![]() |
|
Spaces home planells fact&fictionProfileFriendsBlogMore ![]() | ![]() |
|
May 13 CARLY SIMON: "THIS KIND OF LOVE". La placidez(c) 2008 by J.C. Planells ![]() Desde The Bedroom Tapes, publicado el año 2000, Carly Simon no había grabado un disco con composiciones propias. No había permanecido inactiva, empero, y entre otros trabajos entre el 2000 y el 2008, se cuentan tres CDs con canciones de otros autores o temas estándar --incluido su curioso disco de temas navideños, no exactamente de "villancicos", y que es uno de los mejores dentro de sus trabajos no autorales--. La algo fría recepción del último de ellos, Into White, pese a que contenía un puñado de notables canciones (de los Beatles, el tema de El mago de Oz, y otros clásicos bien conocidos del pop-rock) ha hecho que vuelva a las composiciones propias con This Kind of Love, en el que colaboran en algunos temas sus hijos Ben y Sally Taylor (habidos con el cantante James Taylor, pareja de Carly durante muchos años), y en cuya grabación e inspiración participan algunos músicos brasileños. Pues este trabajo se vende como "canciones de amor de inspiración brasileña", si bien una vez escuchando el resltado con detención, dicha inspiración se limita a las armonías de la primera canción y a algún que otro tema del disco (pero no, curiosamente, en "The Last Samba", composición de Jimmy Webb, uno de los músicos que han colaborado en el disco, y que es una melodía romántica sin nada de brasileño). A estas alturas de la vida, Carly Simon no tiene nada que demostrar, pues con una carrera tan larga como la suya no necesita competir por puestos en ninguna lista de éxitos ni captar nuevos fans. Puede dedicarse tranquilamente a su mundo personal sin necesidad de "reinventarse" como otras ni experimentar sonidos nuevos. Recordemos que Carly Simon empezó musicalmente cuando era una adolescente, en 1963, formando con su hermana Lucy el dúo folk-pop Simon Sisters, que cesó en 1964 tras dos LPs grabados --los cuales finalmente han aparecido en CD por vez primera en el 2006 (y que ofrecen la curiosidad de que una de las canciones, "Hold Back the Branches", es un poema de Lope de Vega musicado por Carly--; hasta 1971 Carly no reemprendería en solitario su carrera musical, tras grabar algunas maquetas a finales de la década de los sesenta. Esto es historia, pues, y es agradable ver cómo sigue, tranquilamene, en el mundo musical, fiel a su creatividad, sus ideas y sus preocupaciones. Pues, ¿de qué nos habla Carly en este disco? De lo que siempre la ha preocupado: amores y desamores, encuentros y desencuentros, conocer a alguien y perderlo, soledad y aislamiento (o incomunicación, como se decía antes), y de despedidas (la última canción es un homenaje a un amigo fallecido poco antes); hay también un lugar, como casi siempre en sus discos, para la ironía y el sarcasmo, en la un tanto amarga "People Say a Lot", que tiene la letra más larga de todo el disco. Sally Taylor, su hija, le escribe una canción: "We were together", y Ben Taylor, su hijo, hace lo mismo en "Island". En "So Many People to Love", Carly nos habla de cuánta gente hay en el mundo a quien amar, y del poco tiempo de que se dispone para ello; como siempre --en esta y en la mayoría de las canciones de autoría propia-- sorprende la sencillez, la economía de medios, la efectividad de sus versos, el modo en que cada palabra se ajusta al concepto preciso que desea expresar. Musicalmente, es un disco extraordinariamente armónico, tanto en las melodías de "inspiración" brasileña, como en las que no la tienen. Es un disco plácido, en donde se dicen cosas importantes sin necesidad de chillarlas o desgarrarse. Si hubiera que elegir un tema, quizá me decantase, en el aspecto musical, por la breve --y al escucharla aún parece más breve, es algo realmente curioso-- "How Can You Ever Forget", compuesta por Carly Simon y David Saw y que en cierta forma recuerda algunas armonías de John Lennon (con o sin McCartney); y, en el terreno de las letras, elijo "In my Dreams", una de las más breves y sencillas, pero tremendamente emotiva ("The only place I feel at home is in my dreams / The only place I´m not alone is in my dreams", dice en sus primeras estrofas, y no creo que sea necesario traducirlo). Es realmente satisfactorio ver a Carly de regreso (bueno, en realidad no se ha marchado nunca) y sin perder un ápice de su creatividad. Un disco plácido, armónico, sencillo, que va calando más y más a cada nueva audición. May 12 ANÁLISIS DEL RELATO DE ROGER ZELAZNY "LA MANO DE BORGIA"(c) 1993 by J.C. Planells [Este breve ensayo fue publicado en el número 10 de Elfstone, noviembre de 1993, precedido del igualmente breve relato "La mano de Borgia", de Roger Zelazny, publicado en inglés en 1963, traducido por mí, y no disponible --de momento-- en ninguna otra edición en castellano. El artículo se tituló entonces "Análisis de ´La mano de Borgia`", y había sido escrito --junto con la traducción del relato de Zelazny-- hacía unos diez años, aproximadamente, para un editor que lo rechazó porque no le vio ningún interés. Finalmente, Santiago G. Solans, editor de Elfstone, aceptó publicar ambos textos. Como no es posible reproducir el relato de Zelazny por la lógica cuestión de derechos de autor, en todo caso en el ensayo queda claro el argumento y desarrollo del mismo. Confieso que siento por este trabajo un particular afecto.] Sería fácil sintetizar el argumento de esta pequeña obrita de Roger Zelazny, titulada "La mano de Borgia": un niño (que el lector identificará como Adolf Hitler) encuentra a un buhonero (que el lector podría identificar como el Judío Errante), el cual le cambia su mano inutilizada por una