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    August 29

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (7). EL MUSEO

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

        --¿Te he contado alguna vez lo de Jaime Vilardell?
        --No, pero ese nombre me suena.
        --Es un experto en arte que se dedicó a la política durante unos años, aunque desde un segundo plano, por así decir. Ahora es bastante mayor y tiene un cargo en un ayuntamiento de Gerona.
        --Ya. ¿Y qué te pasó con él?
        --A mí no, a mi mujer. De esto hace muchos años, figúrate que Susana y yo éramos aún novios por entonces. Sería hacia 1977... o 1978 como mucho. Pues ocurrió que una tarde llegué a casa de la tía de Susana, donde ella vivía desde que sus padres murieron en aquel accidente, y me encuentro con que tenían visita, y la visita era ese Jaime Vilardell. Les estaba contando que se iba a crear un Museo de Pintura de los Países Catalanes y para ello solicitaba obras de todos los artistas catalanes, tanto vivos como muertos. Ya había visitado a varios, al parecer, o a sus herederos en el caso de los fallecidos, y conseguido diversas obras para el museo.
        --Ah, pues está muy bien.
        --Hum... Sí, sobre el papel sí, pero... Como te decía, Vilardell les estaba lanzando a Susana y a su tía, la señora Asunción, todo un discurso político que impresionaba bastante porque, como sin duda recordarás, en aquellos años estábamos todos muy politizados; todo estaba politizado, en realidad. Aún faltaba bastante para llegar a lo que se acabó llamando "el desencanto".
        --Cierto: aquellos eran los años buenos en política...
        --Mejores que los de ahora, desde luego. O más interesantes. Bueno, pues total que Vilardell quería  conseguir un par de cuadros del padre de Susana. Como el hombre había muerto unos cinco años antes en aquel accidente, se suponía que mi novia era la heredera de su obra. Y Vilardell ya había incluso elegido los dos que quería para ese museo, dos cuadros excelentes que estaban colgados en el salón de casa de la señora Asunción. Y en el momento en que yo llegué, como te digo, el hombre estaba en lo más álgido de su discurso político. Debo confesar que incluso a mí me impresionó.
        --¿Por qué?
        --Bueno, hay que situarse en aquellos años, como te he dicho. Hoy ya no me produciría el mismo efecto, tenlo por seguro. Vilardell hablaba sobre la importancia de la unidad de los países catalanes y que de ese museo dependía prácticamente la supervivencia de Cataluña y nuestra identidad nacional en aquellos instantes de la transición política: algo tremendo de verdad, y que no me pidas te lo explique, porque mi memoria no llega a tanto. Lo que sí me quedó grabado fue cuando dijo: "Porque en ese museo estarán representadas obras de todos y cada uno de los territorios que forman los países catalanes, es decir --y aquí Vilardell fue alzando sucesivamente los dedos de su mano izquierda--: Cataluña, Islas Baleares, País Valenciano y la Cataluña Norte, o sea, el Rosellón."
        --Se dejó Andorra.
        --Ja, ja, ja, tienes razón, hombre, no mencionó Andorra. Mira, no había caído en ello. Susana y su tía lo miraban como hipnotizadas. Y me pareció que Susana no estaba del todo convencida de cederle porque sí los cuadros que quería, y que su tía estaba igualmente indecisa. Pero... las dos estaban medio hipnotizadas, como te digo, y tras soltar el discursito y el listado de los países catalanes, Vilardell se largó finalmente con los dos cuadros bajo el brazo.
        --¿Y?
        --¿Tú has oído hablar de ese Museo de los Países Catalanes?
        --No, pero no me hagas caso. Yo he oído hablar sólo del Museo del Prado, y aún gracias.
        --Ya, ya sé que eres medio cafre. Bueno, pues dicho museo no existe. Nunca ha existido.
        --¿Cómo que nunca ha existido?
        --Lo que oyes. Nunca se creó ese museo.
        --Pero... ¿y los cuadros? Porque supongo que, además de los del padre de Susana, tendría también de otros artistas...
        --Oh, sí. Desde luego consiguió muchos más.
        --¿Y qué fue de ellos, pues?
        --Permanecieron durante años y años y años guardados en una sala cerrada bajo llave de cierto ayuntamiento de un pueblo de Gerona.
        --¿Esperando qué?
        --Esperando a que los artistas o los herederos que los habían donado para ese museo en proyecto los reclamasen para devolvérselos, puesto que como te digo el museo nunca se creó.
        --¿Y los reclamaron?
        --Ah, hubo uno que sí lo hizo. El hededero de no recuerdo quién... Hará cosa de un par de años. Lo he sabido porque el abogado al que encargó recuperar la obra donada es el cuñado de mi hermana... Mira qué casualidad. Cuando mi cuñado se presentó en el ayuntamiento del pueblecito de Gerona en cuestión, al tal Vilardell casi le dio un colapso de la impresión y a punto estuvo de caerse de la silla. Mi cuñado me contó que el hombre casi no acertaba a hablar, se tropezaba con las palabras. En fin, se deshizo en excusas y se apresuró a abrir la famosa habitación cerrada y a entregarle el cuadro donado en su día por el padre del reclamante. Ojo: el cuadro.
        --¿Qué quieres decir?
        --Que según el reclamante, le había cedido dos cuadros, no uno solo. ¿Adónde fue a parar el otro? Misterio. Vilardell negó indignado que fueran dos, y en el papel que firmó en su día como acuse de recibo, el muy puta escribió "recibida obra del pintor Fulano de Tal".
        --"Obra", en singular...
        --Un singular muy discutible. Verás, en vez de escribir en aquel documento "dos obras", o "una obra", puso "obra", lo cual no significa nada en realidad. En un catálogo de exposición se escribe siempre "se expondrá obra de Fulano de Tal"... pero eso no significa que haya un solo cuadro, sino un número indeterminado de cuadros. Es una convención, por así decir. Pueden ser diez, treinta o veintidós cuadros los expuestos. Vilardell lo sabía, como experto en arte, y en ese momento se agarró como a un clavo ardiendo que "obra"  significaba que se había llevado sólo un cuadro, no dos, o tres, o los que fuesen. Y ante eso, mi cuñado, por muy abogado que fuese, no podía discutir.
        --O sea, que ese tipo era un perfecto sinvergüenza... ¿Y Susana supo todo esto?
        --Nunca me atreví a decírselo. Lo más probable es que ya no recordara nada de esos dos cuadros, al cabo de tantos años... Y con lo de su enfermedad, ya tenía bastante encima, la pobre... Así que se ha muerto sin saberlo, y se ha ahorrado un disgusto.
        --Creo que hiciste bien, pobre Susana. ¿Y no reclamó nadie más?
        --No lo sé. No me extrañaría que nadie más hubiera reclamado los cuadros donados en su día. Verás, los artistas suelen olvidarse de estas cosas, porque viven en su mundo y no ven la realidad. O, en muchos casos, están habituados a que les estafen.
        --Pues esa es una estafa muy gorda. De lo que me has dicho, deduzco que el tal Vilardell debió esconder la mitad de los cuadros y vender la otra mitad... y esperar a vender el resto algún día.
        --Mmm.... No estoy tan seguro de que fuera eso exactamente. Lo que yo creo que sucedió es que lo del museo iba completamente en serio, sí, pero resultó muy complicado de realizar, y más en un país en que la cultura no interesa ni da votos a los políticos ni recibe ayudas. Total, que el tiempo fue pasando, el hombre se fue metiendo en otros asuntos, lo del museo quedó relegado... o él mismo se desanimó. Y quizá empezó a vender algún cuadro de cuando en cuando, ya que nadie los reclamaba, o se los quedó para su colección privada. De ahí que cuando vino mi cuñado a reclamar lo de su cliente se agarró como un desesperado a lo de "obra"..., porque no podía decirle lo que había hecho con el otro cuadro... Y encima le dio como explicación que estaba esperando a que los artistas reclamaran la devolución de sus donaciones. Así tal cual. Una habitación llena de cuadros esperando a sus dueños durante más de treinta años, no te digo más.
        --Un sinvergüenza el tipo ese, vaya.
        --Mmmm, sí... Sí, desde luego, aunque de una manera un tanto inesperada.
     
    FIN.-
     

    August 27

    AUTORES OLVIDADOS (52). WILLIAM J. LOCKE: Comedia, misterio, sentimientos


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

    Mi recuerdo de la novela más representativa o conocida de este autor, Amado vagabundo, es tan positivo como lejano: no recuerdo nada de ella más que una agradable impresión. Además, debo decir que ni siquiera llegué a leerla, sino que la seguí en una adaptación radiofónica efectuada por Radio Nacional de España (cuyas versiones de novelas de Uris, Ames Williams,Tomás Salvador y muchos otros autores de cierta calidad o notabilidad despertaron no pocas aficiones hacia la lectura merced a esas novelas adaptadas).
    Por lo demás, este autor fue muy editado y leído durante las primeras décadas del siglo veinte, y todavía se le debía recordar algo en 2004 cuando su relato corto Ladies in Lavander fue llevado al cine por Charles Dance, en una película estrenada en España con el título de La última primavera. La editorial Juventud fue quien publicó precisamente Amado vagabundo, además de La sombra alargada, con buenas ventas que se prolongaron hasta los años sesenta o un poco más. Asimismo, sus relatos cortos aparecieron con cierta regularidad en los años 1920-1930 en la revista Lecturas, que en aquellos años no era una publicación del corazón sino una revista literaria donde aparecían relatos de afamados autores de todos los países y que era comprada por los buenos aficionados a la lectura. William J. Locke había nacido en 1863 en lo que entonces se llamaba Demarara y hoy se llama Guyana, y falleció en París en 1930. Fue autor prolífico y muy popular, cultivando novela, relatos y teatro, para el que adaptaba algunas de sus propias novelas o relatos cortos. Vio llevadas al cine varias de sus obras entre 1915 y 1936, a partir de cuyo año no hubo ya ninguna adaptación más hasta la mencionada de 2004. Como curiosidad, de Amado vagabundo se llegaron a filmar hasta cuatro versiones: dos mudas y dos sonoras, ambas en 1936 a cargo de Curtis Bernhardt siendo la versión inglesa una y francesa la otra del mismo film.
    Sus novelas, según parece, combinaban comedia, sentimientalismo, algo de misterio, y ofrecían personajes un tanto peculiares. Quizá convendría revisar algo suyo, empezando por ese mencionado Amado vagabundo, que por cierto puede descargarse gratuitamente en internet (información para curiosos y expertos en informática).

