eso sí, a la posterior y --como hemos visto-- de autoría aún discutida La casa de latón. Las dos tienen mucho del estilo lento, calmado, descriptivo y un tanto aburrido de Davidson, así como de sus mundos cerrados. En particular, Y en el octavo día... es una novela que invita a desistir de su lectura a las primeras páginas, algo insólito en un Ellery Queen genuino, y que demuestra un cierto descuido acaso en la revisión final llevada a cabo por Dannay; y sería una lástima el abandonar dicha lectura, pues finalmente se revela como una novela realmente insólita, en la que el personaje de Ellery Queen se encuentra prácticamente prisionero en una ciudad misteriosa, a manos de un extraño profeta que basa su religión en... la obra de Adolf Hitler Mi lucha. Quizá no sea un Ellery Queen de primera fila, pero es ciertamente el más extraño de todos, la aventura más singular de toda la carrera detectivesca de Ellery, y el resultado final de plasmar esa extraña historia no es ajeno a los méritos de Davidson, quien supo hacer uso de las técnicas de escritura de ciencia ficción y fantasía para una novela policiaca de tonos más fantásticos y descabellados de lo usual. Quizá Sturgeon lo hubiera hecho aún mejor que Davidson (por lo menos, su estilo no es tan moroso y lento), pero cabe decir que si el argumento es de Lee o Dannay, el desarrollo es totalmente de Davidson. Probablemente, muchos que la hayan leído y sepan de su atribución a Davidson caerán en el error de considerarla plenamente obra de Davidson, debido precisamente a su reputación como autor de ciencia ficción y fantasía de corte intelectual. De hecho, yo mismo así la he considerado durante bastante tiempo, y bueno es rectificar el error, puesto que Lee y Dannay eran dos personas muy cultas, y el recurrir a obras literarias como leit-motif de los crímenes ya había aparecido en alguna que otra novela o relato de la época de 1930-1955: mencionemos, por ejemplo, la novela corta "La lámpara de Dios"  (de la que existe incluso una edición española como novela suelta con el título Alicia en el país del desconcierto), una alocada novela policial de tono surrealista, con lo cual ya no debe sorprendernos encontrar en el haber de los genuinos Lee y Dannay esta aparente rareza que es Y en el octavo día....: el argumento, la trama, es completamente de ellos y delegaron en Davidson la escritura. En ocasiones, además, el tono de la novela recuerda a los mejores momentos del "ciclo de Wrigthsville", algo que contrasta abiertamente  con El jugador de enfrente, pero que tampoco es nada inusual en Lee y Dannay: en 1954 habían publicado una novela sin protagonismo de Ellery, en la que ponían a caldo el terrible maccarthismo de aquellos años, en clave de novela policiaca (La ciudad contra Kowalszyk), ambientada también en una pequeña ciudad con escaso número de habitantes, lo cual guarda pues cierto parecido con el ciclo de Wrighstville y con esta escrita por Davidson: probablemente, creyeron que el estilo de Davidson se adecuaría mejor a una historia tan claustrofóbica como la de Y en el octavo día... en lugar del de Sturgeon.
    El cuarto lado del triángulo, la siguiente novela escrita por Davidson, es muy inferior, tanto argumental como detectivescamente, e incluso a nivel de desarrollo y escritura. Se trata de un misterioso asesinato ocurrido en el seno de un triángulo amoroso. El estilo de Davidson se vuelve un poco más moroso de lo habitual, aunque como el tono de la novela es casi tan claustrofóbico como el de la anterior, curiosamente el resultado final es aceptable, aunque sea una novela escasa en ambiciones comparada con Y en el octavo día...
    Y en 1966 aparece la colaboración de Paul W. Fairman, Estudio en terror. Fairman (1916-1977) fue un vulgarísimo escritor de ciencia ficción y amontonador de seudónimos varios, cuya mayor gloria literaria es precisamente el haber colaborado en esta novela, la menos relevante pero la más divertida de las aventuras de Ellery Queen desarrolladas por otros autores. Esta es una novela muy peculiar. Se basa en un film británico de 1965, estrenado en España con idéntico título, y con guión original escrito por Donald y Derek Ford, quienes arman una intriga en el Londres de finales del siglo XIX enfrentando a Sherlock Holmes contra Jack el Destripador. Para la novelización de este guión se planificó una doble intriga: Ellery Queen --el personaje de Lee y Dannay-- encontraba un presunto manuscrito de Conan Doyle en el que se narraba una aventura de Sherlock Holmes, pero que carecía de final. La novela alternaba los pasajes de Holmes con los de Ellery. Los pasajes narrados (como de costumbre en las aventuras de Holmes) por el doctor Watson están escritos en la forma del habitual pastiche holmesiano por Paul W. Fairman, y los fragmentos protagonizados por Ellery Queen fueron escritos por Lee y Dannay directamente. La aportación de Fairman partía, evidentemente, del guión original del film. Se trata, por lo tanto, de una colaboración ciertamente peculiar. Fairman solventó su papeleta con profesionalidad, partiendo del trabajo de otros (Donald y Derek Ford), y la pareja Lee-Dannay añadieron lo suyo, revisando además lo ajeno. En todo caso, esta novela es una delicia para los fans de Sherlock Holmes, de Ellery Queen... y de Jack el Destripador.
     