que le dará poderes en el futuro. Sí, demasiado simple para sintetizarlo, porque lo importante no está en el cuento, sino detrás del cuento. "La mano de Borgia" fue uno de los primeros relatos que publicó Roger Zelazny, concretamente en el número de marzo de 1963 de la revista Amazing, y posteriormente nunca ha sido recogido en ninguna de las colecciones de relatos del autor, hasta el presente. Existen una traducción holandesa y otra francesa, y fue únicamente recogida en una antología de 1971, Science Fiction Greats, nº 21. No ha aparecido publicado en ninguna otra parte. ¿Es, pues, un relato sin importancia, una obrita menor, un cuento como tantísimos otros podemos/solemos leer en revistas o antologías? Mi personal opinión es que no, y voy a tratar de defenderla. Es bien sabido que lo mejor de la obra de Zelazny, tanto en lo referente a novelas como a relatos, se sitúa en sus primeros años de escritor, concretamente toda la década de los sesenta y principios de los setenta. Posteriormente, sus obras han ido defraudando más y más a sus incondicionales, y se echa en falta aquella poesía, aquella fuerza, el colorido con que se sustentaban esos primeros trabajos. Esto no le hace un caso único en la historia de la ciencia ficción; son muchos los autores que suelen tener unos diez años bastante buenos de trabajo, para luego decaer y apagarse. Zelazny no se ha apagado totalmente, pero muy de tarde en tarde ha dado en los últimos años pruebas de su indudable talento de narrador. Para mí, Roger Zelazny es el mejor --quizá el único-- escritor romántico de toda la ciencia ficción y fantasía. Y ese romanticismo es aún más patente en las mencionadas primeras obras. Una de sus aficiones en aquellos primeros años consistía en recoger los mitos de la Antigüedad o figuras de la Historia, para reescribirlos proporcionándoles otra situación, dándoles otras explicaciones, diferentes motivaciones. Ulises, Hércules, Siva, Isis, Lancelote, han surgido de su pluma y han sido modernizados/transportados/desmitificados/ensalzados a través de distintas obras. No tiene que resultar excesivamente extraño que Zelazny concibiera un relato en torno a la figura de Adolf Hitler y sugiriera a su vez una explicación, una desmitificación, una alegoría, acerca de una de las figuras más sombrías y terribles del siglo XX. Si Hitler, con el devenir de los años, puede llegar a ser una figura mítica (aun en el más negro de los sentidos), bien puede el escritor americano apoderarse de él para un relato. Por otro lado, la figura de Hitler no es rara en la ciencia ficción: Norman Spinrad, Gregory Benford, Philip K. Dick y otros han escrito obras acerca de él o del nazismo. Ninguna de ellas, por supuesto, desde una perspectiva precisamente romántica (quizá con la salvedad de un curioso relato corto de Roald Dahl, centrado en los padres de Hitler). Zelazny sensibiliza la figura siniestra de Hitler; al fin y al cabo, nos dice (sin decírnoslo) en el relato, Hitler debió de ser un niño como los demás. Y aquí debo hacer un alto y explicar algo acerca de las técnicas narrativas del escritor: Zelazny escribe sus historias a base de lo que omite en ellas, y esto es igualmente válido tanto para sus relatos como para sus novelas. Según confesión propia del autor sobre sus métodos de trabajo, suele eliminar párrafos, capítulos, descripciones, algún diálogo, fragmentos de narración, y permitir así que lo omitido llegue al lector a través de lo no omitido. De esta manera, pues, se efectúa una doble lectura, la cual se convierte en sí misma en un ejercicio deductivo. Es evidente que los mejores frutos de esta técnica narrativa (que no es nueva: Hemingway ya la había inventado, como señala Jacques Goimard) se hallan en los primeros años de Zelazny como autor. La omisión de fragmentos esclarecedores o reforzadores de la narración obliga al lector a enfrentarse a personajes que a veces no comprende en escenarios que en ocasiones son indistinguibles. En el relato "La mano de Borgia" tenemos lo siguiente: un niño que cree en las fuerzas oscuras, en brujería y supersticiones, como tantos otros niños (en la ficción y fuera de ella) han creído y creerán. En ninguna parte del diálogo entre el niño (Adolf) y su amigo Fritz se nos dice esto, pero el lector puede y debe leerlo entre líneas, puesto que el autor lo sugiere claramente en las breves y cortas frases de diálogo. Una vez leída toda la historia, veremos que una frase clave ya nos da todas las pistas para tal deducción: la frase con que se inicia el relato: "El buhonero cruzó el pueblo el día en que murió el herrero". El buhonero es el ser fantástico, portador de dones y hacedor de milagros, en la imaginería del niño. El mismo niño dice "... el herrero tenía buenos músculos", otra señal de que el hecho de la muerte del herrero, unido a su fuerza física, tiene clara importancia en el ritual mágico para conseguir la magia de que es portador el buhonero, y que esa magia es especialmente fuerte ese día a causa de la muerte del herrero. El niño sabe, simplemente, que el buhonero hace milagros y que puede arreglar su mano inutilizada. Pero para ello debía cumplirse el ritual de la muerte del herrero: en otra fecha, ello no hubiera sido posible. El buhonero, por su parte, es identificado como el Judío Errante, y será él mismo el que dé al niño una mano que ha pasado a lo largo de los siglos por diversas personas: fue antaño de César Borgia, y posteriormente de Napoleón Bonaparte. El niño desea la mano para ser un artista, pintar las cosas que ve (Hitler fue en sus primeros años un pintor terriblemente naïf), y el Judío Errante le da esa mano, que el niño mediante un gesto le indica a qué altura desea