    August 25

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (6). LA DEUDA

    (c) 2009 by J.C. Planells


     
     
        --¿Diga?
        --Buenos días. ¿Don Mauricio Aguilar?
        --Sí.
        --¿Es usted don Mauricio Aguilar?
        --Sí, diga.
        --Buenos días. Le llamo desde el Banco de Santander, donde tiene usted su cuenta.
        --Dígame.
        --Le comunico que está pendiente de pago el plazo de este mes de su préstamo sobre la tarjeta especial de crédito, que asciende a cincuenta euros con cuarenta y dos céntimos.
        --Pues si me dice usted de dónde puedo sacar el dinero, se lo traigo ahora mismo.
        --Bien, puede usted cargarlo en cualquier otra tarjeta de crédito que tenga...
        --Mis tarjetas de crédito están todas anuladas por el banco, como usted ya sabe perfectamente.
        --Pues le puede pedir el dinero a un familiar a un amigo...
        --Mi familia pasa de mí, y mis amigos tienen todos sus propios problemas.
        --Oiga, señor Aguilar, veo que no pone usted nada de su parte para resolver este asunto.
        --¿Perdón?
        --Digo que no pone usted nada de su parte para resolver este asunto.
        --Esto... ¿tendría la bondad de repetirme despacio y vocalizando lo que me acaba de decir, y sobre todo en el mismo tono en que me lo ha dicho? Es que no estoy seguro de haber oído bien.
        --Digo que no pone nada de su parte para solucionar esa deuda.
        --Pero, ¿cómo tiene la desfachatez de decirme eso? ¿Cómo tiene la cara dura de decirme que no pongo nada de mi parte? Debo dos meses de alquiler del piso, porque no tengo dinero para pagarlo; me he quedado sin seguro médico, porque un recibo fue devuelto al no poder ser atendido; apenas me queda dinero ni para bajar a comprar una botella de agua y un trozo de pan, y usted tiene los cojones de decirme que "no pongo nada de mi parte" para solucionar una deuda de cincuenta euros con su banco. ¿Sabe qué? Váyase a hacer puñetas, hostia, váyase a hacer puñetas.
     
     
    FIN.-
     

    August 22

    COMPULSIÓN, de Jonathan Kellerman

    (c) 2009 by J.C Planells

     
     
    Hablé hace tiempo de Jonathan Kellerman en este blog, una breve nota comentando un poco por encima sus novelas policiacas. Por ese entonces estaba algo olvidado por el mercado editorial en castellano, tras el cierre de Ultramar, la editorial que lo descubrió y publicó entre finales de los ochenta y principios de los noventa, y si bien apareció algún título a través de otro editor, pasó casi desapercibido. Ahora parece que ha vuelto a las librerías, y con una cierta buena acogida: La Factoría editó algún título suyo, y un editor nuevo (o eso creo) ha presentado la más reciente, Compulsión, aparecida en inglés en 2008. ¿Y cómo hemos encontrado a Kellerman en este comeback, tras años de ausencia, o de no haber prestado atención a lo muy disperso que nos llegó? Pues todo sigue igual que antes. Sus novelas resultan distraídas de leer, profusamente dialogadas, los personajes siguen igual que siempre... careciendo de interés. Ese psicólogo infantil que las protagoniza dudo que entusiasme mucho a los lectores, lo mismo que el policía homosexual que le ayuda (o se ayudan) en las investigaciones. Pero si esto no levanta grandes entusiasmos, las intrigas parecen haber mejorado un poco en relación con las últimas que le leímos en su día (una muy aburrida Compañera silenciosa), e incluso se permite el lujo a veces de meter más de una intriga en la historia, como si nos diera más por nuestro dinero. En todo caso, sigo pensando que su mejor novela es El teatro del carnicero (la única no protagonizada por el psicólogo Alex Delaware).
    Compulsión es una amena novela con un asesino bastante bestia ("cuanto más bestia el asesino, mejor la novela", parece ser el axioma de la novela policiaca de hoy), y en algunos detalles me recuerda a la mencionada mejor novela de Kellerman (se las apaña para que tengamos al asesino ante nuestras narices sin que nos demos cuenta de ello, algo nada fácil de hacer). Kellerman sigue manteniendo muy alto el ingenio de los diálogos --si bien un ligero examen demostrarían lo insustanciales que son en realidad...--, la intriga y el misterio son notables, Delaware sigue siendo igual de aburrido y su vida privada nos importa un comino --lo mismo que él--, aunque Kellerman se empeñe en narrarla. En todo caso, una novela recomendable para pasar un verano más o menos distraído. No es un gran autor, pero entretiene, y eso tampoco está al alcance de cualquiera.

    August 18

    VIRTUALMENTE REAL


    (c) 2005 by J.C.Planells

     
     