    (continuará)
     

    July 08

    LOS FANTASMAS DE ELLERY QUEEN (1)


    (Este artículo se publicó en la revista Galaxia, nº 14, mayo-junio de 2005. En relación con esa primera aparición se han corregido, modificado y ampliado diversos detalles, así como completado la información con nuevos datos descubiertos posteriormente. Se ofrece en tres entregas debido a su extensión.)
     
    (c) 2005 by J.C. Planells (revisado y ampliado en 2009)
     
      Manfred E. Lee y Frederic Dannay
    Presentación
     
    Jack Vance, Theodore Sturgeon, Avram Davidson y Paul W. Fairman fueron los principales autores de ciencia ficción que escribieron novelas firmadas como Ellery Queen, ejerciendo de ghost writters (que traducido literalmente significaría "escritores fantasma"), es decir, de "negros" literarios para la pareja formada por Manfred B. Lee (1905-1971) y Frederic Dannay (1905-1982). Hubo otros, como Milton Lesser, Frank Belknap Long, Charles W. Runyon o Walt Sheldon, pero su aportación fue insignificante y su trayectoria como escritores de ciencia ficción carece también de significancia. El caso de Berknap Long fue muy curioso, pues se limitó a hacer de "negro" para otro "negro", sin que Lee ni Dannay lo supiesen. Cabe decir que ejercieron de "negros", o firmaron novelas como Ellery Queen, otros autores, estos de novela policiaca, como Richard Deming, Talmage Powell, Fletcher flora o Gil Brewer, entre otros. Actualmente, ya existe una atribución plena de los títulos que corresponden a cada autor, si bien hay algún caso --como veremos-- en que la misma obra se atribuye indistintamente a dos autores sin que haya acuerdo según las fuentes consultadas; muchos de los datos relativos a los "negros" literarios de Ellery Queen tardaron en ser descubiertos por completo, y se desconocen aún algunos detalles (pocos autores permanecen aún vivos en estos momentos de entre los que participaron en esta operación editorial). En este artículo nos proponemos establecer para el aficionado y el curioso el grado de interés y participación de los cuatro primeros autores mencionados, que además firmaron las mejores novelas como Ellery Queen escritas por "negros" literarios. Para llegar a ello es preciso realizar primero un somero repaso a la historia y antecedentes que condujeron a la existencia de ese ejército de autores fantasma.