alzarla (y el lector debe deducir aquí que es el ademán habitual de un pintor echándose hacia atrás para contemplar el resultado que ha obtenido en la tela: una mano sosteniendo la paleta; en la otra, el brazo doblado, sostiene el pincel alzado formando línea recta con el hombro, como disponiéndose a un retoque en la tela; pero al mismo tiempo, el lector debe recordar aquí que Hitler no hacía el saludo nazi con el brazo completamente estirado, es decir, a la romana, sino doblado hacia atrás, mostrando la mano). Zelazny, en este punto, propone una reflexión: ¿saludaban los nazis a su caudillo, o saludaban a la mano de su caudillo? E insisto de nuevo en que todo ello no nos es narrador por el autor, sino sugerido a través de rápidos diálogos y frases muy cortas: es el lector quien ha de realizar todo el trabajo. Otra reflexión: es sabido que Hitler y la plana mayor nazi creían firmemente en las fuerzas oscuras, en algunos ritos satánicos, y que algunos de ellos llegaron a practicar con toda seriedad rituales diabólicos. No sé si Zelazny conocía estos detalles cuando escribió el relato, aunque pienso que es muy posible lo supiera. En cualquier caso, ello aumenta mayormente la aureola romántica del relato, así como su verosimilitud histórica. Pero, ah, ironía final y no menos importante. Un judío errante es quien le ha dado la mano al niño, al futuro Führer, exterminador de judíos, defensor de la pureza de la raza. Aunque, por lo que vemos en el relato, el niño no parece sentir animadversión alguna hacia los judíos. Y el buhonero se despide del muchacho diciéndole: "... algún día volveré al país de Lutero y Goethe para ver cuán alto la puedes levantar". Suprema y cruel ironía, que se presta a no pocas reflexiones. ¿Exterminará Hitler a los judíos a causa de esa mano que uno de ellos le proporcionó? ¿Cuáles son en realidad los poderes de esa mano? ¿Se apoderará de la voluntad de su poseedor? En cualquier caso, es evidente que el experimento "concluyente" que deseaba el buhonero tendrá lugar con el niño, el futuro Führer, el cual, atendiendo al ruego del Judío Errante, la levantará --la mostrará-- "muy alta", en vez de limitarse a esconderla, como hacía Napoleón. La conclusión a la lectura de "La mano de Borgia" es que se trata de un relato profundamente romántico, lleno de añoranza por algo que pudo ser y no fue, una mirada nostálgica y cariñosa a un punto de la historia que habría de desembocar en uno de los períodos más negros no ya del siglo XX, sino de toda la Historia mundial. La lectura fácil, de un tirón, del relato, sin buscar profundizar en el mismo, puede llevar a pensar que se trata de una "gracia" del autor, una paradoja más o menos válida, pero sin sustancia. Una lectura en profundidad, descifrando claves, nos lleva a otro extremo. ¿Está Zelazny tratando de justificar a Hitler? ¿O pretende desmitificar su horrenda proyección histórica? En modo alguno. Zelazny usa libremente de la figura del Führer para una paradoja, sí, pero una paradoja de un innegable romanticismo, claramente acorde con lo que constituía mayormente su producción literaria de aquellos años. Hitler es usado con los mismos fines neorrománticos que tantas otras figuras históricas o mitológicas en obras posteriores o contemporáneas a este breve relato. Por otro lado, parece más que claro que "La mano de Borgia" es un ejemplo perfecto para ilustrar esa técnica de Zelazny de decir mucho sin, aparentemente, decir nada, de "subliminalizar" la historia narrada. De ahí, por lo tanto, la necesidad que hay de leer a Zelazny despacio, no fuera a ocurrir que se nos pasase el relato por alto... May 09 AUTORES OLVIDADOS (37). PATRICK HAMILTON: Patologías criminales(c) 2008 by J.C. Planells ![]() Estando en preparación este capítulo de la serie "Autores olvidados", ha venido a actualizarlo la inesperada publicación esta semana de su novela de 1947 Los esclavos de la soledad, editada en Galaxia-Guttemberg y prologada por Doris Lessing. En todo caso, cabe decir que Patrick Hamilton estaba olvidado en España en el sentido de que no se le editaba ni reeditaba, apenas se le había leído, y por descontado no se hablaba para nada de él, aunque su obra más popular --la de temática criminal-- pervivía sin dificultad merced a las exitosas y notables adaptaciones cinematográficas a que dio lugar: Luz que agoniza, La soga, Concierto macabro. Este novelista y dramaturgo británico nació en 1904 y su vida no parece haber sido demasiado alegre y feliz: un padre acomodado pero borracho y putero, una esposa prostituta... Dicen que algunas de sus ficciones estaban basadas más o menos en circunstancias de su vida, lo cual atendiendo a dichas ficciones es más bien como para preocuparse un poco. Empezó temprano como autor, en 1925, publicando novelas calificadas como "dickensianas" por Charles Shibot, que al parecer fueron bien recibidas, pero en 1929 se reveló como dramaturgo --su vida de hecho estaría vinculada al teatro en varios aspectos, no sólo como autor de obras de éxito-- con La cuerda, un drama policiaco que recreaba en forma de ficción el asesinato que dos universitarios homosexuales de buenas familias, Leopold y Loeb, cometieron en 1924, estrangulando a un niño de 14 años "por interés científico". Fue un crimen que conmocionó en su época y que más tarde daría lugar a una fiel reproducción de los hechos en el film de Richard Fleischer Impulso criminal. Hamilton, de hecho, negó que La cuerda se basara en el crimen de Loeb y Leopold, pero las coincidencias son tan claras que la semejanza entre sus dos protagonistas de ficción y el mismo móvil del crimen ("interés científico") despejan toda duda. La cuerda llegó a estrenarse en España en 1955 (en Palma de Mallorca, concretamente) y su versión castellana fue editada en la colección Teatro de ediciones Alfil (número 143), en 1956. Por el contrario, la película de Alfred Hitchcock, realizada poco antes, fue rigurosamente prohibida por la censura y no se estrenó hasta 1987, con el título de La soga. Hitchcock introdujo algunas modificaciones --cambio de escenario de Inglaterra a Estados Unidos, arranque del film con el asesinato-- que no gustaron a Hamilton, pero su versión es casi una filmación del texto teatral respetando la unidad de lugar. En 1938, Hamilton estrenó en la escena Luz de gas, quizá su obra más célebre, que incluso ha dado lugar a la expresión "hacer luz de gas a alguien", en el sentido de tratar de volver loca a una persona haciéndole creer que no es real lo que ve o siente. En la obra, un hombre se casa con una joven ingenua con el fin de instalarse en la casa que ha heredado de su tía para registrarla cómodamente en busca de unas joyas cuyo escondite se ignora. El hombre, de hecho, fue quien asesinó a la tía de su mujer en esa casa, y su registro provoca terror en la esposa, que ve cómo la luz de gas desciende de intensidad cuando se cree sola en la mansión y oye extraños ruidos en el desván. Cierto que la intriga es totalmente inverosímil y no resistiría el menor análisis lógico, pero la fuerza de los personajes y las situaciones lo hace pasmosamente creíble. Hubo dos adaptaciones cinematográficas de la obra, Luz de gas, producción británica casi invisible hoy día, y Luz que agoniza, a cargo de George Cukor con un reparto irreprochable: Ingrid Bergman, Charles Boyer, Angela Lansbury... El texto fue editado en la antedicha colección Teatro y también en Ediciones Plaza, hace muchos años. Además de sus exitosos dramas policiales, Hamilton escribió también algunas novelas criminales, la mejor y más famosa de las cuales es Hangover Square, en 1941, sobre un compositor que cree sufrir ataques de amnesia durante los cuales se convierte en un asesino psicópata. Llevada al cine por John Brahm y estrenada como Concierto macabro, con un genial Laird Cregar en el papel del compositor y asesino, es otra notable película. Entre 1952 y 1955, escribió una trilogía de novelas sobre un asesino psicópata, la llamada "trilogía Gorse", en la cual algunos han visto antecedentes del Norman Bates creado por Robert Bloch y filmado por Hitchcock, y el Hannibal Lecter de Thomas Harris. Hamilton falleció en 1962. Llama la atención, sin duda, esa predilección por personalidades criminales y torturadas en las obras de Hamilton: asesinos despiadados, carentes de sentimientos, como en La cuerda o Luz de gas, o torturados por el propio desconocimiento de su personalidad real, como en Hangover Square, por remitirnos solamente a las obras que pueden ser disfrutadas en las estupendas versiones cinematográficas que de ellas se hicieron. Sin duda el mundo de Hamilton era extraño, oscuro, y debería estudiarse, pero como digo, es un autor conocido por sus versiones, pero desconocido por sus obras. La inesperada edición de su novela de 1947 ambientada durante la segunda guerra mundial, Los esclavos de la soledad, significa su recuperación/descubrimiento para el lector hispano, y la oportunidad de conocer otros aspectos de su inventiva. May 08 100.000 VISITAS
Este blog, inaugurado a mediados de diciembre de 2005, recibió ayer (o esta madrugada, no estoy seguro de la hora) su visitante número 100.000. No sé si esto es bastante o muy poco para un blog de las características de éste, dedicado a cine, libros y relatos preferentemente, porque no tengo datos para compararlo con otros blogs de conocidos o no conocidos semejantes al mío. Supongo que es una miseria, teniendo en cuenta que los blogs de los concursantes de Operación Triunfo reciben un millón de visitas diarias, según se reveló ayer. Puedo decir, en todo caso, que en diciembre de 2006 la cifra de visitantes era poco más de 20.000 y en diciembre de 2007 de algo más de 70.000. Llegar a esos 100.000 me hubiera hecho bastante ilusión muchos meses atrás. Actualmente, bastante desengañado por lo que realmente es internet, y por cierta clase de gente que se mueve por la red, significa apenas una curiosidad: para quienes como yo proceden del mundo de los libros, las revistas y las publicaciones de aficionados o semiprofesionales, internet no ha supuesto la "moto" que me vendieron años atrás, sino una pequeña decepción, aunque sí suponga mayor libertad creativa y temática, además de ausencia total de molestas imposiciones o exigencias editoriales y cortapisas varias a la hora de tratar determinados temas (lo mismo que de privación de tocar según qué otros), así como gran rapidez comunicativa. A cambio de estas ventajas hay que pagar el "peaje" que suponen a) los "desinformados" --que es como yo llamo a la gente que malinterpreta o no entiende lo que has escrito, porque ni se molestan en analizarlo, y se lanzan a despreciarte porque sí--, y b) los matones y chulos de internet --como la red es una especie de campi qui pugui, hay quienes se la arrogan como de su propiedad y se dedican a chulear e insultar a los demás, casi siempre enmascarados en seudónimos o apodos (lo llaman "nicks" para que quede más fino)--. Para aguantar este "peaje" hay que estar preparado anímicamente y ser mucho más joven, requisitos que yo no cumplo. Que no todo el mundo está preparado para internet, lo demuestra el que un colega, procedente de los mismos medios que yo, aunque más joven (él fue uno de los que me vendieron la "moto" de publicar en internet en su día), eliminó de golpe (o sea, apretando una tecla) hará aproximadamente año y medio su blog a consecuencia de una polémica sostenida... ¡con un compañero escritor de su misma edad! El hecho dejó estupefactos a todos quienes le conocían, y me pregunto qué hubiera hecho este amigo si en vez de mantener una sana polémica --las polémicas siempre son sanas entre personas de igual inteligencia-- hubiera tenido que lidiar con los "desinformados" y los chulos y matones de internet como tengo que lidiar yo alguna que otra vez. Sólo puedo añadir que cada vez me alegro más de no tener ordenador, pues aunque supone una incomodidad a la hora de escribir los textos, evita aguantar según qué cosas y limitarse así a lo esencial.