        Francis acababa de colgar el teléfono cuando Magda asomó la cabeza por la puerta.
        --¿Tienes un momento?
        --Sí, ¿qué hay?
        Magda entró y cerró la puerta tras ella. Luego se acercó a la mesa tras la cual se hallaba sentado Francis.
        --Acaba de llegar Gerardo. Dijiste que te avisara antes de hacerle pasar con el grupo.
        --Sí, muy bien. Envíamelo y empezad sin mí. ¿Cuándo le toca sesión contigo?
        --El jueves.
        --Vale. Eso sigue en pie, pero luego te lo confirmo. Dile que entre.
        Magda salió del despacho de Francis y momentos después entró un tipo alto, desgarbado, de unos treinta años, no mal parecido, y con la tendencia de dirigir la mirada a casi cualquier parte menos a su interlocutor. Tras un informal intercambio de saludos, tomó asiento frente a Francis. Éste tamborileó levemente sobre su mesa, se acarició la barba y fue al grano.
        --Sinceramente, Gerardo, no sé dónde ubicarte. Te ponga en el grupo que te ponga, no encajas en él. Y tus compañeros, sean cuales sean, tampoco encajan contigo. No hay... no hay una ubicación concreta para ti.
        --¿Y qué hago, pues? --preguntó Gerardo, mirando con hosquedad el borde de la mesa.
        --Seguir con la sesión semanal con Magda. Estudiaremos la posibilidad de que sean dos sesiones en vez de una a partir del próximo mes. Vas bien con ella y por tanto podemos trabajar eso a fondo.
        --Pero Magda no me soluciona nada. Damos siempre vueltas a lo mismo.
        --Apenas llevas dos meses; eso son unas ocho sesiones, o siete. El tratamiento completo es de un año, y lo sabes: lo hablamos al inscribirte. Magda tiene que ir conociéndote sesión a sesión, estudiar los tests y las pruebas, analizar los resultados... No esperarás que con cuatro sesiones todo va a resolverse...
        --¿Y el grupo?
        --Deberás dejarlo. No aportas nada a él, y los demás lo notan y se resienten de ello. ¿En cuál podrías ir, si no? No pruebas el alcohol, así que en un grupo de alcohólicos aún te sentirías más extraño. Y no puedes limitarte a decirles que no te gustan las bebidas alcohólicas, porque con eso no solucionas en nada su problema.
        --La compra compulsiva... --empezó a decir Gerardo.
        --No, no; déjalo. El que entres en una tienda una o dos veces al mes y compres un libro o un vídeo que luego no te gustan nada y los arrojes a un contenedor, eso no es compra compulsiva, Gerardo. Eso es sencillamente tirar el dinero de una manera tonta. ¿Verdad que nunca te han cancelado las tarjetas de crédito por pasar del límite? Pues entonces.
        Gerardo suspiró.
        --Los del grupo se han quejado de mí, ¿verdad?
        --Tampoco es eso --dijo Gerardo. Aunque, pensó para sí, la verdad es que algo de cierto había en eso. Gerardo se había presentado en aquel centro afirmando ser un adicto al sexo. En un principio, Francis se lo creyó, pues contestó correctamente a sus preguntas, pero a la que llevaba apenas un par de sesiones con el grupo de trabajo, vio claramente que no encajaba en él. Sus respuestas eran demasiado espontáneas, demasiado francas; sus afirmaciones, muy seguras; no mentía cuando era de esperar que lo hiciese, y decía la verdad, con toda franqueza, en los momentos en que era de esperar se colase una mentirijilla. Esto dejaba las más de las veces al resto de sus compañeros de grupo en ridículo; se sentían inferiores ante él y hubo alguno que llegó a comentarlo con Francis una vez Gerardo se había marchado: "Gerardo no es un adicto. ¿Qué hace en el grupo?". Magda y Francis sacaron pronto sus propias conclusiones, cotejando las sesiones con Magda y los resultados con Francis y el grupo. "No es un adicto al sexo --dictaminó Francis--. En realidad, no es adicto a nada." "Entonces, qué es?", le preguntó Magda. "Bueno, simplemente se encoñó con una fulana y se cree o quiere creerse que está enamorado de ella, que tiene una especie de dependencia sexual hacia ella." En suma, era algo ya viejo en el mundo. Se le pasaría, pensaba Francis, lo mismo que a tantos otros. Y de hecho, en la penúltima sesión se le escapó decir que llevaba ya casi dos meses sin tener contacto alguno con la fulana en cuestión; no sólo eso, sino que no mantenía relaciones sexuales con nadie. "Ah, amigo --se dijo Francis--; te pillé. Eso no es abstinencia de la adicción, que es por lo que se supone has venido aquí. ¿Un adicto sin adicción? Imposible. ¿Y un adicto que no sustituye su adicción por otra? Menos todavía."
        --Pero yo necesito contacto con gente --le estaba diciendo Gerardo. Y realmente, ése sí era el problema, pensó Francis. Ése era el verdadero problema, no le cabía duda.
        --De acuerdo, pero, ¿dónde? Tus compañeros del grupo, como no entienden tu problemática, se sienten algo incómodos, desconcertados. Eso puede perjudicar su trabajo, y además no eres siquiera un elemento revulsivo adecuado. No puedo ponerte en ningún otro grupo. No eres ni drogadicto, ni ludópata, ni adicto a internet...
        --Ahora que mencionas eso, un amigo del trabajo me ha hablado de algo que parece interesante... --interrumpió Gerardo.
        --¿De qué se trata?
        --Él sabe que mi problema es relacionarme con la gente... hacer amigos, conservarlos y todo eso... y, la verdad, vuestras soluciones no me sirven de nada. --Francis suspiró por dentro al oírle decir eso--. Yo no puedo ir por ahí buscando o haciendo amigos, trabajando como en casa como lo hago, traduciendo guiones de cine y televisión. Sólo veo al mensajero que me los trae y luego los recoge, y sólo hablo por teléfono con los de las distribuidoras o los de doblaje... No necesito ir a verlos para nada, y encima esos idiotas del grupo se creen que me ligo a las actrices de las teleseries..., como ellos van calientes todo el día... ¡Si ni siquiera las veo luego! --Francis suspiró otra vez por dentro.Todo aquel cúmulo de quejas ya se lo sabían Magda y él de memoria, pero no estaba de más dejarle desahogarse un rato--. Y yo no sirvo para ir por ahí de discotecas o bares..., no es mi ambiente y sólo va la gente rara...
        --Va toda clase de gente.
        --Gente rara --repitió Gerardo, obstinado--. Con un par o tres de veces que fui a sitios así, tuve bastante. Y allí todo el mundo se conoce, encima. Van en grupos, en parejas, en cuartetos, grupos de chicos, grupos de chicas... Los únicos que van solos son los idiotas como yo.
        --Está bien --le cortó Francis. Si Gerardo empezaba a darle vueltas a lo de siempre, no acabaría nunca. Además, el grupo esperaba para que les diera caña de la buena. Cada cuatro semanas era conveniente repartir un poco de leña entre ellos, porque de lo contrario eran capaces de dormirse sobre sus pobres progresos--. ¿Qué es lo que te ha dicho ese amigo?
        --Es un tipo de una productora de vídeo y televisión. Me habló de un programa de ordenador nuevo que te permite charlar con amigos virtuales.
        --Pero eso no es nuevo --dijo Francis, aunque un poco inseguro. Si bien sus conocimientos de informática iban aumentando poco a poco debido al grupo de adictos a internet, sus lagunas sobre el tema eran notables aún--. Es una de esas cosas... Playstation, ¿no?
        --No, nada de eso. Es un programa de ordenador, no un juego. Aún no está comercializado, porque no se ha  desarrollado por completo. Pero existe una versión castellana de prueba. Instalas el programa en tu ordenador, lo mismo que instalarías uno de tratamientos de texto, o de dibujo, o qué sé yo... De lo que sea. El programa crea amigos virtuales y charlas con ellos en un chat, un chat común y corriente de mensajería instantánea, o les envías e-mails a direcciones virtuales y ellos te pueden contestar... todo forma parte del mismo programa. Te cuentan sus cosas, su vida, tú les cuentas tus cosas, tu vida..., en fin, conversaciones reales pero con gente que no es real.
        Francis se lo quedó mirando, escéptico.
        --Pero, vamos a ver --dijo, echándose un poco hacia delante y mirando fijamente a Gerardo--. Eso es igual a entrar en un chat cualquiera y empezar a chatear con desconocidos... algo la mar de corriente, según tengo entendido. No veo qué puede aportar ese programa, que me parece una tontería, ni qué cambio o mejora esperas obtener de él.
        --Es que no lo entiendes, no es lo mismo --afirmó Gerardo con vigor--. En el chat real sabes que las personas son reales; no les ves la cara, excepto si tienes cámara y la conectas, pero existen de verdad. Puede que nunca las llegues a conocer, pero existen en la vida real y... y existe la posibilidad de que te hagan daño, te defrauden, no sean lo que tú esperas de ellas, te mientan, te decepcionen... Pero con un programa de ordenador, eso no puede ocurrir. Como no existen, no pueden hacerte daño alguno ni pueden decepcionarte. Tampoco hay cámara, y no puedes verles. Y si se produce alguna irregularidad o algo no funciona como se supone ha de funcionar, el programa tiene un regulador que interviene y lo soluciona.
        El escepticismo de Francis aumentó.
        --¿Y dónde está la ventaja, en ese caso? O sea, tienes unos interlocutores virtuales que se dedican a darte la razón en todo lo que digas, ¿no va por ahí la cosa? ¿Y eso qué crecimiento puede aportarte como persona? ¿Qué te dan a ti, o, lo que es más importante, qué les puedes dar tú a ellos, si ni siquiera existen en realidad? La amistad es un intercambio de opiniones, conocimientos, experiencias, sensaciones..., incluso malos entendidos, cosas reales y tangibles...
        --Pero es que será como un entrenamiento para mí. Algo que me servirá para ir venciendo mis inhibiciones, mi temor a tratar con la gente, mi falta de experiencia. Dijiste que me hice adicto al sexo... a las putas... para cubrir esa deficiencia...
        Francis podría haberle ilustrado un poco sobre eso, pero empezaba a cansarse ya y prefería ver por dónde le salía Gerardo.
        --Escucha, Gerardo, si tú y yo jugamos una partida de futbolín y me ganas, ¿eso significa que puedes ir corriendo a fichar por el Barça?
        --Diantre, no es lo mismo --refunfuñó Gerardo, casi molesto.
        --Yo creo que sí. El futbolín es un juego, y ese programa del que hablas es otro juego. Sofisticado, si quieres, pero juego al fin y al cabo. Y encima dices que hay un... ¿regulador, dijiste?..., que en caso de producirse un problema se encarga de solucionarlo. ¿Y qué queda de tu crecimiento como persona, si incluso se soslayan los posibles conflictos? O sea, que no habrá ni peleas ni discusiones, y la amistad también se compone de eso. Por no hablar, mira por dónde, de la posibilidad de que te vuelvas adicto a él, con lo que por fin sí podremos tratarte de una adicción real. --Gerardo enrojeció al oír eso--. Sinceramente, ese programa me parece una tontería. Puede que tenga gracia como juego, pero nada más. Como lo de tener una novia virtual en el móvil que hacen algunos semiadolescentes atontados. Tendrá su gracia, pero es una gilipollez de cuidado. ¿Crees que les enseña a tratar a su novia cuando la tengan de verdad? Cosas de chavales.
        --Pero ese programa lleva una especie de orientador de conducta simulada.
        --¿Y eso qué es? --Francis enarcó las cejas.
        --Estímulos aleatorios de respuesta --explicó Gerardo, aunque él mismo no parecía saber lo que era--. Por eso no tiene unas reglas fijas, inamovibles, sino que todo el programa se adapta y reformula continuamente y crea subprogramas según avanzas en él. Cada personalidad virtual tiene su propio carácter, personalidad, gustos, aficiones, historial... Al hablar con ellos en chat o enviarles e-mails, se abren nuevos frentes y el programa se va desarrollando más y más... Quizá exista un tope de respuestas aleatorias, pero eso no se sabe si no se prueba...
        La idea le parecía cada vez más absurda a Francis. Aunque teniendo en cuenta las prestaciones de ciertos programas de internet, muy posiblemente fuera verdad todo aquello. ¿Y de qué serviría decirle a Gerardo que se abstuviera de usar el programa? "Gerardo es un tozudo de mucho cuidado", le había advertido Magda tras la segunda sesión mantenida con él. Si se lo prohibía, lo usaría de todas maneras y encima no sabrían lo que ocurriría, porque sería capaz de callárselo. Finalmente, acariciándose la barba, dijo con cierta renuencia:
        --Yo no creo que eso solucione nada ni sirva de nada. Pero si tanta curiosidad sientes... pruébalo como si fuera un juego. Y si desarrollas adicción a juegos de ordenador...
        --No, eso no puede pasar. El programa tiene un tope de dos horas. Pasado ese tiempo, él mismo se desconecta. No es posible sobrepasar ese tiempo, y no puedes acceder a él hasta el día siguiente.
        --Vaya, si eso es cierto, he de confesar que me maravilla un poco --dijo Francis--. Podrían hacer lo mismo con todos: los problemas que nos ahorraríamos. Está bien, pero debes seguir las sesiones con Magda y tenerla a ella al corriente de todo lo relativo a ese programa, ¿entendido?
        --Por supuesto. Así lo haré. Gracias, Francis.
        Por la noche, terminado el trabajo en el centro, Francis fue con las dos psicólogas, Magda y Sara, a tomar algo en el bar de enfrente y mantener un rápìdo intercambio de impresiones de la jornada. Francis las puso al corriente de lo relativo a Gerardo, y Magda se lo quedó mirando con el escepticismo que ya esperaba.
        --¿Y eso se supone le va a servir para algo? No sabe relacionarse con nadie y espera que un programa de ordenador le enseñe.
        --Igual le quita inhibiciones. Y desde luego, tú lo controlarás.
        --Desde luego que lo controlaré --afirmó Magda, tajante.
        Y Magda le tuvo al corriente. Durante el siguiente mes, Gerardo aumentó sus sesiones semanales con ella a dos y dejó de asistir al grupo, según lo acordado. Demostraba un cierto buen humor. Magda le preguntaba sobre el programa y él decía que iba la mar de bien, era muy estimulante, pero como en ese chat entraban varias personas --o se creaban personalidades artificiales, mejor dicho--, era dífícil conocerlas bien, o más o menos bien, a todas; era una cuestión de tiempo. Por lo demás, aquellos días tenía bastante trabajo y no podía entrar en el chat todos los días, a fin de cumplir los plazos de entrega. Y Magda empezó a pensar que, bueno, la cosa no iba tan mal y a lo mejor realmente le servía para algo, al menos a alguien tan asocial y acomplejado como él. Y luego hablaban de otros temas y Gerardo realizaba aplicadamente el test de turno, algo que al ser un falso adicto cumplía de bastante buena gana, no como sus ex compañeros de grupo, reacios a esa clase de pruebas por lo que acaso podían revelar sobre ellos.
        Un mes más tarde, Gerardo compareció a la habitual sesión con aspecto bastante malhumorado.
        --¿Qué es lo que va mal? --le preguntó ella. Sabía que una pregunta directa solía irritarle, pero era algo que debía aprender a afrontar: preguntas directas obligan a respuestas directas.
        --El chat. Bueno, el chat exactamente, no. Pero Gilber ya no contesta a mis mensajes. Se tomó a mal mis comentarios y no entra en el chat ni me envía e-mails en respuesta a los míos.
        Magda se quedó algo desconcertada de momento. ¿Quién era Gilber? Ah, claro, el famoso chat virtual.
        --¿Qué te ha pasado con Gilber?
        --Se tomó a mal una equivocación mía... una estúpida equivocación, no voy a negarlo... Y no sé cómo arreglarlo. Me caía tan bien... Era tan divertido... quiero decir, divertida.
        --¿Divertido o divertida? ¿Es hombre o mujer?
        --Es que ése es el problema. --Gerardo estaba muy irritado--. Yo creí, por el nombre, Gilber, que era un hombre. O sea, una abreviatura de Gilberto. Un nombre algo feo, sí. Pues no, resulta que es Gilberta.
        --No es tan feo como nombre de mujer...
        --Pero es que a mí no se me había ocurrido pensar que fuese mujer. Le tomé por un tío. Vaya, Francis se acorta el Francisco a Francis, ¿no? Así que cuando Gilber me mandó un e-mail con un archivo adjunto de fotos suyas, me quedé tan sorprendido al ver que era una mujer... en fin, que le tomé por un travelo de esos... Le dije... es que ni recuerdo lo que puse en el mensaje..., pero en todo caso metí bien metida la pata y se puso furiosa. Por lo visto, está en el mundo del espectáculo. Es bailarina y trabaja en galas y shows, ¿sabes? Y las fotos eran de un espectáculo, llevaba lentejuelas, plumas y toda esa parafernalia. Vaya, muchos travelos se visten así, ¿no? ¿Te imaginas cómo me quedé al ver esas fotos de quien yo pensaba era Gilberto y resultó que era Gilberta? Cuando le pedí aclaraciones, se puso muy furiosa... No veas el cabreo que agarró. Que llevaba ya tres años trabajando en eso y que por quién la tomaba, que esperaba un respeto... En resumen, ha desaparecido del chat. Y Gilber era quien mejor me caía...
        Magda digirió todo aquello con cierta dificultad.
        --Pero, vamos a ver, ¿cómo no te diste cuenta de que era una chica?
        --Ya te he dicho la confusión con el nombre. Y ella nunca hablaba de sí misma en femenino. En los chats se abrevian las palabras, se omiten consonantes, a fin de que el mensaje vaya más rápido, así que esta clase de confusiones son fáciles... A veces el nombre ayuda... Paco... Tony... Sole... Esos nombres enseguida los adjudicas a hombre o mujer... Y yo pensé que Gilber era por Gilberto, como te he dicho. Y encima, Gilber es su nombre artístico, por si fuera poco.
        --¿Y en ningún mensaje suyo te diste cuenta de que era una chica?
        --No. Y no es tan extraño. Todo se basa en un lenguaje hecho de abreviaturas, todo es casi fonético... Y al intercambiar mensajes sobre temas generales con varias personas a la vez, se crean esas confusiones... No me extrañaría que a todos les hubiera pasado lo mismo...
        --¿Todos? De verdad que no me entra en la cabeza semejante confusión. No digo que no lo notaras la primera vez, pero al cabo de un mes...
        --Puede que yo mismo lo hubiera notado en el momento menos pensado. O hubiera surgido la verdad en cualquier comentario suyo... Diantre --dijo irritado--, la culpa es de ella al dar por supuesto que yo sabía que era una chica.
        --No puedes culpa a nadie de eso. Y, además --se apresuró a recordarle Magda, dándose cuenta de que se estaba dejando arrastrar por la fantasía de Gerardo--, recuerda que estamos hablando de una personalidad simulada creada por un programa informático que desarrolla una conducta aleatoria, según tú mismo le contaste a Francis. O sea, que no es tan grave ni nadie ha sufrido daño alguno: Gilber no existe.
        --Pero para mí era lo suficientemente real. Gilber era con quien mejor lo pasaba y más me reía. Y ahora ha desaparecido.
        --Pero el regulador, o lo que sea que dijiste, efectúa esas rectificaciones según tus reacciones al programa, ¿no es así como explicaste que funcionaba? Así que está claro lo ocurrido: el regulador ha advertido un error del programa al crear una personalidad que te llevó a una confusión de sexo y la ha borrado para corregirlo. Eso te perjudicaba y creaba malestar...
        Gerardo se quedó mirando a Magda casi con horror.
        --¿Borrado? ¿Así, simplemente?
        --Es evidente, ¿no? Es como se suponía debía funcionar, ¿verdad? Y lo sabías tú mismo desde el primer momento. ¿Y las fotos? ¿Parecían reales?
        --Claro que sí. Tuve un shock al verlas... Eran fotos reales, no trucos de ordenador...
        --Porque es un buen programa. Con photoshop se puede crear cualquier ilusión fotográfica en internet; o estarían sacadas de alguna página de a saber dónde. Lo importante es que haga eso, corregirse a sí mismo para evitarte angustia...
        --¿Evitarme angustia? Pero yo no puedo estar sin Gilber. Los demás son tipos vulgares, superficiales, aburridos. Charlan más entre ellos que conmigo... Todo esto es un desastre, un fracaso mío como persona... ¿Qué puedo hacer para que vuelva Gilber?
        --Reinicia el programa --sugirió Magda, aunque ni ella se lo creía.
        --No se puede. Es un programa evolutivo, no puede reiniciarse cuando ya está en desarrollo.
        El resto de la sesión siguió aproximadamente de la misma manera, con Gerardo insistiendo en lo mucho que echaba de menos a Gilber, y Magda intentando meterle en la cabeza que Gilber no existía y que todo aquello carecía de sentido. Por la noche se lo comentó a Francis y Sara en el bar.
        --O sea, que ahora tenemos un adicto a los chats --dijo Sara.
        --Peor: tenemos un adicto a personas inexistentes --dijo Francis--. A ver cómo se cura eso. Si ya resulta difícil tratar con las personas reales, no veas lo otro... La culpa es mía, porque en el fondo sabía que de eso no saldría nada bueno.
        --Lo habría hecho de todas maneras, y a nuestras espaldas --le señaló Magda--. Ya sabes lo tozudo que es. Le he dicho que lo deje, pero me imagino el caso que me hará: ninguno. Se pasa la mitad del tiempo en las sesiones llevándome casi siempre la contraria.
        --Claro, y por eso supimos que era un falso adicto --dijo Francis--. Un adicto no se dedica a discutir con el jefe de grupo.
        --Esperemos a la próxima sesión --dijo Magda, en tono algo lúgubre.
        No hubo próxima sesión por la sencilla razón de que Gerardo no se presentó. Magda malgastó aburrida la hora a él asignada, esperando su llegada (aunque a los quince minutos ya sabía que no vendría, pues si en algo destacaba Gerardo era en su rigurosa puntualidad) y repasando papeles y tests y mirando la pared. Desistió de completar uno de los rompecabezas que usaba como pasatiempo porque, aunque la hubieran dejado plantada, se suponía que aquélla era una hora de trabajo. Y puesto que una falta de asistencia repercutía en los demás del centro, al día siguiente lo llamó por teléfono.
        --¿Qué te pasó ayer? No avisaste de que no podías venir...
        --No podéis hacer que Gilber regrese, ¿verdad? --Su voz sonaba irritada--. Ni tampoco podéis hacer nada por mí, ¿no es cierto? Nadie entiende nada de nada.
        Magda aguardó unos segundos antes de responderle.
        --Gerardo, sabes que estamos para ayudarte. Hablaremos de todo esto en tu próxima sesión. El jueves, ¿verdad? Y si lo necesitas, siempre hay un hueco disponible para...
        --No quiero saber nada más de vosotros. Sólo puedo pensar en el error que cometí con Gilber. Ahora los demás del chat preguntan por ella y yo no sé qué decirles. Porque no puedo decirles la verdad, ¿no te parece? ¿Y si ellos sabían que era una chica? ¿Te das cuenta del desastre que eso significaría? Todo el mundo lo sabía menos yo. ¿Cómo pude hacerle eso a Gilber...?
        --Gerardo, estamos hablando de un programa de ordenador que genera seres virtuales, seres que no existen. ¿Es que no lo ves?
        --Claro, ¿qué has de decir tú? No fuiste tú quien se equivocó ni le hizo daño. La decepcioné, le fallé. Dejé bien claro que no puedo relacionarme con nadie sin cometer errores que dañan a los demás. Por no hablar de que pudiera figurarse que me burlaba de ella, tomándola por un travelo que trabajaba en shows eróticos...
        --Gerardo, a ver...
        --No eras tú quien chateaba con ella, quien se reía con sus comentarios y sus bromas. No es a ti a quien le contó lo duro que era su trabajo, y fue al preguntarle en qué consistía cuando me dijo que me enviaría fotos para que lo viera, fotos que me envió ilusionada pensando que me gustaría verlas, y yo, como un idiota, me quedé mirando las imágenes de una chica de revista, una rubia todo curvas... y voy y le digo que no sabía que fuera un travesti... vaya, si la llego a llamar travelo, aún hubiera sido peor. Venga, doña Psicóloga, ponte en el lugar de Gilber e imagina cuál hubiera sido tu reacción. ¿Crees que algo así puede perdonarse?
        --Gerardo, por favor. --Magda ya estaba fatigada de machacar otra vez en lo mismo--. ¿No has pensado que a lo mejor el programa está preparado para generar esa clase de confusiones, como una prueba más? ¿Como una manera de provocarte reacciones concretas ante circunstancias inesperadas? La finalidad del programa...
        --La finalidad del programa es ayudarme --la interrumpió Gerardo con malos modos--. No hacerme daño, como ha hecho. Necesito a Gilber. Nadie en el chat es como Gilber. Necesito que me perdone, no puedo perderla, quiero arreglarlo. He hablado de eso con el que me pasó el programa...
        "Oh, cielos", pensó Magda.
        --... pero dice que no hay arreglo posible. Que el programa toma sus propias decisiones y una vez borrada una persona... una personalidad... ya no es posible rehacerla, crearla de nuevo. Gilber ya no existe. Y aunque existiera, aunque hubiera una Gilber 2, no sería lo mismo... la misma...
        Magda esperó unos instantes, porque casi no sabía qué decirle, tan absurdo e irracional le parecía todo aquello.
        --Gerardo, abandona el programa ya. Sigue con nuestras sesiones. Ibas muy bien y ahora, debido a eso, has empeorado notablemente. Eres... eres como un niño que ha perdido una partida de parchís y se culpa a sí mismo. Es...
        Gerardo le colgó el teléfono.
        Magda se quedó mirando el auricular, atónita, incrédula, y luego furiosa. Cuando Francis hubo terminado con su grupo, aprovechó los diez minutos libres hasta la siguiente sesión para ponerle al corriente de lo ocurrido.
        --No hay nada que hacer --dictaminó Francis--. Es el caso del adicto que no quiere renunciar a su adicción, algo que conocemos muy bien, ¿verdad? Aunque nunca con un enfoque tan absurdo como éste. No podemos luchar contra eso, y él no quiere darse cuenta de lo que le pasa. Y su familia no lo va a traer, porque no tiene.
        --Pero... algo debemos hacer.
        --No veo qué. No es un idiota, aunque se comporte como tal. Tiene una obsesión, lo mismo que antes tenía otra con la fulana que se tiraba. Cambia la persona, no el comportamiento. Diantre, sí que debe de ser bueno ese jodido programa. Lo podríamos usar como ejemplo en nuestros casos de adictos a internet. Haz un resumen del caso. Y si Gerardo da señales de vida alguna vez...
        Nunca más las dio.
     