    Quiénes, cuándo y por qué
     
    Manfred E. Lee y Frederic Dannay eran dos primos americanos residentes en distintas ciudades que escribieron unas treinta novelas policiacas en colaboración, así como diversos relatos recogidos luego en volumen y algunos libros de ensayo sobre novela policial. Todo empezó cuando en 1929 participaron en un concurso organizado por una revista de relatos de misterio y ganaron el premio de novela con El misterio del sombrero de copa, primera de las aventuras protagonizadas por el novelista de misterio y detective aficionado Ellery Queen, su padre el inspector Richard Queen y los colaboradores habituales de la policía de Nueva York (el sargento Velie, etc.). Esta novela, así como las que la siguieron, aparecía con la firma de Ellery Queen, nombre del propio personaje protagonista. Así, durante la década de 1930, la llamada Edad de Oro de la novela detectivesca, los dos primos publicaron un buen número de novelas policiacas con enorme éxito, y no sólo eso, sino que firmando como Barnaby Ross escribieron y publicaron otras cuatro, el llamado "ciclo de Drury Lane", asimismo de enorme éxito entre los aficionados, y cuya verdadera autoría --es decir, la de los primos Dannay y Lee-- se revelaría más tarde; a partir de entonces se reeditaron siempre como de Ellery Queen. (No está de más indicar que asimismo, en los años sesenta, el seudónimo "Barnaby Ross" sería usado con autorización de Lee y Dannay para novelas históricas escritas por Don Tracy.)
    El éxito y la popularidad de Ellery Queen, en dura competencia durante aquellos años con Agatha Christie, S.S. Van Dine y John Dickson Carr/Carter Dickson, como máximas figuras de la novela detectivesca (dejemos aparte nombres de autores olvidados hace ya muchos años, pero de gran éxito en esa década) fue tal que les llevó, apenas iniciada la década de 1940, a trasladarse a California para trabajar intensamente para la radio y el cine, escribiendo guiones basados en sus novelas así como otros originales. Su trabajo allí fue ingente, esclavo y nada satisfactorio, estableciéndose la habitual relación amor/odio de tantos otros escritores de diversa fama y condición llamados a trabajar para la denominada Meca del cine. Sólo la radio les concedió mayor libertad de expresión y menos cortapisas que la industria cinematográfica. Aquellos dos primos escritores que habían conseguido en la década de 1930 publicar nada menos que 18 novelas, tuvieron que abandonar temporalmente la publicación de libros. Fue entonces cuando aparecieron los primeros "falsos Ellery Queen", novelas escritas por autores aún no identificados hoy día, que se basaban en los guiones radiofónicos o cinematográficos que sobre sus propias novelas originales escribían Lee y Dannay. Así, por ejemplo, en 1941 apareció El cadáver fugitivo (editada hace muchos años en castellano por Ediciones Jucar), que de hecho era la novelización del guión de una película basado en su novela Tras la puerta cerrada. Le siguieron otras cuatro novelas de iguales características y autoría real desconocida.
    Manfred Lee y Fred Dannay, sin embargo, abandonaron pronto Hollywood y se reincorporaron a la novela, publicando genuinos Ellery Queen, hasta que en 1958 deciden que la novela detectivesca --la de deducción y misterio clásico-- ha llegado a su final (algo que ya se empezó a percibir en 1942, cuando iniciaron el "ciclo de Wrightsville") y publican El golpe final (también traducida como El golpe fatal), novela en la que se despide el detective Ellery Queen y finaliza el ciclo de la ciudad de Wrighstville. Era también la despedida de Lee y Dannay como escritores de novela policiaca, conscientes de que la Segunda Guerra Mundial había liquidado la Edad de Oro de la novela detectivesca que, pese al tímido intento de renovación de Ellery Queen, los demás practicantes insistían en seguir cultivando. Así, unos finalmente abandonaron, otros persistieron hasta el final de sus días, otros (Dorothy Sayers) descubrieron la religión (!), y la excepción fue Agatha Christie, que en realidad jugaba en una liga propia. Lee y Dannay dejaron escribir pero siguieron vinculados a la novela policiaca, como editores y responsables totales de su revista, Ellery Queen´s Mystery Magazine, que Dannay dirigió personalmente hasta su muerte, convirtiéndola en la mejor del mundo en relatos de misterio y policiacos, albergando en sus páginas historias y autores de gran calidad, incluso de muchos no vinculados al género: la calidad del relato era lo principal para Dannay, así como el descubrir nuevos talentos del género policial, sin desdeñar vertiente alguna (detectivesca, negra, humorística, espionaje, relato criminal y psicológico...), y ampliando además sus labores editoriales en la promoción de otros autores mediante antologías de relatos o ediciones especiales de novelas (se les atribuye el recuperar a Dashiell Hammett para el público lector cuando su obra había quedado olvidada por parte de otros editores).
    Y es aquí, a principios de la década de 1960, cuando empieza el caso de los falsos Ellery Queen, el motivo de cuya publicación nunca ha sido clarificado del todo. En 1961 se publica un Ellery Queen escrito por Milton Lesser, un autor que firmaba en novela policiaca como Stephen Marlowe, y en 1963 se publica una nueva aventura del detective novelista creado por los dos primos, El jugador de enfrente, escrita por Theodore Sturgeon. ¿A qué se debió ese inesperado  comeback tanto de autores como del personaje? No hay un acuerdo respecto al motivo. Por un lado, se habla de problemas monetarios de los dos primos; posible aunque improbable: sus novelas seguían reeditándose, y Dannay era editor de su revista y de antologías de relatos policiacos o de libros de otros autores, como queda dicho; por otro lado, se habla de presiones editoriales: probable y muy posible, teniendo en cuenta el funcionamiento editorial de Estados Unidos (si bien en esos años no era tan bestia como lo sería algunas décadas más tarde...). Los editores no estaban muy contentos con que Lee y Dannay hubieran terminado con las novelas policiadas protagonizadas por los dos Queen, padre e hijo, quizá recordando el escándalo que armó el público lector cuando Conan Doyle decidió matar a Sherlock Holmes en el relato "El problema final". Ellery Queen no moría en El golpe final --como se ve, hay una innegable similitud en el título de ambas historias, aunque dudo fuera voluntaria por parte de Lee y Dannay--, pero era un detective desencantado y desmotivado, tras lo vivido en aquella historia. Además, Agatha Christie y John Dickson Carr seguían publicando sus misterios clásicos --además de Rex Stout, híbrido entre deducción y misterio y acción--, y los editores de las novelas protagonizadas por Ellery Queen no veían con buenos ojos la despedida de su autor más emblemático --especialmente, dentro de la novela detectivesca americana, cuyo casi único cultivador pasaba a ser Dickson Carr, que además había abandonado ya a Carter Dickson...