May 06 LOS ESTRAGOS DEL TIEMPO(serie Relatos autobiográficos - 30) (Permítaseme una digresión: A veces me he preguntado si P también hubiera formado parte de ese trío de silenciosos comunicantes telefónicos, convirtiéndolo así en cuarteto. No hubo ocasión, sin embargo. De todas maneras, la historia de P es tan distinta... ¡Diantre si es distinta! P era alguien que necesitaba un pequeño empujón en un momento crucial de su vida para salir adelante (la zancada, que diría Vicente Soto), porque nadie más se lo daba, en nadie podía confiar ni nadie la escuchaba, y yo por lo visto andaba por allá cerca... Según me dijo --según me escribió--, yo la ayudé mucho a salir adelante. Es posible, pero de todas maneras P hubiera salido adelante por sí misma, estoy más que seguro. P tiene un potencial tremendo... tremendo. Es alguien simplemente maravilloso. Vi hace pocas semanas su vídeo en you tube y me emocionó profundamente. ¿Sería una estupidez decir que me sentí orgulloso de P? Al fin y al cabo, P no es nada mío. Pero sí, me sentí orgulloso. Desde luego, un mundo con personas como P es decididamente un lugar casi perfecto. Y no creo que lo que hice por P fuera tan decisivo o importante como dijo entonces. Estuve allí, en el momento en que debía estar, y nada más. La vida a veces nos pone en ciertos lugares, en el camino por el que transitan otras personas, y lo hace por motivos que nosotros no entendemos --y sin preguntar si puede dejarnos heridas--. No debe darse mayor importancia a lo que uno haya hecho por otra persona. Mucho más grave es lo que algunas personas no hacen por los demás.) Todo esto es muy extraño, ya lo he dicho antes. Pero ahora me refiero a la manera en que la vida nos zarandea y nos estropea. C se drogaba porque no aguantaba la vida que llevaba, o para poder soportarla; tanto sirve una excusa como otra, tan buena es una como otra. Yo escribo porque no aguanto la vida que llevo o para soportarla, también una excusa como otra, lo mismo vale cualquiera de las dos: escojan la que les dé la gana. "Toda forma de autoexpresión tiene el mismo significado: huir de uno mismo", escribió Tennessee Williams una vez, y así es; es preciso correr, escapar de uno mismo, no vaya a ser que nos atrapemos a nosotros mismos y veamos cómo somos en realidad, y no nos guste lo que veamos. No sé si les ocurre a otros escritores; puede que no, seguramente no; pero desde luego en mi caso es cierto. Escribir es drogarse, huir de la realidad y negar el presente, hundirse en fantasias donde todo es mejor, y si no lo es, al menos hay la oportunidad de que parezca mejor o de luchar para que lo sea, aunque algunos de los personajes acaben pereciendo a causa de ello, manifestar lo que pensamos y lo que ocultamos. Así pues, C se drogaba, yo escribía mis insensateces, y todos tan contentos. May 04 GALERÍA DE MUJERES (35). JUDY GARLAND: Al final del arco iris(c) 2007 by J.C. Planells ![]() No hay duda de que si alguien está enterrado al final de un arco iris --en el supuesto de que esto sea posible--, ese alguien es Judy Garland. He aquí otro caso de vida estropeada, de persona que tuvo fama, dinero, éxito, admiradores, respeto, adoración por parte de diversas generaciones. He aquí otro caso de persona explotada, manipulada, al servicio de los intereses de las productoras y el star system. Nacida con el nombre de Frances Ethel Gumm en 1922, debutó en el mundo del espectáculo a los tres años: procedía de una familia dedicada al mundo del espectáculo. Fue niña prodigio, o actriz infantil, como se prefiera, niña o jovencita mimada por la Metro (hasta que decidieron darle la patada) en productos optimistas, alegres, llenos de música y canciones, emparejada al insoportable Mickey Rooney en la serie "Andrés Harvey" (españolización del original "Andy Hardy"), bailando y cantando a las órdenes de Busby Berkeley, de Vincente Minnelli (con el que se casaría) o de George Sidney. Su principal papel, por el que alcanzó esa inmortalidad cinematográfica que pocos alcanzan y tantos desean, lo tuvo al interpretar a Dorothy en la versión musical del clásico infantil El mago de Oz. Un film tan discreto artísticamente como cautivador en su fondo, y que visto hoy día debe decirse que vale lo que vale gracias a Judy Garland. Allí interpretó "Over the Rainbow", y esa interpretación, esa escena, es ya más que un clásico del cine musical: es casi una confesión, una declaración de principios, una aspiración, un deseo imposible, un vaticinio. No es extraño que en cierta manera, el "Over the Rainbow" de Judy Garland en El mago de Oz parezca más un himno que otra cosa: un himno para los desesperados, para los extraviados... Una súplica cantada. Judy enamoró, como digo, a generaciones. Su nombre se menciona con respeto y emoción, ese respeto y emoción que al parecer no la rodeaba profesionalmente. Su vida fue un cúmulo de desgracias, un catálogo completo de desdichas. Matrimonios fracasados, despidos profesionales, drogas y alcohol. Probablemente, como ocurre en todos estos casos, su desgracia fue ser una niña prodigio: sometida a la férrea