     
                                                        * * *
     
        Ma trezesc cu tine-n gand...
        --Huy, chica, qué cara pones. ¿Qué te pasa?
        --Cierra la puerta, ¿quieres? Estoy furiosa, eso me pasa.
        --¿Te plantó otro novio? ¿Te ponía los cuernos?
        --No, qué dices... Aparta un poco, ¿quieres? El espejo es para las dos.
        --Vale, tía, no la pagues conmigo.
        --Perdona, tú.
        --Venga, cuenta qué te pasa.
        --El psicólogo al que voy. Es un imbécil. O yo soy la imbécil por molestarme en ir y hacerle caso.
        --Amor, los psicólogos no arreglan nada. ¿Te crees que todas no hemos pasado alguna vez por ellos? ¿Qué te hizo ése? ¿Te metió mano?
        --Bah... No, si no me iba mal con él... Pero, en fin, ya sabes lo acomplejada e insegura que soy.
        --Vale, como la mayoría.
        --Pues me habló de un programa de ordenador. Te crea un círculo de amigos virtuales, personas inexistentes, y te chateas con ellos y te mandan mensajes y eso. Las respuestas y los caracteres son aleatorios...
        --Coño, qué bien hablas. ¿Y eso qué es?
        --Que van al azar. Como una lotería o algo así. Que no se pueden predecir, vaya. Es como un juego de estrategia, más o menos. Tú te comportas natural, como eres, y así ves cómo te toman los demás, los personajes virtuales del programa. Y así afianzas tu seguridad.
        --Hay que ver cómo hablas... Todo eso lo has aprendido del psicólogo ese...
        --Claro. Bueno, era divertido usar ese programa, y había personalidades muy majas. Había un tío muy conseguido, muy simpático... Y yo me iba soltando, como me dijo el psicólogo, y decía mis cosas. Que me llamo Gilber, como en mi nombre artístico, y ahí fue donde metí la pata.
        --¿Por qué?
        --Pues me preguntó en qué trabajaba y le dije que le enviaría unas fotos por e-mail para que lo viera. Y le envié un archivo con el último show que hice en el Calígula... y no veas qué vergüenza...
        --¿Qué pasó?
        --Resulta que me había tomado por un tío, y al ver las fotos va y me suelta que no sabía que yo fuera un travesti.
        --¡Hostia!
        --El programa hacía reaccionar a ese tío como si yo fuera un hombre. ¿Te das cuenta? O sea, todo iba al revés de como debía ir, como se suponía que debía ir. Oh, ya lo sé... Sólo era un ente virtual, como dice el psicólogo, algo generado por el programa. Pero me hizo daño, ¿sabes? ¿Te das cuenta de lo que eso significa?
        --Sí, desde luego.
        --No podré tener amigos por mí misma. Amigos que me valoren con independencia de lo que sea o de lo que parezca. Quizá el programa detectó... qué sé yo... Que no sé fingir... ¡Pero es que yo no fingía! Y por eso, en vez de por una chica, me toma por un travesti. Estoy negra. Le he devuelto el programa al psicólogo. Me siento una fracasada...
        --Mira que eres dramática. Escucha, lo que tienes que hacer...
        Plange lumja dupa ei...
        --¡Eh, tú! Que estamos hablando de nuestras cosas. Cierra la puerta, pedazo de maricona.
     
     
    FIN.
     
     

    August 16

    LO MÁS LEÍDO DE ESTE BLOG (actualizado)

     
    De cara al verano, me entretengo lo mismo que el año pasado (véase el 26 de julio), relacionando los textos más leídos/visitados de este blog. No es una lista exahustiva, sólo de los cinco más destacados, y abarcando ahora únicamente --con una excepción-- lo publicado a partir de la anterior relación (pues los que aparecieron en aquella siguen siendo igualmente muy visitados, así que no había razón para repetirlos).
     