--. Es difícil, como digo, establecer la verdad, los motivos reales, teniendo en cuenta que todos los implicados en ello han desaparecido ya, y que los contratos firmados entre primos, escritores contratados para ejercer de "negro" y editores de las novelas establecían una cláusula de confidencialidad (que, al parecer, no debió de ser muy respetada, puesto que se ha acabado conociendo desde hace décadas el nombre y autoría de todas o casi todas las novelas, aunque en algunos casos el misterio se ha prolongado hasta hace muy poco...). Sea cual sea la verdad, si es de orden económico o debido a intereses y presión editorial, el caso es que fue la agencia literaria Scott Meredith --una de las más importantes en aquellos años, y los que siguieron-- la que puso en marcha todos los proyectos relacionados con el tema. Y a propósito, ¿interés económico?... ¿cuál sería éste si Jack Vance cobró 3.000 dólares en 1964 por una sola novela firmada por Ellery Queen, cantidad más que respetable en aquellos años? Si cada autor cobraba más a veces que por sus propias novelas, ¿dónde estaba por tanto la ganancia de Lee y Dannay? No es cuestión que nos interese ahora, ni podríamos descubrirla, careciendo como se carece en general, de datos al respecto, y ante un maremágnun de detalles contrapuestos. Baste decir, pues, que se estableció durante toda la década de 1960 una línea de trabajo: novelas protagonizadas por Ellery Queen, de las que cinco fueron escritas por autores de ciencia ficción, y otras tres entre 1967 y 1971 por Lee y Dannay; y novelas formato bolsillo sin protagonista fijo o con otro detective en plan investigador privado, a cargo de autores de novelas policiacas de segunda/tercera categoría. Esto se mantuvo así hasta la muerte de Manfred Lee en 1971, cuando apareció asimismo el último y genuino libro firmado por Ellery Queen, A Fine and Private Place. Dannay decidió que ya no tenía sentido proseguir escribiendo nuevas novelas y se terminaron todas: las genuinas y las escritas por "negros" literarios.
    Como se ha dicho anteriormente, había un pacto de confidencialidad según el cual los autores contratados no revelarían ni su participación en las novelas que escribieron y firmaron como "Ellery Queen", ni el grado de dicha participación en la novela en cuestión (es decir, si partían de un argumento suministrado por Lee y Dannay, o de un esquema más extenso o de una simple lista de personajes). Pero ya en 1979 la Enciclopedia de Ciencia Ficción editada por Peter Nicholls daba autorías al respecto, como puede comprobarse en las entradas correspondientes a Jack Vance y Avram Davidson, sin ir más lejos. (A ello puede contribuir mi idea personal de que mantener un secreto en el mundo de la ciencia ficción, donde los fans son mucho más activos --por no llamarles cotillas-- que en otro campo literario, es quizá un tanto difícil.) A algunos autores, como Jack Vance, aquel asunto de la confidencialidad y la "negritud" no les hacía mucha gracia y pronto empezaron a difundir y desvelar su autoría, a medida que su importancia como novelistas de ciencia ficción se incrementaba. ¿Cobraron todos lo mismo, esos 3.000 dólares pagados a Vance, por una sola novela? Probablemente sí, o quizá incluso más, por lo menos los que firmaron aventuras protagonizadas por el personaje creado por Lee y Dannay, el simpático Ellery Queen, al ser el personaje emblemático de la pareja de primos escritores (sin embargo, las "prestaciones" de Jack Vance fueron en novelas sin protagonismo de Ellery).
    Otro detalle muy a tener en cuenta es la astucia en la elección de los autores llamados a cumplir la tarea de escribir una novela firmada como Ellery Queen. Los elegidos para las aventuras protagonizadas por Ellery Queen, acompañado de su padre, Richard Queen, en algunas de ellas, fueron Theodore Sturgeon y Avram Davidson, dos autores considerados como de la intelectualidad de la ciencia ficción, premiados y respetados; para el resto de novelas sin protagonismo de los Queen, padre e hijo (es decir, novelas policiacas que a veces eran de misterio, otras thrillers de suspense, otras novela negra o pura acción), los elegidos fueron, por un lado Jack Vance (que había publicado por aquel entonces unas pocas novelas y ganado ya el Edgar de novela policiaca, además de contar con una buena carrera como escritor, la cual se incrementaría notablemente en los años siguientes), y por otro lado un montón de destajistas de nula calidad, como Richard Deming, Talmage Powell, Henry Kane o James Holding. También anduvieron por ahí Milton Lesser, que en policial firmaba como Stephen Marlowe, y que era tan falto en calidad en la ciencia ficción como en la novela policiaca; Fletcher Flora, un autor de agradables relatos para el Alfred Hitchcock´s Mystery Magazine principalmente, y que escribiría tres muy agradables novelas detectivescas clásicas como "Ellery Queen" (Soplo caliente, soplo frío; El ganso de oro; El cocinero del diablo), o Gil Brewer, un interesante autor de novela negra en la década de 1950 (Un asesino en las calles, El echarpe rojo), sumido totalmente en el olvido a finales de la de 1960 (su aportación fue Asesinatos en la universidad). Paul W. Fairman es un caso aparte, como veremos más adelante, y Frank Belknap Long otro, en este caso de cara dura por parte de James Holding, quien habiendo recibido en 1942 el encargo de escribir unas novelas para adolescentes firmadas como Ellery Queen Jr., que llegaron a ser nueve en total, tuvo la cara dura de pasarle el encargo a otros autores, y Belknap Long reconoció en cierta ocasión haber escrito dos de ellas, si bien ya no recordaba cuáles. Tampoco fue el único en reconocer la "maniobra" de Holding, y cuando Manfred Lee se enteró de ello, se enfureció, puesto que se encargaba personalmente de la supervisión de todas las novelas.
     