disciplina del tiránico Louis Mayer, se vio espiada por compañeras de piso colocadas por Mayer para tal fin, sometida a dietas rigurosas para que no engordara (al parecer, a Judy le encantaba comer dulces, lo cual, lógicamente, la hacía engordar un poco). A fin de poner a raya esa glotonería, le suministraron ya de jovencita Benzedrina a fin de que perdiera el apetito. Y ése fue el primer clavo del ataúd de Judy, que el propio Mayer martilleó con gran vigor. A la Benzedrina le siguieron píldoras para dormir para contrarrestar sus efectos; a las píldoras, pastillas para despertarla de tanto dormir y luego, calmantes para los nervios que le entraban con la Benzedrina. El señor Mayer y sus ideas luminosas iban fabricando un bonito ataúd para Judy mediante un buen cóctel químico. La propia Judy acabó contribuyendo a clavar aún más clavos en él, a medida que se iba haciendo mayor, consumiendo alcohol, esnifando cocaína, inyectándose heroína..., todo ello para "compensar" los efectos secundarios de tanta química en su cuerpo, metida por el "bien" del star system y la gloria de la Metro Goldwyn Mayer. El final de Judy Garland no es que fuera lamentable: fue verdaderamente patético: el 22 de junio de 1969, fue encontrada sentada en la taza del váter (un váter atrancado, según relata Kenneth Anger, un tanto innecesariamente), hecho un despojo humano, drogada, ensangrentada... Antes de esto, ya hubo muchos intentos de sucidio de toda clase: con cuchillos, con píldoras... Finalmente, a los 47 años, lo logró. Las últimas fotos que de ella se tomaron en vida nos muestran un rostro abotargado, irreconocible, espantoso. Como dice Anger, no tenía ni cincuenta años y aparentaba más de cien. Yo, viendo sus últimas fotos, diría que ni siquiera parecía un ser humano. Hoy, películas como Ha nacido una estrella, que interpretó en 1954 a las órdenes de George Cukor, papeles como su breve colaboración en Vencedores o vencidos y su interpretación en El mago de Oz, nos permiten ver una Judy Garland más cercana a la realidad, por un lado, y al deseo de una realidad mejor a la que escapar, por otro lado. Se comprende el aura mítica que la rodea. Y uno no puede resistir la tentación de hacerse la pregunta: ¿Por qué se estropea, por qué estropeamos, todo aquello que se supone nos ha de dar felicidad? ¿Dónde está el fallo? Y tengo la sensación... no, la intuición, de que si supiéramos la respuesta correcta a esta pregunta --la única respuesta correcta--, entonces habríamos dado con el secreto de hacer de este mundo nuestro un lugar perfecto. Puede que esa respuesta esté al final del arco iris. May 03 THE FACES OF SCIENCE FICTION, de Patti Perret(c) 2008 by J.C. Planells April 30 COMPENSACIONES DE GUERRA[Este relato ganó el tercer premio del concurso de relatos de ciencia ficción Domingo Santos de la Hispacon de Mataró, 1997. No ha sido publicado más que en un boletín de la propia Hispacón 1997, por lo que se puede considerar casi inédito.] (c) 1997 by J.C. Planells Cuando los kajanti se rindieron, finalmente, después de tres años de guerra con la Tierra, se vieron forzados a firmar una serie de condiciones para la paz. Entre ellas figuraban las habituales compensaciones en bienes, naves, minerales y demás, que siempre han constado en mayor o menor grado en todos los tratados tras una guerra. Había, sin embargo, una condición completamente nueva: los kajanti estaban obligados a construir solidogramas funcionales autónomos de todos los terrestres que habían resultado muertos durante el conflicto bélico. No se trataba de una cantidad excesiva: poco más de doscientas personas, puesto que la guerra se había librado mayormente entre naves tripuladas por robots, por lo cual la pérdida en vidas, tanto en un bando como en el otro, había sido exigua, habiendo fallecido muchos de ellos por causas originadas en accidentes inesperados. En relación directa con la guerra sólo cabía hablar de 135 muertos, casi todos ellos durante los primeros días del estallido bélico, especialmente en el ataque kajanti a la base situada en Minerva. Los kajanti trataron de reducir la cifra, pero el Mando Militar Terrestre se mostró inflexible. La cláusula debía ser cumplida, al igual que todas las demás condiciones del tratado. Los kajanti argumentaron también, un tanto oscuramente, qué utilidad podía tener tal compensación de guerra, pero las autoridades del Mando Militar Terrestre no se dignaron contestar a eso. El asunto se demoró algún tiempo. Finalmente, los kajanti, con la ayuda de militares encargados de facilitarles los datos de los fallecidos, fueron entrando en contacto con los parientes respectivos para cumplir con el acuerdo. Los familiares de los terrestres muertos durante la guerra pertenecían a diversas naciones de la Tierra, así como a diferentes razas y creencias religiosas, y la acogida que dispensaron a la singular propuesta fue desigual. Muchos la rechazaron tajantemente, a lo que el Mando Militar Terrestre no podía oponerse, otros lo consideraron una aberración y la aceptaron de muy mala gana. Pocos aceptaron voluntariamente. Entre los familiares que figuraban en la relación del Mando Militar Terrestre estaba Aurora Galván Fernández, residente en Laredo, Santander, España. Aurora Galván había recibido la notificación de la visita de un delegado del Mando acompañado de su equivalente en el mundo de los kajanti, que se presentarían en una determinada fecha. Llegó esa fecha y los tres estaban ahora sentados en la salita de la casa situada en las afueras de Laredo, tratando del asunto. En realidad, el asunto lo trataba casi por entero el militar terrestre. --En su caso, es bueno que acepte, señora Galván --estaba diciendo el militar