    Lo más leído de narrativa:
     
    "El torturador de señoras gordas" (3 febrero 2007) 
    "6 de diciembre de 1970: una fascinación" (13 septiembre 2008)
    "El caso del crimen perfecto" (15 enero 2009) 
    "Ronda para una gitana" (31 enero 2009)
    "Yo amo la bomba atómica" (15 marzo 2009)
     
    Entre el resto de más leídos, diversos episodios de la serie "Aventuras de Harold Smith" y de la novela "Bigune", y otros relatos sueltos, incluyendo la serie "Personas desconocidas" para mi sorpresa.
     
     
    Lo más leído de artículos y ensayos:
     
    "Famosos de ayer (2). Larry Semon: cómico" (10 noviembre 2008)
    "Canciones para la nostalgia y la depresión" (9 diciembre 2008)
    "Cómo se hace la bibliografía de un autor" (24 enero 2009)
    "Vivir aislado" (25 febrero 2009)
    "Galería de mujeres (48). Patricia Conde: La apariencia y la realidad" (31 mayo 2009)
     
    Entre el resto, comentarios sobre obras de Charles Dickens, una entrevista recuperada de Patricia Highsmith, diversos capítulos de "Autores olvidados", "Galería de mujeres" y "Famosos de ayer", el ensayo en tres partes sobre Philip José Farmer, y capítulos sueltos de "Últimas confesiones de un autor".
     
     
    August 14

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (5). LA REVISTA

    (c) 2009 by J.C. Planells
     

        --Oiga, quería esa revista de ahí.
        --¿Cuál? ¿Esta?
        --No. La otra, la de al lado.
        --¿Esa? Pero si es una revista para chicas...
        --Ya, pero es que trae un reportaje sobre mi cantante favorita...
        --Pero si eso es una cursilada de revista, sólo lo compran las niñatas.
        --Bueno, pero yo me la compro por ese reportaje solamente. ¿Qué quiere? ¿Que me compre el Playboy?
        --Pues sería más lógico.
        --Pues ya se lo compraré el día que publique un reportaje que me interese, se lo prometo. Usted es un poco gruñón, ¿eh? 
        --No sé por qué lo dice...
        --Hombre, el día de Nochevieja se rió porque le compré dos periódicos en vez de uno como cada día.
        --Es que no entiendo para qué quería dos periódicos ese día...
        --Porque el día de Año Nuevo no se publican periódicos, caramba.
        --Ya lo sé, soy kiosquero, ¿no? Pero, ¿qué hace con el segundo periódico?
        --Pues lo guardo para leerlo el primero de año, claro.
        --¿O sea se compra dos y guarda uno para el día siguiente? Me parece un poco ridículo.
        --¿Seguro que usted es kiosquero? Tenga, cobre la revista.
        --Aquí tiene el cambio.
        --Adiós. Eh... Un momento. Oiga, este ejemplar está usado.
        --¿Cómo que usado?
        --Diantre, que lo ha leído alguien antes. Mire cómo está de arrugado el lomo... Han doblado las páginas para leerla...
        --No, hombre, si esto no es nada.
        --¿Cómo que no es nada? Oiga, yo pago por una revista nueva, no por un ejemplar usado y sobado.
        --Pero si la revista es nueva de esta mañana...
        --Todo lo que quiera, pero alguien la ha estado leyendo y la ha devuelto. Parece sacada de un container del mercado de las Glorias. Deme otro ejemplar y que esté inmaculado.
        --Pero si sólo le interesa por el reportaje de esa cantante, a usted le da igual cómo esté la revista...
        --Oiga, o me da un ejemplar inmaculado o me devuelve el dinero. Usted mismo.
        --¿Por esa chorrada de revista tanto lío?
        --Pues sí: por esa chorrada de revista tanto lío. Yo pago mi dinero por una revista nueva, no por una que se ha leído antes alguien... o usted mismo a lo mejor...
        --Joder, mire que es maniático usted.
        --También son manías tratar de vender como nuevo lo sobado y leído y criticar las compras de la gente. ¿O es que toma por idiotas a sus clientes? Mire, ¿sabe qué? A hacer puñetas, me voy a otro kiosko.
     
     
    FIN.-
      

    August 12

    EL HOMBRE CLAVE, de Robert Mulligan: Presagios de muerte


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     

    Provista de un guión casi bressoniano, cortesía de un por entonces desconocido Erich Roth (hoy muy conocido: Forrest Gump, El curioso caso de Benjamin Button), El hombre clave (1974) es un film maldito, un completo fracaso en su día, celebrado únicamente por un puñado de personas, desdeñado por el resto de los (pocos) que lo vieron, desconocido para la mayoría de aficionados, relegado al desván de los trastos raros, y que aguarda una debida recuperación en DVD que permita su rehabilitación y ser descubierto por quienes nunca lo vieron o ni siquiera han oído hablar de él. Ni su participación en Cannes el mismo año de La conversación, Ladrones como nosotros o la spielbergiana Loca evasión-- le sirvió de nada. En España no se estrenó hasta 1978 en una sala especial, para desaparecer a los pocos días.
    ¿Qué nos cuenta esta película? Bien, su argumento es mínimo y su realización minimalista casi: la acción es inexistente, todo lo relacionado con los personajes está visto como sesgado, de refilón, y las incidencias, por así llamarlas, no nos ayudan a llenar huecos. Ahora bien: ésta es una película francamente inquietante, desasosegante, lóbrega, pesimista, agorera, una visión de un mundo y un personaje tan agonizante y nostálgico como esa tonalidad amarillenta que preside casi toda la fotografía (rota solo en la escapada campestre).
    Cooper (Jason Miller) --o Coop, como le llaman casi todos-- es un pequeño hampón de barrio modesto que se encarga de cuatro chanchulletes, cuatro trabajillos para gángsters poderosos y arreglar cuatro cosillas con su influencia (peleas de boxeo, por ejemplo). El problema es que Coop es un tipo demasiado humano (en el barrio todos le aprecian de verdad, aun sabiendo que es un hampón y un chanchullero), y sus jefes --invisibles, excepto Carl, el hierático individuo interpretado por John Hillerman-- demasiado poco humanos... casi parecen robots. El problema añadido a éste es que al parecer esos misteriosos jefes --aludidos más que vistos-- han decidido prescindir de Coop, quitarle de en medio, sustituirle por alguien más acorde con los tiempos que corren, porque ese estilo "familiar" de Coop se da de bruces con el estilo práctico, efectivo y duro de los fríos hombres de negocios del hampa, que aunque sean delincuentes se guían por lo mismo que cualquier negociante o empresario: los rendimientos y los libros de contabilidad (como cualquier multinacional, vaya). Es decir, se intuye que son individuos bien vestidos, con nombres importantes, muy conscientes del ritmo de vida moderno, de los nuevos negocios y la nueva forma de llevarlos, mientras que Coop es casi un anacronismo, un individuo estancado en otra forma de vivir y trabajar. Coop intuye todo esto se diría que casi por telepatía: nadie le avisa de que los invisibles jefes van a quitarle de en medio o a reemplazarle por alguien más acorde con los nuevos tiempos, pero el film comienza con Coop despertando en medio de la noche de una pesadilla (muy amarillenta) en la que intuye que "van a por él", que se trama algo para reemplazarle de una manera u otra, que le consideran acabado. Y así, el film no es sino el devenir de Coop en espera del golpe mortal, el tiro a traición, o con suerte una explicación de alguien --que nadie sabe quién puede ser-- justificando o no su "retiro"; y mientras tanto, Coop sigue encasillado en llevar los asuntos de que debe ocuparse "como se han hecho toda la vida", porque no entiende --o no se da cuenta-- de que los tiempos han cambiado, que ahora impera otro estilo, otra tipología, gente más joven, más ambiciosa.
    Coop es un ente extraño, en fin, como surgido de otra época, de los años veinte o cuarenta como mucho, pero viviendo en el hampa de mediados la década de 1970, donde todo funciona de una manera casi empresarial, no "entre amiguetes". El caso de Coop es el de alguien que es una buena persona moviéndose entre los intereses y los chanchullos de los gángsters, haciendo de tapadera para oscuros manejos y a quien en el fondo todo esto le viene grande en su modesto barrio de amigos y conocidos. Coop es una rareza, y por tanto debe ser eliminada, como todas las rarezas, para dar paso a otro estilo y a otras gentes. Y el film, consiguientemente, presenta el discurrir de Coop, solo o en compañía de su chica, Sarah (Linda Haynes), sus esotéricas conversaciones con el frío Carl y la enojosa presencia de ese cretino presunto matón, Turner (Bo Hopkins), claro ejemplo del tipo de individuos que la moderna organización recluta para ciertos trabajitos --escaso cerebro, mucha fachada--, su escapada al campo para ocultarse en una cabaña, su complejo casi paranoico de persecución, su pesadilla de muerte... Y así hasta el golpe final, inesperado por cuando llega, aunque presentido porque se sabe ha de llegar: ese idiota de Turner, ese matón de la nueva ola de andares chulescos que "le admira", según confiesa, le disparará mortalmente, pero no sin que Coop consiga llevárselo asimismo por delante de una manera realmente heroica; Turner muere como el perro que es, mientras que Coop...
    Esta es una película molesta para quienes esperan acción a raudales: no la hay, y el único momento de acción es la pesadilla de muerte de Coop; y el momento más cruel sorprende por su brutalidad y por lo inesperado. De hecho, no puede decirse que haya historia siquiera: ya dije que el guión es casi bressoniano: está despojado hasta llegar a la mínima expresión. Mulligan construye con ese guión un film asfixiante, claustrofóbico, cerrado en sí mismo (encerrado, vaya), y que resulta tan extraño como muestra de "cine negro" como lo fue su film de 1968 La noche de los gigantes respecto al western. En ambos casos, Mulligan sólo recoge lo externo de ambos géneros (indios, soldados de caballería y el paisaje en La noche de los gigantes; matones, boxeo amañado, hampones en El hombre clave) para contar historias que se desvían de inmediato hacia otros lugares: el cine de terror en el primer caso, el film existencial en el segundo caso. Quizá 1974 no era el mejor año para El hombre clave; quizá en según qué círculos sería más comprensible o asumible hoy (para quienes buscan un cine de autor, claro, no el cine palomitero). O quizá El hombre clave  es más comprensible hoy que ayer, puesto que en tanto haya desplazados, rarezas, buenas personas en malos lugares, individuos anacrónicos, y a la vez haya intereses comerciales, empresariales, nuevos modos de llevar negocios, así como chulos, matones, jóvenes turcos y descerebrados musculosos, es evidente que este film les reflejará a todos ellos, no importa que hable de otras cosas: no es más que una fábula sobre el término de una manera de hacer las cosas o de vivir la vida, sustituida por otra distinta, y no necesariamente mejor. (Debo confesar que el personaje muy bien interpretado por Bo Hopkins podría ser perfectamente el equivalente de algunos de esos repelentes foreros de internet que se dedican a hacer el matón por las webs y los grupos, simplemente porque es su medio y se creen los dueños de él). Todo en El hombre clave está tan fuera de lo común, de lo usual, ya no digamos de lo esperado, que parece una película construida en torno a los momentos que no aparecen en una muestra habitual de cine negro. Es una película de momentos vacíos, y quizá eso explicase el sonoro fracaso en su tiempo.
    Dos escenas a recordar siempre: la fiesta sorpresa de cumpleaños con que los amigos del barrio obsequian a Coop en el bar donde acude a almorzar, en la que se ve claramente el afecto, la estima que sienten por él (curiosamente, hay una escena casi igual en su siguiente película: Stony, sangre caliente); y, sobre todo, ese instante final, cuando Pauli (Lou Frizell) llega a primera hora de la mañana para abrir su bar y ve a Coop sentado en el banco junto a la puerta, la mirada fija al frente; Pauli le cuenta cuatro chismes mientras abre la puerta, pero al ver que Coop no responde se acerca extrañado, le toca... y descubre que está muerto. Al tocarle Pauli, en un primer plano de la mano de Coop vemos caer al suelo el manojo de llaves que le convertían en el hombre clave del barrio. Pauli llora desolado. Comprendemos que Coop, agonizante tras sufrir el ataque de Turner, ha venido hasta ese banco, frente al bar donde acudía todos los días para charlar con sus amigos, y morir sentado en él, en su barrio, en su calle, frente a su bar habitual.
    Esperemos se recupere alguna vez ese film tan notable, tan extraño, tan a contracorriente, y podamos verlo debidamente.