     
    (continuará)

    July 06

    EL RESPLANDOR, de Stanley Kubrick: La versión americana y otras cuestiones

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

    (Una imagen que relaciona la soledad  en el Hotel Overlook con la soledad en "2001")


    Las versiones americana y europea de El resplandor, film rodado por Stanley Kubrick en 1980, difieren notablemente. La americana tiene una duración superior en unos 22 minutos a la europea; asimismo, las ediciones en DVD son distintas para cada zona: en España --ignoro si ocurre lo mismo en el resto de Europa, cabe pensar que sí-- sólo se comercializa la versión abreviada, del film: 120 minutos, aproximadamente, la misma que se pasa por televisión a veces o ene xplotación comercial. La primera vez que se pudo ver la versión americana en España --que yo sepa-- fue hace unos años en la Filmoteca, ya fallecido Kubrick, en un pase con lleno absoluto y cola durante bastante tiempo antes de que empezara la proyección --y me figuro que muchos se quedaron sin poder verla--, por cortesía de la familia de Kubrick. Que existían dos versiones, ya era conocido desde antes gracias a diversos libros o monografías sobre el director o el propio filme, en las que se daban algunos detalles sobre el mayor contenido de la versión americana; asimismo, también se tiene noticia de algunos planos o escenas suprimidos de esa misma versión americana, que no han visto nunca la luz, gracias a entrevistas con los actores.
    ¿Tiene importancia esa diferencia de duración entre las dos versiones de la película? Pues sí, porque podría hablarse de dos películas radicalmente distintas. Esos veinte minutos de más en la versión americana ofrecen un film diferente. La versión europea puede verse, en comparación, como un filme casi de arte y ensayo en el que predomina la elipse y en el que el personaje de Jack Torrance (Jack Nicholson) se vuelve loco sin causa justificada, lo que, evidentemente, da a su vez motivo a muchas explicaciones a propósito del sentido de esa locura y de la propia película. Una explicación, sugerida creo que por el propio Kubrick hace años en una entrevista, es que El resplandor sería una reflexión sobre la propia creación artística y la dificultad de llevarla a cabo: el hotel Overlook sería la obra, Jack el artista en cuestión, y la familia (esposa, hijo) representaría los muchos obstáculos que le impiden llevar a cabo su obra y contra quienes finalmente debe rebelarse y destruirles. Puede resultar una explicación acaso inverosímil para muchos, pero tiene su parte de retranca por parte de Kubrick, cuyo humor negro no siempre está tan a la vista, como en otras ocasiones sí se muestra (Teléfono rojo, la muestra más evidente). Así, esa versión europea se convierte en la reflexión en clave humor negro del artista sobre su propia obra y la dificultad de desarrollarla en el mundo, sujeto a toda clase de obstrucciones, reglas y compromisos por parte de multitud de personas.
    Ahora bien, esta explicación no nos sirve para la versión americana. Pues aquí estamos ante una película más larga, más detallada, y en donde ciertas escenas o diálogos que no están presentes en la europea cambian el sentido de la historia y del personaje de Jack. Aquí, a poco de llegar al Overlook, Jack Torrance le confiesa en un aparte a su esposa que ha tenido la sensación de que en otro tiempo ya había estado en este hotel, en un pasado o vida anterior... algo que en el final de la película, cuando la famosa escena del zoom hacia las fotografías colgadas en la pared, vemos que es rigurosamente cierto (y al haberse eliminado ese diálogo entre Jack y Wendy en la versión europea, da pie a toda clase de especulaciones por parte de los espectadores). Es decir, Jack es la reencarnación de quien fuera un antiguo músico o visitante del hotel, y cae víctima de su maldición al regresar a él, enloqueciendo de una manera algo más lenta que en la versión europea. Sería, por tanto, una película de "casas malditas", variante hotel, y poco más. (Vale la pena señalar aquí, antes de proseguir, que diversas fuentes informan que la "poda" de la versión americana se produjo porque Kubrick quedó insatisfecho de la acogida que tuvo el film en Estados Unidos, y decidió abreviarla para Europa. Puede ser. Pero ni siquiera eso invalida la lectura diferente que ofrecen ambas versiones...)
    Pero también hay otra manera de ver estas dos versiones: la americana sería la versión fácil, digerible, para un público --el americano-- poco dado a pensar y a buscarle diversas explicaciones o sentido a las cosas, a lo que se presenta en pantalla, a los personajes, a la situación... El resplandor, en su versión de 142 minutos es, por tanto, una película de terror de lujo, por así decir, para públicos que no quieren romperse la cabeza, y aunque algunos detalles enriquezcan a los personajes (o completen las situaciones) en relación con la poda efectuada para reducirla a los 120 de la europea, en general se tiene la sensación de que asimismo hay bastante de prescindible: la escena en que la doctora interpretada por Anne Jackson atiende al pequeño Danny tras su visión en el cuarto de baño de casa, por ejemplo; es realmente una escena que no aporta nada (ni siquiera a la versión americana), larga y sin interés, que tampoco ayuda a ampliar el personaje de Danny. En este sentido, lo hace mucho más la escena entre el cocinero Halloran (Scatman Crothers) y Danny, que en la versión americana es mucho más larga, tiene más diálogos y resultan mucho más significativos y sí aportan elementos a la historia.