en un tono afable que a ella no le gustaba demasiado. El militar, de hecho, estaba ya bastante harto de la acogida casi siempre hostil que recibía por parte de los familiares que llevaba visitados hasta el momento--. Es usted viuda, vive sola en esta casa. Ciertamente, podría volver a casarse de nuevo, no es tan mayor... ¿Cuarenta y siete años, verdad? En todo caso, su situación es de lo más pertinente. El solidograma funcional de su hijo Javier Mansar Galván le dará realmente la impresión de que él vuelve a estar con usted. Le hará compañía. --¿Un solidograma? --preguntó Aurora, en tono hosco--. ¿Qué es eso? --Oh --repuso en tono vago el coronel--, un artilugio que producen en el planeta original de los kajanti. Son muy curiosos... Hemos visto que pueden adoptar forma humana y reproducir a un ser vivo, es como un holograma pero con... ah, cierta consistencia física. El kajanti se removió levemente en su asiento. --Todo lo que no sea devolverme a mi hijo con vida, no creo que pueda compensarme en nada --dijo Aurora, sin abandonar del todo su tono hostil. El militar terrestre --no recordaba ya el nombre que le había dado al presentarse, coronel Loquefuera-- movió la cabeza, apesadumbrado. --Esto no es posible, desde luego. Su hijo fue uno de los pocos que murieron en combate directo, durante el ataque de los kajanti a la base de Minerva --lanzó una rápida mirada a su homólogo kajanti, como si éste, personalmente, hubiera sido quien había matado al hijo de Aurora Galván--. Murió como un héroe --añadió el militar, quizá con una animación excesiva. A Aurora poco consuelo podía significarle el que Javier hubiese muerto como un héroe o dormido en su cama en el momento del ataque kajanti; estaba muerto, definitivamente muerto, y eso era todo lo que ella sabía, todo lo que le importaba. --Pocos héroes ha habido en esta guerra, y mi hijo tuvo que ser uno de ellos --murmuró la mujer, con tono claramente ácido. El coronel estaba empezando ya a aburrirse y deseaba terminar cuanto antes con el asunto. --Duk Janti Omerrelo será quien le traiga personalmente el solidograma funcional la semana próxima --dijo. Se refería al kajanti que le acompañaba, por el gesto que hizo el coronel. Aurora no recordaba tampoco su nombre, en realidad no recordaba que el coronel se lo hubiera presentado. Aurora Galván lo contempló con los ojos muy abiertos. --¿Él? ¿Él precisamente ha de traerlo? --dijo asombrada. --Es una de las condiciones --repuso un tanto alegremente el coronel--. Un kajanti ha de ser quien entregue personalmente a los familiares el solidograma funcional. "Como si fuera una expiación", pensó Duk Janti Omerrelo, sin saber que Aurora Galván estaba pensando algo muy parecido. La mujer permaneció en un hosco silencio. Nervioso, el coronel recogió su gorra y se puso en pie. La entrevista se daba por terminada y la aquiescencia de la señora Galván por tácita, ya que no había dicho nada en contra. --Una semana --repitió el coronel, recogiendo su gorra y disponiéndose a salir. El kajanti salió tras él. No había pronunciado una sola palabra durante la entrevista. Y exactamente una semana después, un vehículo que Aurora Galván jamás había visto anteriormente --de lo cual dedujo su origen kajanti-- se detuvo frente a su casa, mediada ya la tarde. Aurora presenció su llegada desde la ventana de la salita. Vio cómo se abría una compuerta y descendía de su interior un kajanti. Podía ser o no el mismo que había venido la semana pasada. Aquellos seres negros, de aspecto gomoso, relucientes y de facciones perpetuamente inexpresivas le parecían completamente iguales. Tampoco había visto muchos, en realidad, excepto en los noticiarios de la televisión. El kajanti echó a andar hacia la casa. Advirtió que ella le estaba contemplando desde la ventana y se detuvo como indeciso. ¿Debía llamar a la puerta o aguardar a que la mujer saliera fuera? Finalmente, habló y su voz llegó con toda claridad hasta donde permanecía Aurora. --Le traigo su solidograma. Las palabras surgieron en un correcto español, pero con un notable tono cerrado, debido seguramente al translator que llevaba acoplado al pecho. El aparato era lo que sin duda proporcionaba ese desagradable y monocorde tono de voz. O quizá ésa era ya su voz natural. De muy mala gana, Aurora abandonó su puesto de observación y salió al exterior de la casa, hasta llegar a pocos pasos de donde permanecía el kajanti. Cruzó los brazos, expectante, y permaneció en silencio. --Soy Duk Janti Omerrelo --dijo finalmente su visitante--. Haré que salga el solidograma. Se volvió hacia la nave e hizo un leve gesto con la mano. Unos segundos después, una figura emergió del interior y empezó a avanzar hacia ellos. Aurora no pudo evitar un sobresalto al verle. Instintivamente, se llevó una mano al cuello. Javier, su hijo, estaba muerto, lo sabía, pero aquello... aquello que se acercaba hacia donde estaban ella y el kajanti, en dirección a la casa, era exactamente su hijo. El chico alto, de veintitrés años, de pelo rubio oscuro, facciones angulosas, ojos penetrantes, expresión seria. El chico al que vio partir una mañana de su casa, con destino a la base de Minerva, y que murió en un ataque, durante una guerra de la que ninguno de los dos sabía otra cosa sino que debía librarse por las razones que fueran. Ese mismo chico estaba ahora volviendo a casa. No. No ese mismo chico. Lo que venía hacia ella parecía ciertamente un cuerpo humano, sólo que... brillaba un poco. Tenía una tonalidad rojiza, luminosa, como si en su interior ardiera un fuego que transparentara un poco su piel. Aurora pensó que si lo tocaba lo encontraría muy caliente. Vestía el mismo uniforme con el que se marchó aquella