       

     

     

    August 10

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (4). LOS PAPELES

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    (Una calle en una ciudad de España y Olé. Una señora mayor en silla de ruedas empujada por una chica inmigrante. Dos policías recios y viriles se les acercan.)
     
    POLICÍA 1º.- A ver, joven, ¿me enseña sus papeles?
    CHICA INMIGRANTE.- ¿Mis papeles? Ay, pues... no los tengo ahorita mismo conmigo.
    POLICÍA 2º.- ¿Dónde los tiene?
    CHICA INMIGRANTE.- Pues, miren ustedes... Yo ahora...no los tengo.
    SEÑORA MAYOR.- ¿Qué ocurre, agentes?
    POLICÍA 1º.- Nada, señora, una comprobación de rutina.
    POLICÍA 2º.- En cuanto esa chica nos enseñe sus papeles de residencia, pueden proseguir su camino.
    CHICA INMIGRANTE.- Miren, es que yo no los he recibido aún...
    POLICÍA 1º.- ¿Cómo que no los ha recibido aún? ¿Qué quiere decir?`
    POLICÍA 2º.- ¿Cuánto tiempo lleva en España?
    CHICA INMIGRANTE.- Pues me vine acá hará un año y medio... para trabajar, claro.
    SEÑORA MAYOR.- ¿Pero qué es lo que ocurre?
    POLICÍA 1º.- Nada, señora, estese tranquila.
    POLICÍA 2º.- Pero, ¿no tiene usted papeles o qué?
    CHICA INMIGRANTE.- Pues, ahorita mismo no, yo no los tengo, pero...
    POLICÍA 2º.- ¿Los tiene en su casa?
    CHICA INMIGRANTE.- No, no los tengo en casa...
    POLICÍA 1º.- Vamos, que usted no tiene papeles de residencia ni permiso de trabajo; que es una inmigrante ilegal, vaya.
    CHICA INMIGRANTE.- Pero yo llevo trabajando acá desde que me vine. Ahora estoy con esta señora, que la llevo a pasear y a sus visitas porque está impedida...
    POLICÍA 1º.- Pues si no tiene usted papeles, debe venirse con nosotros a la comisaría.
    CHICA INMIGRANTE.- Pero, ¿cómo dicen eso?
    POLICÍA 2º.- Venga, vámonos a la comisaría, señorita. Sin papeles no puede estar en el país.
    SEÑORA MAYOR.- Pero, ¿qué significa esto? ¿Adónde me llevan?
    POLICÍA 1º.- No se preocupe, señora. No nos la llevamos a usted, sólo a la chica. No tiene papeles y por tanto no puede estar trabajando...
    SEÑORA MAYOR.- ¿Y qué hago yo?
    CHICA INMIGRANTE.- ¡Ay, señores, que tengo que llevar a la señora a su casa...! ¡Déjenme que la lleve primero!
    POLICÍA 1º.- Nada de excusas, muchacha. Vamos a la comisaría.
    CHICA INMIGRANTE.- Pero dejen que lleve primero a la señora a su casa...
    POLICÍA 2º.- Venga, no pierda más tiempo.
    SEÑORA MAYOR.- Pero... ¿es que me dejan aquí tirada? ¡Llévenme antes a mi casa, hagan el favor!
    POLICÍA 2º.- Eso no es cosa nuestra, señora, dispense. Esta joven tiene que ir a la comisaría ahora mismo porque no tiene papeles.
    SEÑORA MAYOR.- ¡Pero si trabaja para mí desde hace cuatro meses! ¡Yo respondo por ella!
    POLICÍA 1º.- Lo siento, señora, pero eso no tiene nada que ver. Sin papeles no puede permanecer en el país.
     
    (Los policías se llevan casi a rastras a la chica inmigrante, dejando abandonada a la señora mayor en su silla de ruedas.)
     
    SEÑORA MAYOR.- Pero, escuchen... ¡Oigan! ¡Oigan! ¡No me dejen en medio de la calle! ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Policía! ¡Socorro!
     
    FIN.-
     
    August 08

    GALERÍA DE MUJERES (50). JEHANNE DARC: Quemada viva (hoy como ayer)

    (c) 2006-2009 by J.C. Planells
     
    (Juana de Arco, según Robert Bresson)
     
    No voy a negar que el eclecticismo de esta serie "Galería de mujeres" puede desorientar al mejor predispuesto: ya ha habido algún desmayo que otro, según he sabido, y me parece muy bien, pues ése es el propósito de la serie: dejar "planchado" al lector cuando menos se lo espere. En todo caso, a poco que se repasen los nombres y los textos y los porqués de las elecciones, se advertirá cuanto de común une a muchas de ellas, aunque no a todas, naturalmente: unas tuvieron vidas desgraciadas, otras superaron conflictos y dificultades personales para seguir adelante, las ha habido y las hay que fueron o son ferozmente criticadas por unos u otros, algunas de ellas pudieron desarrollar su trabajo con honestidad y sin alardes, otras han mantenido una conducta digna de elogio, o fueron pioneras en algo, las hay que vivieron contracorriente de todo y de todos, y unas cuantas fueorn víctimas de la intolerancia. Eso hace que haya una cierta lógica en que encontrar en esa Galería tanto a Romy Schneider como a Patricia Highsmith, a Edelina Muñoz o a Agatha Christie, por citar cuatro al azar. Ninguna de las que han aparecido, ni Sylvie Vartan ni Tuesday Weld, ni Marilyn Monroe ni Louise Brooks, ha sido solamente "para hacer bonito" (aunque embellezcan la serie, entre otras), sino por razones que en sus respectivas entradas se explican espero que claramente; otra cosa es que el lector discrepe de esas razones; en todo caso, quienes critiquen según qué elecciones harían bien en pensar qué nombres no podrán aparecer nunca en la serie. No es difícil adivinarlos.
    Así pues, ¿qué hay de extraño o inusitado en que aparezca en esta galería --al llegar a su capíitulo 50--  Jehanne Darc? Si no les suena el nombre, lo escribiré en su grafía española: Juana de Arco (o Jeanne D´Arc, en francés moderno). A mí me ha parecido más respetuoso poner su verdadero nombre, el de nacimiento, que se sitúa en 1412, si bien no es seguro puesto que otras fuentes lo sitúan entre 1407 y 1412; es lo que ocurre con muchos personajes de siglos pasados, que se sabe poco y mal de ellos, las informaciones son escasas y no demasiado fiables o sujetas al punto de vista de quien escribe la historia (vencedores o vencidos, de un bando o de otro, de una religión, de otra o de ninguna). Puestos a no saber, ni siquiera sabemos cuál era el aspecto físico de Jehanne, pues no existe ni ha existido nunca, según parece, representación alguna de su verdadero rostro (la imagen más antigua es del siglo XV, décadas después de su muerte, y es dudoso que el artista la hubiera visto en vida). Todas las imágenes que la representan fueron realizadas por artistas y pintores de diversos siglos posteriores que idealizaron a su gusto y antojo la figura de Jehanne. Ignoramos, pues, si era alta o baja, corpulenta o enclenque, gruesa o delgada, morena o rubia, de ojos negros o castaños; no sabemos nada. En el cine ha tenido muchos rostros: Ingrid Bergman, Jean Seberg, Leelee Sobieski, Milla Jojovich, Geraldine Farrar, más el de las actrices anónimas o poco conocidas de Dreyer y Bresson, entre muchas otras. Lo mismo pudo parecerse a Rossy de Palma que a Jessica Alba, por lo que sabemos, o sea: nada.
    Si aceptamos 1412 como fecha de su nacimiento, Jehanne murió a los 19 años, en 1431 (la edad de su muerte parece autentificada). Es decir, en plena juventud. O puede que no tanto, puesto que la vida era más breve en aquellas épocas en que un hombre de cuarenta años era prácticamente un anciano, y por tanto una chica de 19 era casi una mujer adulta. Pero para la historia, para nosotros, sigue siendo una chica joven, casi una adolescente, que acabó en la hoguera acusada de herejía.
    Incluso esta parte tiene sus ribetes de leyenda. Hubo rumores de que en realidad no murió quemada, sino que o bien fue sustituida por otra chica o bien logró escaparse, casándose más tarde con un tal Robert D´Arnoises y muriendo tranquilamente en 1449. También se sabe que al poco de su muerte aparecieron algunas falsas "Juanas de Arco". Uno desearía que algo de esto fuese cierto, que la chica de 19 años se salvó o se escapó y terminó su vida normalmente, viviendo oculta y a salvo de todo y de todos. Pero están las actas de su largo proceso, y éstas son inapelables. En todo caso, nunca lo sabremos todo respecto a ella, y duele no saberlo.
    Murió virgen, y eso sí está certificado (en realidad, su virginidad fue certificada al menos dos veces durante su cautiverio, tan obsesionados estaban tanto franceses como ingleses por aquella muchacha que se empeñaron en comprobarlo una y otra vez por si acaso). Su vida, sus hechos, su figura, todo lo que la rodea ha cautivado, intrigado e impresionado a innumerables novelistas, poetas, dramaturgos, filósofos, pensadores, cineastas, en una lista realmente interminable (Schiller, Bernard Shaw, Carl Dreyer, Robert Bresson... Incluso Mark Twain escribió una biografía suya, probablemente el libro más inesperado de Twain y el autor más inesperado para escribir sobre la Doncella de Orleáns). Quizá todos ellos --dramaturgos, poetas, cineastas, novelistas-- buscaban encontrar la verdad de esa insólita muchacha de la brutal edad media que fascina a todo el mundo, personaje incómodo especialmente en el descreído siglo XXI: si ya resultó incómodo en su tiempo, si llegó a irritar a dos países a la vez en su época, y puso en incómoda posición al clero, ¿qué ha de ser en el nuestro? Lo de menos es lo que fue su vida y la realidad histórica en que vivió; sus "voces", instándola a combatir a los ingleses para echarlos de Francia y poner en el trono al rey Carlos, la incómoda postura en que dejaba a las autoridades religiosas y sus particulares intereses políticos. Una muchacha de 16 años, espada en mano, de orígenes campesinos y de familia pobre, que no supo nunca leer ni escribir, profundamente piadosa, acabó revolucionando todo un país, liderando ejércitos, echando a los ingleses, enardeciendo a dos naciones, incomodando a su propio rey, enfureciendo al clero francés y a los obispos. En breve: una adelantada a su tiempo, y eso, no nos engañemos, se paga muy caro, y más caro aún en ciertas épocas de la historia. Y eso fue lo que le pasó a Jehanne: la traicionaron los suyos, el rey adoptó una postura conformista una vez estuvo acomodado en el trono y se alejó de ella, el clero le mostró desconfianza, y finalmente fue entregada (vendida, de hecho) a los ingleses por los borgoñones, su propia gente, juzgada por la Iglesia, acusada de herejía, de pactos satánicos a causa de sus pretendidas "voces", considerada una blasfema, obligada a abjurar de sus "voces", manipulada al antojo y capricho de obispos gordos como cerdos (eso sí se sabe), que la hicieron firmar confesiones bajo promesas falsas, hasta que, finalmente, ella se retractó de sus confesiones forzadas y retornó a su creencia en las voces que oyera y negó haber practicado herejía, el satanismo o ser una blasfema. Y los obispos, hartos de ella, finalmente la condenaron a morir quemada viva en la hoguera por hereje. Mientras moría, perdonó a sus verdugos y a quienes pudiendo salvarla (el rey Carlos, que le debía el trono) no movieron un dedo. Sus cenizas fueron esparcidas en el río. Tenía 19 años, no debemos olvidarlo.
    Todo esto es tan triste y deprimente que me estoy deprimiendo sólo con escribirlo, y el paso de los siglos, de tantos siglos, no lo hace menos triste ni menos deprimente. Para los ingleses sigue siendo una puta blasfema; para los franceses es hoy un orgullo nacional. Para la Iglesia, que revisó su proceso unos cuantos años después y condescendió en absolverla y rehabilitarla, es hoy una santa, canonizada en 1909, ¡casi quinientos años después de su muerte y de su posterior rehabilitación! (Y luego hay gente que se extraña de que haya ateos: con Iglesias así...)
    En Francia, el colectivo de lesbianas la eligió hace unos años como símbolo suyo. Seguramente los sucesores en la Iglesia de quienes la condenaron a la hoguera pusieron el grito en el cielo al saberlo. En todo caso, a mí me parece muy bien que las lesbianas francesas (¿y por qué no las de todo el mundo?) la hayan elegido como su símbolo. Alguien como ella --una simple campesina ignorante--, que fue torturada, manipulada, manoseada en la corte y en la cárcel para saber si aún conservaba o no su virginidad, traicionada y burlada, acusada injustamente, maldecida e insultada, alguien así me parece justo que sea símbolo de un grupo o clase social marginado durante buena parte de la historia (¿pasada o presente?), cualquier grupo o clase social. En el fondo, Jehanne no es sino el más claro antecedente de las mujeres maltratadas de toda condición y época.
    Pero, lamentablemente, también Juana de Arco es el símbolo de la ultraderecha francesa, lo cual puede provocar un pequeño caos mental. Y es una buena muestra de que el desconocimiento de las personas puede llevarnos a manipularlas como nos dé la gana. ¿Santa o puta? ¿Campesina o guerrera? ¿Loca o iluminada? ¿Dulce o dura? ¿Femenina o machorra? Juana de Arco es uno de los personajes más incómodos de la historia universal, ante cuya figura nadie sabe muy bien qué postura adoptar, y quizá esto explique que tantos intelectuales hayan analizado su vida en dramas, películas, novelas, biografías, tratando de conseguir extraer de todo ello un retrato verosímil, pero imposible a todas luces, y que algunos de ellos se limiten a considerarla una pobre loca por mor de lo políticamente correcto y la progresía pija.
    Creo que el mundo de hoy (y el de ayer) está lleno de Juanas de Arco, que puede que no oigan voces como ella ni se lancen a la guerra para salvar un reino o poner un rey idiota en el trono, pero sí que pagan su ingenuidad o su tenacidad o su idealismo --o su diferencia-- en una hoguera a veces simbólica y otras real. Yo creo que Jehanne sigue librando batallas seis siglos después de muerta en el cuerpo de muchas otras en todos los países del mundo. Y ganándolas, en cierto modo. "¡Ídola!", dijo de ella hace tiempo una quinceañera cuando mencionaron su nombre.
    Y seguiremos sin saber cómo fue su rostro y figura.