    Los elementos suprimidos del "enloquecimiento" de Jack Torrance en la versión europea se echan realmente de menos, básicamente por lo antes aludido: la impresión que produce esa versión es que Jack ya llega loco a cumplir su trabajo al hotel. Pero, claro, es que hay muchas más elipses en ambas versiones, y algunas pasan desapercibidas. Por ejemplo, muy importante, Jack es un ex alcohólico, lo que es solamente aludido de manera velada en el primer diálogo con el fantasma del camarero, Lloyd (Joe Turkel), cuando dice --versión americana-- "cinco años sin probarlo" (asimismo, hay recortes en la versión europea en los diálogos entre Jack y Llody). Y eso nos lleva a que tanto una como otra versión escamotean (voluntariamente) mucho del personaje. ¿Por qué?
    Bueno, una explicación --tan fantasiosa si quieren como otras muchas cosas que se han escrito a propósito de esta película, como luego veremos-- es que Torrance es una "creación artificial", algo así como el Hal de 2001: una odisea del espacio; en esta película de 1968, Hal --el ordenador a bordo de la nave Discovery-- se rebela contra su tripulación (dos personas, sin contar los que permanecen hibernados) y se dispone a aniquilarlos para proseguir su misión. Y en El resplandor, Jack --el encargado del hotel Overlock durante la temporada en que permanece cerrado-- se rebela contra sus habitantes (dos personas: su esposa y su hijo) y se dispone a aniquilarlas para proseguir su trabajo. Lo de relacionar ambas películas ya se ha hecho anteriormente, aunque se le ha prestado poca atención, injustificadamente en mi opinión. Pero, de hecho, 2001 y El resplandor se parecen en muchos detalles de fondo y de forma (y en no pocos planos también). Ambas proponen una especie de "viaje" (espacial una, mental otra), en ambas está a punto de ocurrir una catástrofe al enloquecer el máximo responsable (Hal, Jack), y en ambas la mayor parte de la película transcurre en un ambiente cerrado (la nave Discovery, el hotel Overlook), y, como decía hace un momento, hay un innegable parecido en ciertos planos: el interior del hotel llega a parecer realmente inmenso por dentro en algunos momentos como la nave de 2001, Danny parece un astronauta en los primeros planos de su rostro aterrado tras ver a las niñas fantasma (lo cual nos recuerda el rostro aterrado de Bowman durante su viaje más allá de las estrellas). Si la Discovery es una nave aislada en el sistema solar, el hotel Overlook es un edificio aislado en medio de una tormenta de nieve. Y podríamos seguir buscando más y más similitudes, pero no es cuestión de fatigar al personal. Señalemos que lo de ofrecer reversos de films anteriores es algo habitual en Kubrick: creo que nadie se ha dado cuenta aún de lo semejantes que son en el fondo La naranja mecánica y Eyes Wide Shut. Para decirlo de manera abreviada: en ambas un personaje, tras un peregrinaje nocturno por diversos lugares, se somete a una experiencia peligrosa, que le modificará radicalmente, y al cabo de unos días repetirá, en sentido completamente inverso, ese peregrinaje nocturno hasta que se dé cuenta de que en realidad su experiencia fue un fracaso y está completamente vacío por dentro. Esta sinopsis es útil para uno y otro film.
    Volvamos a El resplandor. El film, en su versión americana, ha dado lugar a las explicaciones más peregrinas atendiendo a diversos instantes o detalles aislados. Les indico mi favorita: la numerología, una muy divertida que propuso no un francés, como cabría esperar, sino un crítico americano. Según él, debemos prestar atención a que Danny lleva el número 42 en un jersey, que él y su madre ven la película Verano del 42 en un televisor, que la habitación 237 debe leerse como "2 x 3 x 7 = 42", o también como "2 + 3 + 7 = 12, que es el inverso de 21, o sea la mitad de 42", que hay 21 fotografías colgadas en una pared, y el 21 es la mitad de 42, y --una que se le escapó a ese crítico--, que el código de la emisora de radio del hotel es KDK 12, siendo doce el inverso de 21 que es la mitad de 42, como hemos visto antes... Los números inversos son importantes, teniendo en cuenta que se juega con la famosa inversión de la palabra "redrum" (= murder). Hay más "numerología" misteriosa en El resplandor, pero supongo que con estos ejemplos basta para estar distraídos un rato. Por raro que parezca, hay quien se ha tomado esto muy en serio y se sigue comentando calurosamente a día de hoy.
    Defectos, por así, decir de la versión americana es que algunos momentos están muy innecesariamente alargados: el viaje de Halloran desde Florida hasta el hotel al recibir la llamada mental de auxilio de Danny. En la versión europea es mucho más corto, mientras que la americana es excesivamente pormenorizado (y le ocurre lo que a la aludida escena de la enfermera: si ésta sobra, la del viaje exigía una poda incluso mayor que la ofrecida en la versión europea). La entrevista inicial entre Jack  y el director del hotel, y la visita que harán luego Jack y Wendy el día de la llegada en compañía del mencionado director, son mucho más largas en la versión americana, y no aportan tampoco nada especialmente destacable o reseñable. El resto, como queda indicado, son breves planos, escenas de diálogo entre Jack y Wendy, o entre Danny y Halloran, o Wendy y Danny, más algunos detalles extras del enloquecimiento paulatino de Jack, que sí son importantes y sí aportan algo a la historia. En su parte final, sólo encontramos unos muy pocos planos más en el aquelarre en que se ha convertido el hotel.
    En resumen, pues, aunque cada uno es libre de elegir qué versión prefiere, y aun siendo discutida por muchos todavía esta versión de la novela de King --de la que luego se hizo un telefilme realmente inútil hace pocos años--, creo que la versión europea da más pie a especulaciones que no la americana, aunque en la primera se echen de menos ciertos detalles de esta última.