mañana y caminaba tranquilamente, sin apresuramiento, su expresión carente de significado. Miraba al frente, con cierta fijeza, un poco por encima de las cabezas de ellos dos. No había expresión en esa mirada. --No --dijo Aurora. El muchacho se detuvo en seco. El kajanti dirigió una mirada hacia los árboles que había un poco más allá de la casa. --No está completamente activado --dijo en su cerrado tono de voz--. Pensé que sería mejor que usted lo viera primero y luego lo activase. --¿Activarlo? --preguntó Aurora, frunciendo el ceño. El kajanti apartó la mirada de los árboles y la fijó en ella. --Respuestas emocionales --dijo, pero no parecía que estuviese contestando a su pregunta, sino facilitando información--. Me temo que un tanto simples. Este sistema no es tan perfecto como ustedes... como sus militares creen. Puede moverse, andar, sentarse a leer un periódico, ver la televisión, realizar pequeñas tareas domésticas... Puede hablar del tiempo, practicar algún deporte... No mucho más. Por supuesto, no come, no precisa lavarse. En realidad, cuanto más alejado esté del agua, mucho mejor. No puede mantener conversaciones, pero escuchará atentamente todo cuanto usted le diga. Es un magnífico oyente. Sonreirá, se pondrá serio, incluso triste, todo ello según y cuando convenga. --El kajanti miró al suelo--. Es todo lo que podemos hacer. Si hubiéramos sabido algo de cómo era su hijo, de su carácter, podríamos haberlo perfeccionado más, pero el ejército de ustedes no tenía otra cosa que las características físicas y su historial militar. No se puede hacer gran cosa con una mera descripción física, ¿no le parece? --terminó diciendo de una manera casi acusadora. Aurora miró al solidograma, que permanecía como paralizado. --¿Ya no se mueve? --preguntó. El kajanti miró otra vez al suelo. Aurora no lo sabía --no podía saberlo--, pero aquello era el equivalente al encogerse de hombros de los terrestres. --Usted ha dicho "no". Por lo tanto, cree que no es admitido en su casa. Aurora miró al kajanti. --Y usted --preguntó--, ¿qué opinión tiene de esto? ¿Le parece divertido? ¿Cree que realmente compensa algo? Duk Janti Omerrelo estaba de muy mal humor, pero se esforzaba por no demostrarlo. ¿Para qué? ¿Qué culpa tenía aquella mujer? --No --dijo al fin--. No me parece nada divertido. También murieron de los nuestros en la guerra, ¿sabe? Bastantes más que de los suyos. Unos cuatrocientos. Y no hemos hecho solidogramas de ellos. Aurora le miró fijamente. Por su mente pasó la pregunta, pero no quiso formularla en voz alta. Omerrelo la comprendió perfectamente, pero tampoco quiso darle la respuesta. ¿Para qué? --Adiós, señora Galván --dijo el kajanti--. He cumplido con la condición que ustedes exigieron. "No, yo no impuse condición alguna", pudo haber dicho Aurora Galván. Omerrelo dio media vuelta y regresó a su nave, que partió de inmediato. Cuando la nave se hubo perdido de vista, Aurora volvió la cabeza hacia el solidograma funcional autónomo de su hijo Javier. El solidograma funcional demostró tener algunas cualidades ciertamente útiles. Podía cargar con paquetes, bolsas, cestos, por lo cual Aurora podía ir con él a Laredo como quien va de safari con un porteador nativo acarreando los pertrechos. Aurora iba delante y el solidograma la seguía, obediente. Nunca hablaba con nadie, no sonreía, no saludaba. Era como un perro siguiendo a su amo, y su máxima expresión era responder "Sí, mamá", cuando ella le indicaba que cogiera esto o aquello del supermercado o de donde fuera que la acompañaba. Pero aquel "Sí, mamá" era dicho con una voz que no correspondía a la de su hijo, la voz grave de Javier, sino con una voz algo más aguda pero en tono bajo, como si musitara, posiblemente para que ella no captara tanto la diferencia con la voz auténtica de Javier. Daba la impresión de que hablara casi consigo mismo, sin importarle que le hicieran caso o no, como cuando se acercaba a la ventana del comedor y decía: "Parece que se nubla la tarde", o cerraba ya la noche y el solidograma decía: "Creo que tendremos fresco por la madrugada". Aurora no contemplaba ya, ni lo había hecho antes siquiera, la posibilidad de mantener conversación alguna con él, con aquella cosa que se paseaba por las habitaciones, por la salita, el comedor o el jardín, y se limitaba a mantener un silencio sepulcral. No le apetecía oír la voz de un desconocido surgiendo de la boca de aquella cosa que parecía Javier. Pensaba que no había mucha diferencia entre tener un robot, o un perro o un loro. El solidograma funcional autónomo era atento. Encendía las luces cuando ya empezaba a oscurecer; contestaba al teléfono cuando ella no lo tenía a mano y decía: "Un momento, por favor, mi madre se pone enseguida"; limpiaba un poco la casa si ella se lo pedía, pero no tocaba el agua ni para lavar un vaso. Bueno, el kajanti ya le había advertido de que debía cuidar que no se mojara, así que no tenía nada de particular que cuando llovía, el solidograma permaneciera sentado delante de la televisión, sin salir para nada de la casa. En una ocasión en que Aurora, sólo por probar, le dijo que la acompañara a unas compras durante una tarde lluviosa, el solidograma repuso: "Lo siento, mamá, estoy algo resfriado y creo que será mejor que me quede en casa." Aurora se preguntó qué le ocurriría si le tocaba el agua. ¿Dejaría de funcionar? ¿Se estropearía? Meneó la cabeza. Un mediodía, cuando él estaba fuera de la casa, pasando el cortacésped, Aurora levantó la vista al cielo y se encontró diciendo: --Será mejor que entres en casa. Mi cadera me dice que va a caer una tormenta en cualquier momento. El solidograma alzó la mirada hacia un cielo azul apenas cubierto de cuat |