    August 06

    HISTORIAS ABSURDAS PERO REALES (3). LA INVITACIÓN


    (c) 2009 by J.C. Planells

     
     
    (En un restaurante, por la noche)
     
    JUAN.- ¡Hombre, Pedro! Siéntate un momento aquí, con nosotros. Mira, éstos son Carlos y Asunción, unos amigos de juventud que han venido porque preparan una reunión con todos los de entonces y les he invitado a cenar en mi restaurante. ¿Está todo a vuestro gusto? (Carlos y Asunción, con la boca llena, asienten) Carlos es un tío muy inteligente, y Asunción anda preparando unas rutas de turismo para el Ayuntamiento... Pedro es el dueño del mejor restaurante de Arenys de Mar y parte de toda la costa, ¿verdad, Pedro?
    PEDRO.- Como tú lo eres de uno de los mejores de Barcelona, si no el mejor. Y os invito también a que vengáis al mío cuando queráis.
    JUAN.- Yo aprendí con Pedro a comprar el mejor pescado y dónde ir... Es que Pedro tiene acceso a los mejores mercados.
    PEDRO.- Pero ahora lo tienes tú también. Oye, ¿por qué no os venís mañana mismo los tres a comer a mi restaurante? 
    JUAN.- No puedo. Mañana voy a casa de mi ex... Últimamente nos llevamos bastante bien, y es posible que volvamos a vivir juntos..., por los hijos, ¿sabes?
    PEDRO.- Este Juan... Eres tremendo. Anda que no has corrido tú. Menuda pieza. Pero vente mañana, hombre, veníos los tres; así tus amigos podrán comparar con el tuyo. Tienes que ver unas modificaciones que he hecho en la cocina. Hace por lo menos un año que no has venido, ¿verdad? Tomad, esta es la tarjeta con la dirección de mi restaurante.
    JUAN.- Yo no voy a poder, Pedro, ya te digo: estoy enderezando mi vida; pero que vayan ellos, si quieren.
    PEDRO.- Eso, venid.
    ASUNCIÓN.- ¿En serio?
    PEDRO.- En serio. Pero ven tú también, Juan, hombre, que hace mucho que no pasas.
    JUAN.- No sé, no sé. Mañana ya tenía el plan de ir a comer con mi ex y los chicos... Si acaso, te llamaría a casa, Asunción, pero no creo.
     
    (Horas después, en la calle)
     
    CARLOS.- Jo, estoy hinchado. Qué bien hemos cenado. Cómo se ha portado Juan con nosotros y qué bueno estaba todo lo que nos han puesto. Oye una cosa, ¿si cenas de gorra en el restaurante donde van todos los famosos cuando vienen a Barcelona, significa que nosotros somos famosos también?
    ASUNCIÓN.- Significa que somos leyenda. Oye, mañana qué hacemos. ¿Vamos a comer a ese restaurante del amigo de Juan?
    CARLOS.- ¿Sí? Por mí, perfecto.
    ASUNCIÓN.- Verás cómo se pondrá Merceditas cuando sepa que el petit comité se está corriendo estas juergas sin ella... Pues vale, subimos con el coche y de paso nos podemos bañar un rato en la playa.
    CARLOS.- Pero ¿Juan viene o no al final?
    ASUNCIÓN.- Ha dicho que me llamaría en caso de que pueda. Y si no viene, pues vamos los dos solos.
    CARLOS.- Pues vale.
     
    (Por la mañana, hacia el mediodía en la autopista de la costa dirección Gerona)
     
    CARLOS.- Así que Juan no te ha llamado...
    ASUNCIÓN.- No, y yo no me he acordado de llamarle... Con lo tarde que me he levantado... Bueno, ya dijo que seguramente no podría venir.
    CARLOS.- ¿Y nos presentamos los dos solos así por las buenas?
    ASUNCIÓN.- Claro. Ese amigo suyo dijo que podíamos ir nosotros dos.
    CARLOS.- Es cierto.
    ASUNCIÓN.- Oye... ¿y si lo dijo por decir? ¿Por quedar bien con Juan?
    CARLOS.- No fastidies. Lo dijo en serio, ya lo oíste, e insistió varias veces.
    ASUNCIÓN.- Sí... Como Juan se había sentado en ese momento en nuestra mesa para ver si todo estaba bien servido... Pero igual no se pensaba que nos lo tomásemos en serio...
    CARLOS.- No fastidies, tía. ¿Me estás diciendo que no deberíamos ir, ahora que estamos a medio camino?
    ASUNCIÓN.- No... Aunque si al menos hubiera venido Juan...
     
    (A última hora de la tarde, en la autopista de la costa, en dirección Barcelona)
     
    CARLOS.- Hostia, cómo hemos comido. Pero, cómo hemos comido, tía. ¡Y gratis! Yo he echado un vistazo a una carta al pasar y ahí no se come por menos de cinco mil pesetas el cubierto... Buff, esto no se olvida.
    ASUNCIÓN.- Es verdad. Qué bueno estaba todo. Y cuánta cantidad y variedad. Y los vinos, y el aperitivo... Y el servicio...
    CARLOS.- ¡El aperitivo! ¡Genial! ¡Y hemos repetido tantas veces como hemos querido! Y el camarero todo el rato llenándonos las copas de vino... ¿Has visto que casi le da un soponcio al ver que yo tenía el cuchillo a la izquierda? Se creía que era un error suyo, no se ha dado cuenta de que lo había cambiado yo porque no sé cortar con la derecha... Y casi todo el restaurante para nosotros dos, solamente. Apenas había nadie más.
    ASUNCIÓN.- Sí, ha sido memorable... Memorable... Y qué bueno todo... Pero..., ¿tú has visto la cara que Pedro, el dueño, ha puesto cuando hemos entrado?
    CARLOS.- ¿Cara? ¿Qué cara ha puesto?
    ASUNCIÓN.- Si es que tú estás siempre en la luna, chico... Pero yo sí me he dado cuenta: no nos esperaba y se ha quedado de piedra al vernos entrar.
    CARLOS.- ¿En serio? ¡¿En serio?!
    ASUNCIÓN.- Como te lo digo. Su cara era un poema.
    CARLOS.- Pues se ha portado magníficamente. Nadie lo hubiera dicho.
    ASUNCIÓN.- Vaya, no iba a echarnos a la calle después de tanto invitarnos ayer delante de Juan..., tenía que apechugar.
    CARLOS.- Pues lo que sí te aseguro es que pasarán años, décadas, nacerán y morirán soles y planetas, civilizaciones y galaxias, y yo recordaré la comida de hoy como algo imborrable, excepcional. Y mira que a mí me trae sin cuidado eso de comer bien y del lujazo en los restaurantes. Pero, es que lo de hoy... ¡Qué día! Es digno de recordar.
    ASUNCIÓN.- Sí. Seguro que él pensará lo mismo, pero por otros motivos.
     