    July 04

    ÍNDICE DE ARTÍCULOS Y ENSAYOS DE ENERO A JUNIO DE 2009


    Relación de lo publicado en el apartado de no ficción en este blog entre enero y junio de 2009
     
     
    Ensayos
     
    Philip José Farmer. 1: Los inicios; 2: Principales novelas; y 3: Un río de series (27 de febrero, 2 de marzo y 4 de marzo) [previamente publicado en forma ligeramente distinta en Fan de Fantasía]
    Últimas confesiones de un escritor (5 entregas) (5, 7, 8, 10 y 12 de abril)
     
     
    Serie "Autores olvidados"
     
    45.- Antonio Losada y Guillermo Sautier Casaseca: Seriales radiofónicos (13 de enero)
    46.- Hillary Waugh: Crímenes en el vecindario (26 de enero)
    47.- Vicky Baum: Una austriaca en Cinelandia (5 de marzo)
    48.- Anthony Berkeley: El Dr. Berkeley y Mr. Iles (17 de marzo)
    49.- Rafael Sabatini: Novelas de piratas y aventureros (25 de abril)
    50.- Carlos Arniches: Retratos del Madrid popular (4 de junio)
     
     
    Serie "Galería de mujeres"
     
    42.- Carme Chacón: Ministra guay (22 de enero)
    43.- Carole King: La vida se hace canción a canción (11 de febrero)
    44.- Rita Moreno: Una latina en Hollywood (8 de marzo)
    45.- Agneta Fältstog: Una sueca de verdad (23 de marzo)
    46.- Mari Trini: ¿Quién fue esa chica? (13 de abril)
    47.- Tuesday Weld: Un talento a descubrir (12 de mayo)
    48.- Patricia conde: La apariencia y la realidad (31 de mayo) 
     
     
    Serie "Famosos de ayer"
     
    3.- Steve Harley: En los tiempos del glam rock (18 de enero)
    4.- Zbigniew Cybulski: Ícono de modernidad (21 de febrero)
    5.- El sacapuntas: Programa radiofónico de sátira (22 de marzo)
    6.- Jörg Buttgereit: Cine ultragore alemán (19 de mayo)
     
     
    Artículos sobre libros y autores
     
    "Donald Westlake: Se nos fue el último de los grandes" (7 de enero)
    "Una breve nota sobre Barsoom, nº 6, especial piratas" (12 de enero)
    "Recordando a John Brunner" (20 de enero) [previamente publicado con título distinto en Bem]
    "Revista de literatura. Especial fantasía y ciencia ficción juvenil" (29 de enero)
    "Dhalgren, de Samuel R. Delany" (5 de febrero) [previamente publicado en Nueva Dimensión]
    "Manuel de Pedrolo: acto de reconocimiento" (8 de febrero) [previamente publicado en Nueva Dimensión]
    "La orden de Santa Ceclina (Porta Coeli - I), de Susana Vallejo" (12 de febrero)
    "Mitch Allison, de Jim Thompson" (26 de febrero)
    "Agatha Christie (11): El museo de Agatha Christie" (6 de marzo)
    "La tienda de antigüedades, de Charles Dickens" (9 de marzo)
    "Pánico en la tierra/La oleada cerebral, de Poul Anderson" (19 de marzo)
    "Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt" (27 de marzo)
    "Durdane, de Jack Vance" (31 de marzo)
    "Tormento, de Benito Pérez Galdós" (15 de abril)
    "Un asesino cualquiera, de Piernicola Silvis" (18 de abril)
    "J.G. Ballard: En el recuerdo y en sus palabras" (20 de abril) [reproducido en saco de mentiras]
    "Indoctrinario, de Christopher Priest" (30 de abril) [previamente publicado en Nueva Dimensión]
    "Sobre los libros de cartas de escritores y artistas" (2 de mayo)
    "Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg" (5 de mayo) [previamente publicado en Nueva Dimensión]
    "Las voces del tiempo, de J.G. Ballard" (14 de mayo)
    "El hombre más buscado, de John le Carré" (21 de mayo)
    "Baroja: a propósito de un libro contra él (¿o no?)" (24 de mayo)
    "Los superhombres de Keith Laumer" (26 de mayo)
    "Agatha Christie (12): Cuatro citas" (10 de junio) 
    "La lotería, de Shirley Jackson" (13 de junio) [previamente publicado en Gigamesh]
    "El reparador de biblias, de Tim Powers" (20 de junio) 
     