     
    FIN.-
     
     

    August 04

    EL ESPÍA, de Russell Rouse: Una película sin diálogos


    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    El cine de antes --que no es el de ahora, desde luego, y esto no pretende ser un chiste ni una perogrullada, sino una constatación-- ofrecía de vez en cuando algunas rarezas que uno no sabía bien cómo tomarse, pero que acababan teniendo cierta gracia (a veces). Luego, esas rarezas quedaban más o menos olvidadas, y ya está. Hoy, con el DVD, vuelven las rarezas de antaño (o algunas) y podemos entretenernos juzgándolas y remirándolas.
    Una de ellas es este film de 1952, titulado The Thief, estrenado en España como El espía --y editado hace poco en DVD como The Thief (El ladrón)--. Lo dirigió Russell Rouse, un guionista y director, de no muy abundante obra y aún menos recordada, y poca de ella estrenada en España --apenas unas cuatro o cinco películas como mucho--, que nunca despertó demasiado interés por sus trabajos, excepto quizá por esta curiosidad de El espía, una de sus primera realizaciones. ¿Y qué tiene de curiosa esta película? Pues que no se pronuncia una sola palabra en los más de ochenta minutos de proyección. ¿Muda? No, porque hay sonidos: puertas que se abren o cierran, pasos en la acera, teléfonos que suenan tres veces en dos tandas de llamada (la consigna entre los espías para ponerse en marcha), ruidos de coches en la calle, alguna radio puesta... Pero los personajes no intercambian palabra alguna, no hay ni siquiera ocasión para diálogo alguno (suelen reunirse para dejarse notas en la biblioteca pública, donde el silencio es obligado). Se trataba, por tanto, de realizar un thriller de espionaje recurriendo a la imagen simplemente. Y, claro, como todos los experimentos la cosa tiene su gracia, pero acaba por resultar un tanto enfadoso. La historia se sigue perfectamente: Ray Milland interpreta a un científico atómico que microfotografía documentos secretos y los pasa a un contacto, que a su vez los pasa a otro, y éste a otro, hasta que, al final de la cadena, acaban en una maleta de un individuo que se dirige a El Cairo. Pero un día esta rutina se quiebra cuando uno de los contactos es atropellado fortuitamente al cruzar la calle, y un guardia encuentra el microfilme en su mano. A partir de entonces, el FBI empieza a investigar a los científicos que han podido tener acceso a los documentos para averiguar cuál de ellos es el que pasa las microfotografías al enemigo. Ray Milland pronto se da cuenta de que está siendo seguido, y que quizá su apartamento tiene micrófonos, por lo cual se pone en contacto con su enlace y recibe instrucciones --escritas, claro-- para escapar al extranjero. Y se inicia el periplo de Milland, primero escapando  de su apartamento para recalar en una pensión cutre, su posterior encuentro con otro enlace en el Empire State Building, la persecución de que es objeto allí por un agente del FBI al que mata accidentalmente, y posibilidad de embarcarse hacia El Cairo disfrazado de más o menos rudo marinero.
    Todo tiene su gracia, pero lo que ocurre es que pesa tanto lo de rehuir diálogos, que la película carece, como consecuencia de ello, de la menor profundidad. No hay personajes, la historia es un simple pretexto para ofrecer una narración presuntamente original, las escenas despiertan escasa inquietud o suspense, y se cae en el ridículo a veces, como en el par de miradas que cruzan Milland y una chica en la pensión cutre (podrían haberse ahorrado el personaje). Como experimento, como rareza, pues se saluda, se aplaude el intento, pero mucha emoción no la hay, excepto la que Ray Milland, buen actor, procura poner en la composición de su personaje (de haberlo encarnado un actor inexpresivo, la película habría resultado poco menos que un desastre; lo prueba que el resto de actores --Martin Gabel, por ejemplo, que lo confía todo a sus gafas...-- parecen palos de golf). Por cierto, se ve que Milland quedó tan contento del experimento, que cuando en 1955 dirigió su primera película (en la que asimismo actuó), el western Un hombre solo, también prescindió de los diálogos durante todo el primer y largo trecho del film (quizá media hora o más), aunque con más sentido: su personaje estaba extraviado en el desierto... (¿o era en la pradera? Tanto da).
    Dejemos constancia de esta curiosidad --no es más que eso--, que en su edición española en DVD viene con una banda de sonido que por lo visto ha decidido realizar su propio "homenaje" al film: es prácticamente inaudible ni poniendo el televisor a todo volumen.

    (Por cierto, sería curioso ver cómo resultaría un remake actual de esta película, usando el mismo guión, debidamente actualizado, y respetando esa ausencia de diálogos... No creo yo que fuese factible: la década de los cincuenta era un tiempo de silencio. O sea, justo todo lo contrario de hoy día.) 

     

    August 02

    UNA CANCIÓN DEL VERANO (ALLÁ POR 2001)

     
    Ningún verano sin canción del verano. Esta es de antes del 11 de septiembre, que tanto nos cambió a todos...
     
     
     
    August 01

    LAS CANCIONES QUE LOS BEATLES REGALARON

     
    (c) 2009 by J.C. Planells
     
     
    La muerte de Gordon Waller a mediados del pasado mes de julio ha recordado a quienes vivieron la beatlemanía al dúo Peter&Gordon y su éxito de 1964 "A World Without Love", una canción escrita por Paul McCartney (aunque firmada Lennon&McCartney, según el acuerdo tácito entre los dos autores) que este les regaló debido a que uno de los dos miembros, Peter Asher, era hermano de Jane Asher, con la que Paul mantenía una relación en aquellos años. Se ha rumoreado siempre que Peter guarda celosamente una cinta con el demo de Paul de la canción, que nunca ha oído nadie más y que sin duda --de existir realmente-- alcanzaría un precio fabuloso. Esta no fue la única canción que los Beatles --o Paul, mejor dicho-- regalaron a este dúo, ni tampoco la única canción que cedieron a otros grupos o solistas para que alcanzasen el éxito en el inicio de sus carreras.
    Para el fan de los Beatles, este puñado de canciones regaladas ha pasado algo desapercibido. Hace muchos años (creo que en 1979), cuando aún no existía el CD, EMI editó un LP titulado Las canciones que Lennon&McCartney regalaron, que recogía la mayoría de ellas en las versiones de quienes las llevaron al éxito (o a un discreto lugar del hit-parade). No sé si existe alguna reedición oficial en CD de dicho LP, pero sí hay diversos CD recopilatorios no oficiales (piratas, vaya) con distinto contenido y más o menos completas. Una de ellas, quizá la más recomendable, es Unheard Melodies, realizada al parecer en 1992, un CD doble que ofrece además de las grabaciones originales de los artistas que recibieron el regalo, las de los propios Beatles en los casos en que llegaron a grabarlas o los demos que Paul, John o el grupo realizó para que el cantante o grupo en cuestión escuchara la canción. No hay demos de todas ellas: falta el mencionado de "A World Without Love" y falta también la grabación en 1962 de "Tip of my Tongue", que ni siquiera figura en otros piratas de los Beatles, ni en los tres discos Anthology que, publicados hace unos años, recogían versiones alternativas, rarezas y temas inéditos.
    Como queda dicho, esas canciones eran cedidas a artistas que iniciaban su carrera musical y que a veces pertenecían a la misma casa de discos que los Beatles o tenían el mismo representante; el hecho de contar con un tema de Lennon-McCartney ayudaba a su lanzamiento. Entre los privilegiados figuraron el mencionado dúo Peter&Gordon (con cuatro canciones), Billy J. Kramer (cuatro también), Cilla Black (tres canciones), Gerry and the Peacemakers, The Fourmost... Ninguno de ellos es muy recordado hoy día y su carrera parece circunscrita a la segunda mitad de los años sesenta. Quizá de todos ellos, Cilla Black fue la que contó con mejores temas (independientemente de las canciones de Lennon-McCartney). Tampoco las canciones que los Beatles cedieron a estos y otros artistas son especialmente recordadas ni recordables.
    Es evidente que todas ellas eran temas menores, canciones sencillas, pegadizas, simple pop-rock de usar y tirar, algunas escritas directamente para el artista en cuestión, pero otras eran temas que ellos mismos habían ensayado o grabado para sus discos, pero que finalmente desecharon por considerarlos inferiores a otros  (por ejemplo, la mencionada "Tip of my tongue" llegó a ser candidata a la cara B de uno de sus primeros singles, pero fue descartada en favor de la --infinitamente mejor-- "Ask me Why": y es que los Beatles incluso cuidaban qué canción debía ocupar la cara B del single de turno, algo que casi todos los grupos y cantantes menospreciaban bajo la teoría de que "nadie le da la vuelta al single"). Estas cesiones de canciones abarcan el período de 1963-1968, si bien la parte del león corresponde a 1964-1965. "Like Dreamers Do", "Hello Little Girl" y "I´ll Be on my Way" son algunas de las que los Beatles habían grabado previamente y cuyas versiones es posible escuchar en estas recopilaciones o en discos de rarezas e inéditos de los Beatles, pero no en los discos oficiales de la época, y pueden ser comparadas con las versiones de quienes las grabaron (y elegir cuál se prefiere, aunque me parece que en esto no habrá mucha discusión...). Algunas de las canciones eran de origen muy antiguo: "A World Without Love" se dice que fue una de las primeras composiciones de Paul McCartney, pero nunca fue grabada por los Beatles; de hecho, ni la ensayaron. John Lennon, que la conocía, se reía bastante de la letra de esa canción. Peter&Gordon lograron un hit internacional con ella, y en España fue muy bien versioneada por Los Mustangs como "Un mundo sin amor". (Como curiosidad, Paul llegó a componer una de las canciones para Peter&Gordon firmando con seudónimo, para ver la respuesta del público: y resultó ser otro éxito, aunque no tanto como en las otras regaladas...).
    En suma, todas ellas son canciones muy menores, que pueden tener cierta gracia encajadas en los primeros años de la beatlemanía, pero que no pueden compararse siquiera con temas algo secundarios de sus dos primeros álbumes (ya no digamos con el tercero, el de la película Qué noche la de aquel día, el disco, por cierto, en el que la participación creativa de Lennon es mayor que en el resto de álbumes de los Beatles...): escuchando esas modestas cancioncillas que reportaron éxito a grupos y cantantes hoy olvidados, ninguna de ellas puede compararse con temas como "Ask me Why", "All my Loving" o "This Boy" de sus primeros álbumes. Uno salvaría, de todas formas y sin pensárselo mucho, esa "A World Without Love", un tema romántico agradable, inconfundiblemente de Paul, que recuerda el estilo de cancioones como "And I Love Her", esa típica canción "made in Paul"... Es lógico que los Beatles no regalasen sus mejores canciones para que reportaran triunfos a otros... (Hubo una pequeña excepción: "I Wanna Be your Man" la cedieron a los Rolling Stones cuando estaban empezando... pero la grabaron y editaron también ellos en su segundo LP: consideraban que era demasiado buen tema para cederlo tan alegremente...). Curiosamente, con el paso del tiempo, todo esto se ha invertido. Ya hace años que buenos artistas y compositores no tienen reparos en regalar buenos temas a otros, sean o no consagrados. En este sentido, la palma se la llevan los Bee Gees que han llegado a escribir discos enteros para otros (Barbra Streisand, Kenny Rogers, Dione Warwick, etc. etc. etc.) que han sido éxitos espectaculares. También nuevos artistas que empiezan (Kelly Clarkson) se han beneficiado de canciones conpuesta por artistas de éxito que se las han cedido generosamente. En un mundo tan competitivo como es el musical (más hoy que ayer) sorprende un poco que los regalos hayan aumentado de calidad...
    El interesado en esas canciones de los Beatles hallará completísima información al respecto en el libro Las canciones secretas de los Beatles, de Alejandro Iranzo y Antonio Vizcarra, editado por Milenio.