     
    Cine
     
    "The Spirit, de Frank Miller: ¿Tenemos ya candidata para los Razzie de este año?" (11 de enero)
    "Segunda selección de comentarios del SIPE sobre films (1963)" (3 de febrero)
    "El demonio, la carne y el perdón, de Roy Ward Baker: Amante bandido" (7 de febrero)
    "La antena, de Esteban Sapir: Imágenes, imágenes" (22 de febrero)
    "Dangerous Crossing, de Joseph M. Newman. Un argumento de John Dickson Carr" (11 de marzo)
    "El oro de Nápoles, de Vittorio de Sica: Postales napolitanas" (12 de marzo)
    "A ciegas, de Fernando Meirelles: Una fábula" (20 de marzo) [reproducido en bemonline]
    "Dime que me amas, Junie Moon, de Otto Preminger: Estudio sobre marginados" (29 de marzo)
    "Una luz en el hampa, de Sam Fuller: Hipocresías" (3 de abril) [reproducido en saco de mentiras]
    "Joseph L. Mankiewicz: Un intelectual en Hollywood" (2 de junio)
    "Midnight, de Chester Eskine: Las horas previas a la ejecución" (16 de junio) 
    "Obsesionada, de Steven Shill: Tracción fatal" (28 de junio) 
     

    Temas varios
     
    "Contra Pilar Rahola" (9 de enero)
    "Cómo se hace la bibliografía de un autor" (24 de enero)
    "Vivir aislado" (25 de febrero)
    "Frases para defenderse de acosadores por internet" (21 de abril)
    "Bee Gees. Odessa: Edición cuarenta aniversario" (3 de mayo)
    "Sobre la televisión en TDT: tampoco hay para tanto" (8 de mayo)
    "La Rahola y los rumanos" (17 de junio) 
    "Boeing Boeing, de Marc Camoletti" (29 de junio)
     
     
    Índices anteriores de artículos y ensayos
     
    Diciembre de 2005 a diciembre de 2006 (4 de enero 2007)
    Enero de 2007 a junio de 2007 (3 de julio 2007)
    Julio de 2007 a diciembre de 2007 (4 de enero 2008)
    Enero de 2008 a junio de 2008 (3 de julio de 2008)
    Julio de 2008 a diciembre de 2008 (4 de enero 2009)
     
     
    July 02

    ÍNDICE DE NARRATIVA DE ENERO A JUNIO DE 2009


    Relación de los textos de narrativa publicados en este blog entre enero y junio de 2009
     
     
    Serie "Aventuras de Harold Smith: episodios inéditos"
     
    "El caso del crimen perfecto" (15 de enero)
    "La banda de ´Zorro Plateado`" (4 entregas) (14, 15, 17 y 19 de enero)
    "El misterio del banquero desaparecido" (25 de marzo)
    "El caso del paranoico" (7 de mayo)
    "Robos en el museo" (28 de mayo) 
    "Doctor Siniestro" (4 entregas) (22 a 25 de junio) 
     
     
     
    Relatos
     
    "Ronda para una gitana" (31 de enero) [previamente publicado en Cuasar]
    "Yo amo la bomba atómica" (15 de marzo) [previamente publicado en Opción]
    "Da lo mejor de ti" (18 de marzo)
    "Un aeropuerto llamado amor" (23 de abril)
    "Control perfecto y exacto" (10 de mayo) [previamente publicado en S/F]
    "Niñas y soldados" (16 de mayo)
    "El deterioro" (6 de junio) [previamente publicado en BEM
     
     
     
    Índices anteriores de narrativa
     
    Diciembre de 2005 a diciembre de 2006 (3 de enero 2007)
    Enero de 2007 a junio de 2007 (2 de julio de 2007)
    Julio de 2007 a diciembre de 2007 (2 de enero de 2008)
    Enero de 2008 a junio de 2008 (1 de julio de 2008)
    Julio de 2008 a diciembre de 2008 (2 de